Del “yo soy el pan de vida bajado del cielo” al “esto es mi cuerpo”

JECafarnaúm.jpgYa hemos hablado en el blog (aquí y aquí y aquí) del discurso de Jesús en la sinagoga Cafarnaúm (Juan 6,22-71). Es quizás el discurso más difícil que realizó, y desde luego el más controvertido. El discurso ocurre al día siguiente, -dice Juan-, de haber caminado sobre las aguas del lago (Jn 6,1.15; cfr. Mc 6,45-52) y de haber multiplicado los panes (Jn 6,16-21; cfr. Mc 6,35-43). Dos hechos que ponen de manifiesto su dominio sobre la materia del pan (lo puede multiplicar) y sobre su cuerpo (puede caminar sobre el agua). Es decir, tiene poder sobre su cuerpo y sobre los panes.

En el contexto de la Antigua Alianza

Antes de empezar, conviene aclarar que la Eucaristía se entiende mejor dentro del contexto del Antiguo Pacto de Dios con Israel. Esquemáticamente dicho Pacto va adquiriendo forma cuando en Ex 12,1ss Dios manda a Moisés celebrar una liturgia de Liberación; y en Ex 16, al describir como fue el pueblo alimentado por un pan bajado del cielo; en Ex 20, cuando Dios establece el Pacto y cuando en Ex 24,3ss, Moisés sella la Alianza con un Sacrificio con Sangre, un Sacrificio de Comunión.Después en Lev 7, 11ss, se establecen algunas condiciones: a) solo los miembros de la Alianza podían comer de este sacrificio de consagración, y debían estar en pureza; b) la sangre sentaba las bases de un Pacto definitivo; c) se entraba a formar parte del Pacto por derramamiento de la propia sangre en la Circuncisión.

El día de actualización de este pacto era el gran día sacerdotal, el día del Perdón o Expiación, (Yon kippur). Ese día, el Sumo Sacerdote descargaba los pecados del pueblo (las faltas al Pacto) sobre la cabeza de un cordero y lo degollaba. Su sangre era recogida en un recipiente noble y, con este en las manos, entraba en el Santa Sanctorum, atravesando el velo (que separaba a Dios de los hombres). Una vez dentro derramaba la sangre sobre el Propiciatorio del Arca de la Alianza mientras gritaba el Nombre de Dios (Yahvé). La sangre derramada era el testimonio de que el animal había muerto cargando con las transgresiones de Israel al Pacto y en el propiciatorio los pecados de Israel de ese año eran perdonados.

La Renovación del Pacto era el día de Pascua. El día de la Pascua era el gran día en el que, durante la Cena Pascual, Israel renovaba el Pacto con Dios por todo el año. Por eso, esta fiesta era obligatoria. Se trataba de una fiesta de sacrificio + comida + acción de gracias, y que debía ser celebrada por todo el pueblo.

“Señor danos siempre ese pan” (Jn 6,34)

Pero volvamos al discurso de Cafarnaúm. Cuando al día siguiente de la multiplicación la gente se da cuenta de que ni el Señor ni los discípulos están allí, fueron a buscarlo a Cafarnaúm. Al encontrarlo le preguntan cuándo había llegado allí, y así se inicia el discurso. En un momento de este, el Señor dice: El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo (Jn 6,32-33); entonces la gente le interrumpe con la petición: “Señor danos siempre ese pan, a lo que Jesús responde: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed… Jesús acaba de declarar que Él es el pan de vida, que bajó del cielo. La estructura de la frase es muy sencilla: sujeto (yo), verbo (soy) y predicado (el pan de vida).

La reacción ante esta afirmación no fue buena: Entonces los judíos comenzaron a murmurar contra él, porque dijo: «Yo soy el pan que bajó del cielo.» Y se decían: «¿Acaso no es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que sale diciendo: “Yo bajé del cielo”?» (Jn 6,41-42).

