2. GÉNESIS (Repaso)

Esta entrada forma parte del “Repaso al Pentaeuco y los demás libros históricos“.

genesis creacionUna vez que tenemos el marco claro de referencia que propone la Iglesia para una lectura católica del Antiguo Testamento comencemos por el primero de sus libros, el Génesis. Se trata de un libro apasionante e inagotable, tanto por su contenido como por las cuestiones que plantea acerca de cómo se escribió como por su riquísimo aporte a la teología. En esta lección nos limitaremos a asomarnos a su contenido y al modo en que se han interpretado en la Iglesia sus pasajes más relevantes. Lo que se refiere a su composición lo veremos más adelante, junto con todos los libros de la primera gran historia bíblica.

I.     Lectura del libro del Génesis

En la Biblia Hebrea el Génesis se llama Bereshit, «en el principio», y este nombre es adecuado por ser el primero de la lista. Pero, sobre todo, es el libro que se remonta a los orígenes. Trata de la creación, es decir, del origen del mundo (Gn 1,1—11,26), y de los patriarcas (Gn 12,1—50,26), esto es, del origen de Israel. Estas son sus dos grandes secciones, cada una con sus características singulares.

  • En la primera, el gran protagonista es Dios.
  • En la segunda son los hombres de la familia que Él eligió para hacer ella un pueblo de su propiedad, santo entre las naciones. Abrahán es el personaje que está en el centro de los primeros capítulos de esta sección, aunque aparecen otros importantes, como Sara su esposa y, al final, su hijo Isaac. Cuando muere Abrahán, muy pronto la narración se centra en Jacob, uno de los dos hijos de Isaac. En los últimos capítulos la figura central será José, un hijo especialmente amado de Jacob.

En su conjunto, el Génesis presenta el designio originario de Dios para el mundo, para el hombre y para su pueblo amado, el proyecto que otorga sentido a su existencia.

Los orígenes del mundo y del hombre

cracion1Cuando se comienza a leer el Génesis lo primero que uno se encuentra es un pasaje solemne y perfectamente estructurado, donde se explican los orígenes del mundo y del hombre como obra de un único Dios que, mediante su palabra, crea todo cuanto existe y comprueba, desde el primer instante, que se trata de algo bueno (Gn 1,1–2,4a):

  • Durante los tres primeros días Dios fue creando los elementos que marcan unos límites en el caos primitivo y establecen un espacio ordenado. La luz, que es separada de las tinieblas, para que haya día y noche. El firmamento o cielo, que separa las aguas de arriba y de abajo. Cuando las aguas de abajo se reúnen, aparecen los mares y la tierra, y en la tierra crecen las plantas.
  • El cuarto día fueron creados los cuerpos celestes para separar y poner orden en el tiempo, así como para fijar el calendario de las fiestas.

creacionEn ese marco espacio-temporal recién creado, Dios irá poniendo a los seres vivos en los días siguientes.

  • El día quinto, puebla los aires con las aves y las aguas con cetáceos y peces.
  • El día sexto, llena la tierra de animales salvajes, reptiles y ganado, y culmina su obra con la creación del ser humano a su imagen y semejanza. El hombre y la mujer reciben la bendición de la fecundidad, para que tengan una gran descendencia, y se les otorga el dominio sobre animales y plantas, sobre todo cuanto hay en la tierra. Por último, se señala una vez más, y de modo más solemne, que «vio Dios todo lo que había hecho; y he aquí que era muy bueno» (Gn 1,31).
  • El séptimo día, Dios descansó (cf. Gn 2,2).

