Hombre, mujer

un-hombre-y-una-mujer

La palabra española «hombre», no distingue los dos sentidos: «ser humano» (heb. adam, gr. anthropos, lat. homo) y «ser masculino» (heb. is, gr. aner, lat. vir); de donde proceden numerosos problemas de traducción con los que se tiene cuidado en la actualidad (el «lenguaje inclusivo»).

La creación del hombre y de la mujer

  1. Génesis 1: el poema sitúa al ser humano (adam) en el proyecto de Dios, como resultado de la creación*. Creado el sexto día al igual que los animales terrestres, el ser humano es, sin embargo, diferente: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza» (Gn 1,26); no es Dios, pero se le parece. Además es afirmada la unidad de la humanidad en su doble rostro: «A imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó» (Gn 1,28).
  2. Génesis 2: el relato simbólico habla de otra manera: el ser humano (adam) es amasado de la tierra, pero en él está el aliento de Dios (Gn 2,7). Establecido como dueño de la creación, da nombre a los animales (Gn 2,20). Incluso a pesar de que el relato está escrito en masculino (como en todo el Antiguo Oriente), se afirma la igualdad del hombre (is) y de la mujer (isá): «Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23). La mujer ha sido querida por Dios como «ayuda» del hombre (Gn 2,18.20). Jesús recordará este texto para afirmar la indisolubilidad del matrimonio: la unidad de la pareja procede de Dios (Mt 19,6).
  3. Génesis 3: la continuación del relato evoca el origen del mal. La pareja está hecha para vivir en armonía, pero su desconfianza hacia la palabra de Dios la conduce a dividirse (Gn 3,6-12). La relación de la pareja se ha falseado: «Desearás a tu marido, y él te dominará» (Gn 3,16). De ahora en adelante ambos conocerán la aflicción: el embarazo y el parto para la mujer; el trabajo penoso de la tierra para el hombre hasta la muerte (Gn 3,16-19).

El Cantar de los Cantares

En esta colección de poemas amorosos, el nombre de Dios no aparece nunca; sin embargo judíos y cristianos han honrado siempre este libro. En primer lugar, el amor humano en su totalidad, incluido su juego erótico, es hermoso y bueno, igual que toda la creación. Además, este libro se atreve a hacer del amor de la pareja una imagen de la Alianza*, el amor recíproco de Dios y su pueblo. El Cantar es una clave privilegiada para abrirnos a otra mirada sobre Dios, sobre su relación con la humanidad y sobre la relación hombre-mujer.

San Pablo

Algunos textos, leídos demasiado deprisa, han hecho pasar muchas veces a Pablo por un misógino; veámaslos. En su tiempo, el problema del velo de las mujeres era una cuestión de pudor; pero la reflexión final de Pablo mantiene todo su valor: «Porque si la mujer fue formada del varón, el varón a su vez existe mediante la mujer, y todo procede de Dios» (1 Cor 11,12). En la carta a los Efesios, (…) comienza por repetir la regla de la antigüedad: «Que las mujeres respeten a sus maridos como si se tratase del Señor» (Ef 5,22); pero enseguida -lo que es nuevo y lo cambia todo- añade: «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia* y se entregó a sí mismo por ella» (Ef 5,25). Ahora bien, amar en la Biblia no es sólo algo del orden de la emoción, de la afectividad: es conceder al otro los derechos sobre sí, otorgándole confianza. En esta relación de amor* del hombre y la mujer, Pablo ve el signo, el sacramento de la relación de Cristo y la Iglesia.

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6 comentarios en “Hombre, mujer”

  1. Agradezco la información recibida, está muy entendida y a la vez nos nutre en lo espiritual. Bendiciones

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