9. LAS HISTORIAS DE LA ÉPOCA HELENÍSTICA (repaso)

Después de los libros de las Crónicas, Esdras y Nehemías, en las Biblias cristianas vienen a continuación los libros de Tobías, Judit y Ester. Los libros históricos se concluyen con los libros primero y segundo de los Macabeos. De todos ellos hablaremos, aunque brevemente, en esta lección.

Estos libros difieren notablemente de los anteriores y también entre sí, por lo que no se puede decir que formen un bloque unitario. Tienen, sin embargo, algunas características que los diferencian de los demás textos históricos precedentes. Una primera, y significativa, es que la versión canónica de la mayor parte de ellos está en griego, mientras que todos los anteriores estaban escritos en hebreo, salvo algunas partes en arameo en el libro de Ester. Además estos otros libros han sido redactados en una época más reciente que los primeros, cerca del tiempo en que vivió Jesucristo, cuando la cultura helenística llevaba ya bastante tiempo implantada en Palestina. Aunque sus autores se mantienen fieles a la religión de Israel, en muchos casos adoptan una lengua y unos modos de expresar la historia que son característicos del influjo cultural griego.

El libro de Tobías

san-rafael-arcangel.jpgEl libro de Tobías es uno de los llamados libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Su tradición textual es compleja. Ha llegado hasta nosotros de tres formas distintas, según los manuscritos en los que se encuentra:

  • Una, en griego, es la representada por el códice Sinaítico (S) (siglos IV-V C.). Es la forma más larga, y coincide fundamentalmente con las versiones latinas.
  • Otra forma, también en griego, es la contenida en los manuscritos Vaticano (B) y Alejandrino (A) (siglos IV y V C.). Es más breve que la anterior y presenta una redacción más elegante. Muchos estudiosos consideran que esta forma es una corrección de la anterior.
  • Existe una tercera redacción, intermedia en amplitud, atestiguada por algunos códices minúsculos griegos y en la versión siriaca, pero esta forma es considerada secundaria respecto a las anteriores.

Además de los textos griegos mencionados existen unos pequeños fragmentos escritos en arameo hallados en Qumrán. Este hecho, junto al carácter semitizante del griego del códice Sinaítico, hace que se discuta entre los estudiosos si el libro se compuso originariamente en griego, en arameo o en hebreo. En cualquier caso, el texto griego es el que ha sido recibido como canónico por la Iglesia, sin que ésta opte por una forma u otra.

Lectura del libro de Tobías

El libro puede ser dividido en tres partes:

  • En los tres primeros capítulos (Tb 1,1–3,17) se narran las historias de Tobit y su familia, que viven en Nínive (Asiria), y de Sara y su familia, que están en Ecbatana (Media). Son dos familias de judíos piadosos deportados de Israel, a los que golpea la desgracia a pesar de su fidelidad a Dios y a la Ley.
    • Primero se describe con detenimiento el infortunio de Tobit, un hombre que practica las obras de misericordia, pero al que todo se le va complicando hasta el punto de quedar ciego y sumido en la pobreza. A eso se le suma la incomprensión que encuentra en su esposa. En esa situación eleva su oración a Dios pidiendo la muerte.
    • Por su parte, la desgracia de Sara consiste en que los siete maridos a los que ha sido dada por esposa han muerto la noche de bodas, porque los mataba el demonio Asmodeo. Además su dolor se agrava por el desprecio que le muestra la criada de su padre. También Sara ora al Señor pidiendo la muerte.

Ambas oraciones, la de Tobit y la de Sara, llegan al mismo tiempo al Señor, que decide socorrerles enviando al ángel Rafael.

  • La parte central de libro (Tb 4,1–10,14) se dedica a narrar el viaje de Tobías, hijo de Tobit, a Media, acompañado por el ángel Rafael para buscar un dinero que Tobit había dejado allí en depósito cuando la fortuna le era favorable. El ángel no es reconocido como tal, ya que aparece bajo la forma de un joven a quien contratan como guía de Tobías.
    • En la primera etapa del viaje capturan un pez que había atacado a Tobías en el río Tigris. Por indicación del ángel, Tobías guarda la hiel, el corazón y el hígado del animal que servirán para alejar al demonio y para curar la ceguera.
    • Al llegar cerca de Ecbatana, donde vive Sara, el ángel comunica a Tobías que según la Ley debe tomar a la joven como esposa por ser su pariente más próximo. A las objeciones de Tobías por el temor al demonio que había hecho morir a los siete maridos de Sara durante la noche de bodas, el ángel le indica cómo podrá ahuyentar a ese espíritu maligno. Y así sucede, en efecto. Llegan a casa de Sara, la piden a su padre en matrimonio y celebran con alegría la boda, sin que ocurra ningún mal.
    • Tobías manda al ángel a recuperar el dinero y, pensando en sus padres, cuya situación en espera del hijo se describe en un inciso, Tobías, Rafael y Sara con su séquito vuelven a Nínive.
  • La parte final de la obra (Tb 11,1–14,15) narra lo sucedido en Nínive a la llegada de Tobías y sus acompañantes. o Tobías cura a su padre de la ceguera con la hiel del pez, Tobit bendice a su nuera, y el ángel Rafael manifiesta su verdadera identidad y desaparece.
    • Entonces Tobit prorrumpe en un canto de alabanza a Dios y deja a su hijo su testamento espiritual.
    • Después, tras la muerte de su madre, Tobías y Sara se trasladan a vivir a Media, tal como les había indicado Tobit, que conocía y creía las profecías sobre la destrucción de Nínive.

