1. QUÉ ES LA BIBLIA. PRESENTACIÓN GENERAL (Repaso)

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1. La palabra Biblia

La palabra Biblia designa el conjunto de libros sagrados para los cristianos. La denominación procede del judaísmo: el Primer libro de los Macabeos se refiere a los “libros (ta biblia) sagrados”, y lo mismo Flavio Josefo en su apología Contra Apion (1,8). La palabra latina Biblia, que originariamente transcribía el neutro plural de biblion, diminutivo de biblos, pasó a declinarse en femenino singular en el latín medieval.

Las variantes latinas, en plural y en singular, señalan lo que es la Biblia en la cultura cristiana: una biblioteca y un libro, un conjunto de textos y una obra.

2. Antiguo y Nuevo Testamento

En la tradición cristiana, la Biblia está compuesta por dos conjuntos: el Antiguo y el Nuevo Testamento. La expresión Antiguo Testamento proviene de San Pablo (2 Co 3,14) quien se refiere a “la lectura del Antiguo Testamento (tes palaias diathekes)”. Nuevo Testamento designa a los libros originariamente cristianos. La palabra “testamento” aplicada a los conjuntos de libros sagrados es resultado de una metonimia y un desplazamiento semántico.

  • El pueblo de Israel, tal como se narra en los mismos libros, es consciente de haber nacido como resultado de una “alianza” (hebreo, berit), un pacto semejante al pacto de vasallaje que hacía un señor con sus siervos. En el Sinaí, Dios, como Señor, se compromete a darles una tierra y a ser su Dios; los israelitas por su parte se comprometen, en nombre suyo y en el de sus descendientes, a cumplir los mandamientos que Dios les da y a ser pueblo suyo.
  • Cuando los libros de Israel se tradujeron al griego, la palabra berit no se vertió por la palabra griega correspondiente, syntheke, sino por diatheke, que significa propiamente “disposición”: se subrayaba de ese modo la iniciativa y la benignidad de Dios.
  • Jesús afirma que con sus obras –vida, muerte y resurrección– Dios realiza una “nueva alianza” (Mt 26,28 y paralelos) con los hombres, algo que ya había sido anunciado por los profetas (cf. Jr 31,31-32,44).
  • Y el autor de la Carta a los Hebreos (9,15-17) explica la nueva diatheke como “testamento”, como disposición última y definitiva, que no puede cambiarse porque ha muerto ya el testador.

Este es el origen del cambio de alianza hasta testamento. Obviamente, por una suerte de metonimia, Nuevo y Antiguo Testamento designan al continente por el contenido.

3. La Biblia hebrea (TaNaK)

En la tradición judía, la Biblia Hebrea, el Antiguo Testamento de los cristianos, se denomina Mikrá (lectura) o Tanak, un acrónimo de los tres grupos de libros que la conforman: Torá (ley, instrucción), Nevi’im (profetas) y Ketuvim (escritos).

1) La Torá, en griego Pentateuco (cinco estuches), la componen los cinco libros fundacionales del pueblo. En la tradición cristiana se designan con su nombre griego: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio; en la hebrea, con las primeras palabras de cada libro: Bere’shit (“Al principio”), We’elleh shemot (“Éstos son los nombres”), Wayiqrá (“Y llamó”), Bemidbar (“En el desierto”) y ‘Elleh ha-debarim (“Éstas son las palabras”).

