Leyendo la Carta a los Romanos

Como siempre hacemos, aquí proponemos el siguiente esquema de contenidos de la Carta.

1. Introducción epistolar (1,1-15)

a) Encabezamiento (1,1-7). Amplificación, como decíamos, del simple “A a B saluda”: Pablo (vv. 1-6) a los romanos (v. 7a) saluda (v. 7b). En cuanto a los contenidos, se destaca, en forma de paréntesis, una (probablemente antiquísima) confesión de fe sobre Cristo: mesiánica, por cuanto que le recuerda como hijo de David (v. 3b)11 y por cuanto ve en su resurrección, su entronización (“en poder”) como hijo de Dios (v. 4abc), de acuerdo con las Escrituras (v. 2)12. Pablo hará de ese poder de Dios, manifestado en el Evangelio (v. 16) el gran tema de la carta. También entra en el nervio del escrito la idea del apostolado como un conducir los gentiles a aquella obediencia a Dios que llamamos fe (v. 5b). Por lo demás, el encabezamiento camina por camino trillado13.

b) Exordio (1,8-15). Con cierto aire de captatio benevolentiae, da gracias a Dios por los progresos de la comunidad (vv. 8s)14 y expresa el deseo de verles (vv. 10-15)15. Casi se corrige (v. 12) después de haber dicho que iría a Roma para comunicarles un don (v. 11)16: es que Roma (vv. 13d.15; cf. vv. 1b.7) entraba en su definición general de apostolado (“las naciones”: v. 13; cf. vv. 5,6a), pero no era como los lugares donde había predicado a Cristo por primera vez17. Quien sabe si algunos le tenían por un apóstol de bárbaros ignorantes; quizás por eso insiste en que también se debe a los griegos y sabios.

c) Proposición general (1,16s). La idea de “poder de Dios” para salvación (v. 16ab) enlaza con el tema del Mesías entronizado al que se ha aludido en 1,4. La misma virtualidad salvadora se atribuye al sintagma “justicia de Dios” (v. 17a): siguiendo a varios precedentes veterotestamentarios, Dios es justamente lo que es cuando nos salva (cf. 3,21-26). La frase “el justo-por-la-fe” (v. 17bc), con la que se sintetiza el primer bloque doctrinal de la carta, da una inflexión específicamente paulina al texto de Hab 2,6.

2. Primer discurso doctrinal: la justificación (1,18-4,25)

Si 1,17 nos había dicho que en el Evangelio, como fuerza salvadora, se revela (apokalyptetai) la justicia salvadora de Dios, 1,18 aprovecha el mismo verbo para decir que también se revela su ira castigadora. En cambio, en 3,21 se introduce una auténtica explicitación de lo dicho en 1,16s (véase “fe”, “creer”, “justicia” en ambos contextos) bajo el epígrafe: “se manifiesta la justicia de Dios”. La sección 1,18-3,20 tiene por tanto carácter de preámbulo respecto de lo que sigue. Empieza como narración (por más que no pura narración) sobre pecados de los gentiles. En 2,1-5, pasa a la recriminación directa de los judíos, que continúa en vv. 17-24. Las dos incriminaciones se entremezclan con momentos reflexivos que tienden a equiparar a judíos y gentiles ante el juicio de Dios (vv. 6-16 y 25-29), hasta el extremo de atribuir a éstos últimos importantes posibilidades de salvación (vv. 14-16 y 26s.29).

Sigue una serie de interrogantes sin apenas respuesta (3,1-8), movidos por la resistencia del “tú judío” (2,17; cf. 3,7: “mi mentira… yo soy juzgado”) a aceptar su propio pecado. Como de paso, queda dicho que ese pecado propicia (cf. 3,5.7) una manifestación de la justicia salvadora de Dios.

Rm 3,9 resume la parte dirigida a los judíos, diciendo que ha argumentado (proêtiasametha) el pecado de los judíos como el de los gentiles. Lo confirma (vv. 10-18) con una serie de textos de la Escritura, de los que deduce que el hombre no puede justificarse por las obras de la Ley (vv. 19s).

En cuanto a la parte positiva (3,21-4,25), consideraciones formales nos llevan a decir que 3,21-26 constituyen una auténtica proposición, que asume y amplía lo dicho en 1,16s (donde, por cierto, faltaba la parte negativa). También resulta claro que todo el c. 4 representa un desarrollo compacto, en torno a la figura de Abrahán. Entre ambos bloques (3,27-31), se coloca una serie de preguntas (vv. 27abc.29a.31a), con apenas respuesta, al que damos el nombre de objeciones.

Ello nos daría el siguiente esquema:

  • a) Primer prenotando: El pecado de los gentiles (1,18-32)
  • b) Segundo prenotando: El pecado de los judíos (2,1-3,20)
    • ba) Primera acusación: Abusas del don de Dios (2,1-5)
    • bb) Primera digresión: El juicio de Dios (2,6-16)
    • bc) Segunda acusación: Predicas lo que no practicas (2,17-24)
    • bd) Segunda digresión: La verdadera circuncisión (2,25-29)
    • be) Objeciones (3,1-8)
    • bf) Prueba por la Escritura (3,9-20).
  • c) Proposición: La justificación por la fe (3,21-4,25)
  • d) Objeciones (3,27-31)
  • e) Prueba por la Escritura (4,1-25)

a) Primer prenotando: El pecado de los gentiles (1,18-32). Para Gál 1,15, el pecado de los gentiles se presupone, casi forma parte de la definición del gentil: “Nosotros somos judíos y no gentiles-pecadores”. Nuestra carta le dedica quince versículos, pero no para repetir lo que todo el mundo ya sabe, sino para describir una manifestación apocalíptica (gr. apokalyptetai) de la ira de Dios (v. 18a), preparatoria (por tanto, relativamente reciente) de la manifestación de su justicia salvadora (v. 17; 3,21).

La manifestación de la ira es expresada en tres frases paralelas que incluyen la fórmula: “Dios les entregó…” (vv. 24a.26a.28b). Entiende que se trata de pecados a los que se ha llegado en castigo (éste es el sentido del término “ira”) por otros pecados.

Los afectados por aquella manifestación son algunos que se proclamaron sabios (v. 22), probablemente los filósofos griegos (cf. v. 14; 1 Cor 1,19-22).

El pecado que la causa es calificado de “inexcusable” (v. 20e), como acto de violencia contra la verdad (gr. katekhô -v. 18c), como resistencia a un Dios que se les había manifestado (v. 19b). Consiste en no haber dado gloria ni acción de gracias a un Dios conocido (v. 21a). En el fondo, entendemos, es el pecado de no haber comunicado a la sociedad el conocimiento que tenían de Dios. Ese conocimiento se entresaca de las cosas visibles (v. 20ab), pero el texto no insistirá en decir que se trata de un conocimiento natural: dice más bien que Dios se lo ha revelado (v. 19). En el castigo, se subraya innegablemente el protagonismo divino (“Dios les entregó…”: vv. 24a.26a.28b), pero resulta que Dios les entrega a ciertos malos deseos (v. 24ab) contra su propia naturaleza (vv. 26b.27ab; cf. 1 Cor 11,14), pero aquellos deseos ya anidaban en el corazón del hombre: se diría que Dios les “dejó de su mano” en ese punto. Entendemos que el apóstol insiste en la coincidencia entre ese tipo de vicios y la sociedad más refinada que, a través de sus filósofos, tenía más conocimiento de Dios.

b) Segundo prenotando: El pecado de los judíos (2,1-3,20)

ba) Primera acusación: Abusas del don de Dios (2,1-5). El problema del judío, según este capítulo, no es que niegue la verdad de Dios; sino que cree tanto en la misericordia que Dios tendrá para con él (v. 4), como para dejar sin efecto la verdad de su culpa. Si además “juzga” (es decir, “condena”) a los que caen en los mismos pecados que él comete (v. 1), podrá escapar todavía menos al juicio de Dios (vv. 3.5). bb) Primera digresión: El juicio de Dios (2,6- 16). Esta digresión y la siguiente (vv. 25-29) representan un paso al ataque: no sólo los judíos se pueden condenar, sino que los paganos se pueden salvar. Parece que en la “paciencia” con que se “busca” algo que muchos paganos habían buscado (“gloria y honor e inmortalidad” -v. 7) va implícita una sumisión a la justicia de Dios (cf. 10,3). A ese gentil las obras le serán necesarias, como lo son para el cristiano (v. 6)18: unas obras que tienen que ver con algún cumplimiento de la Ley, pero no necesariamente la de Moisés, pues los que sin ley pecaron, sin ley se condenarán (v. 12s). La clave de ello es la “ley-escrita-en-el-corazón”, (v. 15a; cf. 2 Cor 3,3), a la que los gentiles llegan “por instinto natural” (v. 14s), en sentido de: “sin adoctrinamiento”, por el testimonio de su conciencia (v. 15b).

bc) Segunda acusación: Predicas lo que no practicas (2,17-24). Vuelve la segunda persona del singular. El fragmento deja bien claro que no se habla de todo judío, sino de aquél que “juzga” (4 veces, en vv. 1.3), precisamente porque se siente “maestro” (vv. 18-21). La lógica del fragmento exige la interdependencia de los conceptos de “Dios” y de “Ley”, según se presupone en la fórmula “la Ley de Dios” (7,22.25; 8,7) y en la aproximación de los conceptos “gloriarse” en Dios y en la Ley (vv. 17.23a), que el apóstol no rechaza. Después de una extensa -y generosa- descripción de su oficio (vv. 17-20), Pablo expresa en cuatro frases (se duda si admirativas o interrogativas) el contraste entre lo que dicen y lo que hacen (vv. 21s), para terminar exponiendo las consecuencias a que eso lleva (vv. 23s): “No cumpliendo lo que predicas (la Ley), comprometes a quien representas (a Dios)”.

bd) Segunda digresión: La verdadera circuncisión (2,25-29). Continuando el tema de la primera (vv. 6-16), equipara la situación salvífica de judíos y paganos, pero, enlazando con las dos acusaciones, sigue dirigiéndose a los judíos en segunda persona del singular. Lo que cuenta no es ser públicamente judío y materialmente circunciso (v. 28; cf. vv. 17.23a); a los judíos la circuncisión les vale, si cumplen la Ley (v. 25), pero a los paganos no circuncidados se les atribuye lo que es propio de la Nueva Alianza: la circuncisión del corazón (v. 29ab)19 y el don del Espíritu, enfrentado con la letra (v. 29c)20.

be) Objeciones (3,1-8). Ese “tú judío” (2,17), tan repetidamente atacado a lo largo del c. 2, tendrá ocasión de defenderse a lo largo de éste capítulo (esp. vv. 1.5.7.9.27.31). Hay preguntas que podrían formular los cristianos (v. 1: “el judío”; v. 3: “la infidelidad de ellos“), preguntas que formula el judío (v. 5: “nuestra injusticia”; v. 7: “mi mentira… yo soy juzgado”) y respuestas de Pablo en forma de pregunta (v. 6). Además, no todo es ficción literaria: v. 8 afirma que algunos (entendemos: judíos) han acusado realmente a Pablo de decir: “Hagamos el mal, para que venga el bien”. A los cristianos les previene contra el desprecio de los judíos por el hecho de que algunos (¡no todos! -cf. 11,1-5.25) fueron infieles: su infidelidad, no desvirtúa la fidelidad de Dios (v. 3; 9,6). Antes ha subrayado, como resumiendo 9,4s, que a ellos les fue confiada la Palabra de Dios (v. 2; cf. 9,4s).

