7. LA COMPOSICIÓN DE LA GRAN HISTORIA BÍBLICA (Repaso)

descargaComo ya habíamos dicho en las lecciones anteriores, y precisamente en este momento en el que ya hemos visto desde el Génesis hasta el segundo libro de los Reyes, dedicamos esta entrada a algunos de los aspectos formales de estos libros que invitan a reflexionar sobre su lenguaje y su proceso de composición.

Los géneros literarios en la gran historia bíblica

Desde el comienzo de la Biblia, en el libro del Génesis, el lector se encuentra ante un texto que le habla del mundo, del hombre y de la historia en la perspectiva de la fe de Israel, a la luz de lo que Dios le había ido manifestando con hechos y palabras. Se trata de un texto que es testimonio inspirado de la Revelación divina. No pretende ofrecerle una explicación científica de las cosas o de la historia, sino religiosa.

De entrada, en los once primeros capítulos del Génesis se narran acontecimientos desconectados de toda precisión temporal o local que se puedan ubicar con certeza.

  • En ellos se expresan verdades acerca de Dios y sus designios salvíficos mediante un lenguaje simbólico común en la antigüedad, que es el lenguaje de los mitos.
    • El pueblo elegido no rechazó sistemáticamente la cultura de los pueblos con los que se relacionaba, sino que supo acoger sus riquezas. Los autores sagrados hicieron una selección de los elementos literarios que podían servir para explicar de modo adecuado e inteligible a la sensibilidad de sus contemporáneos el mensaje que el Espíritu Santo quería trasmitir por medio de sus escritos al pueblo de Israel y, a través de su experiencia religiosa, a toda la humanidad.
    • La «historia de los orígenes» compuesta por ellos quiere enseñar, como los mitos de otros pueblos, lo concerniente a los comienzos del mundo y del hombre, y, en consecuencia, dar una explicación de la realidad presente. Ahora bien, su enseñanza parte de la fe en el Dios único que se ha revelado en la historia, y no de las intuiciones religiosas subyacentes en los mitos. Para expresar el misterio de los orígenes, la Biblia se ha servido en gran medida de ese lenguaje tan importante en la antigüedad, aunque despojado de su talante politeísta y ritual, e impregnado de la fe en el Dios único. Con este lenguaje ha sido posible presentar, y sin duda mejor que con ningún otro, verdades fundamentales sobre el mundo y sobre el hombre, y, en consecuencia, verdades que tienen una connotación histórica: como la creación, la dignidad del hombre y la existencia del mal.
  • Además del lenguaje simbólico recogido de la mitología del próximo Oriente, en esos capítulos del Génesis se encuentran otros elementos literarios provenientes de antiguas tradiciones locales (Canaán, Mesopotamia), cuyo significado se ha ampliado a toda la humanidad al ser proyectadas a aquellos tiempos primigenios.
  • Asimismo se encuentran listas genealógicas elaboradas para rellenar espacios de tiempo que realmente son desconocidos, pero en las que se quiere mostrar cómo, efectivamente, la humanidad se fue multiplicando hasta poblar la tierra entera.

Nazaret - fuente de la VirgenCon esos materiales se cubre un espacio de tiempo que va desde el origen del mundo, imposible hoy por hoy de situar en el tiempo, hasta la época de Abrahán. Algo análogo a lo que acabamos de señalar para los primeros capítulos del Génesis se podría decir para muchos otros textos de esta historia. En ella no faltan ejemplos de:

  • lenguaje épico como el empleado en los relatos del paso del mar Rojo o de la conquista de Jericó para señalar la grandeza de la intervención divina para salvar a su pueblo;
  • o relatos etiológicos, que dan razón de nombres geográficos o costumbres populares, muy abundantes en el libro de Josué;
  • o tradiciones populares acerca de sus antepasados transmitidas largo tiempo por vía oral e integrada en el folklore popular.
  • También se pueden encontrar alusiones a textos oficiales de las cancillerías reales como pudieron ser los que se mencionan como «Libros de las crónicas de los reyes de Israel» (1 R 14,19 y otros) y los «Libros de las crónicas de los reyes de Judá» (1 R 14,29,y otros).

