El criterio de discontinuidad aplicado a los Evangelios

Los estudiosos están convencidos de que las fuentes de los evangelistas son realmente independientes entre si. El hecho del que se alimentan todas es común: el acontecimiento de Jesús, su vida, muerte y resurrección. Hasta ese manantial originario se remontan cada una por su parte, las diversas tradiciones evangélicas particulares identificadas por los especialistas. este es como hemos dicho el presupuesto del testimonio múltiple.

Existen además otros criterios complementarios que ayudan a superar la posible sospecha de que se hubiera producido una falsificación originaria por parte de los interpretes o testigos primeros del acontecimiento de Jesús de Nazaret. Así, tenemos, el llamado criterio de discontinuidad.

Hay, en efecto, hechos que contrastan de tal modo con lo que se podía esperar de un falsario, que hay que suponer que no han podido ser construidos por la imaginación o por el interés de un fabulador común. El contraste o la “discontinuidad” puede referirse al ambiente general en el que se movían aquellos hombres, en nuestro caso, a las costumbres y la religiosidad judía; o bien, al ambiente particular del grupo cristiano inicial, en concreto, a los posibles intereses de la iglesia primitiva.

Así, por ejemplo, que Jesús corrigiera a Moisés cuando aseveraba “pero yo os digo”; que fuera él quien eligiera a sus discípulos y que entre sus seguidores hubiera mujeres; que se le reconociera, al menos implícitamente, una categoría divina, etc. son hechos que están tan en discontinuidad con lo habitual en el mundo judío y en su religión estrictamente monoteísta, que difícilmente podían ser fruto de los hábitos de pensamiento de un posible fabulador.

Ejemplos relativos al contraste con los “intereses” de la iglesia naciente hay también muchísimos: el mero recuerdo de que Jesús hubiera sido condenado a una muerte infamante por los paganos (tanto más el subrayado fuerte y constante de ese hecho) era capaz de arruinar por sí sólo la propaganda más sofisticada acerca de un nuevo “dios”; la descripción reiterada de las debilidades y hasta de las traiciones de los discípulos contrastan con su posible idealización o autoglorificación interesada; el relato de hechos difíciles de integrar en la proclamación de Jesús como el Hijo de Dios, cuáles son su ignorancia respecto de algunas cosas, su debilidad física, etc. Estos y otros muchos hechos “chocantes” hablan en favor de la veracidad de unos testimonios que se muestran capaces de no escamotear nada, ni siquiera asuntos que podrían parecer comprometedores para los mismos testigos.

Fuente: Juan Antonio Martínez Camino, Jesús de Nazaret. La verdad de su historia, Edicel Centro Bíblico Católico, 4ª ed. 2010

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