Luego tiene que defenderse contra la objeción, expresada brutalmente en v. 8, de que la injusticia de los judíos ha propiciado la justicia salvadora de Dios para con los gentiles (vv. 5.7; cf. 9,14.19). Aquí propiamente no responde: simplemente afirma que no se puede atribuir injusticia a aquel que juzgará al mundo (vv. 6.8; 2,2.11; 9,20s).

bf) Prueba por la Escritura (3,9-20). Los capítulos anteriores han constituido una argumentación (éste es el sentido de proêtiasametha -v. 9) respecto del pecado universal de gentiles y judíos, pero por medio de dos ejemplos de carne y hueso (los filósofos griegos y los rabinos), que dan la medida del pecado en el mundo. Sigue, en favor de la misma tesis, un rosario de textos bíblicos (vv. 10-18), en los que viene a decirse que “no hay” (vv. 10b.11ab.12bc.18) “ni uno” (vv. 10b.12c) que se preocupe de Dios (v. 11b) y se porte bien (v. 12b).

Más grave es el comentario (v. 19): que la Ley dice eso para los que están bajo ella, para que todo el mundo se calle y quede como reo ante Dios.

Según parece, Pablo no está diciendo eso respecto de lo que el hombre en realidad hace, sino de lo que da de sí por sí mismo, con sus solas fuerzas, sin la ayuda de la gracia de Dios. Dice que “por las obras de la Ley nadie se justificará ante Dios” (v. 20)21, pensando en lo que la Ley puede dar por sí misma, que no es más que conocimiento del pecado (v. 20c; cf. 7,7-9).

c) Proposición: La justificación por la fe (3,21-26). La idea de la justificación por la fe22 domina claramente toda la sección, hasta el final del c. 4.

Los seis versículos forman prácticamente una sola frase hasta llegar al final de v. 26, el cual forma una especie de inclusión con el principio (de “se manifiesta la justicia de Dios” -v. 21-, se llega a: “de modo que él sea justo y justificador” -v. 26). Una posible clave para la interpretación del texto es que asume una confesión de fe judeocristiana: Dios lo colocó (a Cristo) como propiciatorio, para manifestación de su justicia con el perdón de los pecados pasados de Israel (v. 25). En ella tendrían importancia la alusión al Yom Kippur, en que el Propiciatorio (tabla de oro que cubría el Arca: Ex 25,17-22) era ungido con sangre (Lv 16,14-19). Pablo la enriquecería con la idea de un pecado universal (v. 23) y de una oferta universal de salvación por medio de la fe (vv. 22.26).

d) Objeciones (3,27-31). Los vv. 26-31 no son más que una batería de preguntas apenas respondidas, en la línea de 3,1-8. En cierto sentido, “rematan” (v. 27: “¿Dónde queda…?”) los argumentos de la controversia con los judíos: la gloria (kaukhêsis) de 3,27 correspondería al “te glorías” (kaukhasai) de 2,17.23; la pregunta de si Dios lo es sólo de los judíos (3,29) corresponde al hecho de que se gloría en Dios (2,17); la de si desvirtuamos la Ley (3,31), a que se gloría en ella (2,17). Entendemos que aquella gloria de los judíos ha sido excluida (v. 27), en el sentido de que ya “no hay diferencia” (v. 22d). Si, como se ha dicho, el hombre se justifica por la fe prescindiendo de las obras de la Ley (v. 28), se quedan los judíos sin su clásico motivo para gloriarse. Pero no por eso aceptará Pablo la acusación de que “desvirtúa” la Ley (v. 31), pues propicia su cumplimiento más profundo, como afirmará 8,4 y 13,9s.

e) Prueba por la Escritura (4,1-25). Todo el c. 4 gira en torno a la historia de Abrahán, nuestro padre según la carne (4,1), como dirían los interlocutores judíos. Sólo al final (vv. 23s) se dirá explícitamente que eso no se escribió por él sólo; de todos modos, en el centro del capítulo ya se ha dicho que es padre de los creyentes, gentiles y judíos (vv. 11b y 12). Aunque las marcas divisorias no son muy fuertes, podemos observar que la interrogación de v. 9 vuelve a introducir el tema de la circuncisión; que a partir de v. 13 se vuelve a sacar el tema de la Ley, pasando rápidamente al de la promesa, hasta el final de v. 22. En el versículo 23 empieza un resumen de todo el tema, aplicándolo a la situación presente.

da) Abrahán y la fe (vv. 1-8). Abrahán fue un hombre alabado por Dios (cf. 2,29); por lo menos consta (Gn 18,7) que “encontró gracia” ante sus ojos. Con la tradición en la mano, no se puede decir que Abrahán fuera un “impío”, como los gentiles de 1,18-31. Hay, pues, motivos, a la luz de la invectiva de 3,9- 20, para que el judío pregunte qué “encontró” su antepasado.

Pablo observa que si es “gracia”, ya no es “por las obras” (vv. 2.4; cf. 11,6); dispone además de un texto en que se dice que fue por la fe (v. 3). Pero con eso no se llega a la “justificación” del impío, sin la cual no se podrían justificar todos los que creen23. Por eso el v. 5 añade otro caso (en griego, otra vez tô de), que se resuelve por el texto de un Salmo, en que Dios justifica a un impío (vv. 6-8).

db) Abrahán y la circuncisión (vv. 9-12). El interlocutor, al que se han aplicado los textos “malos” del Antiguo Testamento (3,19), pregunta por qué los “buenos” se han de aplicar a los gentiles: “¿Es para la circuncisión o para la incircuncisión?” (4,9; cf. 2,25-29). La respuesta viene otra vez de la historia de Abrahán (vv. 10-12), citada de acuerdo con la tradición: el texto citado sobre la fe que “justifica” (Gn 15,6) es anterior a 17,10, sobre la circuncisión. Esta queda como señal (v. 11a; cf. Gn 17,11) de la justicia de la fe, que logró como incircunciso (v. 11b). Así es padre de todos aquellos que siguen las huellas -la fe- de Abrahán cuando era incircunciso (v. 12b)24.

dc) Abrahán y la promesa (vv. 13-22). El tema de la Ley había resonado repetidamente en los capítulos anteriores25. Sin preámbulo alguno, lo introduce aquí (v. 13), no para desarrollarlo (sólo le dedica v. 15), sino para hacerlo desembocar en el de la promesa, a la que se accede por la fe (vv. 14.16). La promesa es precisamente la de ser heredero del mundo (v. 13): se inspira en los textos (Gn 12,7; 13,15; 15,7; 24,7) en que se le promete “esta tierra”, más aquél en que se dice que será “padre de muchas naciones” (vv. 16e-17a.18b; cf. Gn 17,5). Sin ninguna pausa gramatical, el texto pasa a una espléndida descripción de la fe de Abrahán (vv. 17-21), que Dios contó en orden a la justicia (v. 22): consistió en esperar contra toda esperanza (v. 18a)26, porque creyó en aquel Dios que da vida a los muertos (v. 17b)27 y llama al no-ser como ser (v. 17c; cf. Heb 11,3).

dd) Abrahán y nosotros (vv. 23-25). Sólo falta la aplicación a nuestro caso concreto (vv. 23s), propiciada por las fórmulas kerigmáticas en que se dice que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos (v. 24bc)28. El tema culmina en una definición, que también suena a tradición anterior: Jesús murió por nuestros pecados (v. 25a)29 y resucitó por nuestra justificación (v. 25b)30.

3. Segundo discurso doctrinal: la vida cristiana (5,1-8,39)

Las diferencias entre los cuatro capítulos que siguen (cc. 5-8) y los anteriores se podrían acumular. Podría ser casual que, a partir de 5,1, ya no se hable de “obras” y apenas se hable de “fe”. Pero a eso se une que en los cuatro primeros se habla repetidamente de “judíos” (1,16; 2,9s.17.28s; 3,1.9.24), de “gentiles” (1,5.13; 2,14.24; 3,29; 4,17s) y de “griegos” (1,14.16; 2,9s; 3,9), mientras que en los siguientes no se menciona para nada ni a unos ni a otros. La tendencia paulina a la antítesis se desarrolla ampliamente: pero ya no es una antítesis entre “esos” y “aquellos”, sino entre “Adán” y “Cristo”, el “Pecado” y la “Gracia”, la “Ley”, la “Carne” y el “Espíritu”.

No es problemática la división del c. 5 en dos mitades (¡hasta el extremo de que muchos integran 5,1-11 en la sección anterior!). Sobre el resto del c. 5, queda claro que todo él está dominado por la comparación entre Adán y Cristo. El c. 6 comenta, a partir de la resurrección, la victoria sobre el pecado y la muerte. Por su parte, los cc. 7 y 8 tienen una profunda unidad entre sí: las afirmaciones de 8,2s resuelven los problemas planteados en 7,14-25: los del hombre esclavizado por el pecado y la Ley. Además, si 7,5 anunciaba el resto de c. 7, el v. 6 (“sirváis en novedad de Espíritu”) anuncia el c. 8.

Recomponiendo todo lo dicho y colocándole (a la luz de lo que vamos a decir) los epígrafes correspondientes, daríamos la siguiente estructura:

a) Una nueva relación con el Padre (5,1-11) b) Cristo ante el Pecado y la muerte (5,12-6,23)

ba) Adán y Cristo (5,12-21)

bb) Victoria sobre el Pecado y la muerte (6,1-23)

c) Cristo ante el Pecado y la Ley (7,1-8,39)

ca) El hombre ante el Pecado y la Ley (7,1-25)

cb) El Espíritu, nueva Ley del cristiano (8,1-39)

a) Una nueva relación con el Padre (5,1-11). Pablo que, en Gál 2s y Rom 3s, se ha mostrado como apóstol de la justificación por la fe, vuelve aquí al antiguo esquema: fe, esperanza y caridad31: justificados por la fe (v. 1), tenemos una esperanza que no falla (vv. 2b.4s), porque el amor nos ha sido dado por el Espíritu (v. 5b).

Los versículos siguientes comentan el v. 5: confirman que el amor de Dios ya se ha mostrado (vv. 6-8; por tanto, se nos ha dado) y con más razón se mostrará (vv. 9-11; por tanto: la esperanza no falla).

