Tipologías o prefiguras de la Misa en la Biblia

Hoy, día dedicado a la Eucaristía, termino esta serie de entradas pertenecientes a “la Misa en la Biblia”.

En el Antiguo Testamento encontramos muchos pasajes que nos van preparando a entender el sentido profundo de la Misa. Se trata de una serie de Tipologías o Prefiguras de la Misa que vamos a intentar conocer en esta entrada. Empezamos:

1. El Árbol de la Vida

arbol de la vida paraiso.jpgEl Génesis sitúa en el Paraíso dos árboles especiales. Uno de estos árboles es la primera prefiguración de la Misa: árbol de la vida”, que fue plantado por el mismo Dios en el Edén: El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal (Gen 2,9).

Los árboles especiales eran pues el árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Ambos estaban en el centro del jardín. Al segundo árbol también se le ha llamado el “árbol de la muerte” conforme a lo que se dice de él en Gen 2, 16-17: El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir». Como sabemos en el capítulo 3 del Génesis se narra el pecado original por la desobediencia de nuestros primeros padres.

Pues bien, como consecuencia del pecado se dice en Gen 3,22: Y el Señor Dios dijo: «He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre». Lo que nos interesa es precisamente esta pequeña frase que se pone en boca del mismo Dios: “quien coma del árbol de la vida, vivirá para siempre. Según esto, el fruto del árbol de la vida tiene la propiedad de otorgar la vida eterna, es decir, de abrir las puertas del cielo. Jesús es el fruto del árbol de la Vida: el mismo lo dijo en Jn 6, 51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Esta misma idea se repetirá varias veces más en el discurso eucarístico de Cafarnaúm. Se trata pues de algo fundamental para la salvación.

El árbol de la vida es pues una Prefigura o Signo de la Misa en los siguientes aspectos:

  • Es signo del amor de Dios Padre, que nos entrega a su Hijo para que tengamos la vida eterna: Jn 3,16: Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
  • Es Prefigura de la Virgen María, que nos da a Jesús, el fruto de su vientre, como dice Lc 1,42: y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
  • También es Prefigura de la Iglesia, en cuanto que nos otorga la gracia de la salvación (especialmente por los sacramentos), actuando como un árbol de la vida (Cfr. CIC 1088).

En efecto, el árbol de la Vida es prefigura del árbol de la Cruz, donde fue colgado Jesús: el bendito fruto del vientre de María. Si bien por comer el fruto del árbol prohibido (el de la ciencia del bien y del mal), entró en el mundo el pecado y la muerte, ahora, sin embargo, por comer del nuevo fruto: a Jesucristo, volvemos a la vida con Dios, a poseer la gracia, y con ella la vida eterna para el Cielo. Por tanto, ese fruto lo comemos en cada Misa al comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo.

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En la plegaría eucarística I de la Misa se nombra a tres personajes bíblicos que vamos a estudiar a continuación: “Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec”Los estudiaremos a continuación como prefiguras bíblicas de una parte de la Misa: ofertorio: ofrenda de la Misa.

2. La Ofrenda y el sacrificio de Abel

cain y abel.jpgEn Gn 4,3-5 se narra el sacrificio de ambos y se dice que El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, pero no se fijó en Caín ni en su ofrenda. ¿Por qué el Señor miró mal a Caín y bien a Abel? Se dice que Abel ofreció lo mejor (Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas) mientras que Caín ofreció algo de menos valor (Caín ofreció al Señor dones de los frutos del suelo). Es decir Abel le ofreció a Dios lo mejor, algo que era esencial para él, para su seguridad de futuro; con eso significaba que su seguridad y su confianza estaban en Dios, se puso en manos de Dios, como se lee en Heb 11,4: “por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio más excelente que Caín“. La fe de Caín es más débil, más insegura… Esta fe lleva a la envidia y al asesinato de Abel (inocente de todo; su sangre clama: Gn 4,10 y Heb 12,24).