El Señor vuelve a insistir: “Yo soy el pan de vida” (48) y más adelante: “Yo soy el pan vivo que bajó del cielo” (51). Pero ahora ocurre algo muy significativo en el discurso. Jesús ahonda en el misterio y da un paso más. Proclama que su carne es pan: Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y sin embargo murieron. Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere. Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva. (Jn 6,49-51) La estructura de la nueva afirmación es muy clara: sujeto (este pan), verbo (es) y predicado (mi carne). Es muy distinta de la afirmación previa (yo soy el pan vivo que bajo del cielo), ahora es el pan lo que es su carne (este pan es mi carne).

Nota: La tercera gran afirmación del texto es que el que coma de ese pan vivirá para siempre. Llama la atención como a pesar de lo categórico del discurso esta afirmación se plantea al modo de invitación: si alguno come…, el que coma de él.

Así pues, a la petición que le hacen al principio los judíos: Señor danos siempre ese pan… El Señor responde en el discurso diciendo: ese pan es mi carne

Carne, cuerpo, sangre… Masticar, tragar, digerir

En este pasaje (Jn 6,51) Jesús habla claramente: el pan que nos va a dar es su carne. Esta frase está exenta de simbolismo. Para aclarar más aún esto el Señor añadirá varias cosas en adelante. Veamos:

  • La palabra que utiliza el texto Jn 6, 51 para definir carne es sarx, que en griego quiere decir: “carne, cuerpo,… ser vivo, hombre“. Estamos ante afirmación contundente; Jesús utiliza la palabra que denota cuerpo de carne, no se trata pues de ningún modo de metáfora; hecho que concordará con las palabras que empleará en la última cena. Conviene saber que en griego existen otras dos palabras para definir carne: una es “kreas” que quiere decir: “trozos de carne” y se utiliza cuando se habla de ingerir carne en una comida normal (Rom 14,21; 1 Cor 8,13); la otra es “sarkinos” que quiere decir “carnal” y se utiliza en sentido simbólico (Rom 7,14; 1 Cor 3,1; 2 Cor 3,3).
  • Por si había quedado alguna duda de la intención de Jesús en el versículo 51, un poco más adelante declara: Porque mi carne (sarx) es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6,55). La palabra griega utilizada por Jesús para decir verdadera es “alethes” que proviene de “aletheia” que quiere decir “verdad, veracidad, sinceridad, realidad”. Esta palabra confirma la realidad de la presencia viva de Jesús, con su cuerpo, con su sangre, alma y divinidad en la Eucaristía. En ningún momento del discurso el Señor dijo que su carne “significa”, todo lo contrario, afirma explícitamente ser verdadera (“alethes“) carne y sangre.
  • Una última cosa. La palabra griega comúnmente empleada para “comer” es “phago”, sin embargo vemos que Jesús en el discurso de San Juan 6 en vez de usar esta palabra común, emplea la palabra “trogos”, que quiere decir: “Mascar, Masticar, Digerir, Roer”. Impresiona este cambio de palabras por el realismo duro imprime al discurso. Esta palabra nunca es usada simbólicamente ni en la Biblia ni en ningún otro texto literario antiguo. En el discurso para hablar de “comer” también se emplean otras dos palabras como “brosis” (27.55) y “esthio” (32.52.53). Pero a partir de Jn 6, 54 y en los versículos 56, 57 y 58 cambia para “trogos”, que es una palabra radical que no puede llevar a confusión de su sentido. De hecho los que le escucharon entendieron perfectamente lo que estaba diciendo.

La reacción de los discípulos

Los judíos, ya desde el versículo 52, sabían perfectamente de que les estaba hablando Jesús cuando dijeron: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (v. 52), aún antes de que utilizara la palabra “trogo”.

Es en Jn 6,60 cuando se dice que: Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: «Esta enseñanza es muy difícil; ¿quién puede aceptarla?». Los discípulos hablaban perfecto arameo, que era la lengua habitual del Señor y entendieron perfectamente que no estaba hablando en forma simbólica, y por eso se escandalizan: Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él. Así que Jesús les preguntó a los doce: —¿También ustedes quieren marcharse? (Jn 6,66-67). Jesús, al contrario de otras ocasiones, no les explica nada, porque es algo que no se puede explicar, es algo que hay que aceptar. Por eso, se limita a preguntarles si también ellos se van a marchar.