Por tanto, al leer los textos bíblicos será siempre necesario tener en cuenta el género literario empleado para no sacar conclusiones erróneas o infundadas acerca de hechos históricos, e incluso para entender adecuadamente la enseñanza teológica de los textos mismos.

Observaciones sobre los textos, que invitan a pensar en su proceso de composición

The fertile green territory of Egypt's Nile Delta provides a notable contrast to the bare desert of the Sinai Peninsula

Otros aspectos que se pueden detectar en la lectura atenta del texto bíblico son los siguientes:

  • Existen pasajes muy parecidos que se repiten varias veces, como aquellos en los que un patriarca (Abrahán o Isaac) dice al llegar a un nuevo lugar que su mujer es su hermana, induciendo a los habitantes a pensar que es soltera (Gn 12,10-20; 20,1-14 y 26,6-13). También hay dos relatos de la alianza entre Dios y Abrahán (Gn 15,1-21 y Gn 17,1-27), dos relatos de la expulsión de Agar (Gn 16,1-14 y Gn 21,9-21), dos relatos de la vocación de Moisés (Ex 3,1-22 y Ex 6,1-9) y varios más.
  • Algo más complejo sucede, y no es tan fácil darse cuenta en una simple lectura, cuando dos relatos se han mezclado en uno sólo, que queda lleno de datos duplicados y no siempre coherentes entre sí en pequeños detalles. Así sucede, entre otros casos, en Gn 6,5 – 8,22. Cuando uno lo lee, a pesar de encontrar algunos detalles que suenan a repetidos, puede parecer que se trata de una historia narrada con más o menos fortuna por su redactor. Sin embargo, una vez leído ese largo relato, es interesante hacer un sencillo experimento. Consiste en leer sólo algunos de sus versículos, en concreto, Gn 6,5-8; 7,1-5.7-10.12.16b.17b.22-23; 8,2b-3a.6-12.13b. Se puede comprobar que sólo con esas frases, hay una narración plenamente coherente y bastante completa acerca del diluvio con el mismo argumento que el relato íntegro. Pero si a continuación se leen sólo los versículos antes omitidos, es decir, Gn 6,9-22; 7,6.11.13-16a.17a.18-21.24; 8,1-2a.3b-5.13a.14-19, se constata de inmediato que se trata de otra narración, también completa y coherente, con el mismo argumento. Sin embargo, ninguna de las frases de este relato fue utilizada para el anterior, y al revés. Es decir, el relato del diluvio contenido en el Génesis parece ser el resultado del ensamblaje de dos relatos completos en sí mismos, con el mismo esquema argumental.
  • Hechos análogos pueden constatarse en las distintas leyes del Pentateuco, en las que se repiten hasta tres veces normativas diversas para los mismos casos. Obsérvese, por ejemplo, lo que se dice acerca de los préstamos en Ex 22,13-14, en Lv 25,35-37 y en Dt 23,20-21.

Estos fenómenos inclinan razonablemente a pensar que en el Pentateuco y en los libros que lo siguen hay abundante material literario, tanto narrativo como legal, que tuvo vida propia antes de haber quedado incluido en sus libros. Pero entonces, debió de haber algunos redactores que recopilaran, ensamblasen y compusiesen nuevos textos a partir de ese material escrito, e incluso se podría pensar en otros que, posteriormente, retocasen esos nuevos textos, una o más veces, hasta que se alcanzase la forma final que ahora encontramos en la Biblia. Todo apunta, en efecto, a que algo así ha debido de ocurrir. Incluso es posible seguir la pista de algunas de las trazas que han dejado en los libros esos recopiladores y redactores. Por eso, desde hace algo más de dos siglos, se ha llevado a cabo una amplia investigación crítica acerca del posible proceso de composición de estos textos.

