“Figura” (y 2)

Ya hemos visto la voz “Figura” en el Antiguo Testamento, ahora nos centramos en el Nuevo Testamento:

NUEVO TESTAMENTO

I. LAS ACTITUDES DE JESÚS

Jesús tiene conciencia de conducir a su término los tiempos preparatorios (Mc 1,15) y de inaugurar en la tierra el estado de cosas anunciado por los oráculos proféticos (cf. Mt 11,4ss; Lc 4,17ss). Así pues, toda la historia sagrada transcurrida bajo el régimen de la primera alianza adquiere su significado definitivo en los actos que realiza Jesús, en las instituciones que establece, en el drama que vive. Así, para definir su obra y hacerla inteligible, la relaciona intencionadamente con los elementos figurativos contenidos en esta historia. La comunidad que crea se llamará iglesia (Mt 16, 18), es decir, una asamblea cultual análoga a la de Israel en el desierto (cf. Hech 7,38); reposará en los doce apóstoles, cuyo número recuerda el de las tribus, estructura fundamental del pueblo de Israel (cf. Mt 19, 28). Igualmente la cena, que explica el sentido de su cruz y hace presente su realidad bajo signos sacramentales, se comprende en función de la pascua (Lc 22,16 p) y de la alianza sinaítica (Lc 22,20); el pan de vida prometido, que es su cuerpo, sobrepuja por sus efectos al maná que era su imagen imperfecta (In 6, 58). Estos ejemplos muestran cómo Jesús, recogiendo los simbolismos escatológicos de la historia sagrada, los explota para evocar concretamente el misterio de la salvación sobrevenido al final de los tiempos, inaugurado en su persona y en su vida, llamado a actualizarse en la historia de su Iglesia y a consumarse en la eternidad cuando haya tenido fin el tiempo humano. De esta manera hace comprender cómo los acontecimientos y las instituciones del AT adquieren en él su pleno sentido, velado hasta entonces en parte, pero revelado ahora en su plenitud por el acontecimiento hacia el que tendían.

II. LA EXPLOTACIÓN DE LAS FIGURAS BÍBLICAS

Como lo había hecho Jesús, el conjunto de los autores sagrados del NT recurre constantemente al principio figurativo, ya para mostrar que el misterio de la salvación se desarrolla «conforme a las Escrituras», ya para definirlo en un lenguaje cargado de alcance religioso. Así Mateo transfiere a Jesús lo que Oseas decía de Israel, «hijo de Dios» (Mt 2,15 Os 11,1), mientras que Juan aplica a Cristo en la cruz la descripción del cordero pascual (Jn 19,36). En los dos casos el cumplimiento de las Escrituras tiene por fundamento el cumplimiento de las prefiguraciones bíblicas. En no pocos pasajes el lenguaje doctrinal del NT halla así su punto de partida en la experiencia histórica del pueblo de Israel, sea que los oráculos proféticos hubieran transpuesto ya los datos refiriéndoles a la escatología (así Ap 21 reproduciendo a Is 62), sea que esta transposición de los textos sea labor propia de los autores del NT (como 1Pe 2,9 reproduciendo el pasaje de Ex 19,5s). Sin embargo, sólo san Pablo y la epístola a los Hebreos definirán con precisión el principio teológico de las prefiguraciones.

III. SAN PABLO

Para Pablo los personajes y los hechos de la historia sagrada encierran las figuras anunciadoras (es el sentido que da a la palabra typos) del misterio de Cristo y de las realidades cristianas. Ya en los orígenes. Adán era una figura del Adán que había de venir (Rom 5,14). Más tarde los acontecimientos del Éxodo tuvieron lugar figurativamente (1Cor 10,11); son “figuras que nos conciernen a nosotros que estamos tocando el fin de los tiempos” (1Cor 10,6); la realidad prefigurada por estos tipos es nuestra participación efectiva en el misterio de Cristo, confiada a los sacramentos cristianos. Así en 1Pe 3,21 se llama al bautismo anticipo del diluvio. El ejemplarismo moral fluye fácilmente de esta interpretación figurativa de la historia sagrada: los castigos de nuestros padres en el desierto son una lección para nosotros (cf. 1Cor 10,7ss) y anuncian la condenación definitiva de los cristianos infieles; la destrucción de Sodoma y la preservación de Lot son un ejemplo (hypodeigma) para los impíos venideros (2Pe 2,6); viceversa, la fe de Abraham “se refería también a nosotros” (Rom 4, 23s), de modo que “los que se apoyan en la fe son hijos de Abraham” (Gál 3,7).

