2 El Espíritu Santo en la Biblia: El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo (2 Re 2, 1-18)

Texto de estudio: 2 Re 2, 1-18

 1 Esto es lo que ocurrió cuando el Señor se llevó a Elías al Cielo en medio del torbellino (…) 9 Cuando atravesaron (el Jordán), Elías dijo a Eliseo «Pregunto ¿qué puedo hacer por ti antes de que me alejen de ti?» Y Eliseo respondió «Que me corresponda una doble parte de tu espíritu» 10 Elías respondió «Pides una cosa difícil, si me ves cuando me alejen de ti, así ocurrirá, si no, no lo tendrás»

11 Pues bien, mientras Iban conversando, he aquí que entre ellos dos se interpuso un carro de fuego con unos caballos de fuego y Elías subió al Cielo en medio del torbellino 12 Eliseo lo veía y gritaba «¡Padre mío! ¡Padre mío¡ ¡Carro y auriga de Israel!» Luego dejo de verlo

13 Recogió el manto de Elías, que se había caído, y se volvió Junto a la orilla del Jordán (…)

15 Los hermanos profetas lo vieron a lo lejos y dijeron «¡El espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo!», salieron a su encuentro y se postraron en tierra ante él 16 Le dijeron «Hay aquí entre tus servidores 50 valientes. Permite que vayan a buscar a tu maestro, quizás se lo ha llevado el espíritu del Señor y lo ha arrojado por alguna montaña o algún valle» Pero el contestó «No mandéis a nadie». (…)

CONTEXTO

Con este capítulo concluye el Ciclo de Ellas (1 Re 17-19,21, 2 Re 1-2), pero sobre todo queda introducido el de Eliseo (2 Re 2-9 y 13) que Elías había llamado a su servicio (1 Re 19, 19-21). Constituye incluso un trozo escogido, ya que todo lo demás del Ciclo de Eliseo (2 Re 2, 19s) vendrá a confirmar que el discípulo es un buen sucesor del maestro misteriosamente desaparecido, tal como intenta precisamente decirnos este texto.

  • NOTAS 1: Los dos Ciclos, cuya primera redacción se remonta a épocas cercanas entre sí (siglos IX-VIII a.C.), muy parecidos también en su estilo y su mensaje, tienen sin embargo cada uno su sello característico. Elías aparece solitario, defensor ardiente de los derechos de Dios frente a la idolatría, mientras que Eliseo vive en Samaría, con acceso ante el rey (2 Re 4, 13) Y en estrecha relación con los hijos de los profetas (…)
  • NOTA 2: Los relatos del Ciclo de Elías se vinculan entre sí por una línea continua y progresiva, mientras que los que se refieren a Eliseo son la yuxtaposición de anécdotas separadas, con un estilo más popular y más imaginario, en el que predomina lo maravilloso.

De este modo, 2 Re 2, 1-18 se presenta como el eje de los dos ciclos. El autor, como un visionario y un poeta, describe aquí en el estilo de la leyenda la desaparición de Elías, el terrible profeta del Señor, y su sustitución por Eliseo que, investido del espíritu de su maestro, se convertirá a su vez, en medio de su pueblo tentado por la idolatría, en un profeta poderoso en obras y en palabras, en el profeta del cariño y de la vida de Dios.

ESTRUCTURA Y  BREVE COMENTARIO

2 Re 2, 1-18 es un texto bien construido. Después de una introducción narrativa (1a), se suceden tres pequeñas escenas (1b-6), con un cambio de lugar en cada una, con la misma negativa de Elías a que lo acompañe Eliseo, y con la misma respuesta de Eliseo que no quiere dejarlo solo (1b-2; 3-4; 5-6). En las dos últimas escenas intervienen con los mismos términos los hermanos profetas, preocupados por lo que va a pasar. Eliseo, impaciente, les da la misma respuesta: «iCallaos!». Las repeticiones de esta secuencia «viaje» elevan la tensión del relato y producen una impresión creciente de misterio y de inquietud ante el presentimiento de la intervención divina. Todo el mundo sabe lo que le va a pasar a Elías, pero se habla de ello con palabras encubiertas.

La escena principal, en los v. 7-14, se desarrolla junto al Jordán. Está formada por un diálogo entre Elías y Eliseo (9-10), por el rapto de Elías (11) Y por la reacción de Eliseo (12), esmaltado todo ello por toda una serie de inclusiones entre los v. 7-8 y 13-14: detenerse junto al Jordán, quitarse el manto, golpear el agua, separar las aguas, atravesarlas. Es éste el corazón del relato. Eliseo, único testigo del prodigio, recibe como paga de su petición la herencia espiritual de su maestro. Su primer milagro (14) demuestra que ha recibido ciertamente el espíritu de Elías.

Los v. 15-18 comentan lo anterior: los profetas de Jericó reconocen que Eliseo ha recibido sin duda el espíritu de Elías y que este último ha desaparecido definitivamente (17). Los dos relatos de los v. 19-25 se encuentran bajo el movimiento de este relato de investidura. De estilo muy legendario, atestiguan el poder de Eliseo, hombre de Dios poderoso en palabras y en obras, fuente de bendición o de maldición según la actitud que se tome ante él.

El manto representa un papel importante en este «rito de sucesión». Mencionado ya en 1 Re 19,19 para significar que Elías llama a Eliseo a su servicio, el autor habla aquí de él en tres ocasiones (v. 8.13 y 14). Considerado como signo de la presencia de Dios y portador de los poderes sobrenaturales del profeta (abre por dos veces las aguas del Jordán), es también el símbolo de su personalidad y de su vocación. Al vestirse con él, Eliseo se presenta en adelante a los ojos de todos como el sucesor de Elías, profeta como él y dotado de los mismos poderes.