El primer gran relato del Génesis se cierra con cierta solemnidad: «Éstos fueron los orígenes del cielo y de la tierra al ser creados» (Gn 2,4a).

adan y eva expulsadosInmediatamente detrás de este primer relato de la creación (Gn 1,1–2,4a) se encuentra una nueva exposición del mismo tema, que emplea un lenguaje más figurativo y una narración menos esquematizada y mucho más fluida que la anterior (Gn 2,4b–4,16):

  • Se dice que el Señor «hizo» (en este relato no se utiliza la palabra «creó») al hombre y a la mujer, y los situó en el jardín del Edén, donde les impuso el mandato de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal.
  • Sin embargo, la serpiente sedujo a la mujer, y ésta comió de su fruto, y lo dio de comer al hombre. Como consecuencia de su desobediencia, el Señor los expulsó del Edén, pero no obstante, desde el comienzo les abrió una esperanza de salvación.
  • La primera pareja humana engendró hijos e hijas, que pronto sufrieron las consecuencias del desorden introducido por el pecado: Caín mató a Abel.
  • Por último se habla de Caín y de sus descendientes, así como de la estirpe de Set.

Arca de NoeEn Gn 5,1, a partir del primer hombre, Adán, se inicia una larga genealogía de patriarcas que llega hasta Noé. A medida que discurre el tiempo, el desorden introducido en la humanidad por el pecado se hace cada vez mayor, hasta el extremo de que al Señor le pesó el haber hecho al hombre (Gn 5,1–6,8).

Al cabo de varias generaciones, en tiempos de Noé, se dice que la tierra se había corrompido, y que Dios decidió enviar un castigo ejemplar, del que sólo se salvarían Noé y su familia, con algunas parejas de animales de todas las especies (Gn 6,9–8,22). Dios le manda construir un arca, y Noé la hace. Una vez terminada su construcción, entra en ella junto con su familia y animales de todas las especies, y comienza el diluvio que haría perecer todos los seres que viven en tierra firme. Al cabo de bastantes días retrocedieron las aguas, Noé salió del arca con los suyos y ofreció sacrificios a Dios.

En la trama argumental del Génesis parece que se ha producido una retractación de la bendición de fecundidad que Dios había otorgado al principio: «Creced, multiplicaos, llenad la tierra» (Gn 1,28), ya que, excepto la familia de Noé, todo ser humano ha perecido bajo las aguas. Pero Dios siempre cumple sus promesas y, una vez que ha quedado constancia de la maldad del pecado, renueva esas bendiciones al cesar el diluvio: «Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles: Creced, multiplicaos y llenad la tierra» (Gn 9,1). Además, para ratificar ese compromiso, estableció una alianza con Noé y con toda la nueva humanidad que habría de descender de él. Finalmente Noé murió (cf. Gn 9,29).

babelTras la muerte de Noé, se inicia una nueva sección, esta vez constituida por las genealogías de los descendientes de Noé que repoblaron la tierra. Cada uno de los hijos de Noé engendró a muchos hijos; en la genealogía de todos ellos se integran las familias de todos los pueblos que habitan en la tierra. La bendición divina de fecundidad hecha a Noé muestra su eficacia. Pero de nuevo, la herida introducida en la naturaleza humana por el pecado vuelve a generar desórdenes. La humanidad, constituida por muchos pueblos, estaba unida, pero se dejó llevar por la arrogancia. Los hombres, al sentirse con fuerzas para emprender por sí mismos grandes tareas, decidieron edificar una torre para hacerse famosos. Dios castigó su altanería confundiendo sus lenguas, y tuvo lugar en Babel la dispersión del género humano (Gn 10,1–11,9).

Una vez concluido el relato de la torre de Babel, se introduce una genealogía directa que comienza en Sem, hijo de Noé, y termina en Abrán. Se enlaza así todo lo narrado hasta ahora acerca de los orígenes con el inicio de los relatos patriarcales (Gn 11,10-26).

Los orígenes del pueblo elegido

Una vez narrada la «historia de los orígenes» (Gn 1,1–11,26), comienzan las «historias patriarcales», que están protagonizadas respectivamente por Abrahán (Gn 11,27–25,11), Jacob (Gn 25,19–35,28) y José (Gn 37,2–50,26).

