5. EL ASENTAMIENTO EN LA TIERRA PROMETIDA (Repaso)

El Pentateuco terminaba con la muerte y sepultura de Moisés a las puertas de la tierra prometida. Todavía faltaba un poco para que se terminara de cumplir la promesa de la tierra que, además de la de una descendencia numerosa –ya cumplida–, Dios había hecho a Abrahán. Josué se haría cargo de guiar al pueblo hasta la toma de posesión de esa tierra buena que el Señor les daba, y, posteriormente de repartirla entre las tribus.

En esta lección hablaremos de esos hechos, así como de lo sucedido en los primeros momentos del asentamiento de las tribus israelitas en aquella región. Todo esto está narrado en los libros de Josué y de los jueces. También está ambientado en esta época el delicioso relato del libro de Rut.

El libro de Josué

El libro de Josué es la culminación natural del Pentateuco. En él se narra la toma de posesión por parte de Israel, bajo la guía de Josué, de la tierra prometida. El pueblo elegido, aunque constituido por tribus, es un solo pueblo, que adquiere unido la propiedad de esa tierra con el auxilio de Dios. De este modo se cumplen las promesas hechas a los Patriarcas. Las tribus israelitas no conquistaron Canaán gracias a su poderío militar. Dios puso esa tierra en sus manos, y él mismo la repartió entre ellos para que cada uno pudiera gozar de paz y prosperidad en la tierra asignada a su familia. Como correspondencia a la fidelidad de Dios, que ha cumplido sus promesas, se reclama la fidelidad de todo el pueblo a la Alianza establecida con el Señor.

Lectura del libro de Josué

La exposición tiene una estructura sencilla, y en ella se pueden distinguir dos partes extensas, precedidas por un prólogo y culminadas por un epílogo que enmarcan adecuadamente el núcleo del contenido teológico de todo el libro.

Prólogo (Jos 1)

josue nuevo moisesEl libro se abre con una introducción (Jos 1,1-18) que enlaza con el Pentateuco, y enuncia los principales temas del libro:

  • de una parte, la continuidad entre la misión de Josué y la de Moisés en cuanto mediador entre Dios y el pueblo;
  • de otra, la unidad del pueblo, cuyas tribus realizan juntas la conquista de todo el país.

Toma de posesión de la tierra (Jos 2-12)

paso del JordanLa primera gran sección del libro describe la toma de posesión de la tierra (Jos 2,1–12,24). La narración comienza detallando los preparativos para pasar el Jordán y proceder a la conquista del territorio:

  • Ante todo se envían unos exploradores para inspeccionar Jericó, la primera ciudad que tomarán los israelitas tras pasar el Jordán. En esa tarea reciben una ayuda inestimable de Rajab, una prostituta, que los esconde de sus perseguidores y a la que juran que la salvarán junto con su familia cuando conquisten la ciudad (Jos 2,1-24).
  • A continuación se narra el paso del río Jordán con unos rasgos que recuerdan el paso del mar Rojo a la salida de Egipto: cuando el Arca de la Alianza llega al borde del río, las aguas se separan y pasa el pueblo por tierra seca. En Guilgal erigieron doce piedras, que habían sacado del Jordán, como memorial (Jos 3,1– 4,25).
  • En Guilgal se establece el primer campamento en la tierra prometida. Allí se lleva a cabo la ceremonia de la circuncisión y se celebra la fiesta de la Pascua (Jos 5,1-16)

josue2Seguidamente se habla con mayor detenimiento de algunas de las primeras conquistas que, por diversos motivos, resultaron ejemplares:

  • La toma de Jericó, está narrada de tal modo que quede claro el hecho de que la ciudad fue doblegada no por su poderío militar, sino porque el Señor la puso en sus manos cuando cumplieron fielmente sus prescripciones. Cuando toman la ciudad, de acuerdo con el juramento prestado, se salva la familia de Rajab (Jos 6,1-27)
  • La conquista de Ai se produjo a la segunda, después de un primer intento fracasado, debido a que en la conquista de Jericó un israelita había violado las normas del anatema reservándose unos objetos preciosos, lo que provocó que el Señor les retirase su favor (Jos 7,1–8,29)
  • Una vez que se ha tratado con detenimiento de las primeras conquistas de Israel en la tierra que Dios les entrega, se habla del acto de culto que tuvo lugar junto a Siquén y que consistió en la ofrenda de sacrificios y en la lectura de la Ley (Jos 8,30-35).
  • Después se menciona que cinco reyes amorreos de la zona se aliaron para hacer frente a Josué, y también se cuenta que los gabaonitas se disfrazaron como si fueran unos peregrinos venidos de muy lejos que están de paso por allí para conseguir hacer una alianza con los israelitas y de este modo salvar su vida. Los cinco reyes aliados atacaron a los gabaonitas, pero Josué acude en su ayuda, derrota a esos reyes, y salva a los gabaonitas. De esto modo, Josué se hace con los territorios de los reyes derrotados (Jos 9,1–10,27).