La respuesta de Pedro es genial: —Señor —contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios (Jn 6,68-69). Pedro le dice que aunque no entiende nada, sabe que solo en Jesús hay “vida eterna”. De igual modo la Iglesia -como Pedro-, se queda en Fe con las palabras de Jesús.

Y llegó la Última Cena

ultima cena.jpgSan Mateo 26, 26-28: Mientras comían, Jesús tomó el pan y , después de pronunciar la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Después tomando una copa de vino y dando gracias, se la dio diciendo: Beban todos, porque ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de los pecados.

En la última Cena de Jesús con los apóstoles, Cena Pascual, no había curiosamente –como ya vimos-, cordero pascual puesto que Jesús iba a reemplazarlo. En efecto, llegado el momento, Jesús, solemnemente declara que el pan es su cuerpo, en clara conexión con el discurso de Juan 6. Esta vez la palabra griega utilizada en el Evangelio para “cuerpo” no es “sarx”, como hubiera sido de esperar, la palabra utilizada es “soma” que en griego quiere decir: “cuerpo, cadáver, cuerpo muerto” y que en este contexto de sacrificio (al darlo separado de su sangre, el vino), expresa más clara y adecuadamente lo que Jesús está haciendo al referirse a Él como el Cordero pascual comido en la Pascua Hebrea -ya muerto: sacrificado-. El mismo contexto y las expresiones empleadas son acertados para la afirmación  del vino como sangre.

Nota: Jesús hablaba en arameo. Cuerpo en arameo es “basar“, pero en arameo no hace referencia solo al cuerpo físico, sino al hombre integral; una traducción más exacta sería: yo mismo. La frase traducida del arameo sería “esto soy yo mismo”. El sujeto de la frase es “esto”: touto en griego, pero en arameo “da” y en hebreo “ze” que significa “esto” pero también “aquí“. Por lo que la frase más ajustada al arameo original sería: “Esto (o aquí) soy yo mismo“. Por último, en hebreo no hay copula verbal (es) así que finalmente la frase quedaría así: esto (aquí) yo mismo”. Impresionante.

“Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19; 1 Cor 11,24)

Esta orden de Jesús de ninguna forma da aspecto simbólico a la Eucaristía, más bien afirma su sentido de sacrificio real. En efecto, la palabra griega utilizada para “memoria” es anamnesis que quiere decir “recordar, refrescar la memoria, mencionar, acordarse, pensar en algo“.

La palabra anamnesis tiene una termino sacrificial paralelo en hebreo: “azkarah”: que se traduce como “sacrificio memorial” y es entendido como un “sacrificio perpetuo de Alianza” (cfr. Diccionario de Teología de Nuevo Testamento del Dr. Colin Brown). Por eso, para nada la palabra memorial sugiere simbolismo. Con esta palabra Jesús ordena a los Apóstoles que sigan repitiendo siempre lo que El acaba de hacer con las mismas consecuencias. Instituye así el sacerdocio de la Nueva Alianza, al mandar a los Apóstoles celebrar la Cena Pascual con Él como cordero sacrificado. Con esto se cumple también en el Nuevo Pacto lo ordenado a Israel en Ex 12, 14: “Esta ley es para siempre: los descendientes de ustedes no dejaran de celebrar este día“.

Pues bien, la palabra “anamnesis“, aparece en Hebreos 10,3:Pero en esos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados… Cada año se recordaba en Israel por medio de los sacrificios algo muy actual: los pecados. Memorial en Israel era = actualización de una realidad. Por eso cuando Jesús dice que hagamos anamnesis = memorial ¿a qué realidad se está refiriendo? A su sacrificio, que nos perdona los pecados. Es la actualización de su sacrificio = el memorial que han de hacer. Nuestro sacrificio de comunión con Jesus, se realiza de una forma íntima y tremenda: comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre.

