2. El libro de Job [3/4]

Captura de pantalla 2017-07-06 a las 11.34.38 a.m..pngAutor del libro de Job.

Como ocurre frecuentemente con otras obras de la literatura sapiencial bíblica y extrabíblica, no se sabe quién fue el autor de este libro. Aunque Job era un personaje conocido como héroe y modelo de virtudes, y el libro lleva su nombre, no fue él quien lo escribió.

  • Por el estilo y por el conocimiento que demuestra de las tradiciones de Israel, quien lo compuso tuvo que ser un israelita docto. A veces se ha puesto en duda que el autor de Job hubiera pertenecido al pueblo escogido, pues llama la atención que apenas utilice el nombre del Señor (Yhwh). Sin embargo, este hecho probablemente es señal de que en los escritos sapienciales se buscaba un auditorio amplio que tuviera planteados los mismos problemas teológicos y antropológicos que presenta el libro.

Fecha de Composición

Tampoco hay datos suficientes para datarlo con seguridad. El relato en prosa sitúa a Job en la época patriarcal cuando el paterfamilias cuidaba de los suyos y ofrecía sacrificios personalmente, a falta de sacerdotes y de templo. Por estas razones la antigua tradición rabínica —si bien con excepciones— hacía remontar la fecha de composición al siglo XX a.C. No obstante, los comentaristas cristianos más antiguos y muchos Santos Padres ya consideraban que no pudo ser escrito el libro antes del reinado de Salomón.

Modernamente se han ido señalando detalles que concuerdan mejor con una fecha más reciente, entre el siglo VII y el IV a.C., más probablemente en la época persa (siglos V-IV a.C.).

  • Por un lado, tras la experiencia del destierro de Babilonia se agudiza el problema del sufrimiento: ¿cómo Dios puede permitir que un inocente, sea una persona individual sea el pueblo entero de Israel, soporte tan enorme aflicción?
  • Por otro, también durante esos años se extiende el uso del arameo y es, en todo caso, cuando más florece la literatura sapiencial.

Enseñanza del libro de Job

El mensaje del libro de Job no es uno solo. En términos generales puede afirmarse que aborda cuestiones sobre la sabiduría y la justicia de Dios (teodicea), sobre la actitud del hombre ante el dolor (antropología) y sobre la relación del hombre con Dios (ética).

Teodicea.

Los temas acerca de Dios son los más acuciantes. Ya Santo Tomás de Aquino vio en el libro una explicación detallada y profunda de la Providencia divina. Los comentaristas modernos entienden que el libro de Job plantea cómo compaginar la sabiduría divina en la creación y su justicia en la distribución de bienes. Más en concreto, cómo explicar el sentido del sufrimiento de un inocente, es decir, cómo entender la justicia de Dios que al menos permite, y con frecuencia causa directamente, el dolor y la desgracia del inocente. A esta aporía el libro da tres respuestas:

  •  En el prólogo, a partir del antiguo relato sobre Job, enseña que Dios pone a prueba la integridad de los justos: éstos han de demostrar que temen a Dios de balde (Jb 1,9) —es decir, no por el provecho que puede reportarles la rectitud de su comportamiento— y que no llegarán a maldecir a Dios en la adversidad (Jb 2,5). San Juan Pablo II en su exhortación apostólica Salvifici doloris dice que «si el Señor consiente en probar a Job con el sufrimiento, lo hace para demostrar su justicia. El sufrimiento tiene carácter de prueba» (n. 11). Job superó la prueba, permaneció fiel bendiciendo a Dios y no llegó a pecar con sus labios.
  •  En el diálogo de Job con los amigos la respuesta es más ambigua: por una parte, Dios no castiga a los malos o premia a los buenos de forma mecánica: ni el dolor es señal indiscutible de pecado ni el bienestar lo es de rectitud, como lo demuestra la experiencia. San Juan Pablo II en su exhortación apostólica Salvifici doloris, antes citada, también dice que «si es verdad que el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando está unido a la culpa, no es verdad, por el contrario, que todo sufrimiento sea consecuencia de la culpa y tenga carácter de castigo» (n. 11). Sin embargo, quedando claro que la opinión de los amigos no resuelve el problema, no se llega a una conclusión convincente: los discursos de Job vienen a ser una apelación para que Dios mismo dé una respuesta al problema y aporte una solución satisfactoria.
  •  Finalmente, los discursos del Señor incoan la explicación definitiva: dejan entrever que todos los elementos de la creación tienen una razón de ser, incluso los fenómenos atmosféricos que parecen inútiles, como la lluvia en lugar deshabitado o los animales aparentemente necios, como el avestruz que no cuida su propia nidada. No se llega a explicar a fondo el sentido del dolor, pero se abre el horizonte para encuadrarlo en el marco amplio de la creación. Esta respuesta típicamente sapiencial probablemente no aquieta la ansiedad del hombre concreto que sufre, pero supone un gran avance, pues, al contemplar la creación entera, se puede situar el sufrimiento como parte de los misteriosos designios de Dios.

Antropología.

Desde el punto de vista antropológico se enseña también la actitud que debe adoptar el hombre ante su propio sufrimiento, al comprenderse a sí mismo ante la grandeza de Dios creador.

En el libro de Job no está en juego tan sólo su integridad moral o su fe, ni se describe en primer lugar la contienda constante entre la fidelidad del justo y las dificultades que el propio Dios envía. Más bien es una explicación de que ninguna criatura, y menos el ser humano, es ajena al Señor. De Dios depende su riqueza o su pobreza, su salud o su desgracia, la compañía de los amigos o su soledad. En todas estas circunstancias Dios cuenta con el hombre.

No se dice mucho más, pero en el trasfondo queda la idea de que el hombre es una criatura privilegiada, capaz de admirar las cualidades y la finalidad de todos los seres creados, y también de descubrir que su propia existencia, con las circunstancias concretas, es parte del proyecto divino.

Ética.

La relación del hombre con Dios es, sin duda, la enseñanza más clara. Job, a lo largo de la disputa con los amigos, invoca una y otra vez la presencia de Dios como árbitro de su situación. La tensión dramática de los diálogos desemboca en la teofanía del Señor que habla «desde el seno del torbellino» (Jb 38,1). Job, que tantos discursos había pronunciado, reconoce haber hablado a la ligera y decide enmudecer (Jb 40,3-4), no tanto por el contenido de lo que Dios le ha transmitido, cuanto por el mismo hecho de haber sido escuchado.

El hombre, en definitiva, puede intercambiar ideas con los demás hombres, sus iguales, pero también puede comunicarse con Dios; no llegará a resolver todas sus dudas ni descubrirá la solución a todos sus problemas, pero encontrará la acogida y comprensión en Aquel que todo lo sabe y todo lo puede.

[seguimos en 4/4]

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