La composición de la gran historia bíblica

Los indicios que acabamos de mencionar inclinan a pensar que los textos bíblicos tienen su prehistoria. Son portadores del pensamiento de Dios, pero no son como un meteorito caído del cielo, con una rigurosa alteridad respecto a toda palabra humana. La palabra de Dios la recibimos mediada por la historia de los hombres. Encierran el pensar y el vivir de una comunidad histórica que llamamos «pueblo de Dios» porque ha sido reunida y mantenida en la unidad por esa palabra testimoniada en la Sagrada Escritura.

Antes de su fijación definitiva en estos libros, lo que aquí se expone ya había recorrido un largo camino de experiencia vital, y de transmisión oral y escrita. Las personas que intervinieron en su formación no estaban presentando unas ideas creadas por su propio ingenio personal, sino testimoniando desde dentro lo que el pueblo de Dios sabía y tenía bien experimentado, por eso fueron acogidas y reconocidas como propias por ese pueblo. Una vez puestas por escrito las primeras piezas literarias que lo integrarían, esos textos no quedaron fosilizados como letra muerta, sino que fueron leídos e interpretados una y otra vez en las sucesivas vicisitudes históricas del pueblo elegido, y esas nuevas lecturas e interpretaciones fueron sacando a la luz sus potencialidades ocultas, como hemos visto en las lecciones anteriores.

Casi dos siglos de investigación histórico-crítica han llevado a establecer algunos puntos de referencia que, aunque hipotéticos, ofrecen una aproximación al proceso en que se han ido escribiendo esos libros y configurando las colecciones en las que se integran. No disponemos de tiempo ni espacio suficientes para hablar de los caminos que ha seguido esa investigación y el modo en que se ha ido llegando a las hipótesis actualmente más difundidas. Nos limitaremos a mencionar, a grandes rasgos, lo que actualmente se considera más probable acerca de ese proceso.

a)     La composición del Pentateuco

Actualmente se suele considerar que las últimas etapas en la redacción del Pentateuco tuvieron lugar en el entorno del Templo de Jerusalén reconstruido en la época de dominio persa, en ambientes sacerdotales. Por eso se suele hablar de una redacción sacerdotal, con diversos estratos. Pero esa redacción no parte de la nada, sino que ya había abundantes materiales pre-sacerdotales, de diversas procedencias, que fueron integrados en el conjunto. Un acercamiento más o menos ordenado a lo que se aporta en cada uno de los pasos más significativos de ese proceso de composición se podría condensar así:

  • Los bloques literarios más antiguos contenidos en el Pentateuco están constituidos por dos relatos fundantes de la propia identidad que nos ofrecen dos puntos de vista complementarios de los orígenes de Israel, cada uno con sus propias connotaciones teológicas:
    • El ciclo de Jacob, que proporciona una excelente explicación genealógica de la unidad existente entre las tribus asentadas en Canaán desde el comienzo de la edad del hierro, en los albores del primer milenio a.C. Las primeras manifestaciones de Dios en la historia humana bien pudieron ser como las que expresan estos relatos, en la intimidad de personas singulares elegidas por el Señor para mostrar su cuidado providente, su fidelidad y su capacidad de actuación en distintas regiones. La respuesta a Dios se vive en el ámbito familiar: el patriarca del clan es el responsable supremo de todas cuestiones que afectaban a la vida de todo el grupo, también en lo que se refiere a las costumbres religiosas. La designación «Dios de mi padre» era la habitual entre los miembros de la familia, a lo largo de generaciones, para designar al que había dado muestras de que era su protector allá donde estuviesen en cada momento buscando pastos y agua para sus ganados.
    • El memorial de la liberación de Egipto, que configura otro relato fundante de la identidad de Israel, al remontar los orígenes de aquellos que tomaron posesión de la tierra de Canaán a la generación que experimentó la protección divina en el éxodo. La intervención divina para salvarlos sigue manifestando que Dios es providente y misericordioso, que no permanece indiferente ante las necesidades de la gente, y que tiene designios salvadores. También va manifestando que su modo de actuar, de ordinario, es a través de mediadores –como Moisés en esos relatos–, y que reclama una correspondencia confiada. No basta con permanecer inactivos y dejarlo actuar, sino que recibir sus beneficios implica asumir decisiones comprometidas –abandonar Egipto, el país donde llevaban años viviendo– confiando en su palabra. Ligado a esa experiencia, el pueblo va descubriendo que «el Dios de sus padres» no es un dios local más, sino que posee una soberanía universal.
  • En los textos previos a la redacción sacerdotal se guarda también memoria de avances en el conocimiento de Dios y de su relación con Israel y los pueblos vecinos:
    • Las circunstancias que llevaron a la centralización del culto en el templo de Jerusalén, primero durante el reinado de Ezequías y de modo más definitivo en el de Josías, que han dejado sus huellas en los textos del Pentateuco, testimonian la progresiva y plena manifestación de la unicidad divina: sólo el Dios de Israel es el Dios verdadero. Los demás dioses no son nada: figuras de barro, madera o metal.
    • Recuerdos ligados a la figura de Moisés ayudan a ratificar la figura del mediador. El único Dios verdadero dirige, cuida y guía a su pueblo por medio de hombres elegidos. La figura del mediador, por su parte, va adquiriendo diversos matices diferenciales –profeta, legislador, organizador del culto–, que tendrán más amplios desarrollos en la historia de Israel.
    • Las leyes que rigen con sabiduría la vida del pueblo tienen su origen en Dios, que ha hecho y ordenado el mundo y la sociedad humana. A medida que se progresa en el conocimiento de Dios, de la dignidad del hombre y de la elección de Israel, esas normas legales se van perfilando y perfeccionando.
    • Los recuerdos relacionados con la peregrinación por el desierto tras la salida de Egipto, en los que se guardaba memoria de las rebeliones del pueblo por la escasez de comida, o de agua, servían, una y otra vez, para contemplar la propia vida y constatar la realidad del pecado. Pero también enseñaban que Dios nunca abandona y que cuando se clama a Él, interviene para salvar.

Los textos pre-sacerdotales del Génesis expresan el orden y la bondad de la acción de Dios en el origen del mundo, pero también señalan que ese orden original fue roto por culpa del hombre y la mujer, que transgredieron el mandato del Señor, seducidos por la serpiente. Ellos, y no el Señor, son los responsables del desorden, la violencia y los males que se siguieron. Pese a todo, el Señor se compromete a mantener la esperanza de salvación y permite sobrevivir a los que, como Noé, son fieles.