  • Narran en primer lugar (Gn 1,1-11,26), sumariamente y con lenguaje común al de las mitologías del momento, la historia del mundo hasta Abraham. El resto del libro del Génesis (11,27-50,26) relata la llamada de Dios a Abraham para que salga de su patria y vaya a la tierra que el Señor le promete dar a sus descendientes, y las vicisitudes que atraviesan en esta tierra cuatro generaciones: las de Abraham, su hijo, Isaac, su nieto Jacob-Israel, y los doce hijos de Jacob. La narración acaba con los descendientes de Jacob en Egipto, donde acudieron movidos por una hambruna y donde fueron acogidos por José, uno de los doce hermanos, que, vendido primero como esclavo, había acabado por ser visir del Faraón.
  • El libro del Éxodo narra la opresión de los egipcios a los israelitas y la liberación de éstos por parte de Dios. En el monte Sinaí, en medio de su éxodo hacia la tierra prometida por Dios, tiene lugar la alianza: Dios prescribe los mandamientos y el nuevo pueblo se compromete a cumplirlos.
  • A estos mandamientos, especialmente a los que tienen que ver con el culto, se dedica el libro del Levítico.
  • El libro de los Números narra las vicisitudes del pueblo desde el Sinaí hasta avistar la tierra prometida.
  • Finalmente, el libro del Deuteronomio, reproduce cuatro discursos de Moisés en los que, antes de entrar en la tierra, el líder que comunicaba la voluntad de Dios al pueblo les recuerda a los israelitas el contenido de la Ley. Muchos de los contenidos de la Torá se repiten en más de un libro, pues el Pentateuco es el resultado de la fusión de documentos anteriores: el decálogo, por ejemplo, se reproduce en el Éxodo (20,1-21) y en el Deuteronomio (5,6-21). Y así otras muchas secciones.

2) Los Nevi’im, se dividen en dos grupos: los profetas anteriores (Nevi’im rishonim) y los profetas posteriores (Nevi’im aharonim): el calificativo se refiere simplemente a los que van primero y a los que les suceden, aunque hay diferencias de género entre los dos grupos.

  • Son profetas anteriores los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes. En su conjunto, estos libros narran la historia del pueblo en Palestina, la tierra prometida: desde la conquista y el asentamiento en la tierra (Josué y Jueces), hacia el siglo XIII a.C. hasta el destierro del pueblo en Babilona a manos de Nabucodonosor a comienzos del siglo VI a.C. (1 y 2 Reyes). Sobresalen las narraciones de los orígenes de la monarquía en Israel, de la monarquía dinástica de David y sus descendientes, y de la construcción del Templo de Jerusalén por parte de Salomón: todo esto se relata en los dos libros de Samuel. Después de Salomón, el pueblo se divide en dos reinos: las tribus del Norte se segregan y forman el reino de Israel, con la capital en Samaría; las tribus del Sur, cuyos reyes siguen la dinastía de David, forman el reino de Judá con su capital en Jerusalén. Los dos libros de los Reyes cuentan, sumariamente y en paralelo, la sucesión de los reinados del Norte y del Sur, hasta la caída de Israel a manos de los asirios a finales del siglo VIII a.C. Después, se narran las vicisitudes del reino de Judá hasta la caída de Jerusalén y la deportación de los judíos principales a Babilonia. Por encima de todos los elementos episódicos de los libros, un tema común –la dianoia del relato– les da unidad: el pueblo no era fiel a la alianza que había contraído con su Dios, y el Señor, por tanto, no estaba obligado a cumplir una alianza que ellos mismos habían roto: el destierro no era una falta de Dios a la alianza. Es el mismo tema que aparece en la predicación de muchos profetas escritores y que se subraya en el libro del Deuteronomio. La crítica también denomina a esta colección la “historia deuteronomista”.
  • Los profetas posteriores de la Tanak los componen los tres rollos de los profetas mayores –Isaías, Jeremías y Ezequiel– y el rollo de los doce profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. A cada uno de estos profetas se le dedica un libro con su nombre. El fenómeno del profetismo era común en Canaán y la historia deuteronomista se refiere tanto a profetas de corte –Natán con David, Gad, etc.– como a círculos proféticos: Elías y Eliseo, por ejemplo. Sin embargo, desde Amós, a finales del siglo VIII a.C., hasta Zacarías, a finales del siglo VI, a.C., aparece en Israel la figura del profeta por vocación: Amós, un agricultor, Isaías, un aristócrata, etc., reciben el impulso del Espíritu de Dios, y proclaman la palabra de Dios ante el pueblo. Con sus oráculos exhortan a sus contemporáneos –al pueblo y a sus dirigentes– a cumplir las leyes de la alianza y denuncian su incumplimiento, anuncian bendiciones aunque también castigos. En sus palabras se encuentra una excelsa doctrina sobre Dios, sobre la justicia social y la rectitud moral. Sin embargo, no fueron siempre atendidos. Por eso, en sus libros las amenazas se alternan con anuncios de ventura, obra del Señor, que instaurará verdaderamente el reino de Dios. Muchos de estos oráculos se conservaron en sus contextos episódicos: unidos unos con otros, en un marco más o menos biográfico, conforman cada uno de los libros proféticos.