Prolongando las líneas de tal tipología se permite Pablo alegorizar ciertas páginas de la Escritura, en las que halla los símbolos de las realidades cristianas. Lo dice explícitamente en Gál 4,24 cuando transfiere a los cristianos lo que decía el Génesis de Isaac, hijo de la promesa. Esta alegorización no se confunde pura y simplemente con la tipología que la funda: es un método práctico utilizado para adaptar los textos bíblicos a un objeto distinto del que enfocaban primitivamente, a riesgo de superponer un significado secundario a todos los detalles que contienen. Por lo demás, Pablo tiene conciencia de que las figuras bíblicas no eran sino imágenes deficientes en relación con las realidades actualmente descubiertas. Así el culto judío no contenía sino “la sombra de las cosas venideras” (skia), cuya realidad (soma) era el cuerpo de Cristo (Col 2,17).

IV. LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

En san Pablo, el simbolismo escatológico ya explotado por los oráculos proféticos venía a verterse en las parejas de palabras typos/antitypos y skia/soma. En la epístola a los Hebreos, este simbolismo escatológico se entrecruza con un simbolismo ejemplarista común a las religiones orientales, al platonismo e incluso al AT. Es que el misterio de Cristo, el sacrificio que realiza, la salvación que aporta son a la vez las cosas celestiales (Heb 8,5; 9,23; 12,22), eternas por naturaleza (5,9; 9,12; 13,20), y las «cosas venideras» (6,5; 10,1), acaecidas al final de las edades (9,26). Tales son las realidades verdaderas (8,2; 9,24), a las que nuestros padres en la fe, los hombres del AT sólo podían aspirar (11,16.20), mientras que nosotros, los cristianos, las hemos gustado ya con la iniciación bautismal (6,4). En efecto, la primera alianza sólo contenía reproducciones anticipadas (hypodeigma, 8,5 9,23) de las mismas, sombras (skia: 8,5), réplicas (antitypos: 9,24) de un modelo que existía ya en el cielo, aunque sólo debía ser revelado acá abajo por Cristo. Este modelo (typos), que fue mostrado a Moisés en la montaña cuando construyó el tabernáculo (Heb 8,5=Ex 25,40; Act 7,44), es el sacrificio de Cristo, que entró en el santuario celeste como sumo sacerdote de los bienes venideros para realizar la nueva alianza (Heb 9,11s). Ahora bien, las realidades eclesiales no encierran solamente una sombra (skia) de los bienes venideros, sino una imagen (eikon) que contiene toda su sustancia y permite participar en él misteriosamente.

Así queda definida la economía sacramental de la nueva alianza, por oposición a la economía antigua y a su culto figurativo.

En el lenguaje técnico la palabra typos reviste un sentido inverso del que tenía en san Pablo, puesto que no designa ya las prefiguraciones del NT en el AT, sino el acto de Cristo que, al final de los tiempos, realiza el acontecimiento de la salvación. Hay aquí un vestigio claro del simbolismo ejemplarista, ya que la relación del AT con el misterio de Cristo es la misma que la de las cosas cultuales de la tierra con su arquetipo celestial. Sin embargo, dado que este arquetipo es al mismo tiempo el término de la historia sagrada, las cosasdel AT son sus réplicas (antitypos) sin duda en virtud de un simbolismo escatológico: en Cristo, que pertenece a la vez al tiempo y a la eternidad, la relación entre la tierra y el cielo y la relación entre la historia figurativa y su término se recubren o, mejor dicho, se identifican.

En realidad, en otros pasajes se comprueba que el autor de la epístola está tan atento como Pablo a la dimensión horizontal de la tipología, aun cuando su lenguaje sugiera más bien la dirección vertical. En efecto, en los acontecimientos del AT descubre las prefiguraciones del acontecimiento de la salvación: Isaac en la pira es un símbolo (parabolé) de Cristo muerto y resucitado (Heb 11,19); el reposo de la tierra prometida, en que entraron nuestros padres, simboliza el reposo divino, en el que nos introduce la economía cristiana (4,9s 12,23). De este simbolismo escatológico fluye naturalmente un ejemplarismo moral: los hebreos en el desierto son para nosotros un ejemplo (hypodeigma, 4,11) de desobediencia, y su castigo presagia el que nos aguarda si, como ellos, somos infieles; por el contrario, los santos del AT son para nosotros un ejemplo de fe (11, 1-40).

El principio de las prefiguraciones, esbozado ya en el AT, explotado constantemente en el NT, definido explícitamente (con matices apreciables) por san Pablo y la epístola a los Hebreos, es, pues, esencial a la revelación bíblica, cuyo desarrollo ayuda a comprender. De un Testamento al otro pone de relieve la continuidad de una vida de fe llevada por el pueblo de Dios a diferentes niveles, el primero de los cuales anunciaba «por modo de figuras» el que le debía seguir.

Autor: Pierre Grelot, en la voz “Figura” del Vocabulario de teología Bíblica, ed. Herder 1996

Cfr. Vocabulario Bíblico

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