8. LAS HISTORIAS DE LA ÉPOCA PERSA (Repaso)

Después de la gran historia bíblica que comienza con la creación del mundo, narrada en el Génesis y termina con la cautividad de Babilonia, en el libro segundo de los Reyes, siguen en la Biblia cuatro libros que fueron redactados unos años más tarde. En los dos primeros, 1 y 2 Crónicas, se vuelve a hablar de lo ya tratado en los anteriores, aunque de otro modo, más sintético y, sobre todo, con una orientación distinta. En los dos siguientes, Esdras y Nehemías, se narran una serie de acontecimientos ligados a estos dos personajes que tuvieron gran importancia en la restauración de la vida religiosa y civil en Judea durante la época de dominio persa.

En esta lección hablaremos de estos libros, tanto de su contenido como de aquellos pasajes que han tenido mayor eco en la vida de la Iglesia.

Los libros 1 y 2 de las Crónicas

david entra en jerusalen con el arca 2Los dos libros que se suelen llamar «Crónicas» reciben en la Biblia Hebrea el nombre de Dibre ha-yamim, esto es, «los hechos de los días», o «diario». En la versión de los Setenta se denominan Paraleipómena, es decir, sobre las «cosas dejadas de lado» en los libros anteriores. San Jerónimo, en el prólogo a los libros de Samuel y Reyes (Prologus Galeatus), les da un título muy apropiado Chronicon totius divinae historiae (Crónica de toda la historia divina). De aquí recibieron el título de Crónicas con el que pasaron a la tradición cristiana.

Lectura de los libros 1 y 2 de las Crónicas

En los libros de las Crónicas se vuelve a contar la historia del pueblo elegido desde Adán hasta la caída de Jerusalén.

Desde Adán hasta David

Todo el largo periodo de tiempo que discurre desde Adán hasta David se cubre principalmente por medio de genealogías (1 Cr 1,1–10,14). Tienen particular importancia las de los hijos de Jacob, sobre todo Judá y Leví. Algunas se prolongan hasta la época del destierro:

  • La primera serie comienza en Adán y llega hasta los doce hijos de Jacob, concediendo en su momento una especial relevancia a Abrahán, situado en el centro. De este modo se presenta a Israel como un pueblo constituido por doce tribus (1 Cr 1,1–2,2).
  • Después vienen las genealogías de los hijos de Judá y Simeón –ésta en un pequeño apéndice, casi al final de la sección (4,27-31)–, en la que se concede especial relevancia a David, que se lo sitúa en el centro (1 Cr 2,3–4,43).
  • A continuación, las demás tribus (excepto Benjamín). Se otorga a Leví una especial importancia, situándola en el centro, e incluso en esta tribu, que se inicia y termina con los clanes aaronitas, el centro corresponde a los levitas (1 Cr 5,1–7,40).
  • Por último se habla de los clanes de Benjamín hasta terminar en Saúl. No obstante, el centro se reserva para hablar de los habitantes de Jerusalén (1 Cr 8,1–9,44).
  • Sólo al final se dedica un cierto espacio para hablar de la muerte de Saúl y terminar diciendo que su reino se transfirió a David (1 Cr 10,1-14).

David

La parte narrativa del libro apenas había comenzado con la muerte de Saúl. Enseguida, el autor se centra en la figura de David y se detiene sobre todo en lo relativo al traslado del arca, los preparativos para la construcción del Templo y la organización del culto (1 Cr 11,1–29,30). A lo largo de toda la sección se resalta la grandeza del rey.

  • En primer lugar se narra la unción de David, la conquista de Jerusalén y la entronización de la dinastía davídica, y se incluye una relación de todos aquellos que sostienen al rey (1 Cr 11,1–12,41).
  • Más adelante se habla del traslado del arca a Jerusalén y los proyectos del rey para construir un templo, que se postponen de acuerdo con las instrucciones del Señor por medio de Natán. A cambio, el profeta le hace una promesa sobre la estabilidad de su reino (1 Cr 13,1–20,7).
  • David, obedeciendo al Señor, renuncia a sus ideas de construir un santuario, y se limita a preparar todo acerca del futuro templo, desde las tareas que habrán de desempeñar levitas y sacerdotes hasta la provisión de medios para su construcción. También da instrucciones a Salomón acerca de la edificación (1 Cr 21,7–29,20).
  • Finalmente Salomón es entronizado, muere David, y termina el libro primero de las Crónicas (1 Cr 29,21-30).

