Ángel

Angeles entre nubes por Orazio Samacchini
Ángeles entre nubes por Orazio Samacchini

La palabra hebrea malak designa a un mensajero o embajador (Gn 32,4-7), de igual manera en griego ángelos (y en latín angelus), de ahí «ángel». También hace referencia la palabra «evangelio»: ev-angelion: buena noticia. En este sentido profano también se pueden designar a los mensajeros divinos: un profeta (ls 44,25), un sacerdote (Mal 2,7), el Siervo de Dios (Is 42,19) o incluso los vientos (Sal 104,4).

El Ángel del Señor

Algunos relatos hablan del «Ángel del Señor» (Gn 16,7): se trata entonces no de un mensajero entre otros, sino de Dios mismo que se manifiesta bajo una forma visible para ir a hablar con alguien (Jue 13,3). La expresión permite preservar la transcendencia divina que el hombre no puede ver. Sin embargo, este enviado habla como el Señor, en primera persona (Gn 22,15-18). En los tres viajeros que Abrahán acoge en Mambré (Gn 18,2), la continuación del relato da a entender que se trata del propio Señor, que habla a Abrahán (v. 22), acompañado de dos ángeles que van a buscar a Lot a Sodoma (Gn 19,1).

Ángeles, querubines y serafines

Los mensajeros forman parte de la corte celestial: tienen como función cantar la gloria* de Dios (Sal 103,20), pero también llevar mensajes a los seres humanos, interpretar sus visiones (Dn 8,15-16) y, finalmente, presentar a Dios las oraciones de los hombres (Tob 12,12).

En los últimos siglos antes de Cristo se nombra a tres ángeles: Miguel y Gabriel en el libro de Daniel (10,13 y 8,21-23), y Rafael en el libro de Tobías (Tob 5,4-5 Y 12,15). Otros nombres designan a estos seres celestiales: «el ejército del Señor» (Jos 5,14), de ahí el nombre de Dios* Sebaot; los «santos» (Sal 89,6); los «querubines» (Gn 3,24), toros alados con cabeza humana; los «serafines» (Is 6,2), los ardientes o serpientes. En el libro de Job son llamados «hijos de Dios», en el sentido en que le pertenecen. Entre ellos, uno tiene como función inspeccionar a los seres humanos y acusar a los culpables: es el satán, el acusador, el adversario en un proceso (Job 1,6). Algunos textos hablan también de ángeles maléficos (1 Re 22,22; Zac 3,1; satán*).

En el Nuevo Testamento

Encontramos a estos mensajeros: Gabriel en la Anunciación (Lc 1,26), un ejército celestial en el nacimiento de Jesús (Lc 2,13), ángeles al servicio de Jesús después de las tentaciones en el desierto (Mt 4,11), un ángel que le reconforta en el huerto de los Olivos (Lc 22,43) y aquel o aquellos que hablan a las mujeres en el sepulcro abierto (Le 24,4). Del mismo modo en los Hechos de los Apóstoles (5,19; 12,7, etc.). El Apocalipsis hace de Miguel y de su ejército celestial un importante actor durante el combate final contra el Dragón, Satán (Ap 12,7). La única definición bíblica de los ángeles se encuentra en la carta a los Hebreos: «¿No son todos ellos espíritus encargados de un ministerio, enviados para el servicio de los que han de heredar la salvación?» (Heb 1,14).

El símbolo de Nicea-Constantinopla afirma claramente aunque de forma indirecta la existencia de los ángeles: «Creo en un solo Dios, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible».

La fe de la Iglesia afirma que Dios ha creado estos seres espirituales invisibles y que les ha dado la libertad de elección, como al hombre. Los ángeles caídos, siguiendo a satán, rechazaron servir a Dios y se convirtieron en fuerzas de destrucción.

Cfr. Los ángeles en la Biblia

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2 comentarios en “Ángel”

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