3) El tercer grupo de libros tiene un nombre genérico: Ketuvim (escritos). Agrupa un conjunto de libros de género literario diverso:

  • los Salmos (Tehillim, alabanzas, en hebreo) son un conjunto de 150 poemas compuestos a lo largo de varios siglos para ser cantados probablemente en la liturgia del Templo. Los poemas llevan indicaciones paratextuales sobre su forma literaria, el instrumento musical que acompaña, el tono del canto, el autor, etc. El título griego, psalmoi, traduce la palabra hebrea, mizmor (canto), que califica 57 poemas; el hebreo tehillim se refiere a los himnos, otros se califican como sir, odas, etc. Muchos se atribuyen a David.
  • Después de los Salmos, la Biblia hebrea sitúa el libro de Job. Con un marco narrativo –la historia de Job, un hombre de la época de los patriarcas, que sufre la injusticia– el libro recoge diversos discursos en forma poética donde Job y sus amigos se preguntan sobre el sentido de la vida y de las desgracias, sobre la responsabilidad personal y el designio de Dios. El libro plantea preguntas y rechaza respuestas falsas, pero no ofrece una contestación que resuelva todos los interrogantes.
  • El tercero de los Ketuvim es Proverbios: traduce el hebreo meshalim, sentencias, refranes, comparaciones. Se compone de diversas colecciones de sentencias de carácter sapiencial sobre la vida lograda: son muy semejantes a las colecciones de otras culturas contemporáneas de Oriente Medio sobre la educación de los príncipes.
  • El libro de Rut es una suerte de historia ejemplar: escrito con un hebreo arcaico artificial, cuenta la historia de una extranjera, Rut, que acoge la fe en el Señor de Israel, se incorpora al pueblo y acaba por ser la bisabuela del rey David.
  • El Cantar de los cantares es un conjunto breve y estructurado de epitalamios que describen la grandeza del amor entre los esposos, aunque lleno de connotaciones que llevan a entender el poema como un canto al amor entre Dios y su pueblo. Se atribuye al rey Salomón, aunque después el rey resulta uno de los personajes.
  • Eclesiastés, en hebreo Qohelet, tiene una forma parecida a Proverbios.
  • Lamentaciones es una colección de cinco cantos de duelo por la devastación de Jerusalén a manos de Nabucodonosor. Se atribuye a Jeremías y en las Biblias cristianas aparece como un apéndice al libro de este profeta.
  • Ester es la historia de una judía en la época del destierro cuya confianza en Dios evita la aniquilación de los judíos en la época persa. Es semejante, también en los rasgos novelescos, al libro de Rut.
  • Daniel narra algunos episodios que muestran la fidelidad a la Ley de Dios de este profeta y sabio en el destierro de Babilonia. Algunas secciones están escritas en arameo, y son frecuentes las visiones y revelaciones típicas de la literatura apocalíptica.
  • Cierran este grupo de la Biblia hebrea cuatro libros en la forma de historia novelada. Los libros de Esdras y Nehemías narran la restauración de Israel después del destierro de Babilonia, y los dos libros de las Crónicas resumen la historia de Israel hasta la restauración, aunque subrayando la importancia de David y del Templo.

