Belén y los primeros cristianos

Church of the Nativity – Bethlehem

También los discípulos del Señor y los primeros cristianos fueron muy conscientes desde el principio de la importancia que había adquirido Belén. A mediados del siglo II, san Justino, que era natural de Palestina, se hacía eco de los recuerdos que se transmitieron de padres a hijos los habitantes de la aldea sobre la gruta, usada como establo, en que había nacido Jesús (Cfr. San Justino, Diálogo con Trifón, 78, 5).

“La más antigua y autorizada documentación de la Gruta – Pesebre de Belén es todavía la del apologista, filósofo y mártir S. Justino de Nablús, el cual escribía poco después del año 150: “a la tradición de la Gruta Pesebre él reconoce el argumento de la certeza moral” (Olivan) y seguramente no depende de los escritos apócrifos. Su testimonio tiene un valor extraordinario, aún cuando no hubiera estado personalmente en Belén en aquel tiempo de ocupación pagana, porque, era palestino de nacimiento, cercano a la época de Cristo, portavoz de la tradición local, profundo conocedor de la lengua griega, comprometido en la lucha contra la clase docta judía (Celso). Con agrado, por tanto, ofrecemos aquí el breve importantísimo texto conocido por pocos, como se encuentra en el Diálogo con Trifón, 78:

“Habiendo nacido entonces el Niño en Belén, porque José no tenía en aquella aldea (kóme) donde alojarse, se alojó en una cierta gruta (spélaio) cercana a la aldea, y entonces, estando ellos allí, María dio a luz a Cristo y lo puso en un Pesebre, donde fue encontrado por los Magos provenientes de Arabia”.
La forma y la descripción son muy concisas, de estilo clásico, pero es testimonio seguro de la “tradición palestina”, quizá también local, donde los judeo-cristianos permanecieron también después de la paganización del año 135.”

En los primeros decenios del siglo siguiente, Orígenes atestigua que el lugar donde nació el Señor era perfectamente conocido en la localidad, incluso entre quienes no eran cristianos: «En armonía con lo que en los evangelios se cuenta, en Belén se muestra la cueva en que nació [Jesús] y, dentro de la cueva, el pesebre en que fue reclinado envuelto en pañales. Y lo que en aquellos lugares se muestra es famoso aun entre gentes ajenas a la fe; en esta cueva, se dice, nació aquel Jesús a quien admiran y adoran los cristianos” (Orígenes, Contra Celso, 1, 51).

En tiempos del emperador Adriano, las autoridades del Imperio edificaron templos paganos en varios enclaves –por ejemplo, el Santo Sepulcro y el Calvario– venerados por los primeros cristianos, con el propósito de borrar los vestigios del paso de Cristo por la tierra: «Desde los tiempos de Adriano hasta el imperio de Constantino, por espacio de unos ciento ochenta años, en el lugar de la resurrección se daba culto a una estatua de Júpiter, y en la peña de la cruz a una imagen de Venus de mármol, puesta allí por los gentiles. Sin duda se imaginaban los autores de la persecución que, si contaminaban los lugares sagrados por medio de los ídolos, nos iban a quitar la fe en la resurrección y en la cruz” (San Jerónimo, Cartas, 58, 3).

Algo análogo pudo suceder en Belén, ya que el lugar donde nació Jesús fue convertido en un bosque sagrado en honor del dios Adonis. San Cirilo de Jerusalén vio los terrenos donde se encontraba la gruta cubiertos de árboles (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, 12, 20: «Hasta hace pocos años se trataba de un lugar poblado de bosque»), y san Jerónimo también se refiere al fallido intento de paganizar esta memoria cristiana con palabras no exentas de cierta ironía: «Belén, que es ahora nuestra, el lugar más augusto del orbe, aquel del que dijo el salmista: de la tierra ha germinado la Verdad (Sal 84, 12), estuvo bajo la sombra de un bosque de Thamuz, es decir, de Adonis, y en la cueva donde antaño dio Cristo sus primeros vagidos se lloraba al querido de Venus» (San Jerónimo, Cartas, 58, 3).

La Basílica de la Natividad: historia
Apoyándose en esta tradición, continuada y unánime, el emperador Constantino mandó construir una gran basílica sobre la gruta: fue consagrada el 31 de mayo del año 339, y en la ceremonia estuvo presente santa Elena, que había impulsado decididamente esta empresa.

En los muros y el pavimento todavía quedan restos de mosaicos de época bizantina. Foto: Alfred Driessen.

En los muros y el pavimento todavía quedan restos de mosaicos de época bizantina. Foto: Alfred Driessen.
Detalle de un mosaico del pavimento. Foto: Leobard Hinfelaar.

Detalle de un mosaico del pavimento. Foto: Leobard Hinfelaar.

No es mucho lo que se conserva de la primitiva basílica, que fue saqueada y destruida durante una sublevación de los samaritanos, en el año 529. Cuando se restableció la paz, Belén fue fortificada, y el emperador Justiniano mandó construir una nueva basílica, que se edificó en el mismo lugar de la primera, pero con mayores proporciones. Es la que ha llegado hasta nosotros, salvándose durante las diversas invasiones en las que fueron destruidos los otros templos de época constantiniana o bizantina. Se cuenta que los persas, que en el año 614 asolaron casi todas las iglesias y monasterios de Palestina, respetaron la basílica de Belén al encontrar en su interior un mosaico donde los Reyes Magos estaban representados vestidos a la usanza de su país. Igualmente, el templo salió casi incólume de la violenta incursión en Tierra Santa del califa egipcio El Hakim, en el año 1009, así como de los furiosos combates que siguieron a la llegada de los Cruzados en 1099.