Este libro delicioso dibuja un relato familiar de judíos en la diáspora. Es una narración compuesta con el fin de exhortar a quienes viven fuera de su tierra a confiar en Dios, a alabarle, a practicar las obras de misericordia, y a mantener la identidad judía tomando como esposas a mujeres de su misma raza. Se considera que este libro fue compuesto un poco antes de la época Macabea, hacia el año 200 a.C.

Relecturas del libro de Tobías, y su recepción en la fe de la Iglesia

El lector cristiano encuentra en el libro de Tobías un ejemplo de cómo Dios escucha y atiende la oración de quien se dirige a Él desde la intimidad de su corazón, tal como enseña nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 6,6; 7,7-11). Pero además, a la luz de las palabras del Evangelio, se comprende mejor el sentido de los acontecimientos que marcan la vida de los protagonistas del libro de Tobías: todo concurre para el bien de los que aman al Señor (cf. Rm 8,28). La enseñanza de Jesús sobre la Providencia divina y la confianza que el hombre ha de depositar en ella no sólo confirma la doctrina al respecto del libro de Tobías, sino que la hace más radical, al decir que Dios sabe lo que necesitamos aun antes de pedírselo (cf. Mt 6,8.32), e invitar a buscar primero el Reino de Dios (cf. Mt 6,33).

Asimismo nuestro Señor ratifica las exhortaciones de Tobit a dar limosna y practicar las obras de misericordia, aunque no sólo con los propios correligionarios (cf. Tb 2,2) sino con cualquier necesitado (cf. Mt 25,31-46; Lc 10,29-37), insistiendo al mismo tiempo en la rectitud de intención (cf. Mt 6,1-49).

La enseñanza del libro de Tobías sobre la acción de Dios a través de su ángel, viene confirmada en el Nuevo Testamento, donde también aparecen los ángeles como emisarios de Dios con misiones determinadas (cf. Lc 1,26; 22,43), e incluso se habla del ángel que protege a cada hombre (cf. Mt 18,10).

Señalemos finalmente que la petición de Tobit sobre la reconstrucción de Jerusalén se cumple con la venida de nuestro Señor Jesucristo, no en el sentido físico de una ciudad material, sino en cuanto que todos los hombres, judíos y gentiles, son congregados en la Iglesia, la nueva Jerusalén que aparecerá gloriosa al fin de los tiempos (cf. Ap 21,1-22,5).

El libro de Judit

judithJudit es, como Tobías, uno de los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento, es decir, forma parte del canon cristiano pero no del canon hebreo. Se conservan varias familias de manuscritos de un texto griego, que se suele considerar que es traducción de un original semítico. Las traducciones vetus-latina y siriaca proceden del texto griego, pero en la Vulgata San Jerónimo hizo una revisión de antiguas traducciones latinas teniendo a la vista un texto arameo.

Lectura del libro de Judit

El argumento del libro habla de la presencia de Dios en medio de su pueblo, que sufre y combate por Él, y del triunfo de los judíos sobre sus enemigos. Su desarrollo se puede dividir en dos apartados:

  • En la primera parte (Jdt 1,1-7,32) se describe la campaña de un ejército poderoso que se dirige hacia Jerusalén y que, cuando está próximo a culminar su avance, pone asedio a los israelitas en la ciudad de Betulia.

Al principio, se señala que Nabucodonosor fue haciéndose temible gracias al potencial guerrero de sus tropas, y a continuación, se narra el impresionante avance de su ejército mandado por Holofernes, que se acerca a los israelitas, mientras que ellos invocan atemorizados la protección de Dios. Cuando Holofernes ya ha puesto cerco a Betulia y está tratando con los jefes de sus tropas acerca del asalto de la ciudad, uno de ellos, Ajior, el amonita, proclama ante sus aliados la grandeza del Dios de Israel. Pero el asedio impuesto a Betulia lleva a sus habitantes a una situación límite al borde de la rendición.