Antes de terminar esta parte de libro, se narra –con menor detenimiento que en los episodios anteriores– la conquista del resto del territorio:

  • Primero, mediante una expedición por las regiones del sur, para adueñarse de ellas (Jos 10,28-43)
  • Después se completa la ocupación del norte, hasta que se concluye la conquista de todo el país (Jos 11,1-23)
  • Por último, como epílogo a la conquista, se añade un elenco donde se enumeran todos los reyes vencidos (Jos 12,1-24)

Reparto de la tierra (Jos 13-21)

josue3

Una vez que los israelitas son dueños de toda la tierra de Canaán se procede a su reparto entre las tribus, y esto se lleva a cabo en tres etapas:

  • Primero se recuerda que, cuando todavía estaban en las campiñas de Moab, Moisés ya había adjudicado las tierras de Transjordania a las tribus de Rubén, Gad y a media tribu de Manasés (Jos 13,1-33).
  • La segunda fase se sitúa en Guilgal, y en ella se adjudican los territorios a las tribus más importantes: a Judá, Efraín y al resto de la tribu de Manasés (Jos 14,1–17,18).
  • En un tercer momento los israelitas se reúnen en Siló para distribuir lo que queda del territorio entre las demás tribus: Benjamín, Simeón, Zabulón, Isacar, Aser, Neftalí, Dan; a Josué se le adjudica también una ciudad, Timná-Séraj, en la montaña de Efraín para que se establezca en ella (Jos 18,1–19,51).
  • Como colofón del reparto se enumeran las ciudades de refugio así como las adjudicadas a los levitas (Jos 20,1–21,45).

Epilogo (Jos 22-24)

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El libro concluye insistiendo en los dos grandes temas del prólogo:

  • Primero se hace notar de nuevo que todo el pueblo ha realizado unido, sin que faltase nadie, la conquista del país (Jos 22,1-34).
  • Para terminar, Josué, el sucesor de Moisés, antes de morir, exhorta a todo el pueblo a mantenerse fiel al Señor y a cumplir la Alianza que el Señor hizo con sus antepasados y que ahora ellos renuevan en Siquén (Jos 23,1–24,33).

Relecturas del libro de Josué, y su recepción en la fe de la Iglesia

El libro del Deuteronomio, y el Pentateuco con él, termina con la muerte de Moisés al otro lado del Jordán, cuando faltaba muy poco para alcanzar la tierra prometida. Moisés había conducido a su pueblo hasta muy cerca de sus orillas, pero no había cruzado las aguas del río. Su tarea estaba incompleta, la terminaría Josué. En el conjunto de la Biblia cristiana aún se llega más lejos: en todos los relatos evangélicos, la vida pública de Jesús comienza junto al Jordán, donde Juan bautizaba. Él es el verdadero Josué, que lleva a su plenitud la obra inconclusa de Moisés.

La figura de Josué constituye, pues, una anticipación profética de Jesucristo. Al introducir las tribus de Israel unidas en la tierra prometida, culmina la salvación iniciada por Dios –por medio de Moisés– cuando sacó a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Su propio nombre, Josué, es el mismo que Jesús. Ambos significan «el Señor salva» (en hebreo, Yehošú‘a).

Josué condujo a su pueblo a la salvación, pero también salvó a personas que no formaban parte de él, como Rajab y su familia que habían secundado los planes de Dios manifestando así su fe con obras (cf. Jos 6,22-24). Como Jesús, que vino a traer la salvación a Israel pero también hizo llegar su acción salvadora a los hombres y mujeres de todas las razas de la tierra que secundan los planes de Dios.