El rapto de Elías se describe con ayuda de las imágenes de «carro de fuego» y de «tempestad», símbolos de la fuerza divina que se lleva al profeta. Es el acompañamiento clásico de las manifestaciones divinas (Ex 20,18; Ez 1,4; etc.). Elías ya no forma parte de este mundo, como se subraya en la búsqueda infructuosa de los profetas de Jericó. ¿Pasó por la muerte? El texto no lo dice. Sugiere más bien que no. Por eso la tradición dedujo que seguía aún vivo, aunque invisible, y que algún día habría de volver como precursor del mesías (Mal 3, 23-24; Eclo 48,10), como los otros dos personajes que tuvieron el mismo final misterioso: Moisés y Henoc.

EL ESPÍRITU DE ELÍAS Y EL ESPÍRITU DEL SEÑOR

¿Qué es lo que dice este texto sobre el espíritu? La palabra ruah aparece tres veces, una vez en relación con el Señor (16) y dos en relación con el hombre (9 y 15). En el conjunto de los ciclos Elías-Eliseo, se observa la misma utilización de esta palabra, pero añadiéndole el significado de viento (1 Re 18,45; 19,11; 2 Re 3,17), no como simple elemento natural, sino como realidad dinámica ligada a la presencia o a la acción de Dios en la historia de los hombres (signo que anticipa la lluvia fecunda en 1 Re 18,45; 2 Re 3, 17).

En 2 Re 2, 9, Eliseo le pide a Elías una doble parte de su espíritu. literalmente «un bocado de dos» en su espíritu. Se trata de una formulación extraña. Probablemente remite a Dt 21, 17 donde, según el derecho familiar tradicional, el hijo mayor goza de una parte doble de la herencia. Así. pues, Eliseo pide ser reconocido como el heredero de Elías, como su hijo mayor espiritual; por otra parte, en el v. 12 lo llamará por dos veces «padre mío». Al estilo de Nm 11,25, el espíritu se considera aquí como una fuerza divisible y transmisible. Se trata de la vitalidad de Elías, que desaparece y se transmite a otro cuando acaba su vida. Esta vitalidad está formada a la vez de «respiración» y de «inspiración». En efecto. el texto parece unir las dos cosas: una vez que Elías ha acabado con su misión aquí abajo, todo lo que le animaba como soplo y como inspiración lo deja para que vaya a animar a Eliseo. Se reconoce aquí el espíritu profético. el que inspira a los profetas (Is 42,1; 61,1; Ez 2, 2; Os 9,7; etc.), el que los convierte en otros hombres (1 Sm 10,8), produciendo a veces efectos tan violentos como inesperados (1 Re 18, 12; 2 Re 2, 16; Ez 3,12; etc.).

Este espíritu que deja Elías para animar a Eliseo ¿es independiente de Dios? Aparentemente, Dios no participa en su transferencia, pero el v. 10 subraya la impotencia de Elías en responder a la petición de Eliseo. El no puede hacer más que señalar el signo por el que Dios le hará saber si ha sido escuchada su plegaria: Eliseo podrá ver (10 y 12) algo que quedará oculto a los ojos de los demás profetas: el rapto de Elías. El será entonces «vidente» (ro ‘eh) y por tanto cualificado como profeta. El espíritu, aunque vinculado al hombre, se pone aquí en relación con el Señor. Elías no es dueño suyo, no puede disponer de él a su gusto; no le pertenece. Es una fuerza extraordinaria que impregna al hombre, pero que lo supera. Y la fuerza de acción que a continuación desplegará Eliseo (2 Re 5, 26… ) demuestra que el espíritu que ha recibido tenía ciertamente algo de divino. De hecho, escribe D. Lys, «es la ruah de Yavé la que, según 1 Re 18, 12, lo mismo que su mano en el v. 46, la que toma al profeta… Pero 2 Re 2,9.15 habla del espíritu profético de Elías sin mencionar a la causa divina» (Ruah, le souffle dans l`AT. PUF, París 1962, 35-36). Elías, como Eliseo, no tiene en sí más vitalidad que la que Dios le da, su soplo y su inspiración. Aquí se pone en relación con el hombre bajo la forma de soplo, mientras que en 1 Re 22, 21-25 se pone en relación con Dios bajo la forma de inspiración. En 2 Re 2, 16 se menciona explícitamente al espíritu del Señor; los profetas de Jericó confiesan que es él ciertamente el que ha hecho desaparecer a Elías (la misma manifestación de fuerza divina que en 1 Re 18,12; 18.46; etc… ).

CONCLUSIÓN

En estos textos, el espíritu se presenta como un elemento relacional, como una realidad dinámica.

  • En Dios, es su fuerza de acción respecto al hombre. En la naturaleza (viento), es un elemento del que Dios se sirve en provecho del hombre. En el hombre, es su vitalidad, es decir su soplo, y lo que inspira su comportamiento.
  • No le pertenece al hombre; sigue siendo precario y se le puede quitar al ser humano; lo ha recibido de Dios y no puede existir sin él. Crea un ambiente de vida, un espacio vital en el que el hombre, bajo su movimiento, puede obrar y dar testimonio de aquel que lo envía.

Autor: Gérard BLOCHAT, en Cuadernos Bíblicos nº 52

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