Salomón

En la primera parte del libro segundo de las Crónicas se presenta a Salomón, sucesor de David. Está lleno de sabiduría y tiene el honor de llevar a cabo la construcción del templo, durante un reinado en el que la grandeza llega a su culmen cuando se realizan los proyectos de su padre (2 Cr 1,1–9,31).

  • En el primer capítulo del libro segundo de las Crónicas se pondera la sabiduría y las riquezas de Salomón (2 Cr 1,1-18).
  • La parte más importante es la que se dedica a la construcción del templo, traslado del arca y dedicación del santuario (2 Cr 2,1–7,22).
  • Siguen unos relatos sobre otras obras de Salomón y la difusión de su fama, hasta su muerte (2 Cr 8,1–9,31).

Los reyes de Judá

La última parte del libro segundo de las Crónicas se ocupa de los sucesores de Salomón en el reino de Judá (2 Cr 10,1–36,23).

  • Primero se explica brevemente la división del reino acontecida tras la muerte de Salomón (2 Cr 10,1-19).
  • Después, prescindiendo del Reino del Norte, el autor pasa revista a todos los reyes de Judá valorando su actuación a la luz del modelo que tenían en David, y ponderando las reformas religiosas que algunos llevaron a cabo: Asá, Josafat, Joás, Ezequías, Josías y Manasés, de quien se dice que se convirtió (2 Cr 11,1– 36,13).
  • Al final, muy brevemente se habla de la caída de Jerusalén y el exilio a Babilonia (2 Cr 36,14-21).
  • El libro termina dando noticia del edicto de Ciro y la restauración del templo (2 Cr 36,22-23).

Esta obra fue previsiblemente compuesta bastante tiempo después de la vuelta del Destierro, probablemente entre los siglos IV – III a.C. al final de la época persa o al inicio de la helenización de Palestina, en medios levíticos del Templo de Jerusalén. Las circunstancias habían cambiado mucho desde que se había compuesto la llamada «historia deuteronomista» ya estudiada, y al hacer memoria de los acontecimientos pasados se suscitaban en ese momento otros intereses. En concreto, se aprecia un particular interés en referir a David los elementos fundamentales de la comunidad judía, aunque sin descuidar los orígenes mosaicos de la propia religión de David.

Relecturas de los libros 1 y 2 de las Crónicas, y su recepción en la fe de la Iglesia

En el libro primero de las Crónicas es particularmente llamativo un pasaje en el que se habla de la organización del culto por parte de David. Después de mencionar los levitas que se habrían de encargar de la alabanza y la música, se cita por extenso un cántico (1 Cr 16,8-36) que David entregó a Asaf y a sus hermanos, que comienza exultando con alegría: «Alabad al Señor, aclamad su nombre, anunciad a los pueblos sus hazañas. Cantadle, entonadle salmos, proclamad todas sus maravillas. Gloriaos en su nombre santo; que se alegre el corazón de los que buscan al Señor. Apelad al Señor y a su poder, buscad su rostro de continuo. Recordad las maravillas que ha hecho, sus prodigios, las sentencias de su boca» (1 Cr 16,8-12). Se trata de una hermosa composición que integra amplios fragmentos de los Salmos con ligeras variantes. Pero no se puede decir que los Salmos hagan una relectura de este texto, sino más bien parece lo contrario, que el redactor de Crónicas incluye estas estrofas de alabanza al Señor que ya estaban en uso en el Templo.

