Biblia: Las Versiones de Orígenes (La Hexapla).

Las tres revisiones acabadas de mencionar (Aquila, Teodoción y Símaco) no causaron grave daño al texto, por ser tan distintos sus procedimientos de los empleados en los primitivos textos de los LXX, porque casi todo el material correspondiente se perdió pronto, y porque las glosas marginales de los códices en que se les cita procuran anotar su procedencia.

Más perturbadora, en cierto sentido, fue la labor de Orígenes, el gran escriturista egipcio (m. 254 d.C.), que, en un trabajo colosal, recopiló todas las traducciones griegas del A.T. a él llegadas en la famosa Hexapla: una colección de voluminosos códices con páginas divididas en columnas.

La primera de éstas contenía el texto hebreo; la segunda, no sabemos bien con qué fin, una transliteración del mismo en caracteres griegos; la tercera y cuarta, las versiones de Aquila y Símaco; en la sexta siempre se ha pensado que figuraba la de Teodoción, pero los fragmentos de la Hexapla, todavía inéditos en su casi totalidad, que conserva el palimpsesto de Milán, demuestran que, al menos en los Salmos, esta columna contenía la versión llamada Quinta, una traducción anónima, probablemente fragmentaria, cuyos restos encontró Orígenes en Nicópolis (existían también una Sexta, hallada en un jarro cerca de Jericó, y una Séptima de que apenas sabemos nada).

En cuanto a la quinta columna, Orígenes creía erróneamente que los textos septuagintales quedarían tanto más depurados cuanto más se les aproximara al original hebreo, siendo así que, al revés, una de las reglas áureas de la investigación en este campo consiste en aceptar a priori como preferible la lección divergente, y ello precisamente porque las corruptelas se han producido siempre en el sentido de un mayor acercamiento al original; y así, en esta columna estableció personalmente un texto adaptado al hebreo con empleo de dos signos críticos: el óbelo, que marcaba las palabras presentes en los LXX y ausentes en hebreo, y el asterisco, empleado para palabras añadidas por Orígenes por figurar en el texto mesorético y no hallarse en el septuagintal. En realidad la labor de Orígenes era así respetuosa con la preexistente y no producía calamidades irreparables; pero su columna quinta, emancipada, si así puede decirse, de la Hexapla y privada, por descuido o voluntariamente, de los óbelos y asteriscos, pasó a constituir el texto de ciertos manuscritos, como los códices G M Q, e incluso de versiones hechas sobre el griego, como la llamada sirohexaplar, la sahídica y la armenia; y, peor todavía, algunos códices, no «sospechosos» a primera vista, están contaminados de materia hexaplar, como el B de Isaías.

(seguimos)

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