4. La Biblia hebrea y la Biblia cristiana

la-bibliaTodos los libros de la Biblia hebrea están escritos en hebreo excepto algunos capítulos en arameo de Daniel. Sin embargo, en el siglo I de nuestra era ya estaban traducidos al griego, y algunos a otras lenguas como el siríaco o el latín. De los siglos IV-V conservamos códices griegos que incluyen los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. En el siglo V, San Jerónimo editó una versión de la Biblia en latín que se extendió por todo Occidente. De ahí su nombre: la Vulgata. El Antiguo Testamento de la Biblia de la Iglesia Católica reproduce los libros de la Vulgata. La versión incluye siete libros que no figuran en la Biblia Hebrea: Tobías y Judit, Baruc, Sabiduría y Eclesiástico, y los dos libros de los Macabeos. Incluye también formas más largas en algunos libros: añadidos al libro de Ester y, sobre todo, al libro de Daniel (el cantico de los tres jóvenes en el horno y la oración de Azarías, la historia de la casta Susana y la de Bel y el dragón).

  • Estos textos, excepto Sabiduría y Macabeos que nacieron en griego, fueron escritos originalmente en hebreo, aunque llegaron a la Vulgata a través de la versión griega (LXX).
  • Su forma literaria es muy semejante a otros libros de la Tanak: Tobías y Judit se parecen a Rut y Ester, Baruc a los profetas, Sabiduría y Eclesiástico a Proverbios y Eclesiastés, y los libros de los Macabeos a los libros de las Crónicas.

La Biblia cristiana se diferencia también de la hebrea en la organización de los libros. La Vulgata los divide entre libros históricos –por tanto, compone este grupo con el Pentateuco, los profetas anteriores y los libros narrativos del grupo de los escritos–, sapienciales y proféticos: entre estos últimos incluye a Daniel, como cuarto profeta mayor.

Las Biblias de las iglesias nacidas de la Reforma, aunque mantienen este orden de la Vulgata –con los proféticos inmediatamente antes del cumplimiento de la profecía que es el Nuevo Testamento– no incluyen los siete libros que faltan en la Biblia hebreaLas Biblias de las iglesias ortodoxas orientales normalmente incluyen algunos libros más de los 46 de la Biblia Católica.

En resumen:

  • 1) El Antiguo Testamento de la Biblia Católica comprende 46 libros (45 si se cuentan Jeremías y Lamentaciones como uno solo), que vienen distribuidos en tres grandes grupos:
    • a) Libros históricos: los cinco que integran el Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio), más los libros de Josué, Jueces, Rut, los dos libros de Samuel, los dos de los Reyes, los dos de las Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester y los dos libros de los Macabeos.
    • b) Libros didácticos, poéticos o sapienciales: Job, Salmos, Proverbios, Qohélet (Eclesiastés), Cantar de los Cantares, Sabiduría y Ben Sirac (Eclesiástico).
    • c) Libros proféticos: Isaías, Jeremías (con Lamentaciones y Baruc), Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías.
  • 2) La Biblia Hebrea no incluye los libros del que se han reproducido en cursiva en el párrafo anterior y se distribuye de distinta forma:
    • a) Ley: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio;
    • b) Profetas: Josué, Jueces, los dos libros de Samuel, los dos de los Reyes, son los profetas anteriores; Isaías, Jeremías (con Lamentaciones), Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, y Malaquías, son los profetas posteriores;
    • c) Escritos: Esdras, Nehemías, los dos libros de las Crónicas, Rut, Ester, Daniel, Job, Salmos, Proverbios, Qohélet (Eclesiastés), Cantar de los Cantares.
  • 3) El Antiguo Testamento en las Biblias de la Reforma reproduce los libros de la Biblia hebrea aunque con la distribución de la católica.
  • 4) La segunda parte de la Biblia cristiana es el Nuevo Testamento. Consta de 27 libros escritos en griego.
    • a) Los cuatro evangelios –según Mateo, Marcos, Lucas y Juan– son unas narraciones de las palabras y las obras de Jesús, según un género literario semejante al bios, la biografía de la época grecorromana.
    • b) Hechos de los Apóstoles es un relato de la primera expansión cristiana, que probablemente en su origen formaba junto con Lucas una especie de monografía histórica sobre los orígenes del cristianismo.
    • c) Hay también 21 cartas, algunas en forma de epístolas, es decir, de tratados con forma epistolar. Catorce proceden de San Pablo o de la tradición paulina; las restantes, de otros apóstoles.
    • d) Cierra siempre la Biblia, el Apocalipsis: un texto de consuelo y aliento en las dificultades.
  • 5) Ya desde los primeros siglos de nuestra era los textos de la Biblia Hebrea se dividían en secciones (sedarim) y en frases (pesuqim) que organizaban la lectura en la Sinagoga. Algo parecido ocurre en los antiguos manuscritos del Nuevo Testamento cristiano. En 1528, Santos Pagnino, un judío que ingresó en los dominicos, publicó una traducción latina desde los textos originales, donde transformó las divisiones de la Biblia hebrea en capítulos y versículos. En 1551, Robert Stephanus reformó ligeramente la división incluyendo el Nuevo Testamento. Su numeración se mantiene hasta hoy.

