Pobre

pobre y alianza

Los pobres de la Biblia

El pobre tiene varios nombres: socialmente es el humillado, el humilde (heb. ‘anaw; gr. tapeinos); económicamente, el indigente, el necesitado (heb. ebyon, gr. ptojos); psíquicamente, el débil, el endeble (heb. dal; gr. asthenes). Pero todos estos nombres son empleados también en el sentido espiritual. Después del ideal: «No habrá pobres entre los tuyos», viene la constatación de la realidad: «Nunca faltarán pobres en la tierra» (Dt 15,4.11; d. Mc 14,7). ¿Quiénes son estos pobres? La tradición dice: «El extranjero, la viuda y el huérfano» (Dt 24,17-22). En particular es el esclavo, como los israelitas en Egipto (Dt 26,6-7); el menesteroso endeudado, que debe vender a sus hijos (Neh 5,4-5); el enfermo o el impedido, reducido a la mendicidad (Mc 10,46); el enfermo contagioso y por tanto excluido, como el leproso; la mujer estéril, humillada y frecuentemente repudiada (1 Sam 1,6; Lc 1,7) o la viuda sin apoyo familiar (1 Re 17,12; Mc 12,42-44).

Dios, el defensor de los pobres

El Dios de Israel ha escuchado los gritos de su pueblo oprimido en Egipto y lo ha salvado (Ex 3,7-8). Ha inspirado a Moisés leyes para proteger a los pobres. El decálogo impone el sábado como descanso para los siervos y los inmigrantes (Dt 5,15); prohíbe el rapto y la codicia de los bienes del prójimo (Ex 20,15.17). Los diferentes códigos de leyes* protegen a los inmigrantes, a las viudas y a los huérfanos (Ex 22,20-26). El Deuteronomio ordena un diezmo trienal para los pobres (Dt 14,28-29), el préstamo sin interés y, cada siete años, la liberación de los esclavos (Dt 15,7-15).

Los profetas* toman muchas veces la defensa de los pobres, los explotados y las víctimas de la injusticia, de los abusos del poder (Am 2,6-8; 5,10-12; 8,4-6). Llaman a combatir la pobreza (ls 58,6-7). Algunos profetas anuncian que un día Dios les dará la dicha: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena nueva a los pobres, (…) y anunciar la liberación a los cautivos, a los prisioneros la libertad» (ls 61,1-3). Desde ahora, «los pobres del Señor» son los preferidos (Sof 3,1113); desprovistos de cualquier orgullo, se ponen más fácilmente en sus manos. María será uno de ellos: «Ha mirado la humillación de su esclava (…) Dispersa a los soberbios de corazón (…) Enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes» (Lc 1,48.51-53).

Jesús, el Mesías de los pobres

Su programa de Mesías es la liberación de los pobres (Lc 4,16-27), Y se le ve frecuentemente con ellos (indigentes, enfermos, extranjeros, pecadores, etc). Él mismo vive sin poseer nada: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8,20); invita a sus discípulos a liberarse de las riquezas (Mc 10,17-22) y les envía en misión contando sólo con la hospitalidad (Mt 10,9-10). Las bienaventuranzas prometen la dicha a los pobres, a los hambrientos, a aquellos que lloran (Lc 6,20-22). Más aún, Jesús se identifica con los indigentes, los enfermos, con los extranjeros y los presos: «Cuando lo hicisteis (o no) con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis (o no)» (Mt 25,40.45). En su pasión, igual que el Siervo sufriente (Is 53), Jesús comparte el sufrimiento y la humillación de los más pobres, libremente y sin deseos de venganza. Después de Pascua, los primeros cristianos ponen sus bienes en común para que nadie tenga necesidad (Hch 2,44-45); Pablo organiza una colecta para los pobres de Jerusalén (Rom 15,25-28); escribe a los donantes: «[Jesús] siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8,9).

Fuente: Cuadernos Bíblicos nº123, Evd, 2005

Anuncios

4 comentarios en “Pobre”

  1. Para los cristianos, lo importante no es la pobreza, sino el amor activo, es decir, la fraternidad. Por eso, la pobreza “evangélica” forma parte de una experiencia de amor y sólo tiene sentido allí donde se vincula con un gesto de servicio a los demás, a favor de la vida. En esa línea, podemos añadir que los pobres son signo de Dios en la medida en que Dios les ama y promueve (en ellos y por ellos) un camino de gratuidad, de vida compartida.

    Para el evangelio, la pobreza típica, la que marca y define la situación radical de dependencia del hombre, es la que aparece definida con el término prokhos: pobres, en sentido estricto, son los que no tienen nada, ni siquiera posibilidades de trabajo.
    Éstos son los pobres de Lc 6, 20: “Bienaventurados los pobres, los hambrientos…”. Pobres son los que pasan hambre, los que no tienen más respuesta que el llanto. En esa línea sigue Lc 4, 18: los ptokhoi son aquellos que no tienen nada y que, sin embargo, pueden y deben ser evangelizados: la Iglesia tiene que ofrecerles el anuncio de la riqueza de Dios y la experiencia de una comunidad donde se comparten los bienes.
    Los pobres a los que quiere ayudar Jesús no se definen por su fe espiritual o por su pertenencia eclesial, sino sólo por su “necesidad”. De ellos habla Mt 19, 21, donde Jesús dice al rico que quiere segirle: «Si quieres ser perfecto vete, vende lo que tienes, dáselo a los pobres… y luego sígueme» (cf. Mc 10, 21; Lc 18, 22). Los ptokhoi o pobres a los que se alude aquí no son miembros de la comunidad, cristianos o judíos.
    Son sencillamente los necesitados, sea cual fuere su identidad cultural o religiosa.
    (De mi archivo. Ignoro la fuente)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s