El paralelo entre Josué y Jesús fue desarrollado por algunos Padres de la Iglesia. San Justino decía que, así como Josué sucedió a Moisés e introdujo al pueblo en la tierra prometida, Jesús ha sustituido a Moisés, y su Evangelio a la Ley mosaica, y ha conducido al nuevo pueblo de Dios a la salvación (Dial. 75,1-3; 89,1; 113,1-7). Orígenes estableció un paralelo espiritual entre Josué, que condujo a Israel a la victoria abatiendo reinos, ciudades y enemigos, y Cristo, que guía al alma y le proporciona la victoria sobre los vicios y pasiones (Hom. Jos. I,7; IX,1; XIII,1-4). También San Jerónimo afirma que Josué es figura del Señor  (Ep. 53 ad Paul. [PL 22,545]).

Cuando, a lo largo de la historia de la Iglesia, se ha leído el libro de Josué se ha prestado especial atención, por tanto, a lo que puede aprenderse en él acerca de la acción salvadora de Dios para conducir a su pueblo, la Iglesia, a la patria definitiva: la bienaventuranza del cielo, la Jerusalén celestial.

Rajab y los exploradores

En la Epístola de Santiago se afirma que Rajab (cf. Jos 2,1-21) logró la justificación gracias a su fe manifestada con palabras y obras: «El hombre queda justificado por las obras y no por la fe solamente. Del mismo modo Rajab, la meretriz, ¿no fue también justificada por las obras, cuando hospedó a los mensajeros y les hizo salir por otro camino?» (St 2,24-25).

Así como en la liberación de Egipto la sangre del cordero pascual, que teñía las jambas de las puertas en las casas de los israelitas, libró a sus moradores de la muerte (cf. Ex 12,13.23), ahora se dice que un cordón de color púrpura será la señal para que sean librados de la muerte los que estén en casa de Rajab (cf. Jos 2,17-21). Apoyándose en ese paralelo entre los efectos salvadores de la sangre y del cordón rojo al que apunta el texto sagrado, San Clemente Romano, uno de los primeros escritores cristianos, dice que ese «cordón de hilo púrpura» atado a la ventana de Rajab y que trajo la salvación a toda su casa «ponía de manifiesto que por la Sangre del Señor tendrán redención todos los que creen y esperan en Dios» (Ad Corinthios 12,7).

La historia de esta mujer quedará como prototipo de que la salvación que procede de Dios es universal. Del mismo modo que Josué, respetando el compromiso de sus exploradores, salvó a Rajab (cf. Jos 6,22-23), la salvación que obtuvo Jesús alcanza a todos, mujeres y hombres, también pecadores, con tal de que se muevan a penitencia (cf. Mt 21,31-32).

El sol se detuvo en medio del cielo

Avanzada la narración de la conquista, se menciona que una coalición formada por los reyes de la región central y meridional de Canaán atacó a los gabaonitas, aliados de Israel (cf. Jos 10,1-6). Este incidente desembocó en una batalla que dejaría en manos de los israelitas las fortalezas que dominaban esa región.

El episodio de esa batalla que, por su singularidad, más ha llamado la atención de los lectores de la Biblia a lo largo de los siglos, es el que habla de la prolongación extraordinaria de un día para permitir a las tropas de Josué perseguir a sus enemigos hasta terminar con ellos: «El día en que el Señor entregó los amorreos a los israelitas, Josué habló al Señor y dijo en la presencia de Israel: – ¡Sol, detente en Gabaón, y tú, luna, en el valle de AyalónY se detuvo el sol, y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está escrito así en el “Libro del Justo”? El sol se paró en medio del cielo y demoró su puesta casi un día completo. No hubo un día como aquel ni antes ni después. El Señor obedeció a la voz de un hombre porque luchaba a favor de Israel» (Jos 10,12-14). Lo que más ha llamado la atención de los lectores cristianos es la afirmación de que «el Señor obedeció a la voz de un hombre» (Jos 10,14). Más que la alusión a que el sol se detuviera es digno de resaltarse el hecho de que Dios ajuste su actuación a lo que piden las palabras de un ser humano. Meditando sobre este texto comentaba San Alfonso María de Ligorio: «Pasma el oír que Dios obedeció a Josué cuando ordenó al sol que se detuviese en su carrera (…). Pero sorprende más el oír que con pocas palabras del sacerdote, el mismo Dios baja obediente a los altares y donde quiera que lo llame, todas las veces que lo llame, y se ponga en sus manos» (Selva de materias predicables 1,1,3).