  • Cuando se inicia la segunda parte (Jdt 8,1-16,25), la situación ha llegado a ser desesperada. Judit reza confiadamente y pide a Dios que la ayude a llevar a cabo lo que ha pensado para salvar a su pueblo. Su plan es audaz y peligroso: sale de la ciudad y se dirige al campo enemigo; allí logra tener acceso hasta Holofernes y éste, tras un banquete ofrecido a sus oficiales, cae rendido por el sueño, totalmente ebrio. Judit aprovecha el momento para cortarle la cabeza y llevarla en un saco a Betulia. Ajior, el amonita, que había sido acogido por los hijos de Israel tras haber sido expulsado del campamento enemigo por Holofernes, al enterarse de lo sucedido, creyó en Dios y se incorporó a la casa de Israel. El gran ejército que había dominado a muchos pueblos y había acosado a los israelitas se dispersó.

El libro termina con una exaltación de la figura de Judit que, después de subir a Jerusalén junto con todo el pueblo para consagrar a Dios su parte del botín, pasó en Betulia el resto de su larga vida, feliz, honrada y estimada por todo el pueblo.

En su redacción se pueden encontrar expresiones típicas de la época persa, como preparar la tierra y el agua (cf. Jdt 2,7), la mención del «dios del cielo» (cf. Jdt 5,8), o los nombres de Holofernes y Bagoas, pero también se encuentran muchos elementos griegos como la mención de la «gerousía» (o consejo de los ancianos) de Jerusalén (cf. Jdt 11,14), el empleo de coronas (cf. Jdt 3,7), o la alusión a un rey Nabucodonosor divinizado (cf. Jdt 3,8). Además, el marco geográfico parece fantasioso, ya que muchos topónimos, entre ellos Betulia, se resisten a todo intento de identificación.

Su particular género literario está lleno de elementos simbólicos: Nabucodonosor, prototipo de los enemigos de los judíos, podría ser Antioco IV Epifanes, y Nínive sería Antioquía (capital del reino Seléucida); la pequeña ciudad de Betulia, que resiste heroicamente, es símbolo de todo Israel; Judit (que significa «la judía»), joven y hermosa, piadosa e intrépida, personaliza al pueblo entero que se enfrenta audazmente a enemigos poderosos en fuerza y en ciencia, con el sólo auxilio de su fe y su confianza en Dios.

La redacción del libro de Judit probablemente habría que situarla en la época asmonea (142–63 a.C.), tras la dura la persecución de Antíoco IV Epífanes y la revolución macabea.

Relecturas del libro de Judit, y su recepción en la fe de la Iglesia

Ni el libro de Judit, ni su heroína son citados explícitamente en el Nuevo Testamento. Sin embargo, sí que hay una alusión muy significativa a su texto, cuando Isabel se dirige a Santa María con el mismo saludo con el que Ozías cantaba a Judit: «Bendita tú entre las mujeres» (Lc 1,42; cf. Jdt 13,18). Debido a esta expresión, y a la ponderación de otras cualidades de Judit resaltadas por el texto, a lo largo de la historia de la Iglesia se llegó a considerar a Judit como tipo de María. De hecho, en la Liturgia de las horas, se aplican a Santa María algunos textos que cantan la grandeza de la heroína judía (cf. 13,18-20; 15,9).

Como en otros escritos narrativos del Antiguo Testamento, los Padres y los escritores eclesiásticos han visto en el libro de Judit un ejemplo de la Providencia de Dios que no abandona nunca a su pueblo. También comparten con este escrito la visión de la elección preferencial de Dios por lo humilde, por lo que parece poco, para confundir a lo que parece mucho: así una mujer, más débil que el hombre en cuanto a su fortaleza física, es más fuerte por su valentía y su confianza en Dios (cf. S. Clemente Romano, Ad Corinthios 55,3-5; S. Ambrosio, De viduis 38ss.).

La figura de Judit es vista también como modelo de otras virtudes. Es ejemplo de coraje, de castidad, de oración confiada a Dios, y, por su entereza final al rechazar a quienes la pretendían en matrimonio, San Ambrosio la pone como modelo para las viudas que deciden vivir dedicadas a Dios.