En Levítico al hablar de la Oblación se dice: Cuando una persona ofrezca al Señor una oblación, su ofrenda consistirá en harina de la mejor calidad; sobre ella derramará aceite y pondrá incienso. La llevará a los hijos de Aarón, los sacerdote, y el sacerdote tomará un puñado de la harina con aceite y todo el incienso, y hará arder sobre el altar ese memorial, como una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor (Lev 2,1-2). El olor de esta harina, quemada por los sacerdotes en el altar era un memorial; o sea, un sacrificio cuyo aroma era agradable y recordaba al Señor la ofrenda y al oferente. De igual modo, el memorial de la Eucaristía recuerda al Padre el Sacrificio de Cristo en la Cruz (único y suficiente sacrificio), pero que ha de actualizarse como sacrificio incruento (donde no hay sufrimiento) y que recuerda al Padre que somos los oferentes y los beneficiados de este, y que por esta víctima –su Hijo Jesús-, debe derramar su misericordia sobre nosotros.

San Pablo lo confirma

san pablo eucaristia.jpgEn este sentido en 1 Cor 11, 26 dice San Pablo: Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. Este versículo es de una importancia trascendental, pues se reafirma el carácter sacrificial y escatológico de la Eucaristía. Proclamamos el sacrificio de Jesús y lo haremos hasta que el retorne en gloria.

Nota: El sentido sacrificial de la Eucaristía queda también claro en la 1ª carta a los  Corintios cuando Pablo dedica varios capítulos al sacrificio de los judíos, al sacrificio de los paganos y, por ende, al “Sacrificio” de los cristianos en la Eucaristía. Al hacerlo en forma comparativa, afirma el carácter Sacrificial de la Eucaristía. Por cierto, cuando Pablo utiliza la expresión “Mesa del Señor” (1Cor 10, 21), se trata de un término que se refiere al Altar de los Sacrificios, como se hace en Malaquías 1,7.12 (y Lev 24, 6-7; Ezequiel 41,22).

Y en 1 Cor 10,16 se dice: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? En este Capitulo 10, San Pablo habla de un hecho real: “no se debe comer carne sacrificada a los ídolos” y alude a otro hecho real: la presencia real de Cristo en la Eucaristía, diciendo claramente que la comunión es con el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

En 1 Cor 11,27-29: Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación. Aquí San Pablo nos da una visión contundente de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. No se peca contra el objeto que se agravia: el Pan y la Copa al comerse indignamente, sino que se peca contra el Cuerpo y la Sangre del Señor. A continuación atribuye condenación a esto, algo que solo se aplica por no aceptar en Fe a Dios.

Bibliografía

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5 comentarios en “Del “yo soy el pan de vida bajado del cielo” al “esto es mi cuerpo””

  1. La Eucaristía, comunión, alimento, pecado, vida,salvación, temas centrales que foman el “corpus fide”, se concentran en esta escena del discurso de Jesús “como el verdadero pan de vida” . Ilumina el hecho de ser remitidos a las raíces originales del discurso categórico de Jesús con respecto a su “Cuerpo Sangre” como el “El Pan Eucarístico” . El aporte ayuda a los católicos aclarar en forma contundente la claridad del mensaje de Jesús con respecto a la Eucaristía la misión de la Iglesia. Me fascinó y me compromete a trabajar con más convicción en nuestra Iglesia. Muchas Gracias. Que el Señor Resucitado los bendiga ,acompañes siempre les asista en los medios que Uds. nos brindan para ser más coherentes servir mejor al Señor.

  2. Jesus les dice a los judíos, yo soy el pan bajado del cielo, el que coma de el no morira y tendrá vida eterna, mas adelante les dice, nuestros padres comieron pan en el desierto, pero murieron, mi carne es el pan, que da vida en abundancia; durante la ultima cena, jesus les dijo a los discípulos: este es mi cuerpo que será entregado por ustedes, parael perdón de los pecados, mas adelante les dijo, esta es mi sangre que será derramada por ustedes, para el perdón de los pecados, hacer esto en conmemoración mía.

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