5. La inspiración

Lo que caracteriza verdaderamente a los libros de la Biblia es su carácter sagrado. Tanto el judaísmo como el cristianismo consideran que los libros son palabra de Dios. Sin embargo, este carácter no les viene de que sean revelación dictada por Dios y puesta por escrito, como por ejemplo en el Corán, sino de que son resultado de una inspiración, un cierto influjo divino en su composición. Los libros del Antiguo Testamento no se escribieron originalmente para ser tenidos como palabra de Dios sino como narración de la historia del pueblo: desde la creación del mundo hasta la restauración tras el destierro. No hay en ellos ninguna indicación de que su escritura fuese resultado de una revelación, aunque sí se consideraban autoritativos porque la contenían, y en textos tardíos como los libros de los Macabeos son calificados como santos o sagrados. Sí hay, en cambio, muchas referencias a que Moisés o los profetas actuaban y hablaban movidos por el Espíritu divino. En el siglo I, escritores judíos como Filón o Flavio Josefo tienen a Moisés o a los profetas inspirados por autores de los libros. De manera semejante, los escritos del Nuevo Testamento se refieren con frecuencia a expresiones del Antiguo Testamento calificándolas como obra del Espíritu que actuaba en los profetas anunciando de esa manera las acciones salvadoras de Jesucristo. También los autores del Nuevo Testamento afirman repetidamente que los apóstoles enviados por Jesucristo predicaban la palabra de Dios gracias al Espíritu Santo que obraba en ellos.

De este modo, en el judaísmo se tuvo la palabra contenida en las Escrituras no sólo como un testimonio de la acción de Dios en favor de su pueblo sino como palabra profética de la revelación de Dios a su pueblo. En el cristianismo, el Antiguo Testamento quedaba como palabra profética que anunciaba la salvación en Cristo, y el Nuevo como palabra apostólica inspirada que la expresaba (cf. 1 Pe 1,10-12; 2 Pe 1,19-21; 2 Tm 3,14-16).

6. El canon

biblia hebrea.jpgEstas circunstancias explican la noción y las formas del canon bíblico: estos libros se coleccionaban –formaban un canon, una colección– y, por venir de una acción inspiradora de Dios, se tenían por normativos, es decir, por canónicos, por regla de la fe y la conducta. El final de la revelación histórica requería que el corpus canónico pasara a ser un corpus cerrado.

  • El judaísmo, desde finales del siglo I d.C., creía que los libros posteriores a la restauración tras la vuelta del destierro de Babilonia no tenían ese valor canónico, pues no había profetas que pudieran atestiguarlos.
  • Los cristianos en cambio pensaban que la revelación del Antiguo Testamento no había finalizado hasta Cristo, y la del Nuevo duró hasta la muerte de los apóstoles.
  • Como los cristianos eran conscientes de haber recibido los libros del Antiguo Testamento de los judíos, desde el siglo II comenzaron a aparecer dudas sobre el valor de algunos libros de la Biblia griega que utilizaban y que no eran reconocidos en el judaísmo. Son, como se ha dicho arriba, siete libros que pasaron a denominarse deuterocanónicos, es decir, libros de los que se había discutido su canonicidad.