El libro de Ester

El libro de Ester figura en las ediciones de la Vulgata latina inmediatamente después de los libros de Tobías y Judit. Con él se cierra ese grupo de tres libros de amable lectura y llenos de sentido religioso que siguen a los de Esdras y Nehemías. En la mayor parte de los códices de la traducción griega de los Setenta se sitúa en un lugar análogo, hacia el final de los libros históricos del Antiguo Testamento, aunque delante de Judit y Tobías. En la Biblia Hebrea se incluye entre los Escritos. Es uno de los cinco megil·lot, es decir, de los cinco rollos de pergamino que se leen en algunas fiestas judías. El libro de Ester se lee en las sinagogas en Purim, fiesta popular que los judíos celebran con banquetes e intercambio de regalos.

Los diversos manuscritos del libro de Ester que han llegado hasta nosotros presentan algunas diferencias entre sí. Se conservan manuscritos del texto hebreo y del texto griego de este libro, así como de traducciones antiguas a otras lenguas. Al comparar el texto griego con el hebreo se puede advertir que el griego no es una simple traducción del hebreo, sino que lo completa con varios añadidos de notable extensión. También hay algunas diferencias entre los diversos textos griegos que se conocen de este libro.

Lectura del libro de Ester

El libro de Ester, en su versión canónica —que es la que sigue el texto griego, más extenso—, narra la historia de cómo Dios escuchó las oraciones de su pueblo y lo salvó de un grave peligro, surgido por una persecución que sus enemigos habían suscitado contra ellos; esto lo hizo guiando suavemente los acontecimientos con su providencia ordinaria.

Todo el argumento se sintetiza de modo misterioso en la narración del sueño de Mardoqueo que figura al principio del libro, y se explica con la interpretación de ese sueño que se ofrece al final. Los protagonistas van apareciendo poco a poco, y la tensión se hace más fuerte, hasta que Hamán, el enemigo de los judíos, cae en desgracia, cambia el parecer del rey y se autoriza a los judíos a preparar su defensa. El relato se estructura así:

Comienza con la exposición del sueño de Mardoqueo (1,1a-1k).

  • Ester, una muchacha humilde convertida en reina (1,1–2,18). El rey Asuero decide repudiar a su esposa Vasti y su lugar es ocupado por Ester, una muchacha judía, huérfana de padre y madre, que había sido criada por su tío Mardoqueo.
  • Mardoqueo y Hamán se enfrentan (2,19–3,6) Entran en escena el personaje más significativo de los judíos (Mardoqueo) y de sus enemigos (Hamán). Mardoqueo denuncia una conspiración contra el rey, favor por el que no recibe ningún beneficio. En cambio, Hamán alcanza el favor real y su odio hacia los judíos se va encendiendo debido a que Mardoqueo se niega a reverenciarlo.
  • Decreto de exterminio de los judíos (3,7-15a). Hamán hace valer su influencia ante el rey y logra que se dicte un edicto para que los judíos sean exterminados en todas las provincias del imperio el mismo día, el trece del mes de Adar.
  • Los judíos claman a Dios (3,15b–4,17kk). Los judíos, al tener noticia del decreto, quedan consternados y oran a Dios. Mardoqueo pide a Ester que interceda por su pueblo, y tanto Mardoqueo como Ester se dirigen al Señor en oración.
  • Mardoqueo se impone sobre Hamán (5,1–6,14). Apoyada en su oración y en la de todo el pueblo, Ester se presenta ante el rey para solicitarle que acuda a un banquete que ha preparado, y en el que piensa interceder por su pueblo. Aquella noche, en medio del insomnio, el rey se acuerda del favor que le había prestado Mardoqueo y decide recompensarlo.
  • Dios salva a su pueblo del exterminio (7,1–10,3a). Hamán cae en desgracia ante el rey y es ahorcado, y Mardoqueo ocupa su puesto. Con los poderes recibidos se escribe de parte del rey a todas las provincias autorizando a los judíos a defenderse de sus enemigos. El día establecido para su exterminio, los judíos se desquitaron de sus perseguidores. Para festejar el gozo de esta liberación se instituye la fiesta de Purim, que se celebrará todos los años.
  • El libro termina con la interpretación del sueño de Mardoqueo con el que comenzaba (10, 3b-3k).

Las diferencias que presentan los distintos manuscritos de este texto posiblemente son consecuencia de su largo y complejo proceso de composición. El núcleo central del argumento de este libro evoca la persecución sufrida por los judíos que vivían dispersos en el imperio persa. Su autor, haciéndose eco de esos recuerdos, escribió una hermosa narración para que fuese leída en la fiesta de Purim y sirviera para instruir al pueblo acerca de la perpetua fidelidad de Dios, que nunca abandona a los suyos.

