Resumen sobre el Sacerdocio de Cristo como fundamento del sacerdocio en la Iglesia

28 enero, 2011

Aunque esta entrada resulta un poco larga, nos parece que conviene tener un resumen completo de este tema en una sola entrada:

Al ser el sacerdocio de Jesucristo, el fundamento del sacerdocio que existe en la Iglesia (tanto del sacerdocio ministerial, como del sacerdocio común de todos los fieles) es un tema que requiere un estudio especial.

¿Cuál es el problema? Que no aparece el término sacerdote referido a Cristo (a excepción de la Carta a los hebreos) ¿Por qué no aparece este término siendo tan importante? Una explicación bastante probable aparece en este enlace: Razones por las que se evita el título de “Sacerdote” en el Nuevo Testamento

Al estudiar con detalle este tema hemos de tener en cuenta dos cosas:

1)      No solo no aparece explícitamente el titulo de sacerdote referido a Jesús, sino que da toda impresión de que Jesús mismo deliberadamente quisiera distanciarse de la tradición levítica del sacerdocio judío.

  • a.       No es de la descendencia Aarom , por tanto lo tenía vedado… id a los sacerdotes (leprosos)… No mesianismo sacerdotal
  • b.      Descendencia de Judá, Hijo de David (hace caso a Bartimeo)Le querían hacer rey… Si Mesianismo Real… Mesías, Hijo de David, según la profecía de Natán (2 S 7,12-14) decía: “Cuando hayas completado los días de tu vida y descanses con tus padres, suscitaré después de ti un linaje salido de tus entrañas y consolidaré su reino. Él edificará una casa en honor de mi nombre y yo mantendré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo”. Es claro que la promesa no podía referirse a Salomón: porque nació antes de que David muriera, porque su realeza no fue eterna, etc. Por eso, se aplicaba al Mesías… Y Jesús se la aplica a él mismo, pues según la promesa, el Mesías era más que Hijo de David, era Hijo de Dios. La unión de los dos predicados no dejaba de ser misteriosa, pero Jesús mismo lo enseñó así: “¿Cómo es que dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, ha dicho: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies». El mismo David le llama «Señor». Entonces, ¿cómo va a ser hijo suyo?” (Mc 12,35-37).
  • c.       Su actitud y predicación le identifican con los profetas… Jeremías o uno de los profetascambistas y vendedores de animales para el sacrificio (gesto profético)… vale más obediencia que sacrificios y holocaustos (Am-Mc)… Si Mesianismo profético

2)      Jesús se presenta con un mesianismo real y profético. El único mesianismo que parece no acertar es el sacerdotal, Sin embargo tiene una actitud profundamente sacerdotal en sus palabras y gestos.

Veamos esto primero en los escritos del Nuevo Testamento (a excepción de la Carta a los Hebreos):

a) Jesús se revela sacerdote por la ofrenda de su sacrificio, cuando habla de la Hora de su muerte como de un sacrificio voluntariamente aceptado, que describe con figuras del AT:

  • a.       1) la compara con el sacrificio expiatorio del Siervo de Dios (Mc 10, 45: no a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate; 14,24: ; cf. Is 53); 2) o con el sacrificio de alianza de Moisés al pie del Sinaí (Mc 14,24; cf. Ex 24, 8); 3) así la sangre que él da en el tiempo de la pascua evoca la del cordero pascual (Mc 14,24; cf. Ex 12,7.13.22s); 4) él mismo la ofrece como ofrece el sacerdote la víctima; 5) y por ello espera de su muerte la expiación de los pecados, la instauración de la nueva Alianza, la salvación de su pueblo. En una palabra, Jesús se presenta a sí mismo como el sacerdote de su propio sacrificio. Por ejemplo, las palabras que pronuncia sobre el cáliz: “Esta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26,28). Prácticamente cada palabra – alianza, derramada por muchos, pecados– orienta al sentido sacrificial de la acción de ofrecerse.
  • b.      San Pablo frecuentemente presenta la muerte de Jesús bajo las figuras del sacrificio del cordero pascual (“Cristo, nuestro Cordero pascual, fue inmolado” 1Cor 5,7), del Siervo (Flp 2,6-11), del día de la expiación (Rom 3,24s). Esta interpretación sacrificial reaparece también en las imágenes de la comunión en la sangre de Cristo (1Cor 10,16-22), de la redención por esta sangre (Rom 5,9; Col 1,20; Ef 1,7; 2,13; “Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación y ofrenda de suave olor ante Dios” Ef 5,2). La muerte de Jesús es para Pablo el acto supremo de su libertad, el sacrificio por excelencia, acto propiamente sacerdotal, que él mismo ofreció.
  • c. Los escritos joánnicos al ser más tardíos vemos más desarrollada estas mismas ideas: 1) así vemos como se describe a Jesús con vestidura pontifical (Jn 19,23; Ap 1,13), 2) y el relato de la pasión, acto sacrificial, se abre con la «oración sacerdotal» (Jn 17); 3) como el sacerdote que va a ofrecer su sacrificio, Jesús «se santifica», es decir, se consagra por el sacrificio (Jn 17, 19) y ejerce así una mediación eficaz y perfecta.

