¿Cómo se incorporó y por qué el canon judío del Antiguo Testamento al cristianismo?

Aunque, la historia del canon en el judaísmo que acabamos de estudiar es importante, lo que nos importa ahora a nosotros es: ¿cómo se incorporó y por qué el canon judío del Antiguo Testamento al cristianismo?

Pues bien, Jesucristo y los Apóstoles utilizaron y citaron los libros de la Biblia hebrea, considerándolos «palabra de Dios» (Mc 7,13; Rom 3,2), esto es: como libros inspirados, de origen divino; y lo expresaron con diversas fórmulas: lo que «está escrito» o «se halla escrito» ha de verificarse (Mt 21,42; 26,24.31.54.56; Lc 4,21; 18,31; Jn 5,34-39; etc.), «predijo el Espíritu por boca de David» (Act 1,16; 3 ,18.21), «Dios que por sus profetas había prometido en las santas Escrituras» (Rom 1,2), «bien habló el Espíritu Santo por el profeta Isaías» (Act 28,25). Las citas explícitas que aparecen son de los libros incluidos en la Biblia palestinense, de los libros protocanónicos, pero que al estar tomadas para el Nuevo Testamento, escrito ya en griego, proceden de la Biblia griega alejandrina de los Setenta, que incluye también los deuterocanónicos, los cuales, aunque no se citan explícitamente, son aludidos en diversas ocasiones.

Por eso, la Iglesia, siguiendo este uso apostólico y reconociendo su valor normativo, recibió desde el principio como inspirados tanto a los libros protocanónicos como a los deuterocanónicos.

Aunque es cierto que, en el s. IV algunos apologistas, en polémica con los judíos que no aceptaban los libros deuterocanónicos, dejaron de utilizar éstos o empezaron a distinguirlos de los protocanónicos. Sin embargo, después de un cierto tiempo, ya en el s. VI se vuelve a la unánime aceptación del canon alejandrino completo, como en los primeros tiempos de la Iglesia.

Esta unanimidad en el canon alejandrino completo (tanto de los libros protocanonicos como los deuterocanonicos) fue confirmada por la Iglesia en varias decisiones oficiales, documentos o concilios, a partir ya de finales del s. IV, como por ejemplo:

  • el Concilio de Hipona del año 393 (Mansi 3,924),
  • los Concilios III y IV de Cartago de los años 397 y 419 (Denz.Sch. 186),
  • el llamado Decreto de Dámaso o Gelasiano (año 382?, cfr. Denz.Sch. 179),
  • la epístola Consulenti tibi de Inocencio I del año 405 (Denz.Sch. 213),
  • el Concilio de Florencia (Denz.Sch. 1335)
  • y finalmente, el  Concilio de Trento (Denz.Sch. 1502).

Bibliografía:

  • A. M. Artola Arbiza, en la voz “Biblia II”, de la GER
  • Enciclopedia de la Biblia, dir. A. DÍEZMACHO y S. BARTINA, 6 vols., Barcelona 1965;
  • Diccionario de la Biblia, dir. H. HAAG, A. VAN DER BORN y S. DE AUSEJO, Barcelona 1963;
  • F. SPADAFORA, Diccionario Bíblico, Barcelona 1959,
  • Vocabulario de Teología Bíblica, dir. X. LÉON-DUFOUR, Barcelona 1965;
  • DB, con su Suppl.;
  • TWNT.
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