Más adelante, otro u otros autores redactaron un texto nuevo traduciendo al griego el original hebreo y completándolo con algunos pasajes que servían para explicar mejor la intervención de Dios en la historia y dejar constancia de la importancia de la oración para que el Señor ayudase a su pueblo. El libro adquirió de este modo su forma actual. No se sabe con certeza cuándo sucedió esto, aunque la frase con la que termina el libro en el texto griego ofrece algunas pistas: «Durante el año cuarto del reinado de Tolomeo y Cleopatra, Dositeo, que afirmaba ser sacerdote y levita, y su hijo Tolomeo llevaron la presente carta relativa a los Purim, afirmando que se trataba de la carta auténtica traducida por Lisímaco, hijo de Tolomeo, originarios de Jerusalén» (Est 10, 3l). De acuerdo con esta indicación, eso sería el año 114 a.C., si se tratara de Tolomeo VIII, o el 77 a.C. si fuera Tolomeo XII. En cualquier caso, todos los demás datos apuntan también a finales del siglo II o primera parte del siglo I a.C.

En los códices cristianos de la Biblia, escritos en lengua griega, se reproducía ese texto más amplio, que fue el aceptado como canónico por la Iglesia, y no sólo la parte redactada en hebreo, que es la única que pasó a formar parte del canon judío.

Relecturas del libro de Ester, y su recepción en la fe de la Iglesia

El libro de Ester nunca se cita explícitamente en el Nuevo Testamento, pero es evocado en algunas ocasiones por los Padres de la Iglesia y los escritores eclesiásticos. Los acontecimientos narrados en el libro son vistos como un paradigma de la Providencia de Dios con su pueblo. Ante un enemigo mucho más poderoso que Israel, Dios ejerce su acción liberadora cambiando inesperadamente los designios de los hombres. Ahora bien, el libro subraya también que Dios cuenta con la correspondencia humana. Por eso, se ensalza a menudo la valentía de Ester (cf. S. Clemente Romano, Ad Corinthios 55,3.6) que arriesga su vida en favor de los demás miembros de su pueblo (Est 4,16).

En este mismo contexto, el libro se presenta como un compendio de las virtudes necesarias para conseguir el favor de Dios. Así el texto se complace en señalar la humildad de la heroína (Est 1,1), su fidelidad a los mandamientos de Dios (Est 2,2), la oración y el ayuno que acompañan la petición a Dios (Est 4,16), etc.

En la liturgia de la Iglesia, Ester es considerada como una figura de la Virgen María. La dignidad real de la heroína hebrea, la grandeza de su alma y la eficacia de su mediación ante el rey han sido motivos de esa tipología. En la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes se aplican a Nuestra Señora palabras que encontramos en este libro.

Por todo ello, Ester entrará en la tradición de la Iglesia como uno de los eslabones de la cadena de las paradojas de Dios en el camino de la salvación de los hombres: «Serán sobre todo los pobres y los humildes del Señor (cf. So 2,3) quienes mantendrán esta esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la figura más pura es María» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 64).

El libro primero de los Macabeos

rebelion_de_los_macabeos.jpgSe conservan cuatro libros con el título de «Macabeos», pero sólo dos de ellos están en relación con el movimiento macabeo, que son los dos libros incluidos en el canon cristiano de la Escritura. Ninguno de ellos forma parte del canon judío actual. El título deriva del apodo dado a Judas, Maccabí, el protagonista de la lucha contra Antioco IV Epifanes (cf. 1 M 5,34). Los dos libros canónicos son totalmente independientes entre sí, en cuanto al autor, tiempo de composición y finalidad, aunque se refieren al mismo periodo histórico.

El texto original del libro primero estaba en hebreo, y tanto Orígenes como San Jerónimo llegaron a conocer ese texto, que se ha perdido. Actualmente sólo se conservan versiones griegas del mismo. Por otra parte, aunque no se tuvieran noticias de la existencia de ese texto hebreo anterior, la abundancia de giros semíticos en el griego indicaría con bastante probabilidad que se trata de una versión literal del hebreo.

El libro segundo fue compuesto directamente en griego.

La transmisión de los dos libros canónicos también ha seguido caminos separados. Por ejemplo, en el códice Sinaítico sólo figura el primero, en el Vaticano, ninguno, y en el Alejandrino, los dos.

