3. El libro de los Salmos [3/3]

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Aquí describimos algunas características de los distintos géneros literarios de los Salmos

Salmos de súplica

Este tipo de salmos surgen ante la amenaza de una desgracia o en medio de la tribulación, que a veces es presentada ante Dios con tono de lamentación, aunque siempre con un fondo de esperanza. La súplica puede ser individual o comunitaria, según sea elevada por una persona en particular, un «yo» que está sufriendo, o por la comunidad, un «nosotros», que está viviendo momentos de angustia.

Las personas que acudían al Templo en busca de ayuda divina recitaban sus oraciones ante un sacerdote, esperando un oráculo favorable o la declaración de inocencia frente a sus acusadores, y, por supuesto, implorando el auxilio divino. Quizá algunas de las fórmulas recitadas en esas circunstancias se pusieron por escrito. Es posible que, de este modo, en el Templo se fuera creando una selección de esas composiciones. Los salmos de súplica tienen un lenguaje genérico adecuado para este tipo de oraciones, utilizable por cualquiera que se sienta en situación límite.

Un ejemplo conmovedor de este tipo de salmos de súplica individual lo encontramos en el salmo 22, en el que un justo que sufre abre a Dios su corazón, vale la pena releerlo. Hay muchos salmos análogos a éste, en los que se acude a Dios exponiendo una situación dramática, ya sea ante el avance de una enfermedad (Sal 6; 28; 38; 39; 41; 88; 102), o como consecuencia del acoso de los enemigos (Sal 3; 13; 25; 51; 61; 63; 69; 70; 71; 108; 109; 120; 130; 141), aunque, con frecuencia, ambos motivos están entrelazados. De ahí que en dicha súplica sea frecuente pedir perdón por el pecado, que se consideraba causante de la enfermedad, y presentar la propia inocencia frente a las insidias de los enemigos.

Junto a esos salmos de súplica personal, también hay otros salmos de súplica comunitaria, que tienen su origen en oraciones colectivas ante las desgracias sufridas por el pueblo, como guerras, invasiones de pueblos extranjeros, pestes o sequías (Sal 12; 44; 60; 74; 79; 80; 83; 85; 89; 90; 106; 126; 137). La recitación de estos salmos iba acompañada de gestos penitenciales como el ayuno, o el vestirse de saco y ceniza, reconociendo el pecado del pueblo y depositando la confianza en el Señor. Al parecer, eran recitados por el sacerdote que se alternaba quizá con toda la asamblea. Aunque no podamos saber cómo se desarrollaba su recitación, sí que se puede apreciar un elemento peculiar de estas súplicas en los estribillos, que se repiten a lo largo de algunas de estas composiciones.

Salmos de acción de gracias

Junto a la súplica, y en correspondencia a ella, está la acción de gracias a Dios por el beneficio recibido. Este tipo de salmos también tuvo su contexto originario en el Templo, adonde acudía el receptor del beneficio divino para ofrecer un sacrificio en agradecimiento. Es posible que en el mismo acto se pronunciaran frases dirigidas directamente a Dios —a quien se ofrecía el sacrificio—, y otras en tercera persona — danto testimonio ante los presentes de los favores recibidos del Señor—. El salmo 40 es un hermoso ejemplo de acción de gracias que vale la pena leer. Presentan este mismo estilo los salmos 9, 10, 30, 32, 34, 92, 116 y 138. También los hay de acción de gracias comunitaria o nacional, que algunos estudiosos catalogan como salmos de alabanza, que recuerdan acciones salvadoras de Dios en beneficio de todo el pueblo (Sal 65; 66; 67; 75; 105; 106; 107; 118; 124; 129; 134).