b) Jesús se revela sacerdote también por el servicio de la palabra. En este segundo aspecto de la palabra, Jesús tiene una posición clara en relación con la ley de Moisés:

  • 1) Él viene para darle cumplimiento (Mt 5,17s), 2) él está por encima de la Ley (Mt 5,20-48), y 3) aclara su profundo valor, encerrado en el primer mandamiento y en el segundo, que se le asemeja (Mt 22,34-40).

c) Jesús se revela sacerdote  también en las palabras de Jesús que hacen referencia al Templo. Y aunque estas expresiones se refieren directamente al Templo y al culto, pero en buena lógica, la novedad del Templo y la novedad del culto hacían suponer alguna novedad también en el sacerdocio.

  • a.       Así las palabras del mismo Jesús, recogidas en Jn 2, 19-22: “Jesús respondió: Destruid este Templo y en tres días lo levantaré. Los judíos contestaron: ¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él se refería al Templo de su cuerpo. Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús”.
  • b.      La frase del Señor es correlativa a otras expresiones anotadas en los evangelios sinópticos: “Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo, hecho por mano de hombre, y en tres días edificaré otro no hecho por mano de hombre” (Mc 14,58; cfr Mc 15,29.37-39: “Los que pasaban le injuriaban, moviendo la cabeza y diciendo: ¡Eh! Tú que destruyes el Templo y lo edificas de nuevo en tres días…/… Pero Jesús, dando una gran voz, expiró. Y el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo… El centurión… dijo: En verdad este hombre era Hijo de Dios”).
  • c.       También en Juan, cuando habla con la samaritana: “Vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén” (Jn 4,20). A lo que Jesús contesta: “Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (cfr Jn, 3,23ss).

d) Una última reflexión, aunque no se hace una predicación expresa del sacerdocio de Jesucristo, sino solo una sugerencia. En este sentido sacerdotal, también parece bastante claro a este propósito el final del Evangelio de San Lucas. En la Ascensión, Jesús está con sus discípulos y “levantando sus manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo. Y ellos le adoraron” (Lc 24,50-52). Esta sucesión de las tres acciones –levantar las manos, bendecir, postrarse (en el caso de los discípulos de Jesucristo, adorarlo)– en el Antiguo Testamento sólo aparece en dos ocasiones (Lv 9,22; Sir 50, 20) y ambas se refieren al Sumo Sacerdote: Aarón y Simón, respectivamente.

e) Además, aunque Jesús se presenta como mesías real y profético no se debe descartar su mesianismo sacerdotal, porque este aparece a veces también relacionado con el sacerdotal y el profético. Por lo siguiente:

  • a.       Existe relación entre las palabras de Jesús sobre el Templo y su relación con la profecía de Natán que ya vimos arriba, junto con la posterior exégesis que hace el mismo Señor. Lo más interesante del texto de Jesús es que cita Sal 110,1, que es un salmo real: “¿Cómo es que dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, ha dicho: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies». El mismo David le llama «Señor». Entonces, ¿cómo va a ser hijo suyo?” (Mc 12,35-37). Pero es el mismo salmo que un poco después (Sal 110,4) dice: “El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”, es decir, quizás el texto más determinante con el que argumenta el autor de Hebreos el sacerdocio de Jesucristo. Y, según el parecer de la mayoría de la exégesis, parece que el primer versículo del salmo es lo que está detrás lo que dice Jesús (tras ser acusado falsamente de pretender destruir el Templo) y que le vale precisamente la condena a muerte: “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo” (Mc 14,62). Por tanto, no se puede descartar que en las palabras de Jesús con las que sugería su ministerio mesiánico como hijo de David se incluyera también alguna mediación de orden cultual; es decir, sacerdotal la explicación que hace el Señor.
  • b.      Por otro lado algunos textos de la literatura intertestamentaria: 1) como los vinculados a Qumram, hablan de el (los) “Mesías de Aarón e Israel” relacionando los dos mesianismos en uno solo personaje. 2) Otro texto de carácter apocalíptico del siglo I a.C., el “Testamento de los Doce Patriarcas”, habla de que de Judá saldrá el rey, pero que el Sumo Sacerdote de Leví revelará las palabras del Señor, y de él saldrá la salvación. Por tanto, hay más motivos en el contexto del Nuevo Testamento que vinculan el mesianismo real con el sacerdotal, y que explican las palabras de Jesús y la argumentación de Hebreos que veremos ahora.