Lectura del libro primero de los Macabeos

El primer libro de los Macabeos trata sobre los inicios de la dinastía asmonea. Comienza con la llegada de Antioco IV al trono de Siria y termina con la muerte de Simón, el último superviviente de los hermanos de Judas Macabeo. Su contenido es el siguiente:

  • En el primer capítulo (1 M 1,1-64) se cuenta que Antíoco IV, con la colaboración de algunos judíos influyentes, intenta imponer en Jerusalén las costumbres griegas. Las leyes y costumbres judías quedan abolidas y se castiga con la muerte a quienes las sigan. El Templo de Jerusalén es profanado y convertido en templo pagano. En Jerusalén se construye una fortaleza –la Ciudadela– donde se establece un fuerte contingente militar sirio que controla la ciudad y sus alrededores. La religión judía parece destinada a desaparecer.
  • Ante tal situación reacciona la familia de Matatías (1 M 2,1-70). Él y sus hijos emprenden acciones que al principio se desarrollan en forma de guerrillas por los alrededores de Jerusalén. El motivo es exclusivamente la defensa de su libertad religiosa; a la familia de Matatías se unen personas que seguían practicando el judaísmo y que reciben el nombre de «asideos» o piadosos.
  • La sección central y más extensa del libro (1 M 3,1–9,22) está protagonizada por Judas Macabeo, hijo de Matatías que, a la muerte de su padre, toma el liderazgo de la rebelión, organiza un pequeño ejército, y se enfrenta primero a algunos destacamentos locales aliados de los sirios, y después al propio ejército sirio que estaba en la zona a las órdenes de Lisias.
    • Al principio, las victorias del Macabeo son aplastantes, según se cuenta en el libro. Judas consigue que se respeten las costumbres judías en Judea, y que el Templo pase otra vez a manos de los judíos, que lo purifican y dedican de nuevo al Señor.
    • Pero Judas no se conforma con la relativa libertad religiosa que ha conseguido en Judea, y emprende acciones militares en los territorios de alrededor para auxiliar a los judíos que viven en ellos.
    • Entretanto muere Antíoco IV y le sucede su hijo Antíoco V Eupátor que, ante los avances del Macabeo, envía un gran ejército contra él, de nuevo bajo el mando de Lisias. Judas y los suyos han de refugiarse en una parte de la ciudad santa; pero la llegada de Filipo, rival político de Lisias, a Antioquía hace que éste abandone el cerco de Jerusalén y regrese ofreciendo un armisticio a Judas. Por entonces llega desde Roma el hijo de Seleuco IV (hermano de Antíoco IV), Demetrio I, que da muerte a Antíoco V y a Lisias; y, atendiendo el ruego de algunos judíos traidores a la Ley, envía a Nicanor a atacar al Macabeo. Éste vuelve a vencer, hace un pacto con los romanos, y sigue resistiendo al ejército sirio hasta que muere en la batalla.
  • A la muerte de Judas, su hermano Jonatán se pone a la cabeza del alzamiento (1 M 9,23–12,54). Con enorme habilidad política, y aprovechando las ventajas que le ofrecen los distintos aspirantes al trono de Siria, Alejandro Balas y Demetrio II, consigue hacerse con el cargo de sumo sacerdote, llega a controlar la situación militar en Palestina y ratifica los tratados con Roma. Sin embargo, morirá en una emboscada.
  • A Jonatán le sucede en el liderazgo su hermano Simón, que consigue la plena independencia política de Judea, aprovechando, igual que Jonatán, las luchas por el poder entre los reyes de Siria, ahora entre Trifón y Antíoco VII. Simón muere asesinado por su yerno, pero le sucede su hijo Juan Hircano que, mientras todavía vivía su padre, ya había tenido gran éxito en campañas militares. Con la muerte de Simón, alabado por el autor sagrado y por el pueblo, se concluye la historia narrada en este libro (1 M 13,1–16,20).

El autor de este libro se sirvió de varias fuentes para llevar a cabo su tarea. A lo largo de la obra se alude a documentos oficiales que el autor pudo consultar en los archivos del Templo (cf. 1 M 14,49): los anales de los sumos sacerdotes, a propósito de Jonatán y Simón (cf. 1 M 16,24), el elogio de Simón grabado en bronce (cf. 1 M 14,24-45), y algunas cartas de los reyes seléucidas y del senado romano dirigidas a Judas, Jonatán y Simón (cf. 1 M 5,10-13; 8,23-32; 10,18-20.25-45; 11,30-37; 12,6-18.20-23; 13,36-40; 14,20-23.27-45; 15,2-9.16-21). También pudo utilizar alguna fuente relativa a los monarcas seléucidas de Siria.

Así pues, el autor es seguramente un judío de Palestina, residente quizás en Jerusalén, y fiel devoto de la Ley. La composición del libro habría que situarla alrededor del año 100 a.C.