Entre la fe y la esperanza se citan la paz, la entrada franca y la gracia (v. 1), com

o aspectos de una misma situación. Entre la esperanza y la caridad se citan las tribulaciones, la resistencia y la virtud probada (vv. 3s), explícitamente relacionadas entre sí, para que lo que tenemos (v. 1: ekhomen; v. 2a: eskhêkamen; v. 2b: estêkamen) no nos haga olvidar lo que nos falta. Pero además se habla de “gloriarse” (kaukhaomai) en la esperanza (v. 2), en las tribulaciones (v. 3) y en Dios (v. 11). Con ello, aparte el paralelismo con otras expresiones paulinas32, se reivindica para el cristiano aquello que el judío reivindicaba para sí (2,17.23): es decir que, por la ley de la fe, se excluye una gloria (3,27) y se funda otra.

b) Cristo ante el Pecado y la muerte (5,12-6,23). Según 1 Cor 15,22, Adán trajo al mundo la muerte y Cristo trajo la resurrección. Los dos temas están incluidos, respectivamente, en las secciones que siguen (5,12-21 y 6,1-23). De todos modos, a esos dos temas (uno, tradicionalmente judío; el otro, cristiano), se les sobrepone, respectivamente, la idea de que Adán trajo también el Pecado y Cristo hace posible (y exige) un nuevo estilo de vida, contrario al pecado.

ba) Adán y Cristo (5,12-21). La contraposición entre el “un solo hombre” (vv. 12a.19a)33, que es Adán (v. 14ab) y el “un solo hombre” (v. 15b)34, que es Jesucristo (vv. 15b.17b.21c) es repetida cinco veces, en una contraposición gramaticalmente correcta: en vv. 15 (ôs… pollô mallon), 16 (to men… to de…), 17 (ei gar… pollô mallon…), 18, 19 y 21 (en los tres: ôs… outôs kai…). En vv. 12-14, la misma comparación empieza bien (“Así como por un solo hombre…”), pero termina de forma gramaticalmente forzada (v. 14c: “Adán que es figura del que ha de venir”), porque se ha ampliado y comentado la primera parte de la comparación.

Ninguno de los dos “hombres” es protagonista último de lo que ha sucedido, sino sólo transmisores. Los protagonistas son, de una parte, el Pecado (amartia, en vv. 5,12ab.20b.21a; amartanô, en vv. 5,12b.14b; amartôlos, en v. 19; paraptôma, en vv. 15ab.16c.17a.18a.20a; parakoê, en v. 19 ), la condena (katakrima, en vv. 16b.18a) y la muerte (thanatos, en vv. 12bc.14a.17a; apothnêskô, en v. 15b); de la otra, la gracia (kharis, en vv. 15cd.17b.20b; kharisma, en vv. 15a.16c; dôrea, en vv. 15d.17c), la justicia (dikaiosynê, vv. 17c.21b; dikaiôma, en vv. 16c.18b) y la vida (zôê, en vv. 17d.18b.21c).

La muerte, por su parte, no figura como protagonista activo, sino como indicio de que el Pecado (sobre cuyo poder se hablará ampliamente a continuación) existía en el mundo (vv. 12d.13s). En resumen: un sólo hombre trajo al mundo el Pecado y la muerte (v. 12ab) y, en consecuencia, todos pecaron y todos murieron (v. 12cd).

A la posible objeción de que si no hay ley, no se puede imputar el pecado (v. 13b; cf. 4,15), responde con una afirmación palmaria: murieron incluso los que no habían transgredido un precepto como Adán (v. 14ab). Se supone, pues, que pecaron realmente y merecían ser condenados (como decía 2,12a).

A partir de ahí, comenta la idea de que Adán fue figura de Cristo (v. 14c): por Adán, la caída (v. 15a.17a.20b), “los muchos” murieron (v. 15bc), el juicio para condenación (v. 16b), reinó la muerte (v. 17b.21b), “los muchos” llegaron a ser pecadores (v. 19ab), el Pecado sobreabundó y reinó (vv. 20c.21a); por Cristo “los muchos” recibieron abundancia de gracia y del don en gracia (v. 15de.16ac.17c) para justificación (v. 16c.18cd), el don de la justicia para reinar en la vida (v. 17cd.21de), “los muchos” llegarán a ser justos (v. 19cd).

En el v. 19, una traducción defectuosa del verbo griego (katestathêsan- katastathêsontai) indujo la traducción “fueron constituidos”-“serán constituidos”, como si se tratara de algo automático, sin pasar por la idea de unos pecados personales y de la fe como camino para la justificación. La traducción correcta es “llegaron-llegarán a ser”, que implica ambas cosas y hace que el versículo gane en expresividad: la desobediencia de Adán produjo algo semejante, los pecados personales; la obediencia de Cristo produjo también algo semejante: la obediencia de la fe35.

El v. 20 añade el tema que desarrollará en el c. 7 (que la Ley se entrometió, para que abundara la caída; el v. 21 resume en una frase el sentido de todas las comparaciones apuntadas: que donde abundó el Pecado, sobreabundó la gracia.

bb) Victoria sobre el Pecado y la muerte (6,1-23). Lo que corresponde a la muerte que nos trajo Adán es la vida eterna, en sentido fuerte, que nos trajo Cristo. Esa perspectiva del más allá no es explícita en cada versículo de la carta, pero sale, de un modo o de otro, en cada capítulo36. En nuestro capítulo, que sería su lugar propio, aparece tres (mejor dicho, cuatro) veces: participaremos de su resurrección (v. 5c), viviremos con él (v. 8b), tenéis como fin la vida eterna (vv. 22d.23c). A esta idea, se añade otra más original: la fuerza de la resurrección que se transparenta en nuestra vida de cada día: una vida nueva (v. 4d), muertos para el pecado y vivos para Dios (v. 11b), como quien pasó de muerte a vida (v. 13d; literalmente: “como vivos entre los muertos”). El capítulo empieza con una objeción: si la gracia abunda donde abundó el pecado (5,20b), más vale esperarla cómodamente. Pablo la plantea (v. 1; cf. 3,5.7s) y responde al instante: eso vale para los que están en el pecado, no para los que “han muerto” a él (v. 2).

Su respuesta es razonada en vv. 1-11, refiriéndose al misterio de Cristo muerto y resucitado, que se hizo eficazmente presente en nosotros en nuestro bautismo: porque el bautismo nos une a la muerte de Cristo (v. 3) y a su sepultura (v. 4), nos “planta junto” a él, como el grano de trigo (v. 5; cf. 1 Cor 15,36.42-44), y crucifica con él a nuestro hombre viejo (v. 6). Además (=Es así que…) Cristo está libre de pecado (v. 7) y murió al pecado una vez por todas (v. 10). Por tanto: estamos muertos al pecado y vivos para Dios (v. 11).

Hemos entendido que, tanto en v. 7 como en v. 10, “aquél que murió” es directamente Cristo, pues de un muerto cualquiera no se puede decir que esté libre de pecado (v. 7: dedikaiôtai); por otro lado, el v. 10 comenta el versículo anterior, que habla directamente de Cristo.

De nuestra unión al misterio de Cristo se deducen consecuencias en imperativo: que no debemos dejar que el pecado reine en nosotros (v. 12) ni entregarle nuestros miembros (v. 13). Pero también en indicativo: eso no ocurrirá, porque no estamos bajo la Ley (que es debilidad)37, sino bajo la gracia (que es poder)38. La siguiente objeción (v. 15) viene del indicativo (v. 14) y ayuda a precisar sus límites. Responde con una comparación: un hombre libre puede entregarse a otro como esclavo y lo es a partir de entonces (v. 16). Vosotros habíais sido esclavos del pecado (v. 17) y fuisteis liberados de él (v. 18), pero ahora tenéis que entregaros a la nueva situación (v. 19). La antigua era una falsa libertad (v. 20), que conducía a la vergüenza y a la muerte (v. 21); la nueva conduce a la santificación y a la vida eterna (v. 22).

El v. 23, finalmente, no resume sólo todo el capítulo, sino todo lo dicho desde 5,12 (cf. especialmente 5,21). Con ello deja puestas las bases para la exhortación, que no empezará hasta 12,1, animándonos a “entregar” (parastênai) nuestros cuerpos como un sacrificio, como aquí se nos animaba a “entregar” nuestros miembros al servicio de Dios (vv. 13.16.19).

c) Cristo ante el Pecado y la Ley (7,1-8,39). En las secciones anteriores, de 5,12 a 6,23 la confrontación constante entre dos situaciones (Adán y Cristo, en c. 5; la justicia -cf. 6,13.16.18-20- y el pecado, en c. 6) se ha llevado hasta el interior de cada versículo. A partir de ahora, la contraposición se realiza a base de dos capítulos enfrentados (el 7 y el 8), que corresponden a las dos situaciones: a las 22 veces del término “ley” en c. 7, corresponden las 21 veces el término “Espíritu” en c. 8.

ca) El hombre ante el Pecado y la Ley (7,1-25). En varios textos anteriores (3,20b; 4,13-15; 5,20; 6,14s), se han hecho observaciones poco favorables a la Ley. Llega el momento de expresar con cierta amplitud qué tiene de malo la Ley, pues también se ha relacionado con Dios (2,13.23)39 y se han contado cosas buenas de ella (2,13-15.18-20.25-27; 3,31)40.

La gran clave para comprender la respuesta es, a nuestro modo de ver, que la Ley por sí misma, como “letra” (v. 6)41, no puede ayudar al hombre contra la fuerza superior del Pecado.

Subdividimos el capítulo en tres partes: aa) Proposición: la letra y el Espíritu (vv. 1-6); ab) La Ley no es el pecado (vv. 7-12); ac) Impotencia de la Ley (vv. 13-25).

caa) Proposición: la letra y el Espíritu (vv. 1-6). El primer bloque empieza con una comparación, partiendo de dos puntos de derecho civil (el que conocen los romanos -v. 1): que la ley obliga a las personas vivas (v. 1) y que la ley del matrimonio “ata” sólo a dos personas vivas (vv. 2s). Lo que no dice el derecho romano es que la misma persona que ha muerto pueda casarse con otro, pero lo dice san Pablo (v. 4). La explicación subsiguiente aclara el enigma: en nuestra vida anterior (llamada “en carne”), la Ley nos “ataba” a las pasiones del pecado para producir muerte (v. 5; cf. 6,20s), pero esa Ley no puede atar a uno que ha muerto con Cristo (v. 6a; cf. vv. 1.4); en su lugar ha entrado el Espíritu (v. 6b), el cual nos unirá a Cristo para dar frutos para Dios (v. 4b; cf. 6,22s).

Tiene especial fuerza la idea de que hemos muerto a la Ley “por medio del cuerpo de Cristo” (v. 4), es decir, uniéndonos a aquel cuerpo que murió, fue sepultado y resucitó (cf. 6,3-5). También, las calificaciones “novedad de Espíritu” y “vejez de letra”: encierran toda la comparación entre los dos Testamentos que leemos en 2 Cor c. 3.

cab) La Ley no es el pecado (vv. 7-12). Los dos apartados siguientes sirven para aclarar las tesis expuestas. Si, hasta v. 4, se hablaba de “vosotros”, y vv. 5s, sin cambiar de tema, hablaban de “nosotros”, aquí se hablará repetidamente de “yo” (vv. 9s.14.17.24s) y en 8,2, según la lectio difficilior, de “tú”. Todo eso, entendemos, sin romper la línea argumental.