Hemos visto los textos del NT, a excepción de uno: la carta a los hebreos ¿Qué nos dice esta carta sobre el sacerdocio de Jesús? ¿De qué nuevo sacerdocio se trata entonces sino es el levítico? A esto responde la Carta a los hebreos y lo intenta explicar:

a) El sacerdocio del Nuevo Testamento está íntimamente unido a la Eucaristía. La Carta a los Hebreos considera a fondo el salmo 110 y el relato del Génesis de Melquisedec. En el Libro del Génesis (cf. 14, 18-20) se afirma que Melquisedec, rey de Salem, era también «sacerdote del Dios altísimo» y por eso «ofreció pan y vino» y «bendijo a Abram», que volvía de una victoria en batalla. Abraham le dio el diezmo de todo. El salmo 110 contiene en la última estrofa una expresión solemne, un juramento de Dios mismo, que declara al Rey Mesías: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec» (Sal 110, 4). Así, el Mesías no sólo es proclamado Rey sino también Sacerdote. En este pasaje se inspira el autor de la Carta a los Hebreos para su amplia y articulada exposición.

b) Podemos tomar como punto de partida las palabras sencillas que describen a Melquisedec: «Ofreció pan y vino» (Gn 14, 18). Es lo que hizo Jesús en la última Cena: ofreció pan y vino, y en ese gesto se resumió totalmente a sí mismo y resumió toda su misión. En ese acto, en la oración que lo precede y en las palabras que lo acompañan radica todo el sentido del misterio de Cristo, como lo expresa la Carta a los Hebreos en un pasaje decisivo, que es necesario citar: «En los días de su vida mortal ofreció ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas a Dios que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su pleno abandono a él. Aun siendo Hijo, con lo que padeció aprendió la obediencia; y, hecho perfecto, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec» (5, 7-10).

  • -          En este texto, que alude claramente a la agonía espiritual de Getsemaní, la pasión de Cristo se presenta como una oración y como una ofrenda. Es decir, la trágica prueba que Jesús afronta, vivida en esta oración, se transforma en ofrenda, en sacrificio vivo.
  • -          A través de este proceso Jesús fue «hecho perfecto», en griego teleiotheis. Debemos detenernos en este término, porque es muy significativo. Indica la culminación de un camino, es decir, de un proceso de transformación del Hijo de Dios mediante el sufrimiento, mediante la pasión dolorosa, por el que Jesucristo llega a ser «sumo sacerdote» y puede salvar a todos los que le obedecen. El término teleiotheis, acertadamente traducido con «hecho perfecto», pertenece a una raíz verbal que, en la versión griega del Pentateuco —es decir, los primeros cinco libros de la Biblia— siempre se usa para indicar la consagración de los antiguos sacerdotes. Este descubrimiento es muy valioso, porque nos aclara que la pasión fue para Jesús como una consagración sacerdotal. Él no era sacerdote según la Ley, pero llegó a serlo de modo existencial en su Pascua de pasión, muerte y resurrección: se ofreció a sí mismo en expiación y el Padre, exaltándolo por encima de toda criatura, lo constituyó Mediador universal de salvación.

c) - Un último asunto: ¿Cómo unir el momento sacrificial de la Cruz con la última Cena? Por medio del Espíritu Eterno. En la última Cena Jesús anticipó su sacrificio, un sacrificio no ritual, sino personal. En la última Cena actúa movido por el mismo «Espíritu eterno» con el que se ofrecerá en la cruz (cf. Hb 9, 14). Dando gracias y bendiciendo, Jesús transforma el pan y el vino. El amor divino es lo que transforma: el amor con que Jesús acepta con anticipación entregarse totalmente por nosotros. Este amor no es sino el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia su sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Señor, haciendo presente en el Sacramento el mismo sacrificio que se realiza luego de modo cruento en la cruz.

d) Una última nota: Ningún título agota por sí solo el misterio de Cristo: Hijo inseparable del Padre, Hijo del hombre que reúne en sí toda la humanidad, Jesús es a la vez el sumo sacerdote de la nueva alianza, el Mesias-rey y el Verbo de Dios. El AT había distinguido las mediaciones del rey y del sacerdote (lo temporal y lo espiritual), del sacerdote y del profeta (la institución y el acontecimiento): distinciones necesarias para la inteligencia de los valores propios de la revelación. Jesús, situado por su trascendencia por encima de los equívocos de la historia, reúne en su persona todas estas diferentes mediaciones: como Hijo, es la palabra eterna que remata y supera el mensaje de los profetas; como Hijo del hombre, asume toda la humanidad, es su rey, con una autoridad y un amor desconocidos anteriormente a él; como mediador único entre Dios y su pueblo, es el sacerdote perfecto por quien los hombres son santificados

Concretando un poco más conviene aclarar estos dos aspectos:

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