El libro de los Jueces

En el libro de los Jueces, que sigue inmediatamente al de Josué, se habla de las dificultades que las tribus de Israel se fueron encontrando al asentarse en cada zona de Canaán, la tierra que el Señor les había dado cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas. También se hace constar la protección divina que pudieron experimentar en varias situaciones comprometidas que se les presentaron. En esos momentos más difíciles Dios mismo fue suscitando unos líderes carismáticos, los «jueces», que se encargaron de resolverlas.

Lectura del libro de los Jueces

En este libro, después de un prólogo en el que se ofrece una valoración global, a la luz de la fe, de lo que estaba sucediendo en ese tiempo, se suceden las narraciones de las hazañas realizadas por diversos jueces.

Conquista y establecimiento en la tierra (Jc 1-2)

jueces1En los dos primeros capítulos se dibuja el marco histórico y teológico en el que se sitúan e interpretan los relatos que constituyen el libro.

  • Primero se habla de la llegada de las tribus israelitas a la tierra de Canaán y de su paulatino asentamiento en sus territorios (Jc 1,1-36).
  • Después se expresa la enseñanza teológica fundamental del libro: Israel permanecerá en esa tierra mientras sea fiel al Señor, pero en la medida en que se aparte de Dios dejará de contar con el favor divino. El Señor ha dado reiteradas muestras de su fidelidad suscitando jueces que salvaran al pueblo de las situaciones comprometidas en las que se fue encontrando, pero Israel reincidió una y otra vez en la infidelidad (Jc 2,1–3,6).

Los jueces (Jc 3-16)

jueces2

Una vez dibujado el marco introductorio se suceden seis ciclos narrativos en torno a los jueces más representativos de diversas tribus. Al principio se trata de relatos muy breves, pero, en la medida en que se avanza en la lectura, es cada vez más extenso el texto dedicado a cada juez. Son los siguientes:

  • Otniel. Se trata de un personaje del clan de Caleb que venció a Cusán Risataim, rey de Aram-Naharaim (Jc 3,7-11).
  • Ehud. Al cabo de cuarenta años, los israelitas hicieron de nuevo el mal y fueron oprimidos por Eglón, rey de Moab. Cuando clamaron al Señor, se compadeció de sus sufrimientos y les envió un juez para que los salvase. Entonces se cuenta cómo logró Ehud, de la tribu de Benjamín, vence a Eglón con una estratagema, burlándose de él (Jc 3,12-30). Como apéndice a esta narración se añade una breve noticia acerca de Samgar, un juez menor (Jc 3,31).
  • Débora. Los israelitas reincidieron en hacer el mal, y fueron oprimidos por Yabín rey de Jasor. Esta vez Dios suscitó a Débora, de la tribu de Efraín, para que con la ayuda de Barac reuniera a las tribus e hiciera frente a la situación. Finalmente se entabló la batalla al pie del monte Tabor, y el Señor, a la cabeza de las tropas israelitas, desbarató el ejército enemigo. Sísara, jefe del ejército de Yabín, tuvo que escapar precipitadamente. En su huida buscó refugio en la tienda de Yael, esposa de Jéber el quenita, que aparentemente lo acogió bien, pero ella misma lo mató mientras dormía. Tras su muerte, se conjuró el peligro. Al relato de estas hazañas se añade el Canto con el que Débora y Barac festejan el triunfo (Jc 4,1–5,32).
  • Gedeón-Yerubaal. Más tarde, los hijos de Israel volvieron a hacer el mal y esta vez el Señor los entregó en manos de madianitas y amalecitas, que los oprimieron. Cuando clamaron al Señor, éste llamó a Gedeón, de la tribu de Manasés, para que salvara a su pueblo. o El relato de su llamada es muy ilustrador acerca del hecho y del proceso de la vocación. Dios lo elige del clan más pequeño de Manasés, y él es el más joven de su familia. Pero, frente a tan pocas cualidades personales para una tarea que humanamente le resultaría inasequible, como es la de liberar a su pueblo de quienes lo oprimen, el Señor le aporta un dato que es decisivo: «Yo estaré contigo» (Jc 6,16; cf. Jc 6,11- 24).
    • Gedeón comienza por destruir el altar a Baal que había erigido su padre y sustituirlo por uno dedicado al Señor, lo que provocó la enemistad de sus parientes y vecinos. Con motivo de esos conflictos se le dio también el nombre de Yerubaal (Jc 6,25-32).
    • Luego emprende la tarea de salvar a Israel. Convoca a las tribus y su llamada tiene un amplio eco, ya que son muchos los que se aprontan a la batalla. Pero siguiendo órdenes del Señor, para dejar claro, una vez más, que la victoria no se debe a propias fuerzas sino al auxilio divino, selecciona a los hombres con los que se enfrentará a Madián y Amalec hasta quedarse sólo con trescientos. Vence en la batalla, y persigue a los fugitivos hasta derrotarlos por completo. Sus compatriotas quieren proclamarlo rey, pero él lo rechaza. Finalmente muere Gedeón (Jc 6,33– 8,35)