  • La mayor parte de esos textos pre-sacerdotales se han conservado con una redacción que se puede caracterizar en la mayor parte de los casos, como «deuteronomista», es decir que concede una prioridad esencial al reconocimiento del Señor como único Dios verdadero, y, en consecuencia, a la unicidad del culto en el Templo, el lugar que él había elegido para habitar en él. Parte notable de este importante progreso en la Revelación, que supone la manifestación decisiva de la unicidad divina, es la reformulación de muchas normas legales arraigadas en Israel desde antiguo, que constituye lo que se ha denominado como Código Deuteronómico. Esa actualización se realizó buscando mantener una gran fidelidad a lo recibido, de ahí que se advierta explícitamente que «no les añadirás ni les quitarás nada» (Dt 13,1), pero que se concreta en las circunstancias peculiares del «día de hoy» (cf. Dt 8,18; 10,8; 29,3).
  • La forma que iba tomando el libro del Deuteronomio, con los prólogos y epílogos que se añadieron al Código hasta darle un formato análogo a los «tratados de alianza» ofrece un testimonio fiel de que Israel se sabe ligado por un compromiso firme a permanecer fiel al Señor. La Alianza constituye, de hecho, uno de los grandes temas teológicos a través de los cuales se configuran las relaciones entre Dios y su pueblo.
  • La redacción sacerdotal (Pg) testimonia, en una síntesis armoniosa, el avance en la captación de la Revelación divina hasta ese momento integrando y complementando en un gran relato las certezas fundamentales de la fe de Israel:
    • El único y verdadero Dios ha creado el mundo, domina a toda la naturaleza, es todopoderoso. Hizo bueno el mundo, como un gran templo. El hombre fue hecho para darle culto en todo lugar con su trabajo, y mantener una relación amistosa con Él.
    • Pero el pecado introdujo una separación entre los hombres y Dios. El ser humano se fue alejando de Él y haciéndose cada vez más violento.
    • Dios tiene designios de salvación, elige un pueblo –los descendientes de Abrahán– para que sea su mediador con todas las gentes de la tierra, y establece con ellos una alianza que se irá renovando hasta hacerse definitiva. Dios les da su Ley, y el pueblo se compromete a cumplirla.
    • En la redacción de esta historia queda constancia de que el pueblo recibe en el Sinaí no sólo unos preceptos cultuales, sino también un ordenamiento jurídico para la vida, ya que sólo así puede ser verdaderamente un pueblo. En un grupo de gentes donde reinase la anarquía faltaría la libertad.
    • Con la construcción de un santuario, que sirve de morada a la gloria de Dios, se restituye de algún modo la presencia de Dios entre los hombres, rota por el pecado, y el pueblo de Israel se constituye, de ese modo, en «pueblo sacerdotal», mediador de la presencia de Dios entre todas las naciones de la tierra.
    • Se empiezan a abrir perspectivas acerca de la dimensión universal de la salvación. La integración de las tradiciones ligadas a Abrahán, por ejemplo, recuerda que el «padre de muchos pueblos» tiene un puesto decisivo en esos designios divinos.
    • Los relatos que tienen como protagonista a José en Egipto, además de ser vínculo de unión entre las dos grandes tradiciones fundantes del pueblo –la patriarcal, y la del éxodo–, presenta con naturalidad el hecho de que el pueblo de Dios pueda vivir en tierra extranjera –como sucedió durante la cautividad de Babilonia, y después en la época persa y helenística–, aunque siempre con el corazón y la mirada puesta en su propia tierra.
  • Los complementos a esa gran historia sacerdotal (Ps) incluyen normas concretas relativas al culto, y muchas otras que, manteniendo esa dimensión cultual, hacen referencia a numerosos aspectos de la vida diaria. Si el pecado había apartado de la presencia de Dios de las actividades del mundo, el culto verdadero está llamado a integrar en una perfecta unidad la presencia de Dios en todas las tareas humanas.
  • En la última gran redacción del Pentateuco, donde se integran y actualizan en la Ley de Santidad (H) las normas más primitivas, se subraya aún más esa llamada a la santidad de los sacerdotes y de todo el pueblo. Ofrece unas normas morales que reflejan una particular enseñanza sobre Dios e Israel, así como sobre las relaciones entre éste y su Señor. Tales prescripciones con frecuencia descienden hasta aspectos muy concretos de la vida ordinaria como, por ejemplo, las que regulan las relaciones familiares, o los deberes hacia los ancianos y los enfermos, o las que exhortan a ser benevolentes con los extranjeros que habitan como emigrantes en la tierra, o las normas que van en contra del odio y del rencor.
  • En las últimas etapas de la redacción final de Pentateuco, la composición del libro de los Números, testimonia una actualización de la ley del Sinaí para casos particulares que se presentan en el día a día de la vida del pueblo. La Ley no es algo fosilizado sino dinámico, con capacidad para iluminar nuevas situaciones. Cuando el judaísmo se estaba consolidando en la provincia persa de Yehud en torno al Templo reconstruido, se vuelve a mirar a los orígenes, aunque atendiendo al momento en que se vive. Las antiguas tradiciones sobre la constitución del pueblo en el Sinaí y su peregrinación camino a la tierra prometida, contando con la continua presencia y protección de Dios, aun en medio de las dificultades externas y de las infidelidades propias, tenían mucho que aportar en esa situación. El pueblo de Israel es presentado como una comunidad santa, pero a la vez es un pueblo constituido por pecadores que, una y otra vez se rebelan contra Dios en cuanto encuentran dificultades en su camino, aunque una y otra vez son perdonados por el Señor ante la intercesión de Moisés.
  • En el último momento de la configuración definitiva del Pentateuco se desgaja de ese conjunto el libro de Josué, y el Deuteronomio cierra esa colección con el relato de la muerte y sepultura de Moisés, a las puertas de la tierra prometida. De este modo, el lector encuentra un anticipo de lo que sucede en su propia vida. Guiado por la fe y con la esperanza puesta en las promesas del Señor va caminando hacia una meta feliz que sólo se puede entrever en este mundo.

