San José en la Biblia

sagrada_familia_clasica.jpgHablar de San José no resulta fácil. El Evangelio no le dedica más que unos cuantos versículos. Aparece sin que se nos diga nada sobre su nacimiento ni su vida anterior; tampoco se menciona su muerte. No se cita ninguna palabra suya. Sin embargo los pocos textos de que disponemos en el Evangelio, así como las prefiguras bíblicas relativas a José que aparecen en el Antiguo Testamento (AT) están repletos de tesoros. Empecemos

Prefiguras de san José en el Antiguo Testamento

Nos aplicamos ahora a la tarea de buscar, a través de la historia del pueblo elegido, hechos e imágenes capaces de anunciar y prefigurar a san José.

Noé, Eliezer, Moisés y David:

  1. Noe. Al atardecer, la paloma volvió con una hoja verde de olivo en el pico. Noé comprendió que el agua había menguado sobre la tierra (Gn 8,11). El patriarca Noé, en su gesto de acoger en el arca la paloma portadora de una hoja verde de olivo en el pico para anunciar el final del diluvio, ha sido considerado una figura de san José, en cuanto que acoge a María, la mística paloma, que trae con ella la salvación al mundo alumbrando a Jesús: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». (Mt 1,20-21). Los dos son los primeros en comprender que ha llegado un momento clave en la historia de la Salvación, el momento de una humanidad nueva.
  2. Eliezer. Una imagen también lejana José puede ser Eliezer, el siervo de confianza de Abrahán y luego de Isaac. Eliezer recibe el encargo de Abrahán de buscar una esposa para Isaac. Eliezer encuentra a Rebeca y se encargará de cuidar a la prometida de su amo hasta su encuentro. Una bella comparación del que tuvo a su cargo la misión de custodiar a la Virgen-Madre. Ella (Rebeca) dijo al criado (Eliezer): «¿Quién es aquel hombre que viene por el campo en dirección a nosotros?». Respondió el criado: «Es mi amo». Entonces ella tomó el velo y se cubrió. El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac la condujo a la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.
  3. Moisés. También se piensa en José como esposo de María y padre de Jesús cuando se leen algunos textos relativos a Moisés. En particular aquellos en que se dice que era el más dulce de los hombres y el confidente íntimo de los designios de Dios. Moisés era un hombre muy humilde, más que nadie sobre la faz de la tierra (Nm 12,3). El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. (Ex 33,11)
  4. David. “José, hijo de David (Mt 1,20). La figura de David evoca igualmente, a los ojos de muchos intérpretes, una imagen lejana de José: «Es, en verdad el hijo de David, un hijo digno de su padre. Es el hijo de David con toda la fuerza del término, no tanto por la carne como por la fe, por la santidad, por la piedad. El Señor le quiso como otro David, capaz de guardar sus secretos…» (Homilía de San Bernardo sobre “Missus est”).

José, hijo de Jacob

“¿Podríamos por ventura encontrar un hombre como éste, lleno del espíritu de Dios?” (Gn 41, 38). El más claro anuncio de san José en el AT lo encontramos en un personaje del mismo nombre: José, el hijo del patriarca Jacob. Además del nombre, encontramos asombrosas coincidencias tanto en sus virtudes como en su vida. Veamos:

