(a) Jesús como Cordero y Mesías: testimonio de Juan y llamada de discípulos (1,19-51)

Dividimos esta sección dedicada al testimonio de Juan en estos tres apartados: 1) Juan no es el Mesías (1,19-28); 2) Jesús es el Cordero de Dios (1,29-34); y 3) Los primeros discípulos (1,35-51).

1) Juan no es el Mesías (1,19-28).

El evangelista ha creado aquí una “escena doble” ha partir de una tradición única; esto se ve en v.19 y v.24 cuando divide a las autoridades judías en sacerdotes y levitas y por otra parte en los enviados por los fariseos ambos a su vez forman parte de una comisión enviada por los judíos, que en Juan designan a las autoridades contrarias a Jesús.

19 Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?» 20 Él confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.» 21 Y le preguntaron: «¿Qué pues?; ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy».» – «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.»

El título de Cristo o Mesías aparece por primera vez en referencia a un futuro enviado ungido por Dios en Dn 9,25. Las expectativas en torno al retorno de Elías se basaban en Mal 3, 1.23, donde se habla del mensajero enviado a preparar el día del Señor, este mensajero que se identifica con Elías en 3,23 es Juan Bautista en los sinópticos. Solo en los textos cristianos se habla de Elías como precursor del Mesías en vez de cómo precursor del día del juicio de Yahvé. La identificación de Jesús con el profeta mosaico citado en Dt 18,18 constituye un elemento importante en la tradición cristológica de la comunidad joánica.

22 Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» 23 Dijo él: «Yo soy
la voz del que clama en el desierto:
Rectificad el camino del Señor,
como dijo el profeta Isaías».

La cita es de Is 40,3 y se aplica a Juan Bautista en los sinópticos, pero difiere en la forma (pone solo Rectificad en vez de preparar+allanar). Comienza ahora una segunda escena en la que se cuestiona la autoridad del Bautista por parte de los fariseos.

24 Habían sido enviados por los fariseos. 25 Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?»

26 Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis 27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.» 28 Esto ocurrió en Bethabara, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

El término Bethabara, aparece en muchos manuscritos y en otros Betania, al otro lado del Jordán (localidad desconocida). La superioridad de Jesús sobre Juan queda clara con estas expresiones.

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2) Jesús es el Cordero de Dios (1,29-34).

Mientras que la tradición sinóptica nos presentaba el Bautismo e inmediatamente el descenso del Espíritu sobre Jesús, Juan relata un doble testimonio frente a Israel. El descenso del Espíritu es el signo divino que confirma a Juan que Jesús es el enviado.

29 Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es por quien yo dije:
Detrás de mí viene un hombre,
que se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo.
31 «Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.»

Jesús como cordero probablemente representa la fusión de dos imágenes: 1) la del Siervo sufriente de Is 52,13-53,12 que va al sacrificio como un cordero (53,7) llevando nuestros pecados (53,4); y una segunda imagen 2) la muerte de Jesús en sustitución del cordero pascual (Jn 19,36 y 1 Cor 5,7) con lo que se evidencia que la interpretación sacrificial de la muerte del Señor es muy temprana.

32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. 33 Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo:
‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’.
34 Y yo le he visto y doy testimonio de que ése es el Hijo de Dios.»

La idea de y se quedaba sobre él es propia de Juan, se refiere a una permanencia o presencia íntima y se aplica a la relación de Jesús con su Padre y entre el Hijo y los creyentes. Una variante textual sustituye Hijo de Dios por Elegido de Dios, las dos opciones son válidas. Juan utilizaría solo esta vez Elegido, mientras que Hijo lo empelará más veces.

3) Los primeros discípulos (1,35-51).

El testimonio de Juan Bautista ha conseguido su objetivo ya que dos discípulos suyos se hacen seguidores de Jesús. Esta sección está divida en dos escenas que se repiten paralelamente después. En 35-39 Jesús invita al seguimiento y en 43-44 se repite la idea; en 40-42 los nuevos discípulos llevan a otra persona a Jesús, el cual recibe un nombre especial por parte de Jesús y en 45-50 se repite la idea.

35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.36 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». 37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí -que quiere decir ‘Maestro’- ¿dónde vives?» 39 Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.

40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41 Éste encuentra primeramente a su propio hermano, Simón, y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» – que quiere decir, Cristo. 42 Y le llevó a Jesús. Fijando Jesús su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» – que quiere decir, ‘Piedra’».

Esta segunda escena que es paralela a la anterior se diferencia por un cambio de tiempo (al día siguiente) y un cambio de lugar (de regreso a Galilea)

43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea y encuentra a Felipe. Y Jesús le dice: «Sígueme.» 44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.

45 Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.» 46 Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.» 47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» 48 Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» 49 Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.» 50 Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» 51 Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

En Juan el término ver, que se repite muchas veces, como el de venir a Jesús, son expresiones equivalentes a tener fe.

Una observación curiosa es el término Rabbí, que no era lo habitual para un maestro en el tiempo de Jesús, además de que cuando Juan lo usa es para hacer algún tipo de corrección; Jesús es el maestro que saca del error del discípulo: 1,49 corrección: Hijo de hombre; 3,2: corrección: nacer de nuevo mediante el espíritu; 3,26 corrección: clarificación entre Jesús y el Bautista; 4,31 corrección: el alimento de hacer la voluntad del Padre; 6,25 corrección: Jesús es el pan de vida bajado del cielo; 9,2 corrección: el milagro muestra que Jesús es la luz; 11,8 corrección: se muestra que Jesús es la vida).

En 3,13 se afirma que “nadie ha subido al Cielo, a no ser el que vino de allí. Es decir el Hijo del Hombre” Y en 1,51 se refleja la misma idea nadie más que el Hijo puede haber visto a Dios. Por eso la visión de Jacob (Gn 28,11-12) es la visión profética prometida a los creyentes que confían en Jesús como mediador entre el Cielo y la tierra. Jn 5,37 rechaza las visiones de Moisés en el Sinaí y en 8,56.58 y 12,41 se afirma que los que dicen haber visto a Dios en el AT vieron en realidad al Hijo.

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