Relecturas del libro primero de los Macabeos, y su recepción en la fe de la Iglesia

En la época de nuestro Señor Jesucristo seguía vivo el celo por la Ley que vemos reflejado en el libro primero de los Macabeos, si bien ese celo era comprendido de distinta manera por los diversos grupos que se habían ido configurando a partir de la encendida defensa de la religión judía. Los fariseos eran los continuadores de los asideos, aquéllos que en un primer momento se unieron a la revuelta macabea (1 M 2,42), pero que después mantuvieron otra política (1 M 7,13); estaba, por otra parte, el grupo de los saduceos que era más complaciente con la dinastía asmonea; y en el polo opuesto se encontraban los esenios, que rompen incluso con el culto del Templo de Jerusalén, según sabemos por fuentes extrabíblicas. Todos estos grupos, sin embargo, mantenían el celo por la Ley.

A la luz de la fe cristiana, la historia narrada en 1 Macabeos es un testimonio inspirado de cómo Dios fue guiando y dirigiendo la historia del pueblo elegido hasta poco antes del momento mismo de enviar al Mesías, a su Hijo Jesucristo. Ningún otro libro del Antiguo Testamento nos acerca tanto al Nuevo Testamento, desde el punto de vista de la narración de la historia, como el libro primero de los Macabeos.

En el Nuevo Testamento encontramos reflejados los valores espirituales que configuran la historia de 1 Macabeos. Jesucristo los asumió, pero los transformó, a veces radicalmente.

Jesús manifiesta su adhesión a la Ley de Moisés, enseñando que no dejaría de cumplirse ni la más pequeña letra de ella (cf. Mt 5,17-19), pero a la vez interpreta y enseña a cumplirla de otro modo, más exigente, llegando hasta el fondo de esa Ley (cf. Mt 5,20-48). Asimismo establece una ley nueva de amor entre los hombres, que deja atrás aquella ley del talión que regía los actos bélicos de los macabeos (cf. Mt 5,28-47).

Jesús mostró también su celo por el Templo, hasta el punto de realizar un gesto de gran vigor simbólico, como fue la expulsión de los mercaderes (cf. Mt 21,12-17). Pero a la vez, declaró que aquel Templo tenía un carácter provisional, y que el verdadero culto a Dios no dependía del Templo, sino de la adoración al Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24). Más aún, el Evangelio de San Juan enseña que el verdadero Templo es la humanidad santísima de Jesús (cf. Jn 2,22).

Frente a la identificación entre fidelidad a la Ley y rebelión política armada que vemos en el libro primero de los Macabeos, en el Nuevo Testamento encontramos la invitación a una resistencia moral y espiritual ante las persecuciones (cf. Mt 10,16-25); y Jesucristo, por otro lado, establece la separación entre poder político y fidelidad religiosa al proclamar: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21 y par.).

El libro segundo de los Macabeos

El libro segundo de los Macabeos no es continuación del primero, sino que narra de modo diverso, y con más detalle, algunos episodios de la actividad de Judas Macabeo, de la que ya se habló en 1 M 1,1—7,49. Este libro se transmitió unido en bastantes casos a 1 Macabeos, y así, los dos entraron a formar parte de la Biblia cristiana. En el códice Sinaítico sólo figura 1 Macabeos, pero en el Alejandrino se encuentran los dos, uno a continuación del otro. Precisamente por esta posición, la obra que ahora presentamos ha recibido el nombre de 2 Macabeos.

Lectura del libro segundo de los Macabeos

En este libro la narración de los acontecimientos comienza propiamente con Seleuco IV, hermano mayor y predecesor en el trono de Siria de Antíoco IV Epífanes, y termina con la victoria de Judas Macabeo sobre Nicanor, ocurrida en el 161 a.C. La exposición se desarrolla de la siguiente forma:

  • Introducción: cartas a los judíos de Egipto (2 M 1,1-2,32). Comienza con la transcripción de dos cartas, enviadas por los judíos de Jerusalén a los de Egipto con el fin de estimularles a que celebraran, lo mismo que ellos, la fiesta de la Dedicación del Templo (Hanukkah) instituida por Judas Macabeo. A continuación de las cartas, el autor del libro expone el propósito de su obra y la forma en la que va a llevarla a cabo.
  • Profanación y purificación del Templo (2 M 3,1-10,8). Bajo el piadoso sumo sacerdote Onías, la santidad del Templo era inviolable. Pero cuando el sumo sacerdocio estuvo en manos de personas favorables a la helenización, como Jasón y Menelao, la cólera de Dios cayó sobre Israel permitiendo que el Templo fuese profanado y que muchos judíos piadosos sufrieran martirio. Entre éstos sobresalen Eleazar y una madre con sus siete hijos. Pero, debido a la fidelidad de los mártires, la cólera de Dios se cambió en misericordia. Judas venció a Nicanor y a Gorgias, generales sirios, y Antíoco IV Epífanes murió lejos de su tierra. Entonces se llevó a cabo la purificación y dedicación del Templo, y se instituyó la fiesta de Hanukkah para conmemorarlo.
  • Seguridad y paz para los judíos (2 M 10,9-15,39). Judas continuó luchando contra las tropas reales capitaneadas por Lisias y contra las ciudades helenizadas, hasta conseguir el reconocimiento de la libertad de culto para los judíos por parte de Antíoco V. Poco después, Judas salió de Judea en auxilio de los judíos que vivían en otras ciudades, y de nuevo tuvo que hacer frente a los generales sirios, e incluso a Lisias, que le salió al paso acompañado del rey en persona. Pero la bravura de Judas les obligó a retirarse. Al hacerse Demetrio I con el trono de Siria, Alcimo, un nuevo pretendiente al sumo sacerdocio, de tendencia helenizante, logró el apoyo del nuevo rey sirio, y éste envió en su ayuda al jefe de los ejércitos reales, Nicanor, que blasfemó contra el Templo. Pero Judas lo derrotó y le dio muerte. Entonces se estableció una fiesta para renovar anualmente la memoria de esta victoria.