En el libro segundo, al narrar la dedicación del Templo por parte de Salomón hay otra alusión a los Salmos que ratifica la impresión de que cuando se redacta este libro ya estaba difundido el uso de algunos de ellos en el culto del Santuario: «Todos los israelitas, al ver cómo bajaba fuego y que la gloria del Señor estaba dentro del Templo, se postraron rostro en tierra sobre el pavimento, adoraron y celebraron al Señor: “Porque es bueno, porque su misericordia es eterna”. El rey y todo Israel ofrecían sacrificios ante el Señor. Salomón inmoló en sacrificio veintidós mil reses de ganado mayor y ciento veinte mil de ganado menor. Así, el rey y todo el pueblo dedicaron el Templo de Dios. Los sacerdotes atendían a su ministerio, mientras los levitas tocaban los instrumentos musicales sagrados, preparados por el rey David para entonar el estribillo al Señor: “Porque su misericordia es eterna”, siguiendo la alabanza compuesta por David. Los sacerdotes tocaban las trompetas y todo el pueblo se mantenía en pie» (2 Cr 7,3-6). El estribillo «porque es bueno, porque su misericordia es eterna» se repite decenas de veces en el Salmo 136. Un poco antes (2 Cr 6,41-42) también se había citado un pasaje extenso de otro salmo (Sal 132, 8-10).

Por lo que se refiere a la recepción cristiana de estos libros se puede afirmar que los libros de las Crónicas son de los menos citados de la Biblia, proporcionalmente a su extensión, por los escritores cristianos de los primeros siglos. La razón, posiblemente, es que tienen muchos temas en común con los libros de los Reyes y, de ordinario, se cita por aquellos. Sin embargo, hay un pasaje concreto que sí que ha recibido una cierta atención. Se trata del relato de la entronización del arca de la alianza en Jerusalén. La escena habla de que, una vez que David fue proclamado rey, lo primero de lo que se ocupó fue del cuidado del arca de la alianza, y para eso la llevó hasta la casa de Obededom, de Gat (1 Cr 13,13). A continuación se narra la conquista de Jerusalén (1 Cr 14,1-17) e inmediatamente David le prepara allí una tienda y hace un traslado solemne del arca hasta dejarla entronizada en ella: «Convocó David en asamblea a todo Israel en Jerusalén para subir el arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas. Los levitas trasladaron el arca de Dios poniendo los varales sobre sus hombros, como lo había ordenado Moisés, según la palabra del Señor. David dijo a los jefes de los levitas que dispusieran a sus hermanos los cantores, con instrumentos musicales, arpas, cítaras y címbalos, para que los hiciesen resonar con fuerza en señal de júbilo. Así pues, introdujeron el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David había hecho levantar; y ofrecieron ante Dios holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, David bendijo al pueblo en nombre del Señor» (1 Cr 15,3-4.15-16; 16,1-2).

Este despliegue de esplendor en el traslado del arca ha servido en la Iglesia para imaginarse la entrada de la Virgen María en el Cielo, una vez terminado el curso de su vida terrena. Por eso se lee este pasaje en la Misa de la Vigilia de la Asunción de la Virgen. Se contempla, de este modo, a María Santísima como la verdadera arca de la alianza, Templo de la definitiva Presencia de Dios sobre la tierra: «Pues el arca encerraba las tablas del testamento, María gestaba al heredero del testamento; el arca llevaba la Ley, María el Evangelio; el arca portaba la voz de Dios, María al Verbo; el arca brillaba por dentro y por fuera con el resplandor del oro, María brillaba por dentro y por fuera con el resplandor de la virginidad; el arca estaba adornada con oro terrenal, María con oro celestial» (S. Máximo de Turín, Sermones 42,5). Hablando de la Asunción de Santa María dice San Juan Damasceno en un significativo juego de palabras: «Hoy descansa en el Templo divino, no fabricado por mano alguna, la que fue también Templo del Señor» (In Assumptionem 2).