Después de varias vicisitudes históricas que sería prolijo relatar, en 1347 se concedió a los franciscanos la custodia de la Gruta y la basílica. Actualmente siguen allí, aunque también detentan derechos sobre este lugar santo los ortodoxos griegos, sirios y armenos.

El exterior de la basílica
Desde la plaza que hay delante de la basílica, el visitante tiene la impresión de hallarse frente a una fortaleza medieval: gruesos muros y contrafuertes, con escasas y pequeñas ventanas. Se entra por una puerta tan diminuta que obliga a pasar de uno en uno, y aun así con dificultad: es preciso inclinarse bastante. En su homilía durante la Santa Misa de la última Nochebuena, Benedicto XVI se refirió a este acceso al templo:

La puerta mide apenas metro y medio. Foto: Leobard Hinfelaar.

La puerta mide apenas metro y medio. Foto: Leobard Hinfelaar.

«Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio. La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse. Me parece que en eso se manifiesta una cercanía en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón “ilustrada”. Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios” (Benedicto XVI, Homilía, 24-XII-2011).

El interior: la gruta de la Natividad
La basílica –con planta de cruz latina y cinco naves– tiene una longitud de 54 metros. Las cuatro filas de columnas, de color rosáceo, le dan un aspecto armonioso. En algunos lugares, es posible contemplar los mosaicos que adornaban el pavimento de la primitiva iglesia constantiniana; en las paredes, también se han conservado fragmentos de otros mosaicos que datan de los tiempos de las Cruzadas.

Escaleras de salida de la gruta. Foto: Alfred Driessen.

Escaleras de salida de la gruta. Foto: Alfred Driessen.

Pero el centro de esta gran iglesia es la Gruta de la Natividad, que se encuentra bajo el presbiterio: tiene la forma de una capilla de reducidas dimensiones, con un pequeño ábside en el lado oriental. El humo de los cirios, que la piedad popular ha puesto durante generaciones y generaciones, ha ennegrecido las paredes y el techo. Allí hay un altar y, debajo, una estrella de plata que señala el lugar donde Cristo nació de la Virgen María. La acompaña una inscripción, que reza: Hic de Virgine Maria Iesus Christus natus est.

El pesebre donde María acostó el Niño, tras envolverlo en pañales, se encuentra en una capillita aneja. En realidad es un hueco en la roca, aunque hoy está recubierto de mármol y anteriormente lo estuvo de plata. Enfrente, hay un altar llamado de los Reyes Magos, porque tiene un retablo con la escena de la Epifanía.

Gráfico adaptado por Julián de Velasco.

Gráfico adaptado por Julián de Velasco.
Nave central de la basílica. Foto: Leobard Hinfelaar.

Nave central de la basílica. Foto: Leobard Hinfelaar.
En los muros y el pavimento todavía quedan restos de mosaicos de época bizantina. Foto: Leobard Hinfelaar.

En los muros y el pavimento todavía quedan restos de mosaicos de época bizantina. Foto: Leobard Hinfelaar.
Gruta de la Natividad. Foto: Alfred Driessen.

Gruta de la Natividad. Foto: Alfred Driessen.
El lugar del nacimiento está señalado con una cruz de plata. Foto: Alfred Driessen.

El lugar del nacimiento está señalado con una cruz de plata. Foto: Alfred Driessen.
Lugar del pesebre. Foto: Alfred Driessen.

Lugar del pesebre. Foto: Alfred Driessen.
Delante de la basílica de la Natividad se abre una plaza. Foto: Leobard Hinfelaar.

Delante de la basílica de la Natividad se abre una plaza. Foto: Leobard Hinfelaar.

4 comentarios en “Belén y los primeros cristianos”

  1. Gracias, Dios les pague todos estos comentarios bíblicos, ellos nos enriquecen, animan a leer la Biblia y comparar la vida, obra y conducta de los primeros cristianos, quienes gracias a la fuerza del Santo Espíritu, fueron capaces de dar sus vidas por la causa del Evangelio. ¡Qué nobleza y convicción! Que Dios los siga bendiciendo copiosamente, Elías. Bogotá – Colombia.

  2. Belen es un lugar sagrado, para la humanidad y el mundo cristiano, pues en esa humilde aldea, nació nuestro señor jesucristo, que vino a enseñarnos su doctrina, para que nos amaramos los unos a los otros y alcanzáramos la eternidad y conociéramos la verdad; gracias a san justino de nablus que desde un principio conoció por la tradición de sus antepasados el lugar de la gruta en donde nació nuestro señor jesucristo, sabemos con certeza el lugar exacto de su nacimiento; el imperio romano tratando de confundir la verdadera fe de los cristianos, construyo templos paganos; sin embargo constantino y su madre santa elena, construyeron la basílica de la natividad, para honrar el lugar de nacimiento de jesus, el cristianismo se convirtió en la religión del imperio romano, su madre santa elena, recupero muchas reliquias de jesus, en el lugar de su cruxificcion.

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