La idea de que la Ley nos “ata” al Pecado se reduce a la de que lo da a conocer (v. 7b)42 y con ello le da vida (v. 8)43. Antes estaba como muerto, pero con la Ley, el pecado revivió (vv. 9-10a). Y aquí empieza la exculpación de la Ley, al compararla con el decreto de Dios en el Paraíso: el Pecado aprovechó un mandato, dado para la vida, para engañarme (cf. Gn 3,13) y darme muerte (vv. 10b-11)44. Es decir que, en sí misma, la Ley es santa y justa y buena (v. 12): sólo una malicia como la de la serpiente puede sacar males de ella.

cac) Impotencia de la Ley (vv. 13-25). La capacidad de causar muerte a través de algo bueno demuestra la especial malignidad del Pecado (v. 13b; cf. vv. 8.11). Pero, además, el Pecado encuentra un aliado espléndido en mi interior: la Ley es “espiritual” (v. 14a)45, pero “yo” soy “carnal” (v. 14b)46, dominado por el pecado (v. 14c)47.

Aquí entra la idea de que el “yo” está de acuerdo con la Ley (v. 16b) y es capaz de querer cumplirla, pero no de cumplirla de hecho (vv. 15b.16a.18s), porque quien actúa no es él mismo, sino el Pecado (vv. 17.20b).

A partir de v. 21, el problema es presentado bajo la forma de un enfrentamiento entre “leyes”: mi “hombre interior”, es decir “mi razón” (según v. 23b: “la ley de mi razón”), está de la parte de la Ley de Dios (vv. 22.25b); pero en mis miembros reside otra “ley”, la del pecado (vv. 23.25c). Todo eso se dice, por supuesto, bajo la idea de que Alguien podrá resolver el problema (vv. 24.25a), con lo cual se da paso a las grandes afirmaciones del c. 8.

cb) El Espíritu, nueva Ley del cristiano (8,1-39). La correlación entre cc. 7 y 8 está asegurada por cuanto que, como hemos dicho, su primer apartado (vv. 1-11) resuelve los problemas planteados en el capítulo anterior. Por otra parte, no deja de aludir a 5,12-2048 y, por más que con terminología algo distinta, de colocarse en la línea de indicativo-imperativo, propia de c. 6. Sin olvidar, claro está, las especiales conexiones del capítulo con 5,1-11.

En principio, se trata de un discurso para no respirar, pero tampoco es imposible descubrir algunas divisiones en vv. 12.18 y 26, para llegar casi inevitablemente a la peroración final de vv. 31-39. Nos permitimos dar epígrafes a cada uno de los apartados: cba) El Espíritu como “ley” (vv. 1- 11); cbb) Hijos de Dios (vv. 12-17); cbc) Salvados en esperanza (vv. 18-25); cbd) Sostenidos por el Padre (vv. 26-30); cbe) Peroración final (vv. 31-39).

Pasamos a explicitarlos brevemente:

cba) El Espíritu como “ley” (vv. 1-11). “Ley” no significa sólo “norma escrita”, sino también “dominio”49, “poder”50, “reinado” (5,14.17.21; 6,12). Dando al mismo Espíritu el nombre de “ley”, pasan a ser cuatro las “leyes” enfrentadas. Las otras tres son: la Ley de Dios (7,22.25b), que pierde la partida (v. 3); “la ley de mi razón” (7,23b.25b), que también era derrotada, y la del pecado, que reside en mis miembros (vv. 23ac.25c) y ganaba la batalla hasta que llegó la “ley” del Espíritu y de la vida para destronarla (v. 2a)51.

El mismo Dios estaba comprometido en aquella batalla, por cuanto que su Ley era incapaz de contrarrestar la debilidad de la carne (v. 3ab)52. Por eso Dios mandó a su Hijo, en carne semejante a la del pecado (v. 3cd)53 y como sacrificio por el pecado (v. 3e)54, para “condenar” al pecado que reside en nuestra carne (v. 3e)55. Esta “condenación” tiene que ser mucho más eficaz que la de v. 1, que nos tenía bien “aherrojados”56. A partir de ahora será posible cumplir el intento bueno de la Ley (v. 4a)57.

Después de describir la batalla (vv. 1-4a), nuestro fragmento pasa a describir la nueva situación del hombre, con sus indicativos y sus imperativos. Esa victoria será una realidad si “caminamos” y “pensamos” según el Espíritu y no según la “carne” (vv. 4s)58. Es lógico que al Espíritu se atribuya un “pensamiento”, que es vida y paz (v. 6b; cf. 5,1): nuestro texto atribuye también un “pensamiento” a la “carne”: enemistad personal con Dios, además de sus frutos de muerte y de su incapacidad de cumplir su Ley y de agradarle (vv. 6a.7s; cf. 7,14-25). Volviendo del revés temas citados, dice que ya no están en la carne59, porque el Espíritu de Dios habita en ellos (vv. 9- 10a)60. De ese Espíritu dice que es “de Dios” (vv. 9b.11a) y de Cristo (v. 9c): a través de él, Cristo estará en nosotros (v. 10a), nuestro cuerpo morirá al pecado (v. 10b)61, nuestro espíritu será “vida por la justicia” (v. 10c)62 y Dios nos resucitará (v. 11)63.

cbb) Hijos de Dios (vv. 12-17). Tras la primera pausa, vuelve a formular la quaestio iuris: “no le debemos nada” a la carne (v. 12), porque hemos muerto (6,2.8; 7,4) y porque no pesa ninguna condena sobre nosotros (8,1). Luego da una formulación extrema a la renuncia al mal: “matar” las obras del cuerpo64 para “vivir” (v. 13; sólo en 7,11 se había hablado de “matar”). A continuación, enlazando con grandes temas de la Carta a los Gálatas, se despega de la simple superación del mal: dejándonos llevar por el Espíritu (v. 14a)65 seremos hijos de Dios (v. 14b)66 y no siervos (v. 15ab)67. Por ese Espíritu gritamos “Abbá-Padre” (v. 15c)68, apoyados en su testimonio (v. 16); seremos herederos de Dios junto con Cristo (v. 17ab)69, en la pasión y en la gloria (v. 17c)70.

cbc) Salvados por la esperanza (vv. 18-25). El tema de los “sufrimientos”, después de otra pausa (v. 18), corresponde al de la tribulación en 5,3-5. Aquí no dice que nos gloriamos en ellas, pero sí las ve en su aspecto positivo y las relaciona con la expectativa de la gloria futura (v. 18)71. La comparación con los dolores de parto que sufre el universo entero (vv. 19-22) está en la línea de ver la “nueva creación” como fruto de un gran cataclismo72: el dolor no hace más que anunciar la llegada del gran momento. Lo importante para nosotros es no dudar de que tenemos las primicias del Espíritu (v. 23a)73 y esperamos la filiación total (v. 23d)74. Pues esa resistencia y esa esperanza que no ve (vv. 24s)75 son componentes esenciales de la salvación.

cbd) Sostenidos por el Padre (vv. 26-30). Según v. 23c, esperamos todavía la filiación. Es decir que andamos a oscuras, no sólo por las tribulaciones externas, sino también en cuanto a nuestro ser inteligible. Eso hace más necesario que el Espíritu mantenga vivos nuestros vínculos con el Padre:

el Espíritu ora dentro de nosotros con una profundidad (“suspiros”) y una competencia (“inexpresables”) de la que nunca seríamos capaces (vv. 26s).

Nuestra seguridad, sin embargo, va incluso más allá de lo que el Espíritu nos permita percibir: es la certeza de que Dios no abandonará su plan de conducirlo todo al bien (v. 28), haciéndonos imágenes de su Hijo (v. 29): ha dado ya muchos pasos (elección, llamada, justificación) y no dejará de dar los que faltan para conseguirlo (v. 30)76.

cbe) Peroración final (vv. 31-39). Elevando el tono retórico (vv. 31-39), resume los fundamentos de nuestra esperanza: el amor del Padre (vv. 31b- 32)77, la justificación (vv. 33b-34a)78, la muerte de Cristo (v. 34b)79: los siete agentes históricos capitaneados por la tribulación (v. 35s)80 serán vencidos (v. 37); los diez agentes cósmicos, capitaneados por la muerte (vv. 38-39a)81 no podrán separarnos del amor de Dios (v. 39bc; cf. 5,5).

4. Tercer discurso doctrinal: los judíos y el evangelio (9,1-11,36)

Tanto el c. 6 como el c. 8 estaban llenos de exhortación: preparaban, por tanto, la parte exhortatoria de la carta, que encontramos a partir de 12,1. En este sentido, cc. 9-11, que formulan un problema especulativo referido a personas que no forman parte de la comunidad, tiene carácter de digresión, por cuanto que trata otro tema. De todos modos, como la digresión clásica, tiene mucho que ver con el tema y las intenciones del discurso.

Por otro lado, por su extensión y por la cantidad de temas que trata, merece ser tratado como un discurso entero, no sin advertir las indudables conexiones con otras partes de la carta.

Para una división literaria del texto, hemos optado por el siguiente esquema:

a) Exordio (9,1-5)

b) Argumento preliminar (9,6-33)

ba) La palabra de Dios se cumple (9,6-13)

bb) Dios no es injusto (9,14-18)

bc) Dios actúa con providencia (9,19-29)

bd) Es Israel quien ha fallado (9,30-33)

c) Proposición (10,1-4)

d) Argumentación (10,5-11,12)

da) El camino es la fe (10,6-13)

db) Abierto a todo el mundo (10,14-21)

dc) Sólo un resto lo aceptó (11,1-10)

dd) Pero los demás pueden volver (11,11s).

e) Aplicación (11,13-24)

f) Peroración (11,25-36)

Con ello podemos pasar a una descripción más detallada del hilo argumental:

a) Exordio (9,1-5). Subraya la sinceridad de Pablo (v. 1) y su profunda tristeza (v. 2) por el “anatema” del pueblo judío (v. 3), a pesar de sus nueve prerrogativas salvíficas (vv. 4s): la filiación82 y la gloria (v. 4ab)83, los testamentos84 y la legislación (v. 4cd)85, el culto86 y las promesas (v. 4de)87, los padres (v. 5a)88 y, de algún modo, Cristo (v. 5b)89. De las ocho primeras, se dice que son “de ellos” (ôn); de Cristo, se dice sólo que, según la carne, “procede de ellos” (ex ôn). Una lectura sintáctica obvia aplicaría a Cristo la frase “Dios bendito por los siglos”, pero no faltan hipótesis para quien quiera evitar esta conclusión90.

b) Argumento preliminar (9,6-33)

Pablo se coloca aquí en la perspectiva de las decisiones divinas, por más que, cuando éstas son negativas, tienen mucho que ver con fallos humanos (vv. 22.32). El expediente literario para hacer avanzar el argumento son las objeciones presentadas por un “tú judío” (vv. 14.19.30)91, que difícilmente representa a los destinatarios reales de la carta.