Abrán – Abrahán

Abraham.jpgEl redactor del Génesis abre el ciclo de Abrán (Gn 11,27–25,11) con la fórmula: «Ésta es la descendencia de Téraj: Téraj engendró a Abrán, Najor y Arán. Arán engendró a Lot» (Gn 11,27). Una vez presentada la familia más cercana de Abrán, se dice algo que va a ser decisivo en el resto del libro e incluso del Pentateuco. El Señor llama a Abrán y le hace una promesa solemne, a la vez que le pide que se fíe de él y le obedezca: «El Señor dijo a Abrán: Vete de tu tierra y de tu patria y de casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré; de ti haré un gran pueblo, te bendeciré, y engrandeceré tu nombre que servirá de bendición. Bendeciré a quienes te bendigan, y maldeciré a quienes te maldigan; en ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra» (Gn 12,1-3).

Las bendiciones que se habían otorgado a la humanidad en general desde su creación, la fecundidad y el dominio sobre la tierra (cf. Gn 1,28-29), ahora se reiteran de modo específico a Abrán y a sus descendientes, de modo que será a través de ellos como esas bendiciones lleguen a la humanidad entera. Todos los relatos contenidos en esta sección tienen como tema de fondo la promesa divina, promesa que más adelante será ratificada con una alianza.

De entrada, ante el requerimiento divino, Abrán confía y obedece, de modo que se pone en marcha:

  • Enseguida el patriarca llega a Egipto y allí escapa de una situación comprometida diciendo que su esposa es su hermana (Gn 12,10-20).
  • De regreso a la tierra prometida se separa de su sobrino Lot y cada uno se establece con su familia en una zona distinta (Gn 13,1-18).
  • Seguidamente hace frente en una batalla a una coalición de cuatro grandes reyes (Gn 14,1-16), y después de vencerlos tiene lugar un encuentro con Melquisedec, a quien le dio el diezmo de todo (Gn 14,17-24).
  • Después de estos sucesos el Señor establece la Alianza (Gn 15,1-21) en la que le ratifica de modo incondicionado la promesa de la tierra: «Aquel día el Señor estableció una alianza con Abrán, diciéndole: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto, hasta el gran río, el río Éufrates» (Gn 15,18).
  • Como Abrán era avanzado en días y su mujer era estéril, ésta decidió entregarle a su esclava Agar para que le diera descendencia; de ella nacería Ismael (Gn 16,1-16).
  • Seguidamente Dios le renueva su Alianza (Gn 17,1-8), esta vez ratificando en primer lugar la promesa de una descendencia numerosa: «Ésta es mi alianza contigo: Serás padre de multitud de pueblos. No te llamarás más Abrán, sino que tu nombre será Abrahán, porque te he constituido padre de multitud de pueblos. Te multiplicaré enormemente, haré que salgan pueblos de ti, y nacerán de ti reyes. Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia futura de generación en generación, como alianza perpetua, para ser yo tu Dios y el de tu descendencia futura. Te daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, toda la tierra de Canaán, como propiedad perpetua; y seré su Dios» (Gn 17,4-8).
  • A continuación tiene lugar el mandato de la circuncisión –que es obedecido por Abrahán– como señal de la alianza, y la promesa de que su esposa Sara le dará un hijo (Gn 17,9-27).

tres angeles MambreHasta aquí, Dios ha hecho sus promesas, Abrahán se ha fiado de su palabra y ha abandonado su residencia en Caldea, donde su familia estaba asentada, para ir a la tierra que le Señor le ha prometido. El Señor y Abrahán han ratificado su compromiso mediante alianzas, pero nada se ha cumplido ni hay indicios de que las promesas se estén ya haciendo realidad. Llega por fin, el tiempo en que se comenzará a vislumbrar el cumplimiento de las promesas:

  • En Mambré, tres misteriosos personajes, a los que Abrahán ha acogido en su tienda, le anuncian el próximo nacimiento de un hijo con Sara así como la destrucción de Sodoma y Gomorra, de la que la intercesión audaz de Abrahán logra salvar a Lot y a su familia (Gn 18,1-33).
  • Cuando Lot y sus dos hijas han escapado, cada una de ellas yace con su padre, después de emborracharlo; de ellas nacerían los moabitas y los ammonitas (Gn 19,1-38).
  • Mientras tanto, Abrahán se traslada a Guerar, donde de nuevo recurre a la estratagema de presentar a su mujer como hermana para evitar peligros (Gn 20,1-18).
  • Por fin, nace Isaac, el hijo de Sara, y al poco tiempo Abrahán expulsó a Agar con su hijo Ismael, y se dirigió a Berseba (Gn 21,1-21).
  • Cuando parecía que empezaba a vislumbrarse en Isaac el comienzo del cumplimiento de las promesas divinas, Dios pide a su padre que se lo ofrezca en sacrificio. Abrahán obedece, pero es detenido en el último instante antes de darle muerte, una vez que ha probado su fidelidad (Gn 22,1-19).
  • Llega, después, el momento de la muerte de Sara. Abrahán compró a Efrón el hitita un campo en Macpelá, donde había una cueva en la que pudo enterrar a su esposa. Se comienza a incoar así, con la posesión de ese terreno, la promesa de la tierra que el Señor le había hecho (Gn 23,1-20).
  • Inmediatamente después, Isaac se casa con Rebeca (Gn 24,1-67). A partir de aquí también se vislumbra que el cumplimiento de la promesa de una descendencia numerosa es posible, aunque de momento sólo queda abierta la puerta de la esperanza.
  • Por último, Abrahán murió y fue sepultado junto a Sara, su mujer (25,1-11).

Una vez concluido el extenso relato de la historia de Abrahán, se abre una breve sección en la que se habla de la descendencia de Ismael, hijo de Abrahán y de la esclava Agar (Gn 25,12-18).

Jacob – Israel

pelea Jacob angelUna vez terminada la genealogía de los descendientes de Ismael, comienza la narración de los acontecimientos ligados a la línea genealógica derivada de Isaac, el hijo de Abrahán según la promesa divina. Si en la historia de Abrahán el patriarca era el gran protagonista de los relatos, ahora Isaac se mantendrá en un segundo plano porque su hijo Jacob asumirá desde el primer momento el papel más destacado.

  • De hecho, este nuevo ciclo narrativo (Gn 25,19–35,28) se inicia con el nacimiento de Esaú y Jacob, gemelos, hijos de Isaac y Rebeca (Gn 25,19-26).
  • El primogénito de Isaac es Esaú, pero vendió su primogenitura a Jacob (Gn 25,27-34), y será Jacob quien realmente herede las promesas hechas a su padre.
  • Siguen algunos episodios que tienen como protagonistas a Isaac y Abimélec, rey de Guerar (Gn 26,1-35); en uno de ellos se repite el ya conocido engaño de presentar a su mujer como si fuera su hermana.
  • Cuando Isaac es anciano se dispone a dar la bendición a su primogénito, pero mediante una simulación, y con la complicidad de su madre, Jacob logra suplantar a Esaú en la bendición paterna (Gn 27,1-46).
  • Tras recibir la bendición paterna, Jacob se dirige a Padam Aram. En el camino, al pernoctar en Betel, tiene el sueño de una escalera que une el cielo y la tierra, manifestando simbólicamente la accesibilidad de Dios y su cercanía. Allí el Señor le ratifica la continuidad de las promesas hechas a sus padres y Jacob hace un voto a Dios en aquel lugar, al que denomina Betel (Gn 28,16-22).
  • Llegado a casa de su tío Labán contrae matrimonio con sus hijas Lía y Raquel y goza de unos años de prosperidad (Gn 29,1–30,43).
  • Un día Jacob escapa con su familia de casa de Labán llevándose los dioses domésticos, Labán se entera del robo de que ha sido objeto y da alcance a Jacob en el camino; finalmente, después de dialogar, llegaron a un acuerdo y establecieron un tratado (Gn 31,1-54).
  • En su regreso hasta la casa de su padre se suceden varios acontecimientos. El más significativo es su lucha durante toda la noche con un personaje misterioso, que tras preguntarle cómo se llamaba le cambia el nombre, con una explicación también cargada de misterio: «Ya no te llamarás más Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres, y has podido» (Gn 32,29).
  • De regreso, se encuentra con su hermano Esaú (Gn 33,1-20); algunos de sus hijos tienen problemas con los habitantes de Siquén (Gn 34,1-31) y se dirige de nuevo a Betel (Gn 35,1-15).
  • Tras la narración de la muerte de Raquel y el incesto de Rubén, el texto hace un recuento de los doce hijos de Jacob. Por último se narra la muerte de Isaac, su padre (Gn 35,16-29).

