3. El Análisis semiótico y la interpretación de la Biblia

También entre los métodos llamados sincrónicos, es decir, los que se concentran sobre el estudio del texto bíblico en su estadio final, se sitúa el análisis semiótico. Llamado inicialmente con el término general de “estructuralismo“, cuyo fundador, el lingüista suizo Ferdinand de Saussure, elaboró la teoría de que toda lengua es un sistema de relaciones, que obedece a reglas determinadas. La mayor parte de los biblistas que utilizan la semiótica para el estudio de la Biblia siguen a Algirdas J. Greimas y la escuela de París, de la cual es el fundador. Acercamientos o métodos análogos, fundados sobre la lingüística moderna, se desarrollan también en otras partes. Es el método de Greimas el que presentaremos aquí brevemente. Pues bien, la semiótica se apoya sobre estos tres principios o presupuestos principales:

  1. Principio de inmanencia: cada texto forma un sistema de significación; el análisis considera todo el texto, pero solamente el texto. No recurre a datos “exteriores”, como el autor, los destinatarios, los acontecimientos narrados, la historia de la redacción.
  2. Principio de estructura del sentido: el sentido no existe sino por la relación y en la relación, especialmente la relación de diferencia. El análisis de un texto consiste, pues, en establecer el tejido de relaciones (de oposición, de homologación…) entre los elementos, a partir del cual se construye el sentido del texto.
  3. Principio de la gramática del texto: cada texto respeta una gramática, es decir un cierto número de reglas o estructuras; por ejemplo, en un conjunto de frases llamado discurso, hay diferentes niveles, cada uno de los cuales tiene su gramática.

El contenido global de un texto puede ser analizado en tres niveles diferentes:

  • El nivel narrativo. Se estudian, en el relato, las transformaciones que permiten pasar del estado inicial al estado terminal. En el interior de un “itinerario narrativo”, el análisis procura descubrir las diversas fases, lógicamente ligadas entre ellas, que marcan la transformación de un estado en otro diferente. En cada una de estas fases, se precisan las relaciones entre los “papeles” asumidos por los “actantes” que determinan los estados y producen las transformaciones.
  • El nivel discursivo. El análisis consiste en tres operaciones: (a) la identificación y la clasificación de las figuras, es decir, de los elementos de significación de un texto (actores, tiempos, y lugares); (b) el establecimiento de los itinerarios de cada figura en un texto para determinar el modo cómo el texto la utiliza; (c) la búsqueda de los valores temáticos de las figuras. Esta última operación consiste en determinar “en nombre de qué cosa” (= valor) las figuras, en un texto concreto, siguen tal itinerario.
  • El nivel lógico-semántico. Es el nivel llamado profundo. Es también el más abstracto. Supone el postulado de que las formas lógicas y significativas subyacen a las organizaciones narrativas y discursivas de tal discurso. El análisis en este nivel consiste en precisar la lógica que preside las articulaciones fundamentales de los itinerarios narrativos y figurativos de un texto. Para lograrlo se emplea frecuentemente un instrumento llamado el “cuadrado semiótico”, figura que utiliza las relaciones entre dos términos “contrarios” y dos “contradictorios” ( p. ej., blanco y negro, blanco y no-blanco, negro y no-negro).

APORTACIONES

  • La semiótica contribuye a nuestra comprensión de la Escritura, Palabra de Dios expresada en lenguaje humano, haciéndonos más atentos a la coherencia de cada texto bíblico como un todo, que obedece a mecanismos lingüísticos precisos.
  • Si el análisis semiótico no se pierde en los arcanos de un lenguaje complicado, sino que es enseñado en términos simples y en sus elementos principales, puede dar a los cristianos el gusto de estudiar el texto bíblico y de descubrir algunas de sus dimensiones de sentido, sin necesidad de poseer todos los conocimientos históricos que se refieren a la producción del texto y a su mundo sociocultural.
  • Puede también demostrarse útil en la pastoral misma, por medio de una cierta apropiación de la Escritura en medios no especializados.

LIMITES

  • La semiótica no puede ser utilizada para el estudio de la Biblia si no se distingue este método de análisis de ciertos presupuestos desarrollados en la filosofía estructuralista, es decir, la negación de los sujetos y de la referencia extratextual.
    • La Biblia es una Palabra sobre la realidad, que Dios pronunció en una historia y que nos dirige hoy por medio de autores humanos.
    • El acercamiento semiótico debe estar abierto a la historia: la de los actores de los textos, primero, la de sus autores y sus lectores, después.
  • Existe el grave riesgo, entre quienes utilizan el análisis semiótico, de quedarse en un estudio formal del contenido, y de no explicitar el mensaje de los textos.

Fuente: Documento de la Pontificia Comisión Bíblica,“La Interpretación de la Biblia en la Iglesia”.

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