Hb 3,1-5,10: Cristo como “Sumo Sacerdote”

Hb 3,1-5,10. En los casi tres capítulos de esta sección comienza la argumentación del sacerdocio de Cristo denominándolo ya “Sumo Sacerdote”. El discurso sigue un sentido inverso al presentado:

  • primero explica que Jesucristo es Sumo Sacerdote fiel, “digno de fe”, en las relaciones con Dios, su Padre (Hb 3,1-4,14);
  • después explica que es Sumo Sacerdote “misericordioso” con los hombres, sus hermanos (Hb 4,15-5,10).

La primera cualidad la explica el autor de la carta mediante una comparación entre Moisés y Jesús que puede sintetizarse en Hb 3,5-6: “Moisés fue ciertamente fiel en toda su casa como sirviente, para dar testimonio de las cosas que debían anunciarse, pero Cristo lo fue como Hijo al frente de su casa: casa que somos nosotros”. Pero de la misma manera que la casa de Moisés no pudo entrar en el descanso de la casa de Dios por su incredulidad, los cristianos quedan advertidos: “Ya que tenemos un Sumo Sacerdote que ha entrado en los cielos -Jesús, el Hijo de Dios-, mantengamos firme nuestra confesión de fe” (Hb 4,14).

A partir de aquí comienza la segunda de las razones. Cristo es Sumo Sacerdote misericordioso con nosotros: “Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado” (Hb 4,15). Y el autor lo muestra así: “Todo Sumo Sacerdote, escogido entre los hombres, está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios …, y puede compadecerse de los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está rodeado de debilidad” (Hb 5,1-2). De la misma manera, “Cristo no se apropió la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que se la otorgó el que le dijo: Tú eres mi hijo…” (Hb 5,5); por otra parte, conoce nuestra debilidad, pues “en los días de su vida en la tierra…, siendo Hijo, aprendió por los padecimientos la obediencia” (Hb 5,8).

Los últimos dos versículos de esta segunda parte anuncian el tema de la tercera parte: “Y, llegado a la perfección, se ha hecho causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, ya que fue proclamado por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec (Hb 5,9-10). El sacerdocio de Jesucristo es perfecto y es sin igual porque es según el orden de Melquisedec.

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