La expulsión de los mercaderes del Templo (Jn 2,13-25)

La expulsión de los mercaderes del Templo (2,13-25). Juan a diferencia de los sinópticos sitúa esta escena al inicio del ministerio público de Jesús e interpreta esta tradición para aplicarla a la resurrección de Jesús. Mientras que para los sinópticos la acusación de que Jesús predijo la destrucción del Templo aparece como parte del falso testimonio que dan en su contra (Mc 14,58), para Juan fue la resurrección de Lázaro el detonante para que se tomara la decisión de la muerte del Señor.

La purificación del Templo.

13 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 14 Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. 15 Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.» 17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito:

El relato de Juan hace pensar en una tradición independiente de la de los sinópticos: nombra a los vendedores de bueyes y ovejas, el detalle de hacer un látigo con cuerdas, y no vuelca las mesas de los vendedores de palomas, y la justificación de su comportamiento es una afirmación directa de Jesús (no se cita a Is 56,7; Jr 7,11), solo indirectamente los discípulos se refieren al Sal 69,10: El celo por tu casa me devorará. El presente del Sal (devora) es cambiado por el futuro: devorará, como anticipando la hostilidad que este hecho provocaría en los judíos, como una de las causas de su muerte.

18 Los judíos entonces replicaron diciéndole: «Qué signo nos muestras para obrar así?» 19 Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» 20 Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» 21 Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. 22 Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.

La demanda del signo es propia de la mentalidad judía. Aquí aparece de modo enigmático la revelación del “signo de la resurrección”. El evangelista considera el nuevo Templo a Jesús (no a la comunidad, típico de Qumran; cfr. 1 Cor 6,19-20).

Estancia en Jerusalén.

Estos versículos sirven de puente para la escena con Nicodemo. Para Juan los milagros aunque importantes no son determinantes (cfr. la crítica sutil que se hace en 6,14-15). Es la tercera vez que se le aplica a Jesús este atributo divino de conocer lo que está escondido en el corazón humano (cfr. los encuentros con Simón y con Natanael: 1,42.47)

23 Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los signos que realizaba. 24 Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos 25 y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.

 

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2 comentarios en “La expulsión de los mercaderes del Templo (Jn 2,13-25)”

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