Similitudes entre Abel y Jesús

abel pastor.jpgAbel es pastor de ovejas; y Jesús es el Buen pastor. Abel ofrece primogénitos de su rebaño; Jesús, el primogénito de Dios, se ofrece en sacrificio a sí mismo. El sacrificio de Abel fue agradable a Dios; el de Jesús es el único y verdadero sacrificio agradable a Dios. Abel, siendo inocente, es sacrificado por la envidia de su hermano Caín; Jesús, siendo inocente, es sacrificado por la envidia de algunos de sus hermanos judíos. Ni Abel, ni Jesús ofrecieron resistencia en su muerte. La sangre derramada de Abel y la de Jesús clama poderosamente al cielo.

Podemos concluir que el sacrificio de Abel es Prefigura y tipo del sacrificio de Jesús. Ambos son inocentes; son asesinados a manos de sus hermanos y su sangre clama al cielo. Dios vio en la injusta muerte de Abel un adelanto de la injusta de muerte de su hijo que murió sin haber cometido pecado. Por eso nuestra ofrenda en la Misa será aceptable a Dios si la hacemos con fe, confianza y abandono total como hizo Abel.

3. El sacrificio de Abraham

Luca-Giordano-Sacrifice-of-IsaacAbram fue llamado por Dios para dejar a su país, a los de su raza y a la familia de su padre (Gn 12,1-2) y Dios le cambio el nombre en Abraham, que significa padre de muchedumbres o de muchos pueblos (Gn 17,5).

Hay dos sacrificios en los que participa Abraham y que recuerdan a la Misa. El primero es cuando Dios hace una alianza con Abraham, en la que se compromete a darle la tierra de Canaán (Gn 15,9-10). Solo Dios pasa por en medio de los animales sacrificados, Abraham no lo hizo (Gn 15,17-18), por tratarse un pacto unilateral, en el sentido de que Dios se pagará así mismo el incumplimiento del pacto por nuestra parte, tal y como Isaías dice: Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencia, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados (Is 13,4-5).

El segundo sacrificio es el de su hijo Isaac. Dios probó así la fe de Abraham (Gn 22,1-2). Abraham fue solo con su hijo al monte Moria para adorar a Dios (Gn 22,4-6; este sacrificio iba a ser un acto de adoración a Dios). El lugar de Moria es Jerusalén según se afirma en 2 Cr 3,1: Salomón comenzó a construir la Casa del Señor en Jerusalén, sobre el monte Moria, donde el Señor se había aparecido a su padre David A continuación Isaac hace una pregunta a su padre que es fundamental para descubrir el sentido de prefigura de la Misa: Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». «Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. (Gen 22,7-8). En efecto Jesús fue el Cordero que Dios proveyó para el sacrificio. También hemos de decir que no hubo resistencia por parte de Isaac a su anciano padre y se ofrece silenciosamente a Dios.

Paralelismos entre Isaac y Jesús.

Ambos nacieron milagrosamente y son hijos únicos muy amados de su padre. Obedecieron dócilmente al padre. Dejaron su tierra para ir al lugar del sacrificio (monte Moria: Jerusalén), llegaron a Jerusalén en un asno (Gn 22,3). El sacrificio fue en un monte y los acompañantes no llegaron hasta el altar (=lugar del sacrificio). Ambos cargaron con el madero-leña del sacrificio y fueron subidos sobre  dicha carga. Isaac es atado con cuerdas, al igual que Jesús fue atado con clavos. Isaac no murió aunque Abraham creía en su resurrección; Jesús muere y resucita: Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac. (Heb 11, 19). Isaac sacrifica a un carnero trabado por los cuernos en las espinas de una zarza; Jesús lleva en la cabeza una corona de espinas. El lugar de Isaac fue sacrificado un carnero y en lugar nuestro es sacrificado Jesús (Cordero de Dios que quita los pecados del mundo). Tanto Isaac como Jesús regresan después de esto a sus respectivos padres.