Llegado ese momento, se aprovecha para dejar constancia de la descendencia de Esaú, primer hijo de Isaac, antes de que éste desaparezca por completo de la escena narrativa del Génesis.

José

josé egiptoA partir de este momento la figura de José, hijo de Jacob y Rebeca, se convertirá en el protagonista de todo lo que sigue hasta el final del Génesis (Gn 37,2–50,26).

  • Jacob amaba con especial predilección a José, por lo que sus hermanos, arrastrados por la envidia, lo vendieron a unos mercaderes madianitas que se dirigían a Egipto (Gn 37,2-36).
  • Al llegar allí entró al servicio de un alto funcionario llamado Putifar (Gn 39,1- 6). Pero José fue encarcelado debido a las calumnias que la esposa de Putifar levantó contra él por resistirse a sus insinuaciones (Gn 39,7-23).
  • En prisión dio muestras de sus habilidades para interpretar sueños, y su fama llegó hasta el faraón, que lo mandó llamar para que le interpretase un sueño que había tenido y del que no sabía cuál sería su significado: siete vacas flacas devoraban a siete vacas gordas, todas ellas salidas del Nilo, y siete espigas delgadas surgían inmediatamente después de siete espigas bien granadas, y José le explicó que tras siete años de prosperidad vendrían otros siete años de escasez (Gn 40,1–41,36).
  • Agradecido por la sabiduría manifestada al haberle interpretado el sueño, el faraón lo puso al frente de la administración de los bienes de su casa y del país (Gn 41,37-57).
  • Poco después, los hijos de Jacob bajaron a Egipto a comprar grano, debido a que hubo una gran escasez en la tierra de Canaán, y allí se encontraron a José en su alto cargo (Gn 42,1–44,34). Ellos no lo reconocieron hasta que él se les dio a conocer, e invitó a Jacob y a los suyos a que se instalasen en Egipto para participar de su prosperidad (Gn 45,1-28).
  • Jacob y sus hijos con sus familias se establecieron en la tierra de Gosén, donde Jacob murió después de haberlos bendecido (Gn 46,1–50,14).
  • Finalmente también murió José, tras haber anunciado que sus descendientes regresarían a la tierra prometida a Abrahán, Isaac y Jacob (Gn 50,15-26).

De este modo, se cierra el libro del Génesis, con una conclusión abierta hacia el futuro.

II.     Relecturas del libro del Génesis, y su recepción en la fe de la Iglesia

En la Iglesia primitiva se acudió con frecuencia a diversos pasajes del libro del Génesis, señalando en ellos tipos y figuraciones de realidades que fueron conocidas a la luz de la plenitud de la Revelación dada en Jesucristo, mucho después de la composición de este libro. Veamos algunos ejemplos.

