Situación histórica y social del siglo VII a.C.

Asiria venía siendo la potencia dominante, sobre todo, desde que Teglatpalasar III (745-727) reorganizó la autoridad en el interior de su país y comenzó sus campañas expansionistas. Su sucesor Salmanasar V (727-722) continuó ensanchando las fronteras; fue quien invadió Samaría el año 722, pero murió poco después.

Sargón II (a la derecha) con su hijo el príncipe Senaquerib en un bajorrelieve de Dur-Sharrukin (Museo del Louvre).

A Sargón II (722-705) le correspondió sofocar algunas revueltas internas (entre otras cosas anexionó el Reino del Reino del Norte el año 721) y consolidó los límites con otros países, constituyendo un verdadero imperio mundial, para aquella época: los medos y los persas viven todavía como nómadas en el Noroeste del Irán; los babilonios están sometidos como provincia; los habitantes de Israel están también sometidos o han huido hacia Judá.

Sólo Egipto conserva un cierto poder; Judá, por su parte, se mantiene como vasallo de Asiria, pagando enormes tributos durante los reinados de Acaz y Ezequías.

Relieve en bronce, representando a Asarhaddón (derecha) y a su madre Zakutu (izquierda) (Museo del Louvre).

Los reinados de Senaquerib (740-681) y de Asarhadón (661-668) marcan el punto culminante del esplendor de Asiria. Sus fronteras se extienden desde Egipto hasta Babilonia. Al disminuir las guerras se dedican a embellecer Nínive con el trabajo de los esclavos traídos de Caldea, Siria y Palestina.

Relieve de Assurbanipal cazando British Museum.London

Assurbanípal (668-630) hereda un imperio bien consolidado y se limita en el orden militar a ahogar cualquier levantamiento, sea en el Noroeste con los cimerios, sea en Babilonia con los elamitas, sea en el Sur con las tribus árabes.

El príncipe asirio, por otra parte, consagra gran parte de sus fuerzas al arte y a la cultura: reunió en la famosa biblioteca de Kuyundjik importantes documentos antiguos de los pueblos sometidos (más de 10.000 volúmenes) y ornamentó Nínive con los famosos relieves de cacerías que han llegado hasta nosotros.

La influencia asiria pesó enormemente durante estos años sobre Jerusalén; es el largo reinado de Manasés (687-642), uno más entre los múltiples vasallos. Fueron años oscuros y penosos para Judá, porque la estrella de Asiria eclipsaba cualquier otro país.

Los últimos años de Assurbanípal marcan la decadencia del imperio asirio, tanto que todavía hoy es imposible conocer el orden y duración de sus sucesores. Asiria se desintegra poco a poco, pero irremisiblemente; va a desaparecer en menos de veinte años.

Egipto recobra una cierta autonomía; los medos y persas reorganizan en el Norte un ejército poderoso; pero es Babilonia quien resurge con una fuerza extraordinaria: el rey caldeo Nabopolasar se instala en Babilonia (626-605) y comienza sus conquistas.

Junto con el persa Ciajares se apodera de Asur y destruye totalmente Nínive, la ciudad emblemática de Asiria. Estamos en el año 612 a.C. Una vez que Asiria y su rey desaparecen de la historia, babilonios y medos quedan como dueños del mundo entonces conocido: a Ciajares le corresponde la Mesopotamia del Norte y a Nabopolasar Asiria central, Elam y los derechos de vasallaje sobre Siria y Palestina.

Con esta situación quedan enfrentados una vez más el resurgente imperio neobabilónico y el viejo Egipto, gobernado ahora por Necao.

Judá, como se ha indicado, sufre durante el siglo VII los vaivenes de la historia: Ezequías consiguió preservar a Jerusalén de la invasión asiria, pero no pudo evitar el pago de un costoso tributo de vasallaje. El largo reinado de su hijo Manasés (687-642) se caracteriza por el sometimiento pleno a Asiria, lo cual trajo graves consecuencias religiosas (Cfr 2 Reg 21,3-7), pues se introdujeron los dioses siderales asirios y los cultos idolátricos, incluso en el Templo.

Es muy posible que estos ritos fueran practicados junto con el genuino a Yahwéh. Por todo ello, el juicio que Manasés merece al autor del libro de los Reyes es severo, al considerarle como el peor rey que nunca se sentó en el trono de David (2 Reg 21,9-15). Le sucedió su hijo Amón (642-640) que siguió su misma política de sometimiento a Asiria; pero fue pronto asesinado por alguno de su propia familia.

Así comenzó a reinar Josías , hijo de Amón, a la edad de ocho años. De la minoría de edad de este rey se conocen pocos datos; se sabe, en cambio, que el año duodécimo de su reinado (629/628) comenzó una profunda reforma religiosa que culminó el año 622 con el hallazgo en el Templo del Libro de la Ley o Deuteronomio (2 Reg 22,3-23).

Por estas fechas Assurbanípal era ya un anciano y comenzaba el desmoronamiento de Asiria, con lo que Judá volvió a ser jurídicamente y de hecho un país libre; sus fronteras se expandieron llegando a abarcar el antiguo reino de Samaría.

Pero la caída de Asiria no supuso la paz de Judá, pues geográficamente y políticamente estaba situada entre las ambiciones de Egipto y Babilonia. De hecho el año 609 (Cfr 2 Reg 23,29ss), cuando Necao, faraón de Egipto, emprendió una campaña hacia Karkemis contra los babilonios, Josías pretendió cortarle el paso en Megido, pero murió en la batalla. El faraón impuso como rey de Judá a Joaquín o Yoyaquín, hijo de Josías, sometido en vasallaje a Egipto.

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