ba) La palabra de Dios se cumple (9,6-13). La Palabra de Dios no decía que todos los hijos de Abrahán serían la descendencia prometida. Esto es evidente en el caso de Isaac, frente a Ismael (vv. 6b-9)92, pero no se cumplió siquiera entre descendientes legítimos, como en el caso de Esaú y Jacob (vv. 10-13). En Jacob actuó una elección93 decidida94 por Dios, que lo llamaba (vv. 11c.12b)95, no por algo que hubiera hecho, pues ni siquiera había nacido (vv. 11ab.12a)96.

bb) Dios no es injusto (9,14-18). A la primera objeción, sobre posible injusticia en Dios (9,14), responde que Dios puede promover a bienes indebidos, como en el caso de Moisés, con quien tuvo una misericordia especial (vv. 15s.18a.23)97, pero también puede sacar provecho de los fallos humanos, como en el caso del Faraón, a quien Dios endureció (vv. 17.18b): a través de aquel endurecimiento, Dios pudo mostrar su poder y dar a conocer su nombre por toda la tierra, pero, por lo menos según la visión de Pablo (cf. v. 22), no sin antes haber tenido con él una gran paciencia.

bc) Dios actúa con providencia (9,19-29). El “tú judío” presenta la misma objeción, pero con mucha más dureza (“Entonces, ¿de qué se queja?” -v. 19). Pablo replica con la misma dureza (“Al Creador no se le responde así” -v. 20s). A continuación repite la solución dada (vv. 22s remedan vv. 15-18) y aplica el caso a la situación presente, tanto respecto de los gentiles (vv. 24- 26), como respecto de Israel (vv. 27-29). La comparación con un alfarero que fabrica distintas clases de vasos (vv. 21)98 nos prepara a ver a Dios distribuyendo distintas funciones, pero no ensañándose con su barro ni creando piezas por el gusto de destruirlas. En nuestro caso, dice que en unos ha mostrado una ira largamente merecida, como en el Faraón (v. 22)99 y en otros ha mostrado la riqueza de su gloria, como en Moisés (v. 23)100.

En la aplicación, no dice que los gentiles son Moisés y los judíos, el Faraón, sino que, entre los agraciados, también ha incluido a gentiles (vv. 24)101, los cuales, en cumplimiento de la Escritura, forman el pueblo102 amado103 de los hijos de Dios (vv. 25s)104.

Pero eso no significa condenación para Israel (v. 27a: yper significa: “en favor de”): la Palabra de Dios se cumplirá (vv. 27b-28; con el verbo synteleô se anuncia la nueva Alianza en Jr 31,31; cf. Heb 8,8) y esa Palabra incluye la salvación de un resto (v. 29).

bd) Es Israel quien ha fallado (9,30-33). Tras una pequeña pausa, más que objeción (9,30), resume diciendo por qué los gentiles llegaron donde Israel intentaba llegar: los gentiles, sin buscarla, encontraron la justicia de la fe (v. 30)105; Israel, en cambio, buscando la Ley, no llegó ni a la Ley (v. 31)106, pues quiso poner por fundamento las obras, en vez de la fe (v. 32a)107. Por eso Cristo se convirtió para ellos en piedra de tropiezo (vv. 32b.33ab; 1 Cor 3,10s; 10,4).

c) Proposición (10,1-4). En cierto sentido, está dicho todo, pero pocos lo habrán entendido. Por eso empieza de nuevo, expresando su profunda implicación en el caso (v. 1), reconociendo los méritos de sus adversarios judíos (v. 2) y presentando, en forma de proposición, la tesis de fondo: su fallo consiste en querer construirse una justicia toda suya (v. 3b: idian)108, desconociendo que la justicia de Dios se abre a todo aquel que cree (vv. 3ac.4b)109 y que Cristo es el “punto de llegada” (telos) de la Ley (v. 4)110.

d) Argumentación (10,5-11,12).

da) El camino es la fe (10,6-13). Sobre el testimonio de la Escritura, se desarrollará ahora la argumentación (10,5-11,12), por más que también el argumento preliminar (9,6-33) partía de ella. Demostrará en primer lugar que la Ley también habla de la justicia de la fe (vv. 5-10), sin distinción entre judíos y gentiles (vv. 11-13). La diferencia está en que la Ley, como “mandato objetivo”, no resuelve el problema del hombre (v. 5; cf. 7,7-25), pero, además, puede ser aprovechada para buscar una “justicia por las obras” (cf. v. 3; 9,32;). Ahora bien, Moisés, el “agraciado” (cf. 9,14), también habló de la justicia de la fe, cuando nos invita a no querer subir al cielo y bajar al abismo en busca de la palabra, pues por nosotros (y sin nosotros) lo hizo Cristo (vv. 6- 8; cf. 8,3.32).

Con ello el apóstol ya ha llegado a la palabra de la fe (v. 8) en el Dios que resucitó a Cristo y lo constituyó Señor (vv. 9s)111. Tiene además otra prueba: los textos hablan indiscriminadamente de “todo aquél” que cree o invoca (vv. 11.13): de ello deduce que no hay distinción entre judíos y gentiles (v. 12)112.

db) Abierto a todo el mundo (10,14-21). A la objeción de que la salvación no puede depender de algo que nadie conoce (10,14), responde que la Escritura ya hablaba de una espléndida evangelización (v. 15) y también de la incredulidad de muchos (vv. 16s), a pesar de la universalidad del anuncio (v. 18), sin olvidar, por supuesto, a Israel (vv. 19-21).

En el caso de Israel, sin embargo, se ha dado una circunstancia especial: que Dios ha querido dar celos a los celosos (v. 19b)113, haciéndose encontrar, como se atreve a decir Isaías, por los que no le buscaban (v. 20; cf. 9,30), pero sin dejar de tender la mano a los rebeldes (v. 21). dc) Sólo un resto lo aceptó (11,1-10). La objeción es de fondo: ¿Puede Dios rechazar a su pueblo? (v. 1). La idea de un resto (vv. 5s), anunciado por la Escritura (vv. 2b-4) y ejemplificado por el mismo Pablo (vv. 1b-2a), vale para decir que la elección se cumplió, mientras que los demás se endurecieron (vv. 7-10).

La prueba de que Dios no rechaza al pueblo que “conoció”, en sentido de “eligió” (vv. 1b-2a)114, viene, en primer lugar, del mismo Pablo: israelita115, hijo de Abrahán116, de la tribu de Benjamín (v. 1bc)117. Pero, para poder hablar de un “resto” colectivo, recurre al tiempo de Elías, en que Dios se reservó siete mil fieles (vv. 2b-4). Precisamente esta idea del “resto” (v. 5)118 le servirá para subrayar la iniciativa divina: fue por gracia y no por las obras (v. 6)119. Tampoco le faltarán textos con que demostrar que, una vez cumplido su propósito, Dios “embota” a los que quiere humillar (vv. 7-10)120.

dd) Pero los demás pueden volver (11,11s). La respuesta importante consistiría en decir que no tropezaron para caer (v. 11a), pero esa respuesta, con textos de Escritura, se dará en vv. 25-32. Antes tiene que preparar al auditorio con una aplicación a la comunidad romana. Por el momento, da los principios generales: Dios sabrá sacar bien de lo bueno, si lo ha sacado de lo malo (vv. 11b-12), visto que la “caída” de los judíos ha sido riqueza para el mundo y salvación para los gentiles (vv. 11b-12a)121.

e) Aplicación (11,13-24). A partir de este momento, ya no se dirige al “tú judío” (como, sobre todo, 2,17; 3,5.7.9; 4,1; 9,19), ni al “hijo de Adán” (como en cc. 5-8), sino a “vosotros, los gentiles”, convertidos repetidamente en “tú” en los versículos siguientes.

Como en 9,1-3; 10,1; 11,1, vuelve otra vez a lo personal: él mismo se ha entregado con entusiasmo a su misión de apóstol de los gentiles (v. 13b)122, pero con los ojos puestos en el pueblo judío (v. 14)123, por los bienes que Dios saca de los males (v. 15)124.

La tesis de fondo es que todo el árbol de Israel mantiene su santidad (vv. 15s). Por tanto, aunque algunas ramas fueran cortadas y ciertas ramas espúreas (los gentiles) fueran injertadas (v. 17)125, eso no significa que las espúreas puedan despreciar a las auténticas (¡y menos a las no desgajadas!), porque las extrañas son ellas (v. 18).

Pablo no niega que muchos judíos fueron “desgajados” para que los gentiles pudieran ser injertados (v. 19; se deduce de vv. 11b-12a)126, pero intenta buscar el motivo de aquella “operación”: fueron “desgajados” por su infidelidad, pero vosotros os mantenéis por la fe (v. 20ab)127, es decir por gracia128, lo cual no da pie al orgullo129, sino al temor (v. 20). En el fondo, les dice que están cayendo en aquél orgullo que perdió a los judíos y que les puede ser fatal, porque tienen menos derecho que ellos (v. 21).

Una última reflexión sobre el rigor y la generosidad de Dios (v. 22a): como si hubiera dicho que el rigor contra los judíos (v. 22b) fue debido a su falta de generosidad (lo dice en v. 31a), dice que la generosidad de Dios para con los gentiles exige que se mantengan en ella (para con los demás -v. 22c); asimismo Dios será generoso con los judíos, si abandonan la incredulidad (v. 23), pues tiene más razones para ello (v. 24).

f) Peroración (11,25-36). En forma más exaltada, deduce de la misma objeción de v. 19 un “misterio” que le entusiasma: lo que se hizo para que entraran los gentiles, cesará cuando estén dentro (v. 25b) y así todo Israel se salvará (v. 26a). Como dice la Escritura, saldrá de Sión un Salvador, redimirá la impiedad de Jacob y sellará un pacto con ellos, cuando borre sus pecados (vv. 26b-27). Es decir que, por más que le hicieran la guerra (v. 28a)130, el apóstol no ha llegado a una lectura “desjudaizada” de la Escritura (v. 28b)131, porque entiende que Dios no echa atrás sus dones (v. 29)132. No le falta más que reunir ese inmenso entramado de ideas en una sola reflexión: con vosotros rebeldes133, se tuvo misericordia gracias a la rebeldía de ellos (v. 30); ahora ellos se han rebelado134 por causa de la misericordia tenida con vosotros (v. 31a), pero, al final, se tendrá misericordia con ellos (v. 31b) y se cerrará el círculo que une misteriosamente rebeldía y misericordia (v. 32). Es decir que Dios, salvando a los gentiles, ha trabajado en favor de Israel, para hacerle sentir con más profundidad su misericordia (vv. 25-32). Como un gran finale, añade una larga exclamación, de estilo litúrgico, sobre la sabiduría inescrutable de Dios (vv. 33-35), para terminar en una doxología total (v. 36).

