“Figura” (1)

El griego typos y el latín figura son utilizados por los teólogos para designar los simbolismos más originales que se descubren en el lenguaje de la Biblia: las prefiguraciones. Los libros sagrados emplean con el mismo objeto otros varios términos que expresaban ideas conexas: antitypos (réplica de typos), hypodeigma (ejemplo y, de ahí, imagen anunciadora, reproducción anticipada), paradeigma (ejemplo), parabolé (símbolo), skia (sombra), mimema (imitación). Por su sentido general todos estos términos tienen afinidad con imagen (eikon), modelo (typos: 1Tes 1,7); pero las más de las veces comportan un matiz particular que los acerca a tipo/figura.

Dada la extensión del artículo lo vamos a dividir en dos, uno para el ANTIGUO TESTAMENTO (en esta entrada) y otra entrada dedicada al NUEVO TESTAMENTO:

ANTIGUO TESTAMENTO:

  • I. SIMBOLISMO EJEMPLARISTA: EL MODELO CELESTIAL Y SUS IMITACIONES TERRENALES
  • II. SIMBOLISMO ESCATOLÓGICO: LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN Y SU CONSUMACIÓN FINAL
  • III. EJEMPLARISMO MORAL

NUEVO TESTAMENTO

ANTIGUO TESTAMENTO

El lenguaje del AT, como todo lenguaje religioso, recurre frecuentemente al simbolismo sin detenerse en definir su naturaleza y sus fuentes. Pero fácilmente se pueden identificar las concepciones fundamentales de donde deriva su uso de los símbolos; esto es lo único que nos interesa aquí.

I. SIMBOLISMO EJEMPLARISTA: EL MODELO CELESTIAL Y SUS IMITACIONES TERRENALES

Como todas las religiones antiguas, el AT se representa el mundo divino, el mundo celeste como el prototipo sagrado a cuya imagen está organizado el mundo de acá abajo. Como un rey reside Dios en un palacio celeste (Miq 1,3); está circundado de una corte de servidores (Is 6,1ss), etc. Y como la finalidad del culto consiste en poner al hombre en relación con Dios, en él se procura reproducir este modelo ideal, de modo que el mundo celeste se ponga en cierto modo al alcance del hombre. Así Jerusalén y su templo son imitación del palacio divino, con el que se identifican en cierta manera (cf. Sal 48,1-4). Por eso el código sacerdotal muestra a Dios en el Sinaí comunicando a Moisés un modelo con el que deberá conformar el tabernáculo (heb. tabnit; gr. typos, Éx 25,40, o paradeigma, Éx 25, 9); este modelo es una especie de plano de arquitecto (cf. 1Par 28,11: tabnit, paradeigma) trazado por Dios según su propia morada. Asimismo, según Sab 9,8, el templo construido por Salomón es “imitación (mimema) de la tienda sagrada que Dios se preparó desde los orígenes”. Este simbolismo ejemplarista no está muy alejado de la teoría platónica de las Ideas. Así, en este punto Platón no hace sino elaborar filosóficamente un dato corriente en las tradiciones religiosas del antiguo Oriente.

II. SIMBOLISMO ESCATOLÓGICO: LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN Y SU CONSUMACIÓN FINAL

1. La concepción bíblica de la historia sagrada.

Las mitologías antiguas aplicaban el mismo principio ejemplarista a los ciclos cósmicos (revolución de los días, de las estaciones, etc.) y a las experiencias fundamentales de la historia humana (advenimiento regio, guerra, etc.). Tanto en lo uno como en lo otro veían reflejos terrestres de una historia divina acaecida anteriormente a todos los tiempos, arquetipo primordial de todo acaecer cósmico y de todo obrar humano. Este arquetipo, indefinidamente imitado en el tiempo, confería a las cosas de acá abajo su significación sagrada. Por eso el mito se actualizaba en el culto con un drama ritual, a fin de poner a los hombres en relación con el obrar de los dioses. Ahora bien, la revelación bíblica, al eliminar el politeísmo, vacía de su contenido la única historia sagrada que conocían los paganos vecinos:para ella, Dios no tiene actividad más que respecto a la creación. Pero en esta nueva perspectiva descubre otra clase de historia sagrada, que los paganismos ignoraban totalmente: la historia del designio de Dios. que desde los orígenes se desenvuelve en el tiempo en forma lineal y no ya cíclica, hasta su realización plenaria que tendrá lugar el final del tiempo, en la escatología.