En conclusión podemos decir que a la luz del Nuevo Testamento la narración del sacrificio de Abrahán e Isaac se comprende como una alegoría del sacrificio de Jesús en la cruz. La generosidad de Abrahán, dispuesto a sacrificar a su único hijo, el amado (Gn 22,2), prefiguraba la magnanimidad de Dios, que «tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). La entrega de Isaac evoca la plena disponibilidad de Cristo, que aceptó plenamente ser entregado a la muerte. Con el sacrificio de Jesús se hace posible que la mediación sacerdotal del pueblo nacido de Abrahán fuera eficaz ante todas las naciones «de modo que la bendición de Abrahán llegase a los gentiles en Cristo Jesús» (Ga 3,14a).

La tradición litúrgica de la Iglesia ha visto, pues, en esa acción un anticipo de la generosidad de Dios Padre que nos proporciona la ofrenda más agradable que podemos ofrecerle: Jesucristo, su propio Hijo, verdadero cordero, ofrecido en sacrificio en la cruz. Así lo reconoce al proclamar la Plegaria Eucarística I: «te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo…».

4. Melquisedec ofrece pan y vino

SHS - Abraham y MelquisedecOtro gran personaje es Melquisedec que aparece por primera en Gen 14,18-20: Entonces Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y le bendijo diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos». Y Abrán le dio el diezmo de todo. Llama la atención que es sacerdote del Dios Altísimo y que ofrece pan y vino. Y después le da su bendición a Abrahán. Todo esto nos recuerda a Jesucristo ofreciendo pan y vino en la última cena. Esto convierte a Melquiseded en una clara prefigura de Jesús. En el salmo mesiánico 110 se confirma la imagen mesiánica y su relación con el sacerdocio de Melquisedec en los versículos 3-5: «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, desde el seno, antes de la aurora». El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec». El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes. Se dice por tanto que el mesías sería Sacerdote eterno a la manera de Melquisedec, que no ofrece sacrificios de animales, que era lo propio del sacerdocio levítico, sino que ofreció pan y vino.

Similitudes entre Melquisedec y Jesús

En la carta a los Hebreos que continuamente compara a Jesús con Melquisedec (especialmente los capítulos del 5 al 9), nos dice por ejemplo en Heb 7, 2-3: y recibió de Abrahán el diezmo del botín. Su nombre (Melquisedec) significa, en primer lugar, Rey de Justicia, y, después, Rey de Salén, es decir, Rey de Paz. Sin padre, sin madre, sin genealogía; no se menciona el principio de sus días ni el fin de su vida. En virtud de esta semejanza con el Hijo de Dios, es sacerdote perpetuamente. La misteriosa figura sacerdotal de Melquisedec (Gn 14,18-20) es presentada como tipo del sacerdocio de Cristo, ya que Jesús, aunque no pertenece a la familia de Aarón, es realmente sacerdote. Melquisedec, del que no se menciona su origen ni su destino final en el libro del Génesis, sino sólo su encuentro con Abrahán, prefigura la eternidad de su sacerdocio (cf. Hb 7,1-3).

Melquisedec significa: rey de justicia; Jesús es Nuestra Justicia ante Dios y también es Rey. Melquisedec es el rey de Salen (es común decir que se trata de Jerusalén); Jesús es rey de la Nueva Jerusalén. Melquisedec es sacerdote del Dios Altísimo; Jesús es nuestro Sumo y Eterno Sacerdote ante Dios. Melquisedec es rey de paz; Jesús es príncipe de la paz según la profecía Is 9,5: Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz». Melquisedec ofrece pan y vino; Jesús ofrece pan y vino que son su cuerpo y su sangre. Aunque hay similitudes en la ofrenda, Jesucristo y la de Melquisedec, Jesucristo la supera infinitamente al ser su Cuerpo y su Sangre.