5. Discurso exhortatorio (12,1-15,03)

La última parte dice cómo tiene que ser en la práctica la vida del cristiano. Tiene conexiones de fondo con cc. 5-8, que frecuentemente apuntaban a la exhortación135, pero también con los elementos exhortatorios de cc. 9-11: la exhortación a la humildad y a la bondad frente a los demás (11,18.20.22). Sin grandes marcas divisorias, hay un cambio continuo de temática (con mucha frase corta: especialmente, 12,7-21) a lo largo de cc. 12s. En cambio, el tema empezado en 14,1, a propósito de si hay que comer carne o no hay que comerla, se extiende, por lo menos, hasta 15,7136 y es fácil extenderlo hasta 15,12.

El carácter de conclusión, que fácilmente atribuiremos a 13,11-14, nos ayudará a dividir lo que precede y lo que sigue en dos pequeños discursos: uno de carácter general, con voluntad de llegar a muchos temas (12,1-13,14); otro centrado en el tema de la carne comestible (14,1-15,13).

5A Exhortación general (12,1-13,14)

a) Exordio (12,1s)

b) Argumentación: un nuevo mundo de relaciones (12,3-13,7)

ba) La Iglesia (12,3-8)

bb) Difusores del bien (12,9-21)

bc) La autoridad civil (13,1-7)

c) Ampliación: la ley del amor (13,8-10)

d) Peroración: perspectiva escatológica (13,11-14)

5B Un problema en Roma (14,1-15,13)

a) Acoger al débil (14,1-12)

b) No escandalizarle (14,13-23)

c) A imitación de Cristo (15,1-6)

d) Por respeto al pueblo judío (15,7-13)

5A Exhortación general (12,1-13,14)

Nos permitimos hablar de una cierta recuperación de la Ley en el resto de la carta. También la Carta a los Gálatas, a partir de 5,13, exhortaba a cumplir “toda la Ley”, en cuanto sintetizada en el precepto del amor al prójimo (v. 14), y luego a cumplir la “ley de Cristo” que, entre otras cosas, invita a llevar los unos las cargas de los otros (6,2). Nuestra carta no atacó a la Ley menos que Gálatas, pero a la hora de la verdad, también como Gálatas, invita a cumplir lo que la Ley tiene de irrenunciable.

a) Exordio (12,1s). Enlaza (lo subrayaremos) incluso en las palabras, con el resto de la carta, pero no con sus temas más célebres (“justificación”, “fe”, “ley”, “obras”). En el fondo, invita a los cristianos a responder a la gracia de Dios, siendo el verdadero Israel137. Así, encontramos precedentes en las ideas de “presentar vuestros cuerpos” (v. 1c)138, “culto inmaterial” (v. 1d)139, “voluntad de Dios” (v. 2c)140, “buena” (v. 2d)141, “agradable a Dios” (v. 2e)142, “perfecta” (v. 2d)143. De todos modos, supera esa perspectiva con las ideas de “renovación” (detrás de la cual, está la de “nueva creación” de 2 Cor 5,17 y Gál 6,15) y superación del “mundo presente” (v. 2ab)144.

b) Argumentación: un nuevo mundo de relaciones (12,3-13,7). Los cc. 6-8 ya se han referido a otros “frutos” del Espíritu (Gál 5,22s) o, si se quiere, a la superación de otras “obras de la carne” (vv. 19-21). Nuestros capítulos se concentran en todo lo que son relaciones con otras personas.

ba) La Iglesia (12,3-8). El primer bloque (vv. 3-8) está especialmente relacionado con el carisma apostólico de Pablo (“la gracia que me ha sido dada”: v. 3a)145 y habla de las relaciones en el interior de la Iglesia, con especial referencia a los que en ella ocupan un cargo: las distintas funciones asimilables a aquel carisma (v. 6a: “la gracia que os ha sido dada”). Del principio general (v. 3), pasa a la imagen del cuerpo (vv. 4) y de ahí a las funciones concretas (vv. 6-8). Matizando expresiones paralelas dice que somos un solo cuerpo “en Cristo” (vv. 4a.5a)146 y, además, “unos miembros de otros” (v. 5b), cosa que no se dice del cuerpo físico. Las distintas funciones (v. 4b) se llaman “carismas” (v. 6a) y parece que ya tienen una personalidad configurada (según v. 3b, una “medida”; según v. 6b, una “analogía” -o “proporción”). Por eso a muchas de ellas se les pide que sean… “eso mismo”: ministerio147, enseñanza, exhortación, (vv. 7-8a), por más que no le faltan al apóstol calificativos adecuados para otras obras pastorales y de misericordia (v. 8)148.

bb) Difusores del bien (12,9-21). El segundo bloque (vv. 9-21) tiene dos ejes: la caridad (v. 9a) y la lucha contra el mal (v. 9b), que se juntan en uno cuando se vence el mal con la abundancia del bien (v. 21).

Tiene una primera parte, compuesta por diez substantivos seguidos casi siempre de participio. En ella se exhorta a una vida adecuada en el seno de la comunidad (vv. 10-11a.13ab), pero también a actitudes que han sido fundamentales en la carta: la docilidad al Espíritu (v. 11b)149 y el servicio al Señor (v. 11c)150, la esperanza (v. 12a)151, la resistencia en la tribulación (v. 12b)152 y la constancia en la oración (v. 12c)153;

La segunda parte está formada, en cuanto al sentido, por doce imperativos directos (no siempre en imperativo). En ellos se tienen en cuenta distintos destinatarios, dentro (vv. 15s) y fuera de la comunidad (vv. 14.17s). Se termina con unas reflexiones, especialmente orientadas a los de fuera (vv. 19- 21): no os venguéis, sino, como dice la Escritura (v. 19), venced el mal con la abundancia del bien (vv. 20s).

bc) La autoridad civil (13,1-7). A la zaga de tradiciones existentes (como las que reflejan 1Pe 2,17 y Mt 22,21 par), el apóstol habla de la autoridad civil resaltando sólo lo bueno, quizás porque el resto (¡en la época de Nerón!) se presupone. La autoridad responde a un ordenamiento divino que busca el bien (vv. 1-4): por eso hay que obedecerle en conciencia (v. 5) y pagarle los impuestos (vv. 6s). El v.7 habla -entendemos- de rendir el temor a Dios y el honor al César154.

c) Ampliación: la ley del amor (13,8-10). El bloque siguiente, de tres versículos (vv. 8-10), habla del amor fraterno, como continuando 12,9a155. Los capítulos anteriores habían hablado sólo del amor de Dios (entendemos: del que Dios nos tiene), pero como algo que se nos infunde (5,5), que no se separa de nosotros (8,35.39), que conduce a la imitación (11,22). Del amor al prójimo, en la línea de Gál 5,14 y de la tradición evangélica156, se dice que es una deuda impagable (v. 8a; cf. v. 7a), plenitud de la Ley (vv. 8b.10b)157 y resumen de cada mandamiento (v. 9; cf. 7,12).

d) Peroración: perspectiva escatológica (13,11-14). La conclusión del primer discurso está inspirada en 1 Tes 5,4-8: el “tiempo distinto” (kairos:v. 11a y 1 Tes 5,1)158, “despertar” (v. 11b y 1 Tes 5,6), “la noche” (v. 12a y 1 Tes 5,5c.7), “el día” (v. 12b y 1 Tes 5,2.3-5.8), despojarnos de las obras de las tinieblas” (vv. 12c.13b y 1 Tes 5,4a.7), “las armas de la luz” (vv. 12d.13a y 1 Tes 5,5.8). La carta se coloca en el momento escatológico (v. 11b: “¡Ya es hora…!”), al que en 8,18.38 ha aludido, como “futuro”. Ese futuro cercano es el día luminoso de Cristo, al que hay que prepararse (y aquí se pasa al lenguaje de Gálatas y Romanos) revistiéndose de Jesucristo (v. 14a)159 y no haciendo caso de los deseos de la carne (v. 14b)160.

En resumen, diríamos, pues, que todo este apartado ha ido concluyendo los distintos temas planteados en cc. 5-8, en cuanto a la conducta del cristiano y en cuanto a su proyección al futuro; pero también (véanse citas) ha ido recordando, sin especulaciones ni polémicas, los diálogos con el “tú judío” de cc. 2s y la parte exhortatoria de c. 11 (vv. 13-25).

5B Un problema en Roma (14,1-15,13)

En la segunda parte (o segundo discurso) de esta exhortación (14,1-15,7), desarrolla un tema que tiene bastante que ver con el diálogo judío-gentil: los problemas derivados de comer carne en el contexto concreto de la comunidad romana. Su Leitmotiv viene a ser la idea de “llevarse las cargas unos de otros”, con lo cual, según Gál 6,2, se cumple la ley de Cristo.

a) Acoger al débil (14,1-12). El problema es expresado, con suficiente claridad, en 14,2s.5: unos comen de todo, no distinguen días y desprecian a los demás (porque los consideran ignorantes: respectivamente, vv. 2a.5b.3a); otros no comen carne, distinguen días y condenan a los demás (porque los consideran pecadores: respectivamente, vv. 2b.5a.3b).

La clave de la solución es expresada, en forma descriptiva, en v. 6: unos y otros actúan por el Señor. De ahí se deduce que los demás no deben meterse en ello: idea que explica, tanto los imperativos -a acoger (v. 1), a no despreciar ni juzgar (v. 3ab), a buscar la perfección dentro de la propia idea (v. 5c)-, como las reprimendas (vv. 4a.10ab), pues se están colocando en el lugar del Señor, como las reflexiones teóricas: Dios acogió (v. 3c), Dios sostendrá (v. 4bc), vivimos para el Señor (vv. 7-9), él nos juzgará (vv. 10c- 12).

b) No escandalizarle (14,13-23). En el bloque siguiente, después de haber dicho que no juzguemos a los demás (v. 13a, referido a los débiles), pasa exclusivamente a pedir que no los escandalicemos (v. 13b, referido a los fuertes). En el texto se entrecruzan imperativos (vv. 13.15b.16.19.20a.22) y reflexiones (vv. 14.15a.17s.20bc.21.23). La argumentación, mirando al contenido, seguiría tres pasos: ba) malo es escandalizar (vv. 14-16); bb) no es admisible en el Reino de Dios (vv. 17-21); bc) donde también se lucha contra el pecado de los demás (vv. 22s): feliz tú si nada te remuerde, pero recuerda que quien actúa contra conciencia peca.

c) A imitación de Cristo (15,1-6). El tercer bloque se dirige exclusivamente a “nosotros los fuertes” (v. 1) y les invita a imitar a Cristo (vv. 1-3), que no se agradó a sí mismo, sino que cargó con toda clase de insultos (v. 3). Después de un paréntesis amplificador sobre lo que nos da la Escritura (v. 4), canta, en una primera bendición “final”, las excelencias del buen entendimiento en la comunidad (vv. 5s).

d) Por respeto al pueblo judío (15,7-13). El cuarto bloque, como final después de un “final” (vv. 5s), empieza resumiendo lo dicho (v. 7). Pero, precisamente porque los “fuertes” son gentiles, relaciona el tema con la dialéctica judíos- gentiles, aparentemente abandonada desde 11,32. Los judíos son admitidos por la fidelidad de Dios (v. 8); los gentiles sólo por misericordia (v. 9), para que se unan al pueblo de Dios (v. 10), sólo a Dios alaben (v. 11: ¡no a sí mismos!) y se sometan al descendiente de Jesé (¡y de Judá! -v. 12). La sección termina con una segunda bendición final (v. 13).