Algunos escritores cristianos como san Jerónimo pensaban que no tenían el mismo valor de regla para la fe. Lo mismo pensaron los promotores de la Reforma protestante. Según su planteamiento, la Iglesia debía ser reformada de las tradiciones humanas y volver a la fe pristina del Evangelio. Por tanto, si la Iglesia había recibido el canon de los judíos, debía proponer el canon de los hebreos, que era el canon de la Iglesia apostólica.

Su equivocación nace de confundir la noción de canon: el cristianismo recibió un canon de libros del judaísmo, pero no un canon cerrado. La lista de la Biblia hebrea que tenían por apostólica era posterior al siglo II d.C. Los descubrimientos en Qumram desde 1947 han dado la razón, si se puede hablar así, a la Biblia católica, pues se han encontrado muchas pruebas de que la mayoría de esos libros discutidos eran tenidos por autoritativos ya unos siglos antes de Cristo.

7. Biblia y Cultura

Finalmente, el carácter canónico y sagrado de la Biblia es el fundamento del lugar singular de la Biblia en la cultura y en la Literatura.

  • Desde el punto de vista de la crítica literaria, los textos de la Biblia no nacen como Literatura. Tienen su origen en la identidad histórica y religiosa de la comunidad que los produce. En algunos casos, su género literario coincide con el de otras obras contemporáneas o anteriores, de las que toman incluso algunos motivos. En el Antiguo Testamento pueden encontrarse narraciones ejemplares (Rut, Ester, Tobías, etc.), formas poéticas (Salmos, Cantar de los Cantares, Lamentaciones), etc. Sin embargo, carecen de un estilo elevado. Todo ello se acentúa todavía más en el caso del Nuevo Testamento, que conocemos mejor porque conservamos más obras contemporáneas y que está precedido de una teoría literaria incipiente difundida en la cultura helenística. Los libros del Nuevo Testamento en su origen son resultado de la memoria histórica de Jesús y no tienen finalidad literaria. Es cierto que comparten características de género con otras obras: los evangelios con los bioi de la literatura grecolatina, algunas cartas de San Pablo con las epistulae, etc. Sin embargo, su estilo es popular, no cultivado, no obra de profesionales de la Literatura. La crítica moderna las calificó en la Kleinliteratur, lejos de la Hochlitetatur de los autores consagrados.
  • Sin embargo, la Biblia ocupa un lugar único en la Literatura occidental en virtud de la intertextualidad.
    • E. Auerbach hizo notar con la noción de “figura” que los tipos y formas de la Biblia conforman un paradigma que se reescribe en toda la literatura occidental. También llamó la atención sobre el “Sacrae scripturae sermo humilis” cristiano que acabó por derribar el clasicismo grecorromano y su diferencia entre el lenguaje elevado y el bajo.
    • N. Frye extiende el fenómeno a toda la configuración literaria con su tesis sobre los mythoi.
    • R. Girard muestra cómo los grandes escritores occidentales toman prestados sus motivos, sus deseos, sus temas, de otros literatos y, al final, de los personajes y situaciones de la Biblia.

Estos fenómenos, todavía no sistematizados totalmente, al menos de manera teórica, son los que permiten concluir que la Biblia es como la lengua materna de Europa (Goethe) o que constituye el jardín de las referencias de la literatura occidental (Claudel). Pero el origen no está en la forma literaria original de los libros sino en su pretensión de verdad.

8. La Biblia en la fe de la Iglesia

Pero la Biblia ha sido y es importante en la cultura porque se entiende como Palabra de Dios. Esta afirmación no aparece en la misma Biblia –al menos no directamente– porque la Biblia, contrariamente a lo que ocurre, por ejemplo, en el Corán, no se entiende como revelación directa de Dios. La Biblia se entiende como Palabra de Dios en la Iglesia. La Biblia es el instrumento –el sacramento, dicen los Padres de la Iglesia– a través del cual habla Dios a la Iglesia y en la Iglesia. Esta noción se deriva de un conjunto de realidades –y por tanto, de nociones y de ideas– que van coaligadas con la Sagrada Escritura. Son el objeto del tratado de “Introducción a la Sagrada Escritura” en los estudios de Teología y, por tanto, el objeto de estas páginas. En concreto:

  1. La Biblia se coloca en primer lugar en relación con la Revelación de Dios. Los libros sagrados en la revelación cristiana no aparecen como revelación inmediata de Dios. Dios se revela con hechos y palabras. Se revela sobre todo en Jesucristo, el Verbo encarnado. Los libros que aparecen en el curso histórico de esa revelación no son en primer lugar instrumentos de la revelación sino instrumentos de transmisión de esa revelación. Pero, cuando la revelación histórica acaba con la resurrección de Jesucristo, los libros sagrados son, además de instrumentos de transmisión de la revelación, expresión de Jesucristo, mediador y plenitud de toda la revelación. Así lo recibe la Iglesia y así lo propone.
  2. En segundo lugar, el tratado estudia la “inspiración y verdad” de la Sagrada Escritura. La Iglesia confiesa que los libros sagrados ocupan ese lugar de la palabra de Dios en la Iglesia no meramente como resultado del proceso histórico y sociológico que se ha descrito en el párrafo anterior. La Iglesia confiesa además una acción singular de Dios en la composición y recepción de esos libros que hace que puedan llamarse y ser Palabra de Dios. Pero nunca se llaman “palabras” de Dios, ni se tienen únicamente por palabras humanas asumidas por Dios. Los libros son totalmente palabra de Dios y totalmente palabra humana, a imagen de Jesucristo, que es verdadero Dios y verdadero hombre. El estudio de la inspiración de la Escritura intenta esbozar los términos precisos con los que se puede afirmar eso. Por ser palabra de Dios son verdaderos: no pueden engañarnos, y, eso, a pesar de algunas afirmaciones que encontramos en la Biblia. El estudio de la veracidad de la Biblia intenta explicar esta aparente contradicción.
  3. El estudio del canon de la Biblia ocupa la tercera parte de la materia. Examina cómo se han compuesto y recibido los libros de la Biblia en el pueblo que los posee: Israel y la Iglesia. La relación de estos libros –mejor, de la colección completa de los libros– con Jesucristo y la Iglesia justifica en términos históricos la realidad teológica de que la Biblia como canon, como colección y como norma, es la expresión escrita de la Palabra de Dios.
  4. Finalmente, el tratado aborda la interpretación de la Escritura. Interpretación, comprensión y lectura, son aquí términos casi coextensivos. En realidad, un libro que nadie lee no es otra cosa que papel emborrado. Ahora bien, leer correctamente la Biblia es leerla en relación con los tres aspectos señalados arriba.
    1. Leerla, interpretarla, es en primer lugar, leerla como expresión lingüística de la referencia de la que habla. De lo que habla la Biblia es de la revelación y de Jesucristo.
    2. En segundo lugar, la Biblia, como hemos dicho, es palabra humana, por tanto, interpretar la Biblia es interpretarla como se interpreta cualquier libro humano: aunque este libro esté inspirado, es un libro humano inspirado.
    3. Pero, por la inspiración, lo inspirado no es sólo un libro, sino un conjunto de libros que se denomina canon: la Biblia interpreta y es interpretación correcta de la revelación solo en su totalidad, no cada libro individualmente separado del conjunto. Eso señala precisamente la noción de canon: un libro es canónico e inspirado solo en cuanto es parte de todo el conjunto, que es una unidad. Pero no es una unidad literaria: la Biblia no es un libro, es más bien una biblioteca, pero en unidad de unos libros con otros. Todo ello hace que la Biblia exija una interpretación singular.Humana también, pero singular.
    4. Finalmente, la Biblia, como todo texto significa en su contexto adecuado: donde ha nacido y donde vive.

Estos son genéricamente los temas que se tratan en el capítulo de la interpretación de la Biblia.

Bibliografía básica

8 comentarios en “1. QUÉ ES LA BIBLIA. PRESENTACIÓN GENERAL (Repaso)”

  1. La biblia de acuerdo a su etimologia significa libros, entonces es un conjunto de libros( biblioteca), escrita por diferentes autores, con estilos diferentes, en epocas diversas, cuyo autor principal es dios y los ecritores sagrados se llamaban agiografos, siempre inspirados por el espiritu santo.

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