  1. Los dos Josés, por diversas circunstancias, fueron a Egipto: el primero, vendido por sus hermanos a unos ismaelitas, por envidia –prefigura de la traición que sufrió Cristo-, llegará a ser el custodio de los granos de trigo en Egipto; el segundo, huyendo de la cólera celosa de Herodes, para salvar a Aquel que llegará a ser puro trigo de los elegidos.
  2. Al José del AT se le dio el privilegio de interpretar los sueños, siendo advertido en ellos de lo que le había de suceder. Al José del NT, a su vez, recibió también en sueños las indicaciones de lo que debía hacer. Ambos se entregan, en cuerpo y alma, a la misión que se les había confiado, evitando que se les atribuyan honores que sólo pertenecen a su Amo.
  3. Parece como si los sueños del joven José, aunque ya verificados en su persona, no vieran su realización plena hasta el segundo José. Por ejemplo, lo que se dice en Gn 37, 5-10): Tuvo también José un sueño que contó a sus hermanos… Díjoles: “Oíd, si queréis, este sueño que he tenido. Estábamos nosotros en el campo atando gavillas y vi que se levantaba mi gavilla y se tenía de pie, y las vuestras la rodeaban y se inclinaban ante la mía, adorándola…” Tuvo José otro sueño, que contó a también a sus hermanos, diciendo: “He visto que el sol, la luna y once estrellas me adoraban”. Contó el sueño a su padre y a sus hermanos, y aquél le increpó, diciendo: “¿Qué es ese sueño que has soñado? ¿Acaso vamos a postrarnos en tierra ante ti, yo, tu madre y tus hermanos?”. Aunque estos sueños se cumplieron en la vida del primer José cuando su familia se trasladó a Egipto y se inclinaron ante José, virrey de Egipto y padre nutricio de todos los pueblos de la tierra. Pero podemos pensar que sus sueños prefiguraban el misterio de la casa de Nazaret, cuando Jesús, el sol de justicia, y María, cantada en la liturgia como luminosa luna blanca y bella, se sometieran a la autoridad del jefe de familia, y cuando también toda la asamblea de los santos aclamase los méritos de quien se había hecho servidor del Verbo encarnado.
  4. El primer José obtuvo la confianza del Faraón: se convirtió en intendente de los graneros de Egipto, y cuando llegó el hambre a aquella tierra, logró alimetar al pueblo y mantener cierta prosperidad. El Faraón dejó en sus manos el gobierno del reino, diciendo a quienes venían a verle: Id a José y haced lo que él os diga. De igual manera, el segundo José recibió el encargo de ganar el pan de la familia de Nazaret y, más tarde, recibiría por misión «salvaguardar la religión cristiana, ser el defensor titulado de la Iglesia, que es en verdad la casa del Señor y el reinado de Dios sobre la tierra» (León XIII).
  5. Otra virtud, común a ambos, completa el emocionante paralelismo: la castidad. El primero rechazó las vergonzosas incitaciones de la mujer de Putifar, diciéndole: mi Amo y Señor ha puesto en mis manos todo lo que posee. Sólo me ha prohibido que te toque, porque eres su mujer. ¿Cómo iba a cometer tan grande villanía, pecando contra Dios? Enloquecida de despecho, la ignominiosa mujer acusó falsamente a José, que fue encarcelado, prefiriendo la prisión al pecado. Más perfecta todavía fue la castidad del segundo José que no sólo se abstuvo de todo acto culpable, sino que sabiendo que Dios había puesto bajo su amparo y protección a la más pura de las criaturas, la esposa del Espíritu Santo, la consideró siempre como un don de Dios, la trató con soberano respeto y sintió por ella un amor purísimo y una religiosa veneración.

Otras figuras e imágenes que evocan a san José

  1. Algunos han visto en el jardín del paraíso terrenal un símbolo de las entrañas de María, tierra fecunda donde germinó Jesús, árbol de la vida, y cuyo guardián sería imagen de san José: el guardián vigilante y protector del nuevo paraíso: Después de haber sacado al hombre, puso al oriente del jardín unos querubines (seres alados) y una espada ardiendo que daba vueltas hacia todos lados, para evitar que nadie llegara al árbol de la vida.
  2. arca-de-la-alianzaSe ha querido también comparar a José con el Arca de la Alianza, que Dios ordenó a Moisés recubrir de una lámina de oro puro (Ex 25 y 17) y dos querubines que la remataban, uno frente al otro, con la mirada baja y las alas desplegadas, para adorar y proteger el llamado “propiciatorio” (porque era propicio Dios a ese altar). Pues bien, esos dos querubines son como un símbolo de María y José en la actitud de adoración que tuvieron en Belén ante Jesús en el pesebre, sacramento de propiciación.
  3. Ante el Arca de la Alianza, se extendía un velo de varias capas de fino lino. El velo aislaba el Arca de las miradas curiosas. De algún modo, ese velo de honor y de respeto anunciaba el papel que tendría José para imponer, con su presencia, respeto a María, y protegiendo así el misterio de la Encarnación virginal.

(seguimos en san José en el Evangelio 1 y 2)

Bibliografía

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3 comentarios en “San José en la Biblia”

  1. Jose desciendiente de david, fue el padre adoptivo de jesus, desempeño un papel importante en la educacion de jesus, aprendio las primeras lecciones de vida y tambien el oficio de carpintero, fue el ayudante de su padre en los trabajos de carpinteria, jesus siempre fue muy obediente con sus padres jose y maria; el nombre de jose en el antiguo testamento fue importante principalmente por ser hijo de jacob, ocupo un puesto muy importante en la corte del faraon, era el encargado de los aspectos agricolas de egipto, despues de el, era el mas importante de egipto.l

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