Salmo 89 (88): ¿Dónde está tu primer amor?

Sunset at Niagara Falls - Canada by Matteo Pecchioli

 SALMO 89 (88)

Poema de Etam, el aborigen.
2 Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
3 Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.
4 Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
5 «Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones».
6 El cielo celebre tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad en la asamblea de los santos,
7 porque ¿quién es comparable al Señor en las alturas?
¿quién como el Señor entre los hijos de Dios?
8 Dios es temible en el consejo de los santos,
más grande y terrible que cuantos están a su alrededor,
9 Señor, Dios del universo, ¿hay alguien como tú?
Tú eres fuerte y estás rodeado de fidelidad.
10 Tú dominas la soberbia del mar
y calmas la altivez de sus olas;
11 tú aplastaste a Rahab como a un cadáver,
deshiciste a tus enemigos con tu brazo poderoso.
12 Tuyo es el cielo, tuya la tierra:
tú cimentaste el mundo y todo lo que hay en él;
13 tú has creado el norte y el sur,
el Hermón y el Tabor aclaman tu Nombre.
14 Tu brazo está lleno de poder,
tu mano es fuerte, alta es tu derecha;
15 la Justicia y el Derecho son la base de tu trono,
el Amor y la Fidelidad te preceden.
16 ¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!
Ellos caminarán a la luz de tu rostro;
17 se alegrarán sin cesar en tu Nombre,
serán exaltados a causa de tu justicia.
18 Porque tú eres su gloria y su fuerza;
con tu favor, acrecientas nuestro poder.
19 Sí, el Señor es nuestro escudo,
el Santo de Israel es realmente nuestro rey.
20 Tú hablaste una vez en una visión
y dijiste a tus amigos:
«Impuse la corona a un valiente,
exalté a un guerrero del pueblo.
21 Encontré a David, mi servidor,
y lo ungí con el óleo sagrado,
22 para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga poderoso.
23 El enemigo no lo aventajará,
ni podrán oprimirlo los malvados:
24 yo aplastaré a sus adversarios ante él
y golpearé a los que lo odian.
25 Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán,
su poder crecerá a causa de mi Nombre:
26 extenderé su mano sobre el mar
y su derecha sobre los ríos.
27 El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora».
28 Yo lo constituiré mi primogénito,
el más alto de los reyes de la tierra.
29 Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él;
30 le daré una descendencia eterna
y un trono duradero como el cielo.
31 Si sus hijos abandonan mi enseñanza
y no proceden de acuerdo con mis juicios;
32 si profanan mis preceptos
y no observan mis mandamientos,
33 castigaré sus rebeldías con la vara
y sus culpas, con el látigo.
34 Pero a él no le retiraré mi amor
ni desmentiré mi fidelidad;
35 no quebrantaré mi alianza
ni cambiaré lo que salió de mis labios.
36 Una vez juré por mi santidad
–¡jamás mentiré a David!–:
37 «Su descendencia permanecerá para siempre
y su trono, como el sol en mi presencia;
38 como la luna, que permanece para siempre,
será firme su sede en las alturas».
39 Pero tú te has irritado contra tu Ungido,
lo has rechazado y despreciado;
40 desdeñaste la alianza con tu servidor,
profanaste por tierra su insignia real.
41 Abrirse brechas en todas sus murallas,
redujiste a escombros todas sus fortalezas;
42 los que pasan por el camino lo despojan,
y es la burla de todos sus vecinos.
43 Alzaste la mano de sus adversarios,
llenaste de alegría a sus enemigos;
44 mellaste el filo de su espada
y no lo sostuviste en el combate.
45 Le quitaste su cetro glorioso
y derribaste por tierra su trono;
46 abreviaste los días de su juventud
y lo cubriste de vergüenza.
47 ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Te ocultarás para siempre?
¿Arderá tu furor como el fuego?
48 Recuerda, Señor, qué corta es mi vida
y qué efímeros creaste a los hombres.
49 ¿Quién vivirá sin ver la muerte?
¿Quién se librará de las garras del Abismo?
50 ¿Dónde está, Señor, tu amor de otro tiempo,
el que juraste a David por tu fidelidad?
51 Recuerda, Señor, las afrentas de tu servidor:
yo tengo que soportar los insultos de los pueblos.
52 ¡Cómo afrentan las huellas de tu Ungido!
53 ¡Bendito sea el Señor eternamente!
¡Amén! ¡Amén!

Comentario del Salmo

La evocación de las promesas hechas por el Señor a David -que constituye la parte central de este magnífico poema- sirve de base a la súplica por el rey, en un momento de grave humillación para la dinastía davídica. Con esta visión global del Salmo, es fácil percibir la conexión entre sus diversas partes.