b)     La composición de la «historia deuteronomista»

Por lo que se refiere a los libros de la gran historia que siguen al Pentateuco, a los que se suele denominar «historia deuteronomista», los hitos más significativos en su proceso de composición se podrían sintetizar así:

  • La mayor parte de los investigadores actuales presta una notable atención al reinado de Ezequías como un momento decisivo para una toma de conciencia más honda de la singularidad del templo de Jerusalén, tras experimentar la protección que el Señor les ha prestado ante el asedio de las tropas asirias (702 a.C.).
  • La incipiente reforma religiosa que entonces comenzó, quedó en suspenso unas décadas durante los reinados de Manasés y Amón, pero se retomaría de un modo más definitivo en tiempos de Josías. Ya en esos momentos es clara la conciencia de que sólo hay un único Dios, y que ha elegido de modo especial el templo de Jerusalén como lugar en donde darle culto. Parte notable del importante progreso en la Revelación que supone la manifestación decisiva de la unicidad divina, es la reformulación de las normas legales tradicionales de Israel, a la luz de esa realidad, hasta constituir el llamado Código Deuteronómico, que pasará a ser la principal referencia para guiar al pueblo y para juzgar su comportamiento en las distintas circunstancias.
  • En esos momentos, la redacción de textos como el relato de la conquista de la tierra contenido el libro de Josué es una llamada a la esperanza de lo que se puede conseguir obedeciendo juntos a lo que manda el Señor, mientras que la puesta por escrito de recuerdos antiguos sobre los tiempos «en que no había rey» pone de manifiesto el desastre moral, social y político al que se llega cuando cada uno actúa por su cuenta, olvidándose del Señor, tal y como se ve en el libro de los Jueces.
  • El hundimiento sucesivo de los reinos de Israel y de Judá, así como las dolorosas experiencias de las consiguientes deportaciones, todo ello narrado en los libros de Samuel y de los Reyes es una muestra palpable de las graves consecuencias que tiene el apartamiento de Dios y el incumplimiento de su ley, tal y como lo habían advertido los profetas, que a la larga no fueron escuchados.

En su conjunto, estos libros ofrecen un testimonio fiel de la experiencia que tuvo Israel a lo largo de varios siglos de historia: se conoció mejor a sí mismo y conoció mejor los caminos de Dios con los hombres.

c)     Grandes etapas en el proceso de composición de la gran historia bíblica

Los procesos de composición del Pentateuco y de la «historia deuteronomista», como se deduce de una lectura atenta de lo dicho en los dos apartados anteriores, no son independientes sino que tienen muchos puntos en común, con unos hitos fundamentales que se podrían sintetizar así:

  • En tiempos del rey Ezequías de Judá se fueron recopilando algunos materiales escritos tradicionales, a la vez que se hacían grandes obras de construcción y defensa de la ciudad. Es posible que ya entonces, en ambientes sacerdotales, administrativos y proféticos se reflexionase sobre las relaciones de Judá y del recién caído Israel con el Señor, en busca de una renovación religiosa y política, y que con esa intención se redactasen algunos textos recogiendo tradiciones ancestrales sobre su presencia en aquella tierra.
  • Poco después, durante la reforma de Josías, el Deuteronomio primitivo, que se iba configurando en torno al Código Deuteronómico, iría adquiriendo relevancia como testimonio de la Alianza entre Dios y su pueblo. Tal vez en este momento se le fueran asociando de algún modo relatos acerca de la historia previa a la llegada a la tierra de Canaán, y sobre todo de lo sucedido después, una vez asentados en ella.
  • Más tarde, como consecuencia de la crisis exílica del 587 a.C., todo ese material literario se iría reuniendo hasta constituir una gran historia nacional que comenzaría hablando de los orígenes del hombre y de sus relaciones con su hacedor en el jardín del Edén (Gn 2,4b) y prolongaría sus contenidos hasta el exilio de Babilonia incorporando relatos tradicionales acerca de jueces y reyes. Todo esto valorado y redactado a la luz de la doctrina contenida en el Deuteronomio. Esa gran historia daría razón de los dolorosos acontecimientos vividos con la caída de Jerusalén y las sucesivas deportaciones, ya que dejaría claro que el motivo fundamental de tales desgracias fue la reincidencia en las infidelidades a la Alianza por parte del pueblo, aunque aún podían tener motivos de esperanza, ya que el Señor siempre había acudido en su ayuda cuando habían clamado a él con un corazón arrepentido.
  • El proceso redaccional de esa gran obra histórica se llevó a cabo al menos en dos o tres etapas, en las que se aprecian valoraciones de los acontecimientos a la luz de la enseñanza de los profetas y de las leyes deuteronómicas.
  • Siglos después, toda esta historia se uniría al gran relato sacerdotal que integraba en una nueva perspectiva los relatos tradicionales sobre el origen de Israel. Todo apunta a un periodo post-exílico como momento de la puesta por escrito de la casi totalidad de esos textos, y al final de la época persa y comienzo de la helenística como momento de la redacción que sería definitiva.
  • De ese gran conjunto literario se habrían desgajado primero los seis primeros libros de la Biblia, y en un momento posterior se habría limitado a los cinco primeros, formando así el Pentateuco, y dejando Josué como pórtico de la historia que narra la toma de posesión e instalación de las tribus de Israel en la tierra de Canaán.

Interesarse por el modo en que tuvo lugar el proceso de composición de los textos de la gran historia bíblica es, como se puede apreciar en la breve síntesis que acabamos de exponer, una tarea compleja a la vez que apasionante, a la que un gran número de exegetas han dedicado sus mejores esfuerzos técnicos con la metodología historico-crítica. Ahora bien, es una tarea a la que no se puede renunciar en la Iglesia. Conocer, en la medida en que sea posible, los caminos y vericuetos a través de los cuales los hechos y enseñanzas divinas fueron tomando forma literaria tiene capital importancia para la comprensión teológica de lo que estos libros de la Escritura significan en el contexto de la Revelación divina. Por eso señalaba Benedicto XVI que «sólo donde se aplican los dos niveles metodológicos, el histórico-crítico y el teológico, se puede hablar de una exegesis teológica, de una exegesis adecuada a este libro [que es la Biblia]» (Verbum Domini, n. 34).

BIBLIOGRAFÍA

12 comentarios en “ 7. LA COMPOSICIÓN DE LA GRAN HISTORIA BÍBLICA (Repaso)”

  1. La biblia fue esccrita por diversos autores, en tiempos diversos y estilos literarios diferentes, pero siempre bajo la inspiracion del espiritu santo; el contenido biblico esta influenciado por las costumbres del medio oriente, como por ejemplo el diluvio tiene rasgos de la cultura mesopotamica, principalmente la epopeya de gilgamesh, tambien de las costumbres de los cananeos, etc., sin embargo la biblia detalla muy bien los acontecimientos biblicos;

    1. Muchísimas gracias Hernan por su observación que acabo de corregir con urgencia, pues es un error que ciertamente hace daño a la vista. No sé como pudo ocurrir. Bueno, Hernan su participación en el blog es un honor y de ningún modo se sienta a disgusto para nada. Siento si en algo hemos podido ignorar alguna aportación suya; pero sepa que ha sido involuntario totalmente. Que tenga un muy buen día Hernan

      1. buenos días hermanos/as desde que empecé a ver las lecciones sobre los libros del primer testamento explicado de esa forma siento haber cambiado la manera de interpretar cada hecho en ella narrado. he comprendido como Dios ha estado y sigue estando a nuestro lado en cada momento de nuestra vida, y nos da la sabiduría para ver su paso en cada acontecimiento a lo largo de nuestra existencia. Dios bendiga sus vidas y siga otorgándoles esa sabiduría que viene del cielo para dar a conocer cada vez más su palabra.

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