CÓLERA (orgé)

Norway The hidden beach 2 por Terje Nilssen en FivehundredpxEsta entrada pertenece a Vocabulario Paulino

A los ojos de los griegos, especialmente de los estoicos, la cólera es la irritación o comportamiento agresivo, digna de condenación. La Escritura, sobre todo en los libros sapienciales, condena también al que no domina el soplo de sus narices (Prov 16,32; cf. 15,18). Al contrario, el motivo de la cólera de Dios o de «las santas cóleras» aparece con frecuencia en la Escritura, ya que Dios no puede tolerar el pecado y sólo él puede retribuir y castigar al pecador: pero el Señor no es un Dios de cólera, sino de misericordia (ls 54,7-8).

Los Setenta atenúan a veces el antropomorfismo en cuestión, pero no Pablo, que insiste mucho en el motivo de la cólera divina (13 menciones, pero solamente en dos cartas: 1 Tes 1,10; 2,16; 5,9; Rom 1,18; 2,5.8; 3,5; 4,15; 5,9; 9,22; 12,19; 13,4-5). En las otras cartas (…) no se recoge este tema y exhortan más bien a los creyentes a no ceder a ningún movimiento de cólera (Ef 4,26.31; 6,4; 1 Tim 2,8; Tit 1,7): para casos semejantes Pablo prefiere utilizar la palabra griega thymos, que significa también «ira, arrebato» (Gál 5,20; 2 Cor 12,20).

Así pues, el apóstol recoge el motivo veterotestamentario de la cólera de Dios, acentuando incluso su fuerza y adoptando entonces un punto de vista objetivo (no subjetivo): la cólera divina declara la condenación del pecador y el tiempo de la cólera designa el juicio escatológico, que ha comenzado ya ahora con Cristo, antes de manifestarse por entero en el día de la cólera (Rom 2,5).

La palabra «cólera» se opone entonces a la de «justicia de Dios», en el sentido paulino de gesto salvador de Dios en favor de los creyentes (Rom 1,16-18); o simplemente, a la palabra «salvación» (1 Tes 5,9). Entonces el pecador, ese vaso de cólera, se convertirá en vaso de misericordia (Rom 9,22-23). Y si la ley produce el pecado y la cólera (Rom 4,15), la fe en Cristo arranca ya al creyente de la cólera que viene, y por tanto del juicio escatológico.

Al contrario, los pecadores, incluidos los judíos perseguidores, ven cómo la cólera de Dios se abate sobre ellos (1 Tes 2,16; pero Rom 9-11 matizará luego (…), este juicio). Entre tanto, el creyente no tiene que tomarse la justicia por su mano: dejad que actúe la cólera de Dios (Rom 12,19).

Autor: C. Perrot, en Cuadernos Bíblicos, 88

 

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