  • El breve preludio (v. 2)
  • seguido de una alusión a la alianza davídica (vs. 3-5)
  • y de un himno al Creador (vs. 6-19)
  • introduce un oráculo divino (vs. 20-38), que anuncia los privilegios de David -y su dinastía-.
  • La situación que describen los versículos siguientes (39-46) es el reverso de esas antiguas promesas, y por eso el rey suplica al Señor que vuelva a manifestarle su amor y su fidelidad (vs. 47-52).

Tres lecturas del Salmo:

1. Con Israel

  • He aquí un “salmo real”, cuyo fondo es la ceremonia de entronización de un nuevo rey: el trono, los atavíos reales, la corte, el palacio, los guardias, la campaña para vencer a los enemigos.
  • Pero estamos en Israel, sabemos que el régimen político de este pueblo tenía un carácter muy particular: el verdadero “rey” era Dios. De ahí que el comienzo del poema es un “himno” que canta el poder real de Yahveh. Observemos la letanía de alabanza que exalta el poder cósmico del creador.
  • Pero para Israel, la maravilla de las maravillas, más aún que la “Creación”, es “LA ALIANZA”: “Bienaventurado el pueblo que sabe aclamar, que camina a la luz de Tu rostro…

2. Con Jesús

  • No podemos quedarnos en esta primera lectura. Desde que Jesús, Hijo de David, se presentó como el Mesías en quien se cumplían todas las promesas de Dios a Israel, llama la atención el extraordinario paralelo entre los anuncios de este salmo y lo que se realizó en la vida de Jesús “Mesías-Rey despreciado, escarnecido” y que sin embargo clamó a todos los vientos: sin cesar, canto en el amor del Señor y de generación en generación anunciaré su fidelidad“.
  • Sólo en Jesucristo alcanza este salmo pleno sentido. Sólo El puede decir a plenitud: “Tú eres mi Padre“. El es el verdadero “Mesías“, el “Ungido” (en griego “Christos”), consagrado por el Espíritu Santo.

3. Con nuestro Tiempo

  • Si queremos “orar” de verdad y no solamente “recordar el pasado” mediante dos reconstrucciones históricas, hay que trasladar este salmo a la actualidad. A pesar de las apariencias “particulares” de este salmo, tiene un trasfondo “universal”; a pesar de estar “situado” en el pasado, es de gran actualidad.

«Cantaré eternamente las misericordias del Señor».

Bello comienzo para un ataque frontal, ¿no te parece? ¿Adivinaste, Señor, lo que venia en este salmo después de esa obertura tan musical? Tu amor es firme, y tu fidelidad eterna. Son cosas que siempre te gusta oír. Alabanza sincera del pueblo que mejor te conocía, porque era tu Pueblo. Y además sobre un tema al que eres muy sensible: tu fidelidad. Siempre te has preciado de tu verdad que nunca falla y de tus promesas que nunca decepcionan. Pero desde este momento, Señor, estás atrapado por las mismas palabras que tanto te gusta oír. Eres fiel y cumples tus promesas.

«El Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey».

Tu poder es nuestra garantía. Tu fortaleza es nuestra seguridad. Nos gloriamos de que seas nuestro Dios. Nos alegramos de tu poder, y nos encanta repetir las historias de tus maravilllas. Tu historia es nuestra historia, y tu Espíritu nuestra vida. Nuestro destino como pueblo tuyo en la tierra es llevar a cabo tu divina voluntad, y por eso adoramos tus designios y acatamos tu majestad. Tú eres nuestro Dios, y nosotros somos tu pueblo.

«Sellé una alianza con mi elegido».

Palabras consoladoras, sobre todo viniendo como vienen de labios de quien es la verdad misma. Sólo queda una duda mortificante: si te fallamos, si tu pueblo se extravía, si el rey se hace indigno del trono, ¿no hará eso que se anule la promesa y se deshaga la alianza? Y aquí vienen las palabras tranquilizadoras de tu propia boca.

«Si sus hijos abandonan mi ley y no siguen mis mandamientos, castigaré con la vara sus pecados; pero no les retiraré mi favor ni desmentiré mi fidelidad».

Dios de poder y fidelidad: Cristo es tu verdadero primogénito y heredero de la promesa que hiciste a David; su trono permanece a tu derecha para siempre, y su descendencia se perpetúa en la Iglesia; por eso, nosotros te pedimos fuerza para cantar, en los momentos de humillación, tu misericordia y fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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5 comentarios en “Salmo 89 (88): ¿Dónde está tu primer amor?”

  1. Es muy bello este salmo, habla de los diferentes amores, destacando en primer lugar el amor de dios, para su pueblo elegido, israel; tambien habla del amor del rey david hacia dios, que siempre estuvo con el, a pesar de que cometio un gran pecado de adulterio y asesinato de urias, sin embargo dios lo perdono; dios amo, tanto al mundo, que entrego a su hijo unigenito, para redimir nuestros pecados; finalmente jesus vino al mundo, para que todo aquel que crea en el , se salve y alcance la vida eterna, en conclusion: lo unico que mueve al mundo es el amor a dios.

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