Himnos o salmos de alabanza

Las composiciones en las que se proclaman la grandeza y la bondad divinas, y en las que se alaba al Señor, son llamadas «himnos». A Dios se le puede alabar por muchos motivos: por su poder y por sus grandes obras manifestadas en la naturaleza y en la historia, o por el auxilio concedido en una circunstancia concreta, como una victoria frente a los enemigos o por haber enviado la lluvia en tiempo de sequía. También se alaba a Dios cuando se cantan loas a Sion, la ciudad donde Él reside, o al rey a quien Él ha establecido en ella, o cuando se contempla la Ley como un gran don otorgado a su pueblo. Entre los himnos cabe aludir a varios tipos.

a)     Himnos al Dios creador y salvador

Cantan la grandeza de Dios, manifestada en la creación, en su providencia y en la historia de Israel. Como ejemplo os animo a leer el salmo 104, que es como una versión poética del primer capítulo del Génesis. En el libro de los Salmos hay otros himnos análogos en los que se alaba a Dios por la Creación y la salvación del género humano (Sal 8; 19; 29; 33; 100; 103; 105; 111; 113; 114; 117; 135; 136; 145; 146; 147; 148; 149; 150)El contexto originario de estos salmos pudo ser diverso:

  •  fiestas con motivo de las estaciones y acciones de gracias tras la cosecha,
  •  fiestas en las que se rememoraban los acontecimientos salvíficos,
  •  o bien, una victoria sobre los enemigos.
b)     Himnos a la realeza de Dios

Son también llamados «salmos de entronización», y en ellos se proclama que Dios reina sobre todo el universo y sobre todos los pueblos. Un ejemplo representativo de este tipo de himnos es el salmo 96. Además hay otros himnos que ensalzan el dominio de Dios sobre todas las cosas (Sal 47; 93; 94; 96; 97; 98; 99). Estas composiciones pudieron surgir con motivo de alguna fiesta, quizá con ocasión del recuerdo del traslado del arca, trono de Dios, al Templo.

c)     Himnos al rey

Muy relacionados con los anteriores, hay otros salmos en los que se ensalza al rey como instrumento a través del cual Dios gobierna y auxilia a su pueblo.  Hay cinco himnos al rey como éste en el libro de los Salmos (Sal 2; 21; 45; 72 y 110). Su origen habría que situarlo en las ceremonias de entronización de un nuevo monarca, junto con la lectura de oráculos que legitimaban su reinado, o en acontecimientos extraordinarios como las bodas reales.

En el caso del salmo 2, que os animo a leer, los primeros versos aluden a los intentos de sublevación por parte de los reinos vasallos, con ocasión del cambio de monarca, hecho que era muy frecuente en aquel contexto histórico. También se insiste en que el nuevo monarca no reina por su propio poder o en virtud de su ascendencia, sino por «decreto del Señor» que lo ha elegido y le ha prometido el dominio sobre todos los pueblos de la tierra. El reconocimiento de esta realidad es como el acta que legitima la subida al trono. La elección se expresa en términos de generación humana: «Tú eres mi hijo…»; y el día de la coronación es el hoy en el que se cumplen las promesas de Dios a David (2 S 7,14). Esta forma de hablar en sentido figurado queda abierta a un significado más pleno cuando llegue el momento, el hoy del cumplimiento definitivo de las promesas, que se realizaría en Jesucristo.

d)     Himnos a Sion

También llamados Cánticos de Sion (Jerusalén), en ellos se elogia a la Ciudad Santa porque Dios habita en ella y la protege (Sal 46; 48; 76; 87). Su contexto originario podría ser alguna fiesta local o las peregrinaciones a Jerusalén. Tienen relación temática con los Cantos de las Subidas (Sal 84; 95; 120-134), y con los Himnos Procesionales, cuya estructura formal se basa en un diálogo entre quienes llegan al Templo en procesión y los guardianes del santuario (Sal 15; 24; 46; 68; 132). Muchas de estas composiciones expresan la alegría al acercarse a Jerusalén.

Salmos sapienciales

Mencionemos, por último, un tipo singular de composiciones poéticas, que son las que ensalzan la importancia de vivir según su Ley, y de alabar al Señor con las obras.

Aunque estos salmos no tienen los elementos formales propios de los himnos, algunas composiciones pueden considerarse cercanas a éstos porque proclaman la excelencia de la Ley divina y los beneficios que reporta seguirla (Sal 1; 34; 112; 119). Son también llamados Salmos Didácticos, porque reflejan la enseñanza y el arte de componer característicos de los maestros que enseñan la sabiduría (Sal 9-10; 25; 34; 37; 111; 112; 119; 145).

Hasta aquí esta introducción a los Salmos.

Bibliografía

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