La Estela de Mesá

378px-Mesha_steleLa llamada estela de Mesá, rey de Moab, no procede de una excavación. Fue descubierta en 1868 en Dibán, Jordania, por un misionero alsaciano. El orientalista francés Charles Clermont-Ganneau, que se encontraba entonces en Jerusalén, supo de ella, envió un primer intermediario, que hizo una copia de la inscripción, y envió a un segundo para hacer una estampación de la inscripción en 1869. Probablemente a causa del interés suscitado por la estela o por otras razones, ésta fue rota en varios pedazos. A pesar de esto, Clermont-Ganneau logró recuperar los pedazos más importantes, y éstos fueron adquiridos por el Museo del Louvre, que ofrece hoy la estela reconstruida.

En su origen, la estera ofrecía un texto inscrito de 34 líneas, por desgracia mutilado, pero resulta de un gran interés, porque fue encontrada en la capital del antiguo reino de Moab, Dibón. Este descubrimiento tuvo tanto eco porque era la primera vez que se obtenía una comprobación de un texto bíblico, el de 2 Re 3,4-5: “Ahora bien, Mesá, rey de Moab, criaba ovejas, y como tributo anual le entregaba al rey de Israel cien mil ovejas y la lana de cien mil corderos. 5 Pero al morir Ajab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel“. En este texto mencionaba a «Mesá, rey de Moab», que pagaba un tributo al rey de Israel y que, a la muerte de Ajab, se rebeló contra el rey de Israel. Pues bien, esto es precisamente lo que dice el comienzo de la estela (líneas 1 a 10):

«Yo soy Mesá, hijo de Kemosshyat, rey de Moab, el dibonita. Mi padre reinó sobre Moab durante treinta años, y yo reino después de mi padre. Yo hice este altozano para Kamós en Querihó, como signo de salvación (?), pues él me salvó de todos los asaltos y me hizo triunfar sobre todos mis adversarios. Omrí era rey de Israel y oprimió a Moab durante numerosos días, pues Kamós estaba encolerizado contra su tierra. Y su hijo le sucedió y dijo: “Oprimiré a Moab”. En mis días, él había hablado así, pero triunfé sobre él y sobre su casa. E Israel fue arruinado para siempre. Ahora bien, Omrí había tomado posesión de toda la tierra de Mádaba y había habitado durante sus días y la mitad de los días de sus hijos, cuarenta años. Pero Kamós la devolvió durante mis días. Y edifiqué Baal Maón e hice allí el estanque y construí Quiriatain…»

Este texto, que debe de datar de 810 a.C., tras la desaparición de la dinastía de Omrí, se inicia con una presentación del rey y de su filiación, lo que subraya su legitimidad, y después, sin respetar un orden cronológico, comienza indicando una construcción hecha en honor del dios dinástico Kamós, dios de Moab citado en Nm 21,29 y 1 Re 11,33. Después de esto, el rey recuerda los lazos de vasallaje que le unían al reino de Israel y a sus reyes, primero Omrí, fundador de la dinastía, y después su hijo, Ajab. Este vasallaje debió de cesar bajo el reinado de Jorán, hijo pequeño de Omrí, del que nos habla el libro de los Reyes (cfr. 2 Re 3,5ss), el cual, en su momento, menciona una iniciativa de Jorán, que ataca Moab por el sur. Según el relato, a pesar de ir ganando la batalla la coalición de reyes que atacaba a Moab, al final han de retirarse debido a un sacrificio hecho al dios de Moab: 26 El rey de Moab, al ver que perdía la batalla… 27 Tomó entonces a su hijo primogénito, que había de sucederlo en el trono, y lo ofreció en holocausto sobre la muralla. A raíz de esto, se desató contra Israel una furia incontenible, de modo que los israelitas tuvieron que retirarse y volver a su país”. Quizás por eso, al final de la inscripción, el rey vuelve a insistir sobre el papel del dios Kamós en la restauración del territorio moabita.

NOTA:

En 1994, tras examinar tanto la Estela de Mesá como el molde de papel de ella en el Museo del Louvre, el científico francés André Lemaire reportó que la línea 31 de la Estela de Mesá muestra la frase “la casa de David” (en Biblical Archaeology Review [May/June 1994], pp. 30-37). Lemaire tuvo que añadir una letra destruida, la primera “D” en “[D]avid,” para decodificar la expresión. La frase completa en la última parte de la línea 31 se leería entonces, “En cuanto a Horonen, vivía en él la casa de [D]avid,וחורננ. ישב. בה. בת[ד]וד. La mayoría de los estudiosos encuentran que ninguna otra letra allí suplementada proporciona una lectura que tenga sentido.

  • Sin embargo, Baruch Margalit trató de supplementar otra letra: “m,” junto con varias otras letras en lugares tras ese. La lectura que resultaba era “Ahora Horoneyn estaba ocupado al final del [reino] de [mi pre]decesor por los [edom]itas.” (Baruch Margalit, “Studies in NWSemitic Inscriptions,” Ugarit-Forschungen 26, p. 275). Sin embargo, la lectura de Margalit no ha conseguido atraer ningún apoyo significativo en publicaciones científicas. Así mismo, en 2001, otro estudioso francés, Pierre Bordreuil, reportó (en un ensayo en francés) que él y unos pocos otros estudiosos no podían confirmar la lectura de Lemaire de “la casa de David” en la línea 31 de la estela (Pierre Bordreuil, “A propos de l’inscription de Mesha’: deux notes,” in P. M. Michele Daviau, John W. Wevers and Michael Weigl [Eds.], The World of the Aramaeans III, pp. 158-167, especially pp. 162-163 [Sheffield, England: Sheffield Academic Press, 2001]).
  • Por otro lado, en 1998, otro estudioso, Anson Rainey, tradujo una desconcertante frase de dos palabras en la línea 12 de la Estela de Mesá, אראל. דודה, como “su davídico fuego de altar” (Anson F. Rainey, “Mesha and Syntax,” in _The Land That I Will Show You_, edited by J. Andrew Dearman and M. Patrick Graham, Supplement Series, no. 343 [Sheffield, England: Sheffield Academic Press, 2001], pp. 300-306).

Mientras la última mención de la “Casa de David” en el fragmento de la estela de Tel Dan fue escrita por un rey arameo enemigo, esta inscripción viene de un moabita enemigo de Israel, también envaneciéndose de una victoria.

Si Lemaire tiene razón, ahora serían dos las referencias arqueológicas tempranas a la dinastía de David, una en la Estela de Mesá (mediados del siglo IX a.C.) y la otra en la Estela de Tel Dan (de mediados del siglo IX a.C. a mediados del siglo VII a.C.), como se recoge en Time Magazine, December 18, 1995.

Referencia: Cfr. Lawrence J. Mykytiuk, _Identifying Biblical Persons in Northwest Semitic Inscriptions of 1200–539 B.C.E._, Academia Biblica series, no. 12 (Atlanta: Society of Biblical Literature, 2004), pp. 265-277.

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