Una vez terminada su historia se abre un largo paréntesis para hablar de unos intentos fallidos de instaurar la monarquía en Israel por parte de Abimélec (Jc 6,1–9,57). Para terminar, se añaden unas breves noticias de dos jueces menores: Tolá y Yair (Jc 10,1-5).

  • Jefté. De nuevo los israelitas tornaron a dar culto a baales y astartés, y a otros dioses vecinos, y otra vez vino sobre ellos el peligro, ahora por el avance de los filisteos y, sobre todo, de los ammonitas. Cuando clamaron al Señor y reconocieron su pecado, el Señor se aplacó. Las amenazas desaparecieron gracias a Jefté, de Galaad. Antes de la batalla hizo un voto temerario a Dios y cuando logró derrotar a los ammonitas pagó cara su imprudencia en el voto, con el sacrificio de su propia hija. Después, también los efraimitas se enfrentaron con Jefté y fueron derrotados por él (Jc 10,6–12,7). En esta ocasión, se añaden al final de la historia principal algunas noticias sobre tres jueces menores: Ibsán, Elón y Abdón (Jc 12,8-15).
  • Sansón. Una vez más, los israelitas volvieron a hacer el mal a los ojos del Señor, y esta vez el Señor los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años. Ahora Dios suscitará un salvador en la tribu de Dan, Sansón, que estará revestido de una gran fuerza. o Su nacimiento es anunciado a sus padres por un ángel del Señor que les dice que será nazareo, consagrado a Dios, desde el seno materno (Jc 13,1-25)
    • Se casa con una filistea de Timná, pero pronto comenzaron a surgir riñas y peleas con unos jóvenes filisteos, y dejó a esta mujer (Jc 14,1-20)
    • Al cabo del tiempo intentó volver con ella pero el padre de la chica se lo prohibió, y Sansón se vengó prendiendo fuego a las mieses de los filisteos, a lo que siguieron otras venganzas. Se llegó a una prostituta de Gaza y mientras estaba con ella, unos hombres estaban a su acecho para matarlo, pero saliendo a media noche arrancó las puertas de la ciudad y se las llevó muy lejos (15,1–16,3)
    • Después se enamora de Dalila y, seducido por ella, le manifestará el secreto de su fuerza, y de este modo los filisteos logran apresarlo y se lo llevan a Gaza donde lo encadenaron (Jc 16,4-21).
    • Por último, una vez recuperada su fuerza prodigiosa, él mismo muere aplastado al derribar la casa en la que estaba junto con muchos filisteos (Jc 16,22-31).

Relatos sobre levitas (Jc 17-21)

Antes de terminar el libro se añaden dos historias distintas, pero relacionadas entre sí, ya que ambas tienen como protagonista a un levita.

  • El primer relato tiene que ver con la migración de la tribu de Dan desde el lugar en donde estaba al principio, en la Sefelá, hacia el norte del país. El protagonista del mismo es un levita que es bien acogido, primero por un hombre de Efraín que lo contrata para dar culto a un ídolo que se ha fabricado, y después por los hombres de Dan (Jc 17,1–18,31).
  • El segundo relato tiene como protagonista a otro levita que no encuentra hospitalidad por parte de los benjaminitas de Guibeá, que quieren abusar de él y maltratan hasta la muerte a su concubina. Esto origina una lucha entre las tribus israelitas, de todos contra Benjamín, que está a punto de hacer desaparecer a esa tribu (Jc 19,1–21,25).

De este modo, dejando constancia del desorden y la corrupción de costumbres a la que se había llegado entre las tribus debido a su infidelidad a Dios, se termina el libro.

Relecturas del libro de los Jueces, y su recepción en la fe de la Iglesia

Entre los primeros cristianos el libro de los Jueces se lee a la luz de la vida de Jesucristo y de la predicación apostólica, sacando lecciones tanto de lo bueno como de lo malo que se narra en él.