El libro segundo de los Macabeos fue compuesto directamente en griego. En 2 M 2,19-32 el autor deja constancia de la finalidad de su obra y de la fuente que ha utilizado. Explica que ha resumido una historia en cinco volúmenes escrita por Jasón de Cirene, y da a entender que así apoya la petición que se hacía en las cartas precedentes acerca de la celebración de la fiesta de la Dedicación. De la obra originaria de Jasón de Cirene no sabemos nada más que lo mencionado por el autor de 2 Macabeos. Por lo tanto es difícil valorar la exactitud del resumen presentado, ya que, además, no vuelve a hablar de esta fuente a lo largo del libro. Es posible que la obra de Jasón narrase, como el libro primero de los Macabeos, lo referente a «Judas y a sus hermanos» (2 M 2,19), en cuyo caso podría haber sido compuesta después del año 134 a.C., fecha de la muerte de Simón Macabeo, el último de los hermanos de Judas. El libro segundo de los Macabeos habría sido redactado en torno al año 100 a.C., tal vez en Alejandría, donde se conservarían las cartas transcritas al comienzo, la primera de ellas fechada el 124 a.C.

Relecturas del libro segundo de los Macabeos, y su recepción en la fe de la Iglesia

El libro segundo de los Macabeos representa un paso importante en la revelación testimoniada en los libros del Antiguo Testamento, y se acerca a las enseñanzas que aparecerán en el Nuevo. Éste, por una parte, corrobora las ideas de 2 Macabeos, pero, por otra, las trasciende y purifica.

Así, el poder de Dios para resucitar a los muertos y la fe en la resurrección (2 M 7,11-36; 12,38-46) se confirman en la resurrección de Jesucristo (cf. Hch 2,23-24; Rm 1,4; etc.) y en la esperanza de los primeros cristianos (cf. 1 Co 15,1-53). Ahora bien, Jesús corrige aquella representación tan material de la resurrección que aparece en 2 Macabeos y orienta a comprenderla de otra forma al decir que en la resurrección los hombres serán como ángeles (cf. Mt 22,30 y par.; 1 Co 15,44-49).

En el libro segundo de los Macabeos se muestra con claridad que el sufrimiento de los mártires tiene valor salvador para el pueblo, pues mueve a Dios a intervenir en su favor (cf. 2 M 7,38). Esta verdad culmina en Jesucristo nuestro Señor que, por su aceptación de la muerte y su obediencia al Padre, redime al hombre del pecado (cf. Mt 26,28 y par.) y nos hace merecedores de la salvación (cf. Rm 3,24).

La santidad del Templo y la inviolabilidad de la Ley, que aparecen con tanta fuerza en 2 Macabeos, pertenecen al sentir común del judaísmo en tiempos de nuestro Señor Jesucristo. De cómo el Señor asumió y completó aquellos aspectos de la religión judía ya hemos hablado al tratar del primer libro de los Macabeos. Además, los casos de fidelidad a la ley de Dios hasta la muerte, expuestos en 2 Macabeos, pueden ser considerados por los cristianos como ejemplos que cumplen anticipadamente las exigencias de Jesús: «No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (Mt 10,28), o «de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma» (Mt 16,26).

BIBLIOGRAFÍA

7 comentarios en “9. LAS HISTORIAS DE LA ÉPOCA HELENÍSTICA (repaso)”

  1. Dios me los esta bendiciendo y muchas gracias por las enseñanzas q comparten conmigo muchas bendiciones

    Enviado desde Outlook

    ________________________________

  2. Mil gracias y bendiciones

    Por favor una pequeña monición del Evangelio San Juan 14: 1-4

    Gracias !!!!

    ________________________________

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