El v. 8 es especialmente interesante: no dice sólo que Cristo fue circuncidado, sino “ministro” de la circuncisión (v. 8a; cf. 11,13s), y no por la misericordia, sino por la “verdad” de Dios (v. 8b; cf. 3,7), y no para dejar cumplidas, sino para “confirmar” las promesas hechas a los Padres (v. 8c; cf. 9,4s).

6. Epílogo epistolar (15,14-16,27)

El epílogo tiene una longitud proporcionada a la de la carta. Se divide claramente en dos partes, separadas entre sí por una tercera bendición final (15,33; cf. vv. 5s.13), en la que no falta la palabra “Amén”. La primera -6A- se distingue por unas reflexiones más teológicas (15,14-21); la segunda -6B-, por multitud de recomendaciones y saludos (16,1-16.21-23); pero ambas contienen exhortaciones (15,30-32; 16,17-20) y bendiciones (15,33; 16,20.25s), hasta el punto de dar la impresión de que pudiera tratarse de dos cuerpos separados. La primera parte se divide a su vez en tres bloques: a) unas reflexiones sobre el ministerio de Pablo, que terminan con cierta solemnidad en v. 21; b) una narración sobre los planes de viaje, que termina con la prevista llegada a Roma (v. 29); c) una exhortación, que inicia con el término parakalô (“os exhorto”) y llega hasta el “Amén” de v. 33. La segunda parte tampoco presenta dificultades a la ulterior subdivisión. Contiene: a) una recomendación (vv. 1s); b) saludos a distintos destinatarios (vv. 3-16); c) una exhortación (vv. 17-20), que concluye en una cuarta bendición “final” (v. 20; cf. 15,5s.13.33); d) saludos de personas que están junto a Pablo (vv. 21-23); be) una doxología (realmente) final (vv. 25s).

Su desarrollo tampoco presenta especiales complicaciones.

6A. Primera despedida (15,14-33)

a) El ministerio de Pablo (vv. 14-21). Las premisas, sobre por qué les ha escrito, tienen claras correspondencias en el prólogo de la carta: elogio de los fieles romanos (v. 14; cf. 1,8.12), el deber que tiene de llegar a ellos (v. 15a; cf. 1,6s.14s), la misión que le ha sido confiada (vv. 15b-21; cf. 1,1.5).

Se extiende en este último punto calificando su “gracia” (v. 15b; cf. 12,3.6) como una función sacerdotal (en 1,9 había dicho latreuô) que pre-santifica la ofrenda de los gentiles (v. 16; cf. 12,1), como una “gloria” (kaukhêsis; cf. 5,2s.11), basada en lo que Cristo ha obrado en la conversión de los gentiles (vv. 17s; cf. 1,5), concretado en señales, prodigios y poder del Espíritu (v. 19ab)161, a lo largo de todo el Mediterráneo (v. 19c; cf. 1,14), donde él ha puesto los fundamentos (vv. 20s).

b) Planes de viaje (vv. 22-29). En la parte narrativa, pasa continuamente del pasado al presente y al futuro: Entiende que están colocados los “fundamentos” en la región del Egeo (v. 23a; cf. 2 Cor 10,15s) y puede poner un “sello” digno a la obra con su visita a Jerusalén (v. 28b sfragisamenos). Esta visita, acompañada de una importante colecta, representará un gran servicio a “los santos” (cf. 12,13) y una especie de “paga” por lo que de ellos han recibido (vv. 25-27). Acto seguido, podrá cumplir su antiguo deseo (cf. 1,11.13) de pasar por Roma (vv. 28b; cf. v. 24), donde llegará cargado con las bendiciones de Jerusalén (v. 29; cf. vv. 22.24.28s). Allí los romanos le prepararán como saben el camino para España (vv. 24.28).

c) Exhortación y bendición (vv. 30-33). La exhortación se convierte en dramática petición de oraciones (v. 30) para que sea librado de los judíos no- creyentes (v. 31a)162, que podrían terminar con su vida (v. 32) y también para que su servicio sea aceptado por los santos (v. 31b; cf. v. 25- 28a) que, en cierto sentido, pagan las consecuencias de su apostolado entre los gentiles163.

En la tercera bendición “final” (v. 33), se cita al Dios de la paz, tema importante desde 5,1164.

6B. Segunda despedida (16,1-26)

Por lo que diremos en el apartado siguiente,15,33 podría ser el final de la carta, puesto que el c. 16 podría pertenecer a una carta distinta. Por el momento, lo recorremos tal como está.

a) Recomendación (vv. 1s). Se refiere a una mujer, Febe, hermana y diaconisa, pidiendo que sean “hermanos” y “diáconos” con ella (v. 2).

b) Saludos a distintos destinatarios (vv. 3-16). Entre los saludos, se destacan los destinados a Prisca y Aquila (vv. 3-5a) y a Andrónico y Junia (v. 7). Los primeros han colaborado largamente con el apóstol165 y siguen reuniendo a una iglesia en su casa (v. 5a). Los segundos podrían pertenecer a los “más de quinientos” que vieron a Cristo mucho antes que Pablo (1 Cor 15,6). De entre los demás, subrayamos que, de varias mujeres (vv. 6.12) se dice que “se esforzaron” (ekopiasan) en el Señor, lo que suele entenderse del trabajo apostólico. Algunos grupos son simplemente nombrados (vv. 10b.11b.14s) o de ellos viene a decirse simplemente que son cristianos: pueden ser las distintas “iglesias domésticas” que constituían la comunidad de Roma.

Al final de los saludos individualizados, viene la invitación a saludarse mutuamente (v. 16a)166 y el saludo de todas las iglesias de Cristo (v. 16b)167.

c) Exhortación y bendición (vv. 17-20). La exhortación es una dramática advertencia contra una minoría que busca la división y el escándalo (v. 17), cuando la “doctrina” y la “obediencia” piden otra cosa (v. 19a)168. Ahí Pablo se acerca enormemente a una palabra de Cristo, pero suprimiendo las serpientes y las palomas: hay que ser sabio para el bien y simple para el mal (v. 19b)169.

La cuarta bendición “final” (v. 20; cf. 15,5s.13.33) vuelve por novena vez al tema de la paz170.

d) Saludos de otras personas (vv. 21-23). Al saludar en nombre de personas que están junto a él (vv. 21-23), repite elogios dados a personas citadas anteriormente. Manda saludos Timoteo, el “colaborador” (v. 21a; cf. vv. 3.9a), tres más, “de mi raza” (v. 21b; cf. vv. 7b.11a), el que escribió la carta (v. 22), Gayo, que me hospeda a mí y a toda la iglesia (v. 23a; cf. vv. 1s), Erasto, administrador de la ciudad (v. 23b) y, finalmente, Cuarto, el hermano (v. 23c; cf. vv. 1.14). Con ello se daría a la carta el más prosaico de los finales posibles.

e) Doxología final (vv. 25s). En su estado actual, de todos modos, la carta termina citando multitud de temas aparecidos en el texto, aunque no siempre en el mismo sentido: a) fortalecer (v. 25a; cf. 1,11); b) mi evangelio (v. 25b)171; c) el kerigma de Jesucristo (v. 25b)172; d) la revelación (v. 25b)173; d) el misterio (v. 25b)174; e) por tiempos eternos callado (khronois aiôniois sesigêmenou: v. 25b)175; f) mostrado (v. 26a)176; g) ahora (v. 26a)177; h) por medio de las Escrituras proféticas (v. 26a; cf. 1,2); i) según el mandato del Dios eterno (v. 26b)178; j) dado a conocer (v. 26c)179; k) a todas las gentes para la obediencia de la fe (v. 26b)180; l) Dios, único sabio (v. 27a; cf. 11,33); m) por medio de Jesucristo (v. 27b)181; n) la gloria por los siglos (v. 27c)182.

Realmente, un buen trabajo, realizado posiblemente por un buen discípulo. Sobre todo, teniendo en cuenta que Pablo no acostumbraba a realizar síntesis tan completas al final de sus cartas.

