La inspiración bíblica y la Tradición

Es perfectamente legítimo intentar estudiar la posible historia redaccional de un texto, ya que el texto pertenece a una Tradición en la que ha surgido la inspiración bíblica.  Por eso, al tratar de la inspiración bíblica no podemos limitarnos a hablar de la acción divina en el hagiógrafo. Hemos de tener en cuenta la historia que precede a cada uno, la cultura o tradición a la que pertenece etc. Efectivamente, la inspiración del hagiógrafo no es un carisma concedido por Dios a un individuo aislado, sino una acción divina ejercida sobre un individuo que vive en el interior de una tradición marcada por la Revelación divina y que ha procedido a todo lo largo de su historia a impulsos del Espíritu Santo. Por eso cuando Israel, y luego la Iglesia, definieron un escrito como inspirado por Dios y sagrado (canónico), no recibieron un libro que les fuera ajeno, sino algo que lo reconocían como suyo, porque en él resonaba la misma voz de Dios de la que ellos ya vivían.

Es obvio que, esos momentos inspirados de escritura bíblica realizados por el hagiógrafo, están precedidos de toda una historia, tanto personal como colectiva. Personal, porque el hagiógrafo es un hombre con un lenguaje, una cultura, una manera de expresarse, unos hábitos que Dios va a aprovechar, elevándolos, a la hora de moverlo a escribir la obra que quiere inspirar (y que tal vez haya ido procurando fomentar, con su providencia, hasta formar un instrumento apto). Colectiva, porque, según la economía o disposición que Dios ha seguido, la Revelación no se inicia con un acto de escritura, sino que viene precedida de una tradición, a veces larga, en la cual está inserto y en la que ha sido formado el hagiógrafo.

Podemos hacer esta sucesión de pasos:

1) En el inicio de todo está la Revelación, es decir, el acto por el que Dios se comunica a un hombre. Dios ha procedido en su Revelación interviniendo en la historia de una manera activa, es decir, no se ha limitado a dirigirse a un hombre comunicándole algunas verdades, sino que ha unido a su palabra su acción (Const. Dei Verbum, n° 2).

2) De ese proceso, el momento formalmente revelador es la palabra divina: el conocimiento recibido por el hombre gracias al cual comprende el sentido de los acontecimientos y recibe las verdades, promesas, etc., que Dios le quiere comunicar (inspiración activa). Sin esa palabra, los acontecimientos permanecerían ciegos y no comprenderíamos sus sentidos. A lo largo de estas entradas hemos procurado analizar la naturaleza de ese momento formal de la Revelación poniendo de manifiesto los efectos del carisma inspirador en el hagiógrafo (inspiración pasiva).

3) Esas palabras recibidas de Dios engendran en el hombre una nueva vida. Aquel a quien Dios ha hablado no queda indiferente, sino que vuelve sobre la palabra divina para penetrar en ella, edifica sobre las promesas de Dios su vida y sus acciones, procura juzgar a su luz el resto de los acontecimientos… Empieza esta Palabra a transformar su vida y el mundo que le rodea.

4) Pero además, el que recibe la Revelación de Dios es plenamente consciente de que él no es el único destinatario,sino que, a través de él, se dirige a otros hombres y, en última instancia, a la humanidad entera. Y se siente impulsado a comunicarla a otros. Así vemos como Abraham la comunicó a su hijo Isaac, éste a sus descendientes y así de generación en generación. En esa transmisión cada uno se esforzaría por expresar con fidelidad lo recibido, perfilando la forma de expresión y la terminología, etc. De este modo Dios se creaba un ambiente y un ámbito, que facilitaba la recepción de dichas revelaciones, así como de las revelaciones posteriores. Pues no lo olvidemos, Dios ha querido revelarse de manera progresiva, de forma que sus primeras intervenciones anuncian otras posteriores que las irán completando. Este ambiente y ámbito del proceso de transmisión es lo que entendemos por Tradición.

5) Es claro, pues, que ese proceso en virtud del cual la Revelación, ya hecha, va siendo transmitida fielmente a las generaciones siguientes, es un querer de Dios y objeto de una especialísima providencia divina: Dios se comunica a un hombre para, a través de él, comunicarse a la humanidad. Por eso podemos decir que el proceso de transmisión (tradición) forma parte, intrínsecamente, de la Revelación tal y como Dios la quiere. Así queda claro que hay una relación directa, querida por Dios, entre la Revelación y la Tradición.

Un comentario en “La inspiración bíblica y la Tradición”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s