Temor de Dios

entre el cielo y la tierraEn la Biblia, el «temor de Dios» es la actitud del hombre que tiene la experiencia de la presencia de Dios: se siente superado y experimenta un cierto temor. Es una manera de expresar el sentido de lo sagrado, de la trascendencia de Dios. Por tanto, es algo distinto del miedo ante un peligro, ante el sufrimiento o la muerte.

El temor o la fe

Cuando los israelitas vieron el ejército egipcio lanzado en su persecución, ante el mar Rojo, «clamaron llenos de terror». Pero Moisés les pidió: «No temáis, manteneos firmes y veréis la victoria que os va a dar hoy el Señor» (Ex 14,13). Pero al final del relato, el autor concluye: «Israel (…) temió al Señor, y puso su confianza en él y en Moisés, su siervo» (Ex 14,31): este temor de Dios no es miedo, sino, por el contrario, la experiencia de Dios presente y actuante, la fe* confiada.

En la experiencia religiosa, lo sagrado es a la vez aterrador y fascinante; de ahí los dos tipos de experiencia que designa el «temor de Dios». Bien el temor servil, el del esclavo que tiene miedo de su amo, de quien se teme la cólera y el castigo; bien el temor admiración ante la presencia y la acción de Dios, reconocidas en un acontecimiento extraordinario que pasma al hombre y le hace sentir su pequeñez. Por ejemplo, durante el éxodo* y la conquista, Israel siente el temor admiración, pero los otros pueblos sienten pavor y terror (Ex 15,11 y 14-16). En los textos bíblicos antiguos, los israelitas conocían también el temor servil; así Jacob después del sueño de Betel (Gn 28,17) o Moisés ante la zarza ardiente (Ex 3,6). Y durante la teofanía del Sinaí: «El pueblo temblaba y se mantenía a distancia. Entonces dijeron a Moisés: Háblanos tú y te escucharemos, pues si nos habla el Señor moriremos. Moisés respondió al pueblo: No temáis, que el Señor ha venido sólo para ponernos a prueba, para que le respetéis y no pequéis» (Ex 20,18-20).

El temor del Señor

Pero a lo largo de los siglos, gracias a los profetas y a los sabios, el «temor de Dios» va a convertirse en una experiencia positiva, sinónimo de religión, de fe: temor de Dios significa entonces adorarlo y obedecerlo: «Dichoso el hombre que teme al Señor y cumple sus preceptos» (Sal 112,1); «Honrarás al Señor, tu Dios, lo servirás, te adherirás a él» (01 10,20). Los sabios no dudan en decir que «el temor del Señor es el principio de la sabiduría*» (Prov 9,10). La expresión «temeroso de Dios» adquiere, por otra parte, un sentido preciso en los albores de la era cristiana: designa a un pagano convertido que se ha hecho «adorador» del Dios de Israel, pero no circuncidado, como el centurión Camelia (Hch 10,2.22).

En el Nuevo Testamento

Se encuentran las mismas expresiones. Cuando Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, éstos están «aterrados y llenos de miedo» (Lc 24,37). Pero el temor servil no tiene lugar en una vida de fe (1 Jn 4,18). En efecto, ser cristiano implica la libertad de responder al amor de Dios no como esclavos, sino como hijos (Rom 8,15). El temor de Dios es el sentimiento legítimo que todo cristiano puede sentir ante la distancia que le separa del amor infinito de Dios. Entonces subsiste el temor de ofender a Dios, de apartarse de sus preceptos y de alejarse de él. En este sentido, el temor de Dios es uno de los dones del Espíritu Santo (cf. ls 11,3).

Fuente: Cuadernos Bíblicos nº123, Evd, 2005

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4 comentarios en “Temor de Dios”

  1. Personalmente estos estudios me ayudan a entender más la palabra de Dios,es importante lo que ustedes dicen,sobre la diferencia entre el temor a Dios y el miedo que podemos sentir ante un hecho inesperado de la vida que puede ser causa de sufrimiento,cambios inesperados en la vida o la muerte misma,como por ejemplo:Tener un accidente de tránsito y quedarnos imposibilitados físicamente de llevar una vida normal.El temor a Dios es una actitud de reverencia y respeto a Dios,que empieza cuando nuestro corazón es regenerado por el poder de la palabra de Dios; una experiencia sobrenatural que lo vivimos cuando al escuchar la palabra de Dios, somos tocados por el poder del Espíritu Santo, quien nos da convicción que somos pecadores(Juan 16:8) y nos contrista al arrepentimiento genuino(2 Corintios 7:9).Esto es obra de Dios,es la gracia de Dios derramada por nuestras vidas,que al rescatarnos del pecado,nos libera del poder de las tinieblas y nos llena de gozo y paz.Es algo que nunca habíamos sentido cuando vivíamos en el pecado, es el poder de Dios que obra en nosotros por medio de la fe en Cristo Jesús, la obra del Espíritu Santo que nos da la fuerza interior para apartarnos del pecado,dejar nuestra manera antigua de vivir y empezar una vida nueva,un proceso diario de cambios internos para santificarnos a la luz de la verdad todo nuestro ser(Espíritu,alma y cuerpo),a fin de conocer a Dios,amarlo y servirle..Y lo hacemos no porque tememos ser castigados por Dios, sino que voluntariamente, de manera espontanea,agradecidos del amor y la misericordia de Dios,decidimos rendirnos a la voluntad de Dios y nos esforzamos en cumplir el mandato de Dios,”Para que andéis como es digno del Señor,agradándole en todo,llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios”(Colosenses 1:10).En el antiguo testamento, vemos que el pueblo de Israel,no obstante haber sido testigos del poder de Dios manifestado para liberarlos de la esclavitud de Egipto y de haberle dado leyes(Levítico 18:1-5;19:1-4,11-18,30-37) para que conozcan su voluntad y haberlos sustentados durante su travesía hacia la tierra prometida,sus corazones se llenaron de incredulidad y fueron infieles con Dios,”No guardaron el pacto de Dios,ni quisieron andar en su ley;sino que se olvidaron de sus obras y de sus maravillas que les había mostrado”(Salmo 78:11-12).Nuestro ejemplo perfecto de temor reverente a Dios,es Cristo(Hebreos 5:7).Por eso miremos siempre a Cristo,manteniéndonos unidos en su amor,porque él es nuestra esperanza de gloria, que nos llena de fortaleza para purificarnos de toda maldad(1 Juan 3:3).

  2. Nunca pense que el temor de Dios tuviera ese significado. No es que me diera miedo(terror) no, pero no habia caido en cuenta que esa mezcla de sentimientos, admiración, miedo de estar lejos de la presencia del Señor fuera Temor de Dios. Actualmente las personas se han olvidado de este Don tan maravilloso del Espiritu Santo y muchas veces no lo pedimos al Señor porque no lo entendemos. Caminar en el Temor de Dios, educar a nuestros hijos en el, es la respuesta a la crisis de valores que se observa en la sociedad.

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