¿”Yo creo en Jesús, pero no en la Iglesia”?

Esta entrada forma parte de la serie ¿Qué sabemos de Jesús de Nazaret?.

Está bastante extendida la idea de que quien quiera conocer a Jesús de Nazaret tendrá que olvidarse de lo que la Iglesia ha venido diciendo de él desde hace siglos. Se desconfía de la visión que la Iglesia da de Jesús. Se piensa que no corresponde a la verdad de lo que Jesús fue en realidad. Se sospecha o se afirma que las enseñanzas eclesiásticas sobre él son invenciones más o menos brillantes, pero, en todo caso, falsas, que nos impiden acercarnos a la verdadera figura de Jesús.

En cambio, se supone que Jesús fue un personaje grande y fascinante. Se supone que él fue y quiso otra cosa muy distinta de lo que la Iglesia hizo después de su figura. Ya sería hora de encontrar de nuevo al verdadero Jesús: al Jesús de carne y hueso; al Jesús de corazón grande; al Jesús que ha descubierto a los hombres horizontes de humanidad y de solidaridad insospechados. Son muchos los libros sobre Jesús que prometen dar a sus lectores lo que la Iglesia les oculta sobre él. Hay un deseo de conocer su verdadero secreto. Y hay también quienes saben aprovecharse de este noble deseo.

Pues bien, separar a Jesús de su Iglesia es un fenómeno nuevo que tiene sus razones de ser históricas, pero que impide el acceso a la verdad de la historia de Jesús. Es un punto de partida bastante extendido hoy. Sin embargo, no es difícil caer en la cuenta de que no da lo que promete.

¿Libres ya de la tutela y de la guía de la Iglesia para conocer a Jesús?

Se piensa que los adelantos de las ciencias históricas, de la arqueología, de la historia de las religiones, etc., nos permiten ya conocer al verdadero Jesús sin necesidad de depender para ello de la Iglesia. En este campo, como otros muchos, podemos y tenemos que ser modernos. Lo moderno es ser libres para usar la propia razón. La libertad ha permitido el desarrollo de las ciencias. Ellas nos han traído el progreso en todos los ámbitos de la vida. Las ciencias naturales, producto de la libre investigación del mundo, nos posibilitan, por ejemplo, predecir el tiempo, alargar la vida, comunicamos sin restricciones y ser, por tanto, más dueños de nuestra propia existencia.

Lo mismo habría pasado con las ciencias del espíritu. Antes dependíamos de ciertas autoridades para conocer nuestra historia o para pensar y proyectar nuestro futuro. Nos lo daban hecho. No teníamos acceso a las fuentes del conocimiento y de la reflexión. Algunos poderosos, entre ellos los eclesiásticos, se habían convertido en los administradores, interesados, de la historia, de la filosofía y de la teología. Hoy, en cambio, disfrutamos de libertad de investigación también en este campo. Podríamos, por tanto, conocer a Jesús de Nazaret prescindiendo de los intermediarios eclesiásticos, que habrían diseñado un Jesús a la medida de sus intereses o, en el mejor de los casos, de sus falsos sueños.

Esta entrada se continúa con ¿Cuándo se empezó a pensar en un Jesús sin Iglesia?

Fuente: Juan Antonio Martínez Camino, Jesús de Nazaret, la verdad de su historia, ed. Edicel Centro Bíblico Católico (4ª ed. 2010)

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2 comentarios en “¿”Yo creo en Jesús, pero no en la Iglesia”?”

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