Los libros de Esdras y Nehemías

Esdras_preaches_the_law._Julius_Schnorr.jpgLos libros de Esdras y Nehemías están muy relacionados entre sí, a la vez que guardan muchas semejanzas y algunas diferencias con los libros de las Crónicas a los que fueron asociados en el canon alejandrino. En la Biblia Hebrea el texto de Esdras y el de Nehemías aparecen seguidos, y en los manuscritos más antiguos ambos constituyen un solo libro. Lo mismo sucede en la traducción griega de los Setenta. La separación en dos libros es muy tardía, ya en época cristianaEstos libros no ofrecen una exposición lineal de los acontecimientos, como sucedía en los libros de la «historia deuteronomista» o en los libros de las Crónicas, sino que se ocupan de los episodios más sobresalientes relacionados con cada uno de estos personajes en la reconstrucción religiosa y civil de Judá, durante la época persa.

Lectura de los libros de Esdras y Nehemías

En esta obra conjunta se podrían distinguir las siguientes partes:

Reconstrucción del Templo

Lo primero que se cuenta es el regreso de los deportados y su primer empeño en la reconstrucción del Templo (Esd 1,1–6,22):

  • Ciro autoriza el regreso de los deportados (Esd 1,1-11),
  • Con el permiso imperial se forma una caravana a las órdenes de Sesbasar que se dirige de Babilonia a Jerusalén (Esd 2,1–3,6).
  • Una vez allí, los recién llegados comienzan la construcción, pero pronto encuentran una fuerte resistencia que, finalmente, logran superar y culminar la reconstrucción del templo (Esd 3,7-6,18).
  • Terminadas las obras y realizada su dedicación, celebran con gran gozo la solemnidad de la Pascua (Esd 6,19-22).

Misión de Esdras: instauración de la Ley

El núcleo central del libro corresponde a la instauración de la Ley por obra de Esdras (Esd 7,1–10,44):

  • Primero se menciona la misión encomendada a Esdras, el escriba, y se transcribe el documento de Artajerjes mediante el cual se le entregaron todos los poderes necesarios para llevarla a cabo (Esd 7,1-26).
  • A continuación se describen los preparativos y el desarrollo de su marcha hasta que llega a Jerusalén (Esd 8,1-36).
  • Una vez allí, Esdras queda desolado ante la práctica extendida de los matrimonios mixtos, de judíos con mujeres paganas, o al revés, y pronuncia una oración penitencial confesando ante Dios las culpas del pueblo (Esd 9, 1-15).
  • Por último se toman severas medidas para reconducir aquella situación (Esd 10,1-44).

Misión de Nehemías: reconstrucción de la ciudad

Seguidamente, el protagonismo de los relatos se traslada a la figura de Nehemías, descendiente de unos deportados, que estaba al servicio del rey de Persia (Ne 1,1– 13,31):

  • Se dice que expuso al rey los motivos que lo impulsaban a plantearse la tarea de reconstruir Jerusalén y alcanzó del monarca permiso para llevarla a cabo (Ne 1,1–2,20).
  • Sigue la descripción de las obras de restauración de la ciudad, comenzando por las murallas, y haciendo frente a las dificultades que le planteaban los jefes de las zonas vecinas, así como a las revueltas sociales que surgieron (Ne 3,1–6,19).
  • Una vez restaurada Jerusalén se inician las gestiones para su repoblación (Ne 7,1-72).
  • El núcleo central de esta sección lo constituye la lectura pública de la Ley realizada por Esdras y el compromiso de cumplirla asumido por el pueblo (Ne 8,1–10,40).
  • Seguidamente se lleva a cabo la repoblación del resto del territorio (Ne 11,1- 36).
  • Más adelante, tiene lugar la ceremonia de dedicación de la muralla recién reconstruida (Ne 12,27-47).
  • Por último se habla de una restauración de la vida civil, ocurrida en una segunda misión de Nehemías (Ne 13,4-31).