Autor: Jordi Sánchez Bosch en Escritos Paulinos

Notas

  • (11)  Cf. Mt 1,1; 9,27; 12,23; 15,22; 20,30s; 21,9.
  • (12)  Cf. esp. Sl 110, 4; Dn 7,14.
  • (13)  Cf. 1 Tes 1,1; 1 Cor 1,1-3; 2 Cor 1,1s; Flp 1,1s; Flm 1-3.
  • (14)  Cf. 1 Cor 1,4; Flp 1,3; 1 Tes 1,2.
  • (15)  Cf. 1 Tes 2,17; 3,10; Flp 1,27; 2,26.
  • (16)  Cf. 16,25; 1 Tes 2,17; 3,3.
  • (17)  Cf. 1 Cor 4,15; 2 Cor 10,14.
  • (18)  Cf. Gál 5,21b; 6,4.7-9.
  • (19)  Cf. Dt 30,6; Flp 3,3; Col 2,11.
  • (20)  Cf. v. 27; 7,6; 2 Cor 3,6s.
  • (21)  Cf. v. 28; 4,2; 9,11; 11,6; cf. Gál 2,16; 3,11.
  • (22)  Cf. dikaioô en vv. 24.26.28.30; 4,2.5; dikaiôsynê, 3,21s.25s; 4,3.5s.9.11.13.22.
  • (23)  Cf. 1,16; 3,22.
  • (24)  Cf. 9,7; Gál 4,22-27; Mt 3,9; Lc 3,8; Jn 8,39.
  • (25)  2,12-15.17s.20.23.25-27; 3,19- 21.27s.31.
  • (26)  Cf. 5,2.4s; 8,19s.23-25; 15,13; Flp 1,20; 1 Tes 1,3.
  • (27)  Cf. Heb 11,17-19, referido a Gn 22,1-10.
  • (28)  Cf. v. 17b; 1,4; 6,4.9; 7,4; 8,11.34; 10,9; 1 Tes 1,10.
  • (29)  Cf. 3,25; 5,6-11; 6,2s.5s.7s.10s; 8,3.34; 14,9.15; 1 Cor 15,3.
  • (30)  Cf. 5,16.18.
  • (31)  Cf. 1 Tes 1,3; 5,8; 1 Cor 13,13.
  • (32)  Cf. especialmente 1 Cor 1,31; 2 Cor 10,17; Gál 6,14.
  • (33)  Cf. “uno solo”, en vv. 15a.16ab.17ab.18.
  • (34)  Cf. “uno solo”, vv. 17d.18d.19b.
  • (35)  Cf. 1,5; 6,16.18; 16,19.26.
  • (36)  Cf. hasta este momento, 1,16; 2,7.16; 3,6; 4,17; 5,9s.17d.21d.
  • (37)  Cf. 3,20b; 4,15; 5,20.
  • (38)  Cf. los indicativos en 5,15cd.17b.20b.
  • (39)  Cf. 7,22.25; 8,7.
  • (40)  Cf. 7,12.14.16; 8,4.
  • (41)  Cf. 2,27.29; 2 Cor 3,6s.
  • (42)  Cf. 1,32; 3,20b; 4,15b; 5,13; Gál 3,19.
  • (43)  Cf. v. 5b; 4,15a; 5,20; Gál 3,22s; 1 Cor 15,56.
  • (44)  Cf. v. 5; 2 Cor 3,6s.
  • (45)  Cf. pneumatikos en 1,11; 7,14; 15,27; Gál 6,1; 1 Cor 2,13.15; 3,1; 9,11; 10,3s; 12,1; 14,1.37; 15,44.46.
  • (46)  Cf. vv. 5.18.25; 8,3-9; 13,14.
  • (47)  Cf. 3,9; 5,12s.20s.
  • (48)  Cf. katakrima, “condenación”, en 8,1 y 5,16.18.
  • (49)  Cf. 6,9.14; 7,1.
  • (50)  Cf. 1,4.16; 15,13.19; 1 Cor 15,56.
  • (51)  Cf. vv. 6.10.38; 1,17; 6,10s.13; 2,7; 4,17; 5,10.17s.21; 6,4.22s; 7,10.
  • (52)  Cf. vv. 7s; 7,23-25.
  • (53)  Cf. v. 32; 2 Cor 5,21; Gál 3,13; 4,4s.
  • (54)  Cf. 3,25; 5,9.
  • (55)  Cf. 7,5.14b.18.25.
  • (56)  Cf. 11,32; Gál 3,22.
  • (57)  Cf. 2,13.18.20.25-27; 7,12.14a; cf. dikaiôma tou theou, en 1,32.
  • (58)  Cf. 13,14; Gál 5,16s.
  • (59)  Cf. 7,4.
  • (60)  Cf. oikein, en 7,18.20.
  • (61)  Cf. 6,10s.
  • (62)  Cf. dikaiosynê en 6,13.16-18.20.
  • (63)  Cf. 6,5.8.
  • (64)  Cf. 6,6; 7,24.
  • (65)  Cf. Gál 5,18.
  • (66)  Cf. vv. 19.29; Gál 3,26; 4,6.
  • (67)  Cf. Gál 4,1-5.
  • (68)  Cf. Gál 4,6.
  • (69)  Cf. Gál 3,18.29; 4,1.7; 4,1.7.
  • (70)  Cf. 6,4-6.8; Gál 2,19; 2 Cor 1,5; 4,10-12.
  • (71)  Cf. 5,2; 6,4; 2 Cor 4,16- 18.
  • (72)  Cf. 1 Cor 15,25-27; 2 Cor 5,17.19; Gál 6,15.
  • (73)  Cf. 2 Cor 1,22; 5,5.
  • (74)  Cf. 1 Cor 15,44.
  • (75)  Cf. elpis en v. 20 y en 5,2.4s; ypomonê, en 2,7; 5,3s; 15,4s.
  • (76)  Cf. 5,9-11.
  • (77)  Cf. 5,8.
  • (78)  Cf. v. 30b; 5,1.9.
  • (79)  Cf. 5,6.8b.10.
  • (80)  Cf. 5,3; 2 Cor 4,8-10; 6,8-10.
  • (81)  Cf. vv. 18-22; 5,12-14.
  • (82)  Cf. v. 8; 8,15.23; Gál 4,5.
  • (83)  Cf. v. 23; 2,7.10; 3,23; 8,18.21.
  • (84)  Cf. 11,27; Gál 3,15.17; 4,24; 2 Cor 3,6.14.
  • (85)  Cf. 2,17-20.
  • (86)  Cf. 12,1; cf. 1 Cor 10,18.
  • (87)  Cf. vv. 8s; 4,13s.16.20; 15,8.
  • (88)  Cf. v. 10; 4,1.11s.16-18; 15,8.
  • (89)  Cf. 1,3; Gál 3,16; 4,4; 2 Tim 2,8; Heb 2,16.
  • (90)  Favorable, M.J. HARRIS, Jesus as God, Grand Rapids 1992, pp. 143-172; contrario, METZGER, Textual 459-462.
  • (91)  Cf. 2,17; véase el “yo” en 3,7 y el “nosotros” en 3,5.9.
  • (92)  Cf. Gál 3,14.16-18.21s.29; 4,23.28.
  • (93)  Cf. 8,33; 11,5.7.28.
  • (94)  Cf. 8,28.
  • (95)  Cf. vv. 24-26; 1,16s; 8,30; 11,29.
  • (96)  Cf. v. 32; 3,20.27s; 4,2.6; 11,6.
  • (97)  Cf. 11,31; 15,9.
  • (98)  Cf. 1 Cor 12,24.
  • (99)  Cf. v. 17; 1,18.24.26.28; 3,5s.
  • (100)  Cf. v. 15; 2,4; 3,7; 10,12; 11,12.33.
  • (101)  Cf. 4,9-12.
  • (102)  Cf. 2 Cor 6,16.
  • (103)  Cf. v. 13; 1,7; 5,5.8; 8,35.37.39.
  • (104)  Cf. v. 8; 8,14.16s.19.29.
  • (105)  Cf. 4,11.13; 5,17.21.
  • (106)  Cf. 7,14-25; 10,5-7; Gál 3,10.19.22s.
  • (107)  Cf. 4,3s.16.
  • (108)  Cf. Flp 3,9: emên.
  • (109)  Cf. 1,16s; 3,5.21-26.
  • (110)  Como en 9,31 había dicho que no habían llegado a la Ley; cf. 3,21b; Gál 3,22.24.
  • (111)  Cf. 1,3s; 4,17.24s.
  • (112)  Cf. 3,22.29s.
  • (113)  Cf. v. 2; 9,25s; 11,11c.14.
  • (114)  Cf. 8,28-30.
  • (115)  Cf. 9,4.
  • (116)  Cf. 4,16; 2 Cor 11,22.
  • (117)  Cf. Flp 3,5.
  • (118)  Cf. 9,27-29.
  • (119)  Cf. 3,24; 4,4.16; 5,2.15.17.20s.
  • (120)  Cf. 1,18.24.26.28; 9,22; 10,19.
  • (121)  Cf. vv. 19s.25.31s; 3,5a.7a.8b; 5,20; 9,17.
  • (122)  Cf. 1,1.5s.13-15; Gál 1,16; 2,7-9.
  • (123)  Cf. 10,19; 1 Cor 9,19.
  • (124)  Cf. v. 12; 5,10.
  • (125)  Cf. 15,9s.16.
  • (126)  Cf. 3,5a.7a.8b; 5,20; 9,17.
  • (127)  Cf. 9,30; 10,3.
  • (128)  Cf. 4,16.
  • (129)  Cf. v. 6.
  • (130)  Cf. 1 Tes 2,15b-16.
  • (131)  Cf. 9,3-5; 10,1.
  • (132)  Cf. 8,28-30.
  • (133)  Cf. 1,29-31.
  • (134)  Cf. 2,8; 10,21; 15,31.
  • (135)  Cf. 6,12s.19; 8,12s.
  • (136)  Cf. proslambanein en ambos textos.
  • (137)  Cf. 9,6.24-26.
  • (138)  Cf. paristanô en 6,13.19.
  • (139)  Cf. latreuô en 1,9; latreia, en 9,4.
  • (140)  Cf. dokimazein y thelêma en 2,18.
  • (141)  Cf. 2,7.10; 7,12s.
  • (142)  Cf. 8,8; 14,18.
  • (143)  Cf. 1 Cor 2,6; 13,10; 14,20.
  • (144)  Cf. 1 Cor 1,20; 2,6.8.
  • (145)  Cf. 15,15; 1 Cor 3,10; Gál 2,9.
  • (146)  Cf. 7,4; 1 Cor 12,12s.27.
  • (147)  Cf. diakonia en 11,13.
  • (148)  Cf. 1 Cor 12,28.
  • (149)  Cf. 8,14s.26; 1 Tes 5,19.
  • (150)  Cf. 7,6.
  • (151)  Cf. 5,2.4s; 8,20.24.
  • (152)  Cf. thlipsis en 5,3; 8,35; ypomonê, en 2,7; 5,3s; 8,25.
  • (153)  Cf. 8,26.
  • (154)  Cf. 1Pe 2,17; Mt 22,21 par.
  • (155)  Cf. v. 10a.
  • (156)  Cf. Mt 5,43; 19,19; 22,39.
  • (157)  Cf. 8,4; Gál 5,14.
  • (158)  Cf. 1 Cor 7,29; 2 Cor 6,2; Gál 6,9.
  • (159)  Cf. Gál 3,27.
  • (160)  Cf. epithymia en 1,24; 6,12; 7,7s; 1 Tes 4,5; sarx, especialmente, en 7,5.18.25; 8,3-9.12s; ambas juntas, en Gál 5,16.24.
  • (161)  Cf. 1,4.16; 9,17; 15,13.
  • (162)  Cf. 8,35; 12,1.
  • (163)  Cf. 1 Tes 2,14-16.
  • (164)  Cf. 8,6; 14,17.19; 15,33.
  • (165)  Cf. 1 Cor 16,19; 2 Tim 4,19.
  • (166)  Cf. 1 Cor 16,20b; 2 Cor 13,12a; Flp 4,21a; 1 Tes 5,26.
  • (167)  Cf. 1 Cor 16a; 2 Cor 13,12b; Flp 4,21b.
  • (168)  Cf. ambas en 6,17; “obediencia”, en 1,5; 5,19; 6,16; 15,18.
  • (169)  Cf. 11,25; 12,16; Mt 10,16.
  • (170)  Cf. 1,7; 2,10; 3,17; 5,1; 8,6; 14,17.19; 15,13.33.
  • (171)  Cf. 2,16; euaggelion, en 1,1.9.16; 10,16; 11,28; 15,16.19.
  • (172)  Cf. kêrussô en 2,21; 10,8.14s.
  • (173)  Cf. apokalypsis en 2,5; 8,19; apokalyptô, en 1,17s; 8,18.
  • (174)  Cf. 11,25.
  • (175)  Cf. khronos en 7,1; apokekrymmenên… pro aiônvn en 1 Cor 2,7.
  • (176)  Cf. 1,19; 3,21.
  • (177)  Cf. nyn en 3,26; 5,9.11; 6,19.21; 8,1.18.22; 11,5.30s; 13,11; nyni en 3,21; 6,22; 7,6.17; 11,30; 15,23.25.
  • (178)  Cf. aiônios -con zôê– en 2,7; 5,21; 6,22s.
  • (179)  Cf. 9,22s.
  • (180)  Cf. 1,5; 5,19; 6,16; 15,18; 16,19.
  • (181)  Cf. dia, referido a Jesucristo, en 1,5.8; 2,16; 3,22.24; 5,1s.10s.17-19.21; 7,4.25; 10,17; 15,30.
  • (182)  Cf. 11,36; eis tous aiônas, en 1,25; 9,5; doxa, referido a Dios, en 1,23; 3,7.23; 4,20; 5,2; 6,4; 9,23; 15,7.

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