2. Sentido de los acontecimientos de la historia sagrada.

El término del designio de Dios no será revelado claramente sino cuando tome cuerpo en el acontecimiento escatológico. Sin embargo, Dios comenzó ya a darlo a conocer oscuramente a su pueblo partiendo de los acontecimientos de su historia. Experiencias como el éxodo, la alianza sinaítica, la entrada en la tierra prometida, etc., no eran accidentes privados de sentido. Actos de Dios en el tiempo humano, llevaban en sí mismos la marca del fin que persigue Dios al dirigir el curso de la historia e iban esbozando progresivamente los rasgos del mismo. Por esta razón pueden ya alimentar la fe del pueblo de Dios. Por esto también los profetas, evocando en sus oráculos escatológicos el fin del designio de Dios, muestran en ellos la reproducción más perfecta de las experiencias pasadas: nuevo éxodo (Is 43,16-21), nueva alianza (Jer 31,31-34), nueva entrada en la tierra prometida hacia una Jerusalén nueva (Is 49,9-23, etc). Así pues, la historia sagrada, con todos los elementos que la componen (acontecimientos, personajes, instituciones) posee lo que se puede llamar un simbolismo escatológico: manifestación parcial de los designios de Dios a un nivel todavía imperfecto, muestra en forma velada hacia qué término camina este designio.

3. La escatología y los orígenes.

El mismo principio se aplica eminentemente al punto de partida de la historia sagrada, la creación. Porque, si ya no hay en la revelación bíblica historia divina primordial, subsiste este acto primordial por el cual inauguró Dios su designio, descubriendo desde los comienzos los fines que quería perseguir acá abajo. La escatología, acto final de Dios, debe ostentar de nuevo sus rasgos. Según los oráculos proféticos no será solamente un nuevo éxodo, etc., sino una nueva creación (Is 65,17), análoga a la primera, puesto que reasumirá el mismo designio, pero más perfecta, puesto que soslayará los obstáculos que hicieron fracasar en un principio los planes de Dios, el pecado y la muerte. Las mismas imágenes de perfección y de felicidad sirven, pues, para evocar en las dos extremidades del tiempo el paraíso primitivo y el paraíso hallado de nuevo (p.e., Os 2,20-24 Is 11,5-9 51,3 65,19-25 Ez 36,35). Entre los dos se desarrolla la historia sagrada, conscientemente vivida por el pueblo de la antigua alianza, que espera su consumación en la nueva alianza.

4. El culto y la historia sagrada.

El culto del AT no tiene ya historia mítica de dioses que actualizar en un drama ritual para hacer que participen en ella los hombres. Pero, puesto que la historia sagrada no deja de ser una gesta divina realizada en el tiempo humano, las fiestas litúrgicas adquieren poco a poco la función de conmemorar (y en este sentido de actualizar para la fe de Israel) los grandes hechos que la componen. El sábado se convierte en memorial de la creación (Gen 2,2s Ex 31,12ss); la pascua, en un memorial del éxodo (Ex 12,26s); pentecostés, en un memorial de la alianza en el Sinaí (en el judaísmo postbíblico); los tabernáculos, en un memorial de la permanencia en el desierto (Lev 23,42s.) Y puesto que, por otra parte, estos acontecimientos pasados eran presagios de la salvación final, su conmemoración cultual es portadora de esperanza: Israel sólo recuerda los beneficios históricos de Dios para aguardar con más fe el beneficio escatológico, del que son anuncios velados insertos en la trama de la historia.

III. EJEMPLARISMO MORAL

Finalmente, el AT conoce un ejemplarismo moral, en el que los hombres tipo del pasado son modelos dispuestos por Dios con miras a la instrucción de su pueblo. Así Henoc fue un ejemplo (hypodeigma) con miras a la penitencia (Eclo 44,16). Un ejemplarismo de este género se explota con frecuencia en los libros sapienciales. Adquiere fuerza particular cuando se apoya en el simbolismo escatológico de la historia sagrada tal como acabamos de definirlo (Sab 10-19).

Vemos que la doctrina de las prefiguraciones estaba ya muy viva en el AT. Dimanando de una concepción de la historia sagrada, que pertenece por derecho propio a la revelación bíblica, difiere profundamente del mero simbolismo ejemplarista, que, sin embargo, conoce el AT y lo explota cuando se presenta la ocasión. Esta doctrina proporciona a los oráculos proféticos el lenguaje, gracias al cual pueden evocar anticipadamente el misterio de la salvación. Está también ligada con la dialéctica misma de la revelación. El NT acabará de mostrarlo.

(Aquí para seguir con la voz “Figura” en el Nuevo Testamento)

Autor: Pierre Grelot, en la voz “Figura” del Vocabulario de teología Bíblica, ed. Herder 1996

Cfr. Vocabulario Bíblico

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