Todo apunta a que el redactor de Esdras-Nehemías refundió en un solo escrito las memorias de estos dos personajes, que se habían redactado independientemente la una de la otra, tal vez con el propósito de exaltar la figura de Esdras, y recoger al mismo tiempo la memoria de Nehemías. Por eso, pone en primer lugar la misión de Esdras, y luego la de Nehemías como el que viene a apoyar su obra. Esto podría explicar por qué el acontecimiento más importante de la actividad de Esdras, la proclamación de la Ley (cf. Ne 8,1-18), se sitúa en un momento culminante de la actividad de Nehemías, cuando ya se ha terminado la restauración de la ciudad santa. De este modo, se unen ambas figuras viendo en ellas, con toda razón, a los restauradores del judaísmo, si bien dando preeminencia a Esdras, el sacerdote, que es quien enseña y proclama la Ley.

La Ley aparece así como el núcleo esencial del judaísmo, mientras que en la labor de Nehemías se destaca su empeño por reconstruir la ciudad y por hacer cumplir la Ley.

La estructuración de todos estos materiales literarios se realizó, como es habitual, en una etapa posterior a las misiones de ambos. Muy probablemente la composición de los libros de Esdras y de Nehemías tuvo lugar en Jerusalén. Si se tiene en cuenta que el sumo sacerdote Yadúa citado en Ne 12,22 vivió en la época de Alejando Magno, según afirma Flavio Josefo (Ant. 11, 322-324), la obra debió concluirse en los primeros años de la época helenística, en torno al 300 a.C.

Relecturas de los libros de Esdras y Nehemías, y su recepción en la fe de la Iglesia

Los libros de Esdras y Nehemías ofrecen un excelente testimonio de la restauración material y de la reorganización de la vida social en Judá después del Exilio de Babilonia. Los diversos acontecimientos que configuran esta etapa de la restauración forman parte de un proyecto unitario de Dios, aunque su realización tuviera lugar en diversos momentos, durante el reinado de varios monarcas persas sucesivos (cf. Esd 6, 14).

Esos sucesos constituyen una nueva etapa en la historia de la salvación, en continuidad con las precedentes. Dicha continuidad viene subrayada por las genealogías que sirven para atestiguar los lazos existentes entre la población que lleva a cabo la restauración y el pueblo que había vivido en esa tierra hasta el Destierro. Se trata de diversas generaciones de personas, pero del mismo pueblo al que Dios había elegido desde mucho tiempo atrás.

Cuando las murallas de la ciudad fueron reconstruidas y el Templo se reedificó, también se reorganizó la vida nacional y religiosa del pueblo. En ese momento era importante hacer notar los lazos de continuidad entre los antiguos y nuevos lugares e instituciones. El altar y el Santuario fueron construidos «en su lugar» (cf. Esd 3,3 y 6,7 respectivamente). Los utensilios que los deportados transportaron a su regreso hasta Jerusalén para uso del Templo eran los que Nabucodonosor se había llevado a Babilonia (cf. Esd 1,7-11). Tanto los sacerdotes como el personal que servía en todo lo relacionado con el culto eran los descendientes de los que con anterioridad se habían ocupado de esas tareas (cf. Esd 2,36-63; Ne 7,39-65).

Esa continuidad, subrayada en estos libros, constituye un elemento importante de su enseñanza, ya que ofrece un testimonio importante acerca del modo en que Dios conduce la Historia de la Salvación, avanzando y progresando al paso de los tiempos, haciendo surgir respuestas nuevas a las diversas situaciones que se presentan, pero manteniendo siempre la identidad de los fundamentos, mediante fuertes lazos de fidelidad a los orígenes.

De modo análogo a lo que señalábamos en los libros de las Crónicas, es más fácil encontrar en estos libros alusiones a datos o textos consignados en libros anteriores, como los que acabamos de señalar, que ecos de estos libros en los posteriores, que son prácticamente inexistentes.

Estos libros se han interpretado en la tradición cristiana sobre todo en sentido espiritual, buscando en ellos lecciones acerca de la edificación de la Ciudad de Dios, es decir, de la Iglesia. Además de esa perspectiva general, la figura de Esdras es contemplada como un anticipo de algo que Jesucristo realizaría en plenitud: así como Esdras instruyó en la Ley de Moisés al pueblo de Dios, Jesús enseñó esa ley y la llevó a su perfección (cf. Mt 5, 17).

BIBLIOGRAFÍA

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