Gloria

Ya hemos tratado, con más detalle, de la Gloria en otro lugar. Aquí hacemos sólo una breve reseña:

En el Antiguo Testamento

La palabra hebrea kabod significa «peso, riqueza» (Sal 49,17) y, por tanto, el valor de una persona (Gn 13,2) o de una ciudad (Is 62,2). La gloria de alguien es su «peso»: lo que vale realmente, y no su fama. A este respecto, la única gloria que tiene peso para el hombre es su confianza en Dios: «En Dios está mi salvación y mi gloria; en Dios mi roca fuerte y mi refugio» (Sal 62,8). La palabra kabod no tiene equivalente en griego; por eso se la tradujo por doxa, «opinión, reputación, celebridad».

La gloria de Dios es evocada también en términos de luz* y de resplandor: el esplendor de su poder: «Ellos hablan del esplendor de tu gloria, y yo repetiré tus maravillas» (Sal 145,5). Esta gloria se manifiesta en teofanías, como una nube misteriosa, a la vez luminosa y oscura, que oculta y a la vez revela. Esto sucede en la montaña del Sinaí (Ex 19,16-19), después encima del arca en el desierto (Ex 40,34-38) y, finalmente, en el Templo de Salomón (1 Re 8,10-13). Si la santidad* define a Dios en sí mismo, la gloria es su resplandor, y los amigos de Dios pueden ser, excepcionalmente, sus testigos privilegiados, como por ejemplo Moisés: «Déjame ver tu gloria» (Ex 33,1823), Elías en el Horeb (1 Re 19,11-13), Isaías (Is 6,3) y Ezequiel (Ez 1,26-28).

En el Nuevo Testamento

El evangelio de Juan afirma que la Palabra* de Dios se ha manifestado en Jesús de Nazaret, nacido de María: «Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre» (Jn 1,14). Jesús dice a Felipe: «El que me ve a mí, ve al Padre» (Jn 14,9). La presencia del Dios santo y salvador se hace visible en Jesús, en sus acciones y sus palabras, en los «signos» que lleva a cabo, en los acontecimientos de la pasión. En Juan, el acto de fe consiste en reconocer en Jesús la gloria de Dios manifestada definitivamente.

Juan emplea naturalmente el verbo doxazomai no sólo para «ser honrado», como en griego profano, sino «para participar en la gloria de Dios» y, por lo tanto, en su vida. Cuando el evangelista dice: «Y es que aún no había Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado» (Jn 7,39), habla de la resurrección de Jesús y de su ascensión, de su entrada en la gloria del Padre. En su gran plegaria, al final de la última cena, Jesús pide su regreso junto al Padre: «Padre, glorifícame con aquella gloria que ya compartía contigo antes de que el mundo existiera» (Jn 17,5). Contemplar la gloria de Cristo es conocer el amor que une al Padre y al Hijo: ahí se encuentra el fundamento y el término de toda vida humana, ya que «la vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, tu enviado» (Jn 17,3). La gloria del Señor se refleja en el rostro de Esteban (Hch 6,15), Y ella le une a la pasión de Jesús: «Vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios» (Hch 7,55).

Fuente: Cuadernos Bíblicos nº 123, Evd, 2005

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3 comentarios en “Gloria”

  1. El termino gloria significa peso o riqueza, en el antiguo testamento se refiere a luz, resplandor, el esplendor de su poder: ellos hablan del esplendor de tu gloria y yo repetire tus maravillas; en el nuevo testamento, el evangelista juan dice: el acto de fe, consiste en reconocer en jesus la gloria de dios manifestada definitivamente.

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