Se observa, por ejemplo, que las intervenciones de Dios para salvar a su pueblo cuando está necesitado comienzan por la elección gratuita del hombre al que corresponderá restablecer la situación. La gratuidad de la vocación es un rasgo sobresaliente en todo el libro. Los personajes elegidos por Dios no son ni los más fuertes, ni los procedentes de familias más importantes. Un caso paradigmático es, por ejemplo, el de Jefté. Era hijo de una prostituta y fue rechazado por sus hermanos (cf. Jc 11,1-2). Sin embargo, Dios lo eligió, y, a pesar de los desprecios que padeció por parte de los suyos, salvó a su pueblo. En esto último, San Agustín lo contempla como figura de Cristo: «A Jefté lo reprobaron sus hermanos y lo echaron de la casa paterna (…). Eso mismo hicieron contra el Señor los príncipes de los sacerdotes y los escribas y los fariseos, que parecían gloriarse de la observancia de la ley, acusándole a él como si fuera un destructor de la ley y, por eso, como si fuera un hijo ilegítimo. (…) Ya el hecho mismo de que los que habían despreciado a Jefté se volvieran a él y le buscaran para que los librara de sus enemigos, ¡de qué manera tan clara prefigura y significa que los que despreciaron a Cristo, vueltos de nuevo a él, encuentran en él la salvación!» (S. Agustín, Quaestiones in Heptateuchum 7,49).

También son patentes en todo el libro las debilidades personales de los jueces, que no son un modelo de comportamiento. Pero las limitaciones de los instrumentos humanos de los que Dios se sirve no impiden la acción divina. Llama la atención, por ejemplo, en los relatos sobre Sansón, el contraste entre su comportamiento personal y la acción que Dios realiza a través de él. Desde el principio se observa la ligereza con la que Sansón actúa (cf. Jc 14,1-19), en abierto contraste con la Ley de Dios: busca como esposa a una mujer extranjera atendiendo solamente a su belleza (cf. Dt 7,3); toca a un cadáver, acción especialmente prohibida a los nazareos (cf. Nm 6,6); y manifiesta, además, una débil voluntad ante la seducción de una mujer para obtener la respuesta a su adivinanza. Sin embargo, el espíritu del Señor irrumpe en él para llenarlo de fortaleza y prepararlo así para llevar a cabo sus acciones salvadoras (cf. Jc 14,6.19). Dios eligió a Sansón como instrumento para salvar a su pueblo de los filisteos, y, pese a todos sus defectos personales, actuaba a través de él. Es una muestra más de que el poder salvífico de Dios está por encima de las limitaciones de los hombres. Reflexionando sobre situaciones de este tipo, tan frecuentes en el libro de los Jueces, San Agustín afirma: «El Espíritu del Señor realiza por medio de los buenos y de los malos, por medio de los que lo saben y por medio de los que no lo saben, lo que sabe y decide hacer» (Quaestiones in Heptateuchum 7,49).

El libro de Rut

Una vez terminado el libro de los Jueces, y antes de que se inicie la narración de los orígenes de la monarquía en Israel, de lo que se ocuparán los libros de Samuel, la Sagrada Biblia incluye un librito breve donde se narra una historia entrañable, la de Rut.

Este libro –distinto por su estilo literario a los anteriores y posteriores– aparece situado en este lugar en los más antiguos códices de la traducción griega de los Setenta y de la Vulgata latina. Sin embargo en la Biblia Hebrea se incluye entre los Ketubim. Es uno de los cinco meguil·lot, es decir, de los cinco rollos de pergamino que se leen en algunas fiestas judías. El libro de Rut se lee en las sinagogas en el día de Pentecostés, fiesta en la que se da gracias a Dios por el fin de la siega.

Lectura del libro de Rut

El libro de Rut narra la historia de una mujer extranjera que se incorporó al pueblo de Israel, y que de su descendencia nació el rey David. Su contenido se podría estructurar en dos partes:

Rut se acoge a la protección del Señor

Esta primera sección (Rt 1,1–2,17) está centrada alrededor de la decisión de Rut de abandonar su pueblo y la familia de sus padres para marcharse a Belén de Judá. La narración comienza hablando de un judío llamado Elimélec que deja su tierra en tiempos de una gran escasez de alimentos y se dirige a Moab. Allí sus hijos contraen matrimonio con dos jóvenes moabitas, Orfá y Rut. Poco después fallece ese hombre y sus dos hijos.

