Las tradiciones acerca del asentamiento de Israel en Canaán.

La impresión que da el libro de Josué es que todo el territorio de Canaán fue conquistado y devastado por los israelitas. Por su parte, el capítulo primero del libro de los Jueces presenta una imagen distinta, y posiblemente más próxima a la realidad. Cada tribu se fue instalando en su propio territorio, superando poco a poco la resistencia que le pondrían los moradores primitivos de cada región. No todas consiguieron hacerlo prontamente ni con facilidad. Parece claro que no hubo una sola guerra bajo el mando de Josué, sino además una serie de luchas desconectadas entre sí. Y en otros muchos casos se pudo tratar de una sucesión de paulatinos asentamientos pacíficos que sólo abocarían en algún encuentro armado con el paso del tiempo cuando la tensión entra la población urbana cananea y rural israelita se hiciera insostenible.

Los datos arqueológicos muestran que en el siglo XIII a.C. hubo muchas y violentas perturbaciones en Palestina, y que cayeron algunas de las grandes ciudades cananeas. La época siguiente (s. XII y XI a. C.) es una de las más revueltas: las ciudades excavadas fueron destruidas en esos siglos entre una y cuatro veces. Un breve repaso a algunos datos arqueológicos en algunas ciudades de las que habla el libro de Josué puede resultar ilustrativo acerca del modo en el que se relatan los acontecimientos en ese libro. Las excavaciones en Jericó han puesto de manifiesto que entre 1400 y 1200 a.C. la ciudad era casi insignificante. Sería poco más que una pequeña aldea desprovista de sistemas sólidos de defensa. Sin embargo la importancia del hecho -la primera victoria conseguida en la conquista- y el recuerdo de la imponente ciudad que había habido allí siglos antes influiría en el estilo grandioso con el que fue narrada su conquista (Jos 6,1-27). Más adelante, el libro sagrado dice: “Josué incendió ha‑‘Ay y la redujo a un perpetuo montón de ruinas, una desolación hasta el día presente” (Jos 8,28). Ciertamente Ay había sido una ciudad próspera y bien defendida entre los siglos XXXIII a XXIV a.C. pero probablemente llevaba unos mil años prácticamente deshabitada y convertida en un montón de ruinas cuando los israelitas llegaron allí. Junto a esa “Ruina” (que eso significa la palabra ‘Ay) se hallaba la ciudad de Betel que sí fue tomada, según lo atestigua el propio texto (Cf. Jue 1,22‑26) y las excavaciones allí realizadas. Por otra parte, Jos 11,10‑11 informa de la destrucción y el incendio de Jasor por parte de las tropas de Josué. En las excavaciones de Jasor se ha hallado un estrato que puede datarse en la segunda mitad del siglo XIII a.C. Es un nivel que presenta evidentes muestras de destrucción y de incendio. Los nuevos ocupantes de la ciudad eran habitantes seminómadas que plantaron allí sus tiendas o construyeron simples chozas con silos y hogares.

En el libro de Josué se habla del reparto de la tierra prometida entre las tribus israelitas. Pero no está claro a qué entidad se denomina “Israel” en esa época: no parece que en ese momento se pueda hablar de Israel como de un pueblo unido, sino más bien como un grupo de tribus  -con ciertas relaciones entre sí- que vivían en Canaán. En la Biblia se habla de una estancia de Israel en Egipto, de una salida prodigiosa de allí y de una larga peregrinación por el desierto hasta que llegaron a instalarse en la tierra de Canaán. Aunque, de otra parte, hay algunos indicios en los propios textos bíblicos que hacen pensar que hubo tribus que no bajaron a Egipto, e incluso que no todas las tribus que estuvieron allí partieron juntas ni llegaron a la tierra prometida formando una sola expedición, ni tomaron posesión conjunta de la tierra cananea, ni formaron desde el principio una unidad política. Tal vez algunas se habían ido estableciendo pacíficamente en ella bastante antes de que llegara el grupo que fue sacado por Dios de Egipto y de cuyo periplo por el desierto bajo la guía de Moisés hablarían las tradiciones religiosas del pueblo. Uno de estos indicios es el hecho de que en el libro de Josué se narra la conquista de Jericó y ‘Ay, y después de Judea y Galilea, pero no se dice que se conquistara la zona central de Palestina. Sin embargo la ciudad más importante de la zona, Siquén, fue el lugar elegido por Josué para reunir a las tribus y renovar allí la Alianza (Jos 8,30‑35). Además en Siquén había un templo muy importante dedicado a Ba’al Berit, que no fue destruido en esta época y que continuó utilizándose en época israelita, hasta que fue destruido por Abimélek en tiempo de los jueces (Jue 9,1 ss.). Es muy difícil que estos hechos se hubieran desarrollado así si una parte importante de la población de Siquén no tuviera unos particulares lazos de hermandad con las tribus venidas de Egipto.

5 comentarios en “Las tradiciones acerca del asentamiento de Israel en Canaán.”

  1. Parece ser que el establecimiento de los israelitas en tierra de canaan es un poco complejo, ya que implica muchos lugares o ciudades que la arqueologia todavia no puede confirmar, creemos que los estudios muy pronto nos daran una respuesta verdadera.

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