5. La Pascua

El pasaje de la Biblia hebrea que ha tenido mayor impacto, tanto en la tradición judía como en la cristiana, es el que narra en el libro del Éxodo la portentosa liberación del pueblo Israel de la esclavitud a la que estaba sometido en Egipto (cf. Ex 12,1-51). La celebración de la solemnidad de la Pascua fue el contexto que Jesús eligió para la institución de la Eucaristía, anticipando en ella sacramentalmente el sacrificio que llevaría a cabo en la cruz. Por eso, el memorial de la noche pascual recibe su sentido pleno en el Nuevo Testamento. Cristo, mediante su oblación y sangre derramada en la Cruz, es el auténtico cordero pascual que nos ha rescatado de la esclavitud del pecado para darnos la verdadera libertad (cf. Ga 5,1). En consecuencia, los primeros cristianos meditaban con frecuencia, a la luz de esos hechos, cada uno de los detalles del ritual de la Pascua. (cfr. San Agustín: en Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 50,2 [BAC 165,197]). O cuando san Beda dice que la noche de la Pascua es la noche en que Dios pasó para liberar a su pueblo de la esclavitud, y explica que la Pascua designa en la doctrina cristiana la verdadera liberación en Homilías sobre los Evangelios, 2,5 [CCL 122,214]).

La Pascua por excelencia es, pues, ese paso de Cristo al Padre, a través de la muerte sufrida en la Cruz y su gloriosa resurrección. Por eso, la más plena celebración de la Pascua es la que tiene lugar cada vez que se celebra la Eucaristía, ya que en ella se actualiza la Pascua de Cristo, el sacrificio que ofreció una vez para siempre para conseguir nuestra redención. Pues, como lo formula de modo sintético y profundo el Concilio Vaticano II: «cuantas veces se renueva en el altar el sacrificio de la Cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, se realiza la obra de nuestra redención» (Lumen gentium, 3).

6. El maná

En la relectura cristiana de los acontecimientos del Éxodo que encontramos en el Nuevo Testamento, el maná (cf. Ex 16,1-36) se comprende como figura de la eucaristía, el cuerpo de Cristo, verdadero «pan del cielo». Así se explica largamente en el discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún (cf. Jn 6,48-51). En ese sentido se mueven las continuas alusiones al maná que se hacen en las homilías o escritos catequéticos de los Padres de la Iglesia: «Entonces el maná era alimento en enigma, ahora claramente la carne del Verbo de Dios es verdadero alimento» (Orígenes. Homilías sobre Números 7,2; también San Cirilo de Alejandría desarrollará el paralelo entre el maná y la carne de Cristo en su Comentario a San Juan, lib. IV, c. 2). El paralelismo se desarrolló atendiendo también otros aspectos. Así, lo mismo que el maná, la eucaristía es el pan de cada día, que pedimos en el Padre nuestro, alimento para el camino, que otorga fortaleza para superar las dificultades.

7. La Misa y la imagen del Cordero

Bibliografía

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5 comentarios en “Tipologías o prefiguras de la Misa en la Biblia”

  1. El sentido deseo de paz es acogido en la liturgia eucarística con un rito específico con el que, como recuerda el Misal, la Iglesia implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana, y los fieles expresan la comunión eclesial y la mutua caridad, antes de comulgar en el Sacramento (cfr. IGMR, n. 82).

  2. La sagrada misa tiene mucha similitud con algunos aspectos del antiguo testamento, como por ejemplo en el genesis se habla del arbol de la vida que dios establecio en el jardin del eden y el arbol de la ciencia del bien y del mal, tambien llamado arbol de la muerte; los hijos de adan abel y cain, el primero ofrecia sacrificios a dios con las primicias de su ganado que le agradaban a dios, cain era todo lo contrario, abel fue asesinado por cain; otros aspectos que tienen similitud con la misa es el sacrificio del hijo de abraham, isaac y el sacerdote del dios altisimo llamado melquisedec, que bendijo al padre abraham.

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