Cuando Noemí, su viuda, decide regresar a Belén, una de las nueras, Rut, se ofrece a acompañarla con unas palabras que son un testimonio inolvidable de fidelidad: «No me obligues a marcharme y a alejarme de ti, pues adonde vayas iré y donde pases las noches las pasaré yo; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios» (Rt 1,16).

Ante la firmeza de su declaración, Noemí opta por aceptarla en su compañía, como si fuera su propia hija. Cuando ambas llegan a Belén, Rut sale a buscar espigas tras los segadores para mantenerse a sí misma y a su suegra, y Dios la bendice por haber confiado en Él.

Rut se incorpora a la casa de Israel

La segunda parte de este librito (Rt 2,18–4,21) gira en torno a la «redención» (ge’ulah), una costumbre tradicional de Israel. Mientras Rut recogía espigas en el campo, conoció a Booz, un pariente rico de su difunto suegro Elimélec. Cuando, de regreso en casa, cuenta a Noemí lo sucedido, ésta le dice que ese hombre es uno de los que pueden ejercer esa acción protectora sobre ellas.

Instruida por Noemí, Rut acude a buscar la protección de Booz y éste, admirado por las virtudes que descubre en Rut, se enamora de ella, y decide asumir esa responsabilidad. No obstante, como esa tarea corresponde en primer lugar a otro, resuelve primero las cuestiones legales pertinentes. Finalmente, la toma por esposa y de este matrimonio nace Obed, que sería padre de Isaí y abuelo de David.

El relato es encantador. Introduce al lector en la sencillez de una vida familiar construida sobre la fidelidad y la entrega mutua que se describe con rasgos de sobria grandeza.

Relecturas del libro de Rut, y su recepción en la fe de la Iglesia

La finalidad principal del libro de Rut no parece que sea el narrar con detalle unos hechos pasados, sino enseñar que el mantenimiento de la propia identidad religiosa y cultural no está reñido con una apertura a otros pueblos y a otras gentes. En una época, el judaísmo post-exílico de Jerusalén, en la que se estaba levantando un muro de separación entre judíos y gentiles, llama la atención la benevolencia con la se trata el matrimonio mixto entre Booz, un judío, con Rut, que es una extranjera. Tampoco se censura a Majlón ni a Quilyón por haberse casado con mujeres del país de Moab. De este modo se va insinuando que la salvación de Dios no se limita a su pueblo elegido, sino que tiene una apertura universal; se dirige a todos los hombres y mujeres de todas las razas y pueblos. Dios no rechaza la fidelidad de una extranjera al pueblo de Israel, sino que decide introducirla en la línea genealógica del Mesías.

Rut es una mujer que posee una exquisita sensibilidad religiosa y proporciona un modelo digno de imitación. Rut escogió al Señor como su Dios (Rt 1, 16), y puso toda su vida «a la sombra de sus alas» (Rt 2, 12), es decir, bajo su protección. Por fidelidad a Él, dejó su tierra y la casa de sus padres, y Dios bendijo con abundancia esa generosidad y esa fidelidad.

El Señor hizo de ella una de las grandes protagonistas de la historia de la salvación; de su nieto nacería el rey David y, por eso, alcanzó el honor de que su nombre apareciera en la línea directa de la que habría de nacer Jesucristo (Mt 1, 5). La tradición cristiana ha visto reflejados en esta mujer a todos los hombres y mujeres de pueblos muy diversos que al conocer al Señor se incorporan a su Iglesia y encuentran en ella su casa.

BIBLIOGRAFÍA

8 comentarios en “5. EL ASENTAMIENTO EN LA TIERRA PROMETIDA (Repaso)”

  1. Con el libro de josue, se cumple la promesa de dios al patriarca abrahan, de llegar a la tierra prometida; tambien es el ultimo libro del pentateuco; los personajes importantes que participan en la promesa de dios, tenemos: abrahan, isaac, jacob, su descendencia, moises, josue que es el que se encarga de repartir la tierra prometida entre las 12 tribus de israel, es importante mencionar a jose el soñador, porque gracias a el, jacob y sus hijos van a egipto y se inicia la multiplicacion del pueblo hebreo.

  2. Agradezco profundamente el presente envío el cual contiene lo del Génesis que tanto deseo.  Feliz tarde, Amparo

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