El Verbo y el Espíritu en la creación

En el primer capítulo del Génesis, lo que Dios dice –por ejemplo «haya luz»–, inmediatamente se hace –«hubo luz»–. Esto es, Dios crea por medio de su palabra. Pero a la vez, en ese mismo relato, se hace notar la presencia de un viento, o soplo, o espíritu –que todo eso significa rúaj en hebreo–, que se cierne sobre un mundo todavía en desorden. Se puede afirmar, pues, que en el origen de todo lo creado están la Palabra de Dios y su rúaj.

  • De ahí que algunos Padres de la Iglesia, en esas palabras iniciales del Génesis, hayan visto una alusión a la presencia del Espíritu Santo como Persona divina, que actúa, junto con el Padre y con el Verbo, en la creación del mundo. Por eso San Ireneo dice que «sólo existe un Dios…: es el Padre, es Dios, es el Creador, es el Autor, es el Ordenador. Ha hecho todas las cosas por sí mismo, es decir, por su Verbo y por su Sabiduría» (S. Ireneo, Adversus haereses, 2,30,9), y más adelante señala que las ha hecho «por el Hijo y el Espíritu», que son como «sus manos» (ibid., 4,20,1). La tradición cristiana entiende la creación como obra común de la Santísima Trinidad, y los Padres descubren en las propias palabras del Génesis unos indicios de esta realidad.

María, nueva Eva

El paralelismo antitético que se establece en el Nuevo Testamento entre Cristo y Adán tiene diversas manifestaciones concretas, que se pueden extender a otros detalles de los relatos de la creación:

  • la obediencia de Cristo restaura la desobediencia de Adán,
  • el árbol de la Cruz –donde tuvo lugar la redención– contrasta con el árbol de la ciencia del bien y del mal –de donde procede el pecado–,
  • e incluso María, la madre de Jesús, es la nueva Eva.

María es verdaderamente «madre de todos los vivientes» (cf. Gn 3,20) porque es madre de los que participan mediante la gracia en la vida divina, mientras que Eva había llegado a ser la madre de los que han muerto por el pecado. En esta línea, la literatura cristiana presta una gran atención a las palabras que el Génesis, después del pecado, pone en boca del Señor, dirigiéndose a la serpiente, antes de expulsar a Adán y Eva del jardín del Edén: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón» (Gn 3,15). Este pasaje ha sido llamado Protoevangelio, ya que es el primer anuncio de un combate entre la serpiente y el linaje de la Mujer, y de la victoria final de un descendiente de ésta.

El arca de Noé y el Bautismo

Otro episodio que reclamó una particular atención en las primeras lecturas cristianas del Génesis fue el del diluvio. El arca de Noé, en la que encontraron su salvación los que iban en ella, mientras que perecieron ahogados todos los demás hombres y animales de la tierra, es vista como figura del Bautismo (cf. 1 Pe 3,20-21) que abre las puertas de la Iglesia, sacramento universal de salvación. Noé y su familia son una prefiguración de los bautizados.

Al final del diluvio, la paloma soltada por Noé vuelve con una rama tierna de olivo en el pico, signo de que la tierra es habitable de nuevo (cf. Gn 8, 8-12). Cuando Jesús sale del agua de su bautismo, el Espíritu Santo, en forma de paloma, baja y se posa sobre él (cf. Mt 3, 16 y par.; San Cirilo de Jerusalén, Catechesis 17,7). De ese modo se entiende que el Espíritu desciende y reposa en el corazón purificado de los bautizados.

El sacrificio de Abrahán

A la luz del Nuevo Testamento la narración del sacrificio de Abrahán e Isaac se comprende como una alegoría del sacrificio de Jesús en la cruz:

  • La generosidad de Abrahán, dispuesto a sacrificar a su único hijo, el amado (cf. Gn 22,2), prefiguraba la magnanimidad de Dios, que «tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).
  • La entrega de Isaac evoca la plena disponibilidad de Cristo, que aceptó plenamente ser entregado a la muerte (cf. Orígenes, Homilías sobre el Génesis 10,5 y San Ambrosio, De Isaac 6 y 7). Como Isaac cargaba con la leña para el sacrifico, Jesús cargó con el leño de la Cruz donde entregaría su vida (cf. Jn 19,17).
  • La respuesta de Abrahán a la pregunta de Isaac resultaba profética: «Dios proveerá el cordero para el sacrificio» (Gn 22,8), pues esa víctima del sacrificio redentor es el «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29).
  • Con el sacrificio de Jesús se hace posible que la mediación sacerdotal del pueblo nacido de Abrahán fuera eficaz ante todas las naciones «de modo que la bendición de Abrahán llegase a los gentiles en Cristo Jesús» (Ga 3,14a).

La tradición litúrgica de la Iglesia ha visto, pues, en esa acción un anticipo de la generosidad de Dios Padre que nos proporciona la ofrenda más agradable que podemos ofrecerle: Jesucristo, su propio Hijo, verdadero cordero, ofrecido en sacrificio en la cruz. Así lo reconoce al proclamar la Plegaria Eucarística I: «te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo…».

Sacerdote según el orden de Melquisedec

En el Nuevo Testamento, la misteriosa figura sacerdotal de Melquisedec (cf. Gn 14,18- 20) es presentada como tipo del sacerdocio de Cristo, ya que Jesús, aunque no pertenece a la familia de Aarón, es realmente sacerdote. Además, Melquisedec, del que no se menciona su origen ni su destino final en el libro del Génesis, sino sólo su encuentro con Abrahán, prefigura la eternidad de su sacerdocio (cf. Hb 7,1-3). La liturgia de la Iglesia también ha visto prefigurada la Eucaristía en el pan y el vino presentados por Melquisedec, y éste es contemplado como figura de los sacerdotes de la nueva ley. Por eso, en la Plegaria Eucarística I se pide a Dios Padre: «Dirige tu mirada serena y bondadosa sobre esta ofrenda: acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec».

La escala de Jacob y el combate de la oración

Dios renovó a Jacob, cabeza de las doce tribus de Israel, las promesas hechas a Abrahán. Entre los diversos episodios que el Génesis narra en la vida del patriarca, hay dos que fueron muy comentados entre los cristianos. El primero es el de la escalera que tocaba los cielos, y que Jacob vio en el sueño de Betel cuando huía de su hermano Esaú (cf. Gn 28,10-22). Los Padres de la Iglesia descubren en ella un profundo simbolismo: es el medio por el que se unen el cielo y la tierra:

  • Algunos interpretaron esa escala como la providencia divina que llega a la tierra mediante el ministerio de los ángeles.
  • Otros, en cambio, vieron en la escala un signo de la Encarnación de Cristo en la estirpe de Jacob, pues es entonces, efectivamente, cuando se unen lo divino y lo humano, al ser Cristo verdadero Dios y verdadero hombre.
  • En el Evangelio de San Juan, el sueño de Jacob se ve cumplido en la glorificación de Jesucristo a través de su muerte en la cruz: «En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre» (Jn 1,51).

De ahí que otros comentaristas consideren que la escala que vio Jacob representa la cruz por la que Cristo, y los cristianos, alcanzan la gloria del cielo.

El segundo pasaje que ha reclamado una mayor atención, de entre los protagonizados por Jacob, es el de su lucha, durante toda una noche, con un personaje misterioso que se niega a revelarle su nombre, pero que lo bendice antes de dejarle, al amanecer (cf. Gn 32,25-31). El carácter misterioso del personaje que lucha con Jacob ha hecho que se le hayan dado diversas interpretaciones en la tradición cristiana:

  • Algunos Santos Padres, como San Jerónimo y San Agustín, entendieron que se trataba de un ángel bueno, ya que ésta es la forma más frecuente de revelarse Dios en el Antiguo Testamento.
  • Orígenes, por el contrario, pensó que se trataba de un ángel malo, el demonio.
  • Otros, como San Justino o San Ambrosio, sugieren que era el Hijo de Dios, el Verbo, que más tarde se haría hombre; o un ángel que prefiguraba a Cristo.
  • También ha sido entendida aquella lucha en un sentido espiritual, como tipo de la lucha interior y de la eficacia de la oración, que vence al mismo Dios (cf. Sb 10,12).

José, vendido por unas monedas de plata

La intuición cristiana ha visto en José, vendido por sus hermanos por veinte monedas de plata (cf. Gn 37,28), una figura de Jesús, que fue traicionado por Judas a cambio de treinta monedas de plata (cf. Mt 26,15) (cf. Tertuliano, Adversus Marcionem III,18). Además, en las palabras que dirige a sus hermanos cuando se les da a conocer en Egipto, se ha observado que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas: «no me enviasteis, por tanto, vosotros aquí, sino Dios… Vosotros planeasteis el mal contra mí, pero Dios lo planeó para el bien, para hacer, tal como hoy ocurre, que viviera un pueblo numeroso» (Gn 45,8; 50,20). Los cristianos comprenderían perfectamente esas palabras, ya que del mayor mal moral que se ha cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia (cf. Rm 5, 20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención.

A partir del convencimiento de que las realidades, instituciones y personajes del Antiguo Testamento prefiguran y anuncian a los del Nuevo, no sólo se descubre en José un anuncio anticipado de Cristo, sino que, quizá por razón del nombre, se le ha comparado también con San José, el esposo de la Virgen María.

BIBLIOGRAFÍA

5 comentarios en “2. GÉNESIS (Repaso)”

  1. El genesis, es el primer libro del pentateuco, significa origen, creacion; trata principalmente del origen del universo, de la creacion del mundo humano, destacando adan y el patriarca abrahan, que que dio como origen al pueblo de dios; el genesis es un libro facinante en donde se describe en forma sencilla y entendible, la formacion de nuestro universo fisico y biologico, sin teorias complicadas.

  2. Es tan amplia y completa su exposición que yo me quedo con: Aunque el cristianismo no tiene y no puede tener una doctrina propia sobre los sentimientos, puede afrontar el tema remitiéndose a sus principios. Al hacerlo así:
    —-reconoce que son parte integrante de la bondad humana; los reconoce en Cristo y ve que con ellos se puede expresar la imagen de Dios (bondad, ternura, misericordia);

    —-siguiendo la representación bíblica, entiende que el centro del hombre está en el corazón, donde confluyen inteligencia y afectividad; donde nacen las acciones libres, delante de Dios, que está presente allí de manera especial;

    —-estima que en el estrato más elevado de la afectividad humana, hay una inclinación natural hacia el bien; que el hombre está dotado de un sentido moral; y que las inclinaciones más profundas de la sensibilidad hacia la felicidad, son un testimonio de que el hombre está hecho para Dios;

    —-advierte de un desorden interior entre la afectividad y los criterios de la recta razón; que es más manifiesto en los impulsos de la conducta instintiva (placer), pero que también afecta a otros afectos inducidos por la propia conducta (avaricia, soberbia, envidia, rencor); en consecuencia, la vida humana, para ser recta, exige una lucha por purificar y encauzar los sentimientos;

    —-está segura de que la rectificación, orden y plenitud humana, se consiguen con el predominio de la caridad en la conducta; como señala San Juan de la Cruz, siguiendo a San Agustín, un amor mayor encauza los amores menores;

    —-cree que el mensaje del Evangelio es una respuesta de salvación a las ansias más profundas de paz y justicia, que surgen ante la experiencia del mal